Espantoso choque de trenes en el interior de un túnel, cerca de la estación de PonferradaEl empotramiento de las máquinas del expreso de Galicia y de un tren de mercancías, tapona por completo toda comunicación, haciendo imposible conocer exactamente el número de víctimas. - Como consecuencia del choque se produjo un incendio, cuyo hedor hace difícil los trabajos de salvamento. - Hasta ahora van extraídos siete muertos y treinta heridos, varios de éstos gravísimos. - Acuerdo sectario en León
ESPANTOSA CATASTROFE FERROVIARIA EN EL INTERIOR DE UN TUNEL
PONFERRADA. — A las 5 28 de esta madrugada ha ocurrido una tremenda catástrofe ferroviaria en el túnel situado entre las estaciones de Ponferrada y San Miguel de las Dueñas.
La colisión se produjo entre el expreso de Galicia, que tiene su salida de Madrid a las 19 y un mercancías que salió de Ponferrada a las 5,10.
El choque fue verdaderamente espantoso, pues, al sobrevenir, en el interior del túnel quedaron materialmente empotradas ambas máquinas, así como los primeros vagones, formando un informe montón de hierros retorcidos y astillas, que taponaron materialmente el túnel. Inmediatamente salieron brigadas de obreros de auxilio de Ponferrada y otras estaciones inmediatas para comenzar los trabajos de salvamento. Debido al choque, se quemaron varios vagones y salía por el túnel gran cantidad de humo verdaderamente asfixiante. La línea telefónica quedó destrozada también, por lo que la organización y circulación de órdenes relacionadas con estos trabajos, sufrieron algún retraso.
La pareja de la Guardia civil de custodia del tren que resultó ilesa, circuló inmediatamente desde Ponferrada un telegrama al gobernador civil de León, comunicándole la catástrofe, y el gobernador, acto seguido, acudió al lugar del suceso, ordenando la salida de ambulancias sanitarias y otros elementos de auxilio.
Según las primeras noticias, quedaron fuera del túnel el coche cama y otro de primera clase y de ellos fueron extraídos siete muertos y 30 heridos, varios de ellos gravísimos.
A las doce del día aun no se había podido llegar hasta las máquinas, ocho vagones de viajeros, un furgón y dos coches correos, por el hacinamiento de los materiales destruidos, y sólo a fuerza de arrastrarse materialmente sobre la vía, se consiguió llegar basta una de las máquinas y de ella extraer a un fogonero muerto. Se supone que en el furgón habrá personal de la Compañía, ignorándose su suerte.
En los primeros momentos circularon diversas versiones respecto a las causas originarias de la catástrofe. El expreso de Galicia tiene señalada una detención de un minuto en la Estación de San Miguel de las Dueñas, y, según unos viajeros supervivientes de la catástrofe, el expreso no se detuvo por llevar dos horas de retraso, a fin de ganar en algo el tiempo perdido; según otros viajeros, sí se detuvo el tiempo que obligadamente había de permanecer en dicha estación.Desde luego, se afirma que la disposición de agujas y señales era normal.
LA VERSÓN OFICIAL DE L A CATASTRO FEFERROVIARIA
MADRID. — El subsecretario de Gobernación, al recibir a mediodía a los periodistas manifestó que entre las estaciones de Ponferrada y San Miguel de Dueñas, en el kilómetro 243, bocal deltúnel de Fragas, a las seis de la mañana, el tren 405, expreso ascendente de Galicia, chocó con el mercancías 1.416, quedando totalmente destrozado el coche de tercera clase.
A los pocos minutos de ocurrir la catástrofe, salieron en automóviles de la Compañía, los médicos de ésta y todos los de la localidad, con material sanitario. También salieron vagones de socorro de la estación de Torre y otros dos trenes de socorro, uno de Monforte y otro de León, con médicos y material sanitario. De León salieron el gobernador, el subdirector de la Compañía y los jefes de servicio.
Resultaron trece muertos, figurando entre los identificados Ricardo García del Rio, soldado de Aviación, de León; Jesús César de Gante, estudiante del Instituto de Nebrija; Jesús Quintero Casas, médico de Nigrán (Pontevedra); Rogelio Rodríguez, fogonero del expreso; dos mujeres de unos 25 años, una mujer de 28, una joven de 16 que regresaba de un Colegio de monjas, de Madrid, llamada Maruja.
También han muerto el maquinista y el fogonero del expreso y el fogonero del mercancías, habiéndose salvado el maquinista del mercancías. El fogonero y el maquinista del mercancías son naturales de Nigrán (Pontevedra).
El expreso salió por la estación de San Miguel de Dueñas, sin darse cuenta de la señal de parada, bien porque no la viera o porque no se hiciera la señal. El lugar del accidente dista 6 kilómetros de Ponferrada y uno y medio de San Miguel.
Los oficiales de Correos, la pareja de3 la Guardia civil de escolta, el interventor y agente de Policía, resultaron ilesos. Un guardia da Asalto, herido leve. El capitán de la Guardia civil de Béjar, herido en un pómulo, leve también.
Según telegrama que a las doce de la mañana envía el alcalde de Ponferrada, el número de heridos es de unos treinta, tres de ellos gravísimos.
NUEVOS DETALLES DE LA CATASTROFE FERROVIARIA
LEON. — La primera relación recibida en esta capital de las víctimas ocurridas en catástrofe ferroviaria que tuvo lugar en las cercanías de Ponferrada, es la siguiente:
Muertos. — Ricardo García del Río, Jesús Quintero Casas, Médico de Nigrán (Pontevedra); Rogelio Rodríguez, fogonero del expreso; José Luis César Degante, estudiante: una mujer que representa unos 28 años dos de 25 y una de 16, y el maquinista del tren de mercancías, cuyos nombres hasta el momento se desconocen.
Resultaron heridos, algunos de tal gravedad que se teme fallezcan, los siguientes:
Domingo Antonio Pérez, Fernando Ramón Gutiérrez, de Orense; Justo Gracias Alonso, de Valladolid; Norberto Vicente López; Julián Tela Ruiz, militar; Antonio Yocando Conde, soldado del Regimiento de Transmisiones de El Pardo, que se trasladaba con permiso a Galicia; Antonio Fernández García Castro de Lugo; José Sones López, de Nolgas (Orense); Teresa Campo Álvaro, de Laroco (Orense); Carlos Puch Domínguez: Mariano Julián Pila Taboada, de Orense; Mariano Centeneo, Jacinto Miguel Benito, Domingo Pérez, Francisco Rizo Cabo, de Mula (Murcia); Natalicio Fernández, de Madrid; Domingo Pérez; Celestino Fernández de la Reja, de Lugo; Sonaida Basenba, extranjera; María Martínez Maura, de Valladolid; Herminio Martínez García; Antonio Palono; Mariano Olías González, del Regimiento de Transmisiones de El Pardo; José Fernández, de Madrid, domiciliado en la calle del Carmen, número 34 y 36; Lorenzo Gutiérrez, de Salamanca; Ildefonso Novoa, también de Salamanca; Emilio Baramonde, de Madrid; Manuel Ríos Noguera, de Pontevedra; Sofía Méndez; Julio López Aparicio, de Pontevedra; José Álvarez Rodríguez, de nacionalidad portuguesa, y Julio Domínguez Castro.
Continúan los trabajos de socorro, que se realizan con algunas dificultades por el amontonamiento de material que se ha producido en la vía. De Madrid llegó un tren de socorro, conduciendo abundante servicio sanitario.
LAS NOTICIAS DEL CHOQUE
LA CORUÑA. — En las primeras horas de la mañana de hoy se recibieron noticias en la estación férrea de la capital, dando cuenta de haber ocurrido una catástrofe ferroviaria en la provincia de León. Más tarde se supo que el accidente había ocurrido entre las estaciones de Ponferrada y San Miguel de Dueñas.'
Entre los familiares de las personas que debían llegar en el expreso, se produjo gran ansiedad, que aumentó al saberse que dicho convoy había chocado con un mercancías. Dicho tren llegaba ordinariamente a ésta a las once de la mañana.
La Libertad, 24 de junio de 1936
CATASTROFE FERROVIARIA
A la entrada del túnel de Las Fraguas chocaron el expreso de Madrid-La Coruña y un tren de mercancías, resultando más de veinte muertos y cincuenta heridos
El humo y las llamas, que invadían el túnel, dificultaron los trabajos de salvamento.--Escenas impresionantes.--Las causas de la catástrofe.--Relación completa de las víctimas que han podido ser recogidas
La noticia oficial
El subsecretario de Gobernación, al recibir a mediodía a los periodistas, les manifestó que entre las estaciones de Ponferrada y San Miguel de Dueñas, en el kilómetro 243, en la boca del túnel de Fragas, a las seis de la mañana, el tren 405, expreso ascendente de Galicia, chocó con el mercancías 1.416, quedando totalmente destrozado el coche de tercera clase.
A los pocos momentos de ocurrir la catástrofe salieron en automóviles de la Compañía los médicos de ésta y todos los de la localidad con material sanitario. También salieron vagones de socorro de la estación de Torre y otros dos trenes de socorro: uno de Monforte y otro de León, con médicos y material sanitario. De León salieron el gobernador, el subdirector de la Compañía y los jefes de servicio.
Resultaron 13 muertos, figurando entre los identificados: Ricardo García del Río, soldado de Aviación, de León; Jesús César Sedante, estudiante del Instituto de Lebrija; Jesús Quintero Casas, de veinticinco años, médico de Nigrán (Pontevedra); Rogelio Rodríguez, fogonero del expreso; dos mujeres de unos veinticinco años; una mujer de veintiséis años; una joven de dieciséis, que regresaba de un colegio de monjas de Madrid, llamada Maruja También han muerto el maquinista y el fogonero del mercancías, habiéndose salvado el maquinista del mercancías. El fogonero y el maquinista del mercancías son naturales de Nigrán (Pontevedra).
El expreso pasó por la estación de San Miguel de Dueñas sin darse cuenta de la señal de parada, bien porque no la viera o porque no se hiciera la señal. El lugar del accidente dista seis kilómetros de Ponferrada y uno y medio de San Miguel.
Los oficiales de Correos, la pareja de la Guardia Civil de escolta, el interventor y el agente de Policía resultaron ilesos. Un guardia de asalto, herido leve; el capitán de la Guardia Civil de Béjar herido en un pómulo, también leve.
Según telegrama que a las doce de la mañana envía el alcalde de Ponferrada, el número de heridos es de unos treinta, tres de ellos gravísimos.
El número de muertos en la catástrofe ferroviaria se eleva a veinte
El subsecretario de Gobernación, Sr. Osorio Tafall, recibió esta mañana a los periodistas. Hablando de la catástrofe ferroviaria, dijo que el número de muertos se eleva a veinte.
— Los heridos, una vez curados —continuó—, han salido para sus destinos, excepto doce, que por su estado de gravedad han quedado hospitalizados en Ponferrada.
Por orden del Juzgado de Instrucción de Ponferrada ha sido detenido el guardagujas de San Miguel de Dueñas.
Según noticias de la Compañía, la línea tardará unos días en quedar libre, durante los cuales, para no interrumpir la circulación, habrá que hacer transbordos.
Una relación oficial con el nombre de varios de los muertos
En el ministerio de la Gobernación facilitaron anoche la siguiente relación, con el nombre de los muertos habidos en la espantosa catástrofe ferroviaria:
Viajeros muertos: Ricardo García del Río, soldado de Aviación; Antonio Quintero Casas, médico; José Luis Casas, estudiante; Adela César Rodríguez, Carmen César Sedante, Adela César Sedante, Manuel González Herrero, maquinista; Rogelio Rodríguez, fogonero; José Carrera Gómez, Emilio Álvarez Díaz, Manuel Rodríguez Arias (éstos tres últimos pertenecían a la brigada que iba a tomar servicio en Ponferrada): Severino Martínez López y Bernardo Abad, pertenecientes al personal del expreso; José Montañés Toledo, conductor; Ángel López, guardafrenos del mercancías, y un limpiabotas apodado «el Forces». Hay también el cadáver, totalmente destrozado, de un hombre, al que no ha sido posible identificar.
Los heridos alcanzan la cifra de treinta.
Informes de nuestro servicio
Durante la tarde y la noche hemos recibido numerosos telegramas de nuestros corresponsales en León, Ponferrada y Astorga, enviándonos los detalles que se iban conociendo de la catástrofe ocurrida ayer mañana en la línea de Galicia.
Ordenados esos informes, podemos ofrecer al lector una completa información de esta catástrofe, que ha producido en todas partes enorme impresión por el número de víctimas y las circunstancias en que se ha desarrollado.
León, 23. — Esta madrugada, a las cinco y veinticinco horas, a la entrada y dentro del túnel número 27, situado en el kilómetro 243 de la línea férrea de Madrid a La Coruña, ha ocurrido una catástrofe ferroviaria. El tren expreso que salió de la estación de San Miguel de las Dueñas a las cinco horas veintiséis minutos, con dirección a La Coruña chocó, en el interior del citado túnel, con otro mercancías, al que momentos antes había dado salida en la estación de Ponferrada, y que marchaba hacia León. El choque fue terrible, y por las condiciones en que se produjo, las víctimas numerosas.
Al lugar de la catástrofe
Al lugar de la catástrofe acudieron inmediatamente el gobernador civil de la provincia, el jefe de la Comandancia de la Guardia Civil, el capitán de Ponferrada, el juez de instrucción, el alcalde y el interventor del Estado en los ferrocarriles.
Las primeras noticias se tuvieron en San Miguel de las Dueñas y poco después en Ponferrada. En el primero de ambos pueblos comenzaron a organizarse los trabajos de salvamento y descombro de la vía, que se halla totalmente obstruida a la entrada del túnel.
De Astorga, Monforte, Lugo y León han salido varios trenes de socorro. El de León partió a las diez de la mañana, y conducía cinco médicos, a los que unió el de Astorga D. Miguel Martínez.
Llevaba el material necesario, y viajaban en él, además de los médicos, el inspector principal señor Corujedo y dos inspectores del Estado. Componían el tren dos coches de primera y de segunda para ser convertidos en hospital.
Dicho tren llegó al lugar de la catástrofe a las once y treinta y cinco, y el de Monforte a las doce y cuarto.
Se personaron en el lugar del suceso, como antes decimos, el gobernador civil de la provincia, el inspector provincial de la Compañía del Norte, el Juzgado de Instrucción de Ponferrada, el teniente coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de León, señor Alonso; el capitán de Ponferrada, Sr. Losada; el teniente de Astorga, Sr. Marchante, con fuerzas de la Guardia Civil, que junto con el personal ferroviario y el vecindario de San Miguel de las Dueñas, cooperaron en los trabajos de salvamento de las víctimas. También marcharon los periodistas.
Los auxilios a las víctimas
Los vecinos y autoridades de San Miguel de Dueñas, que se encuentra a un kilómetro del túnel de las Fraguas, donde ocurrió el choque, fueron quienes prestaron con la fuerza pública los primeros auxilios.
Comprobaron que el choque fue espantoso
El tren de mercancías se precipitó sobre el expreso, las dos máquinas quedaron empotradas entre nubes de humo y llamas, y el furgón de equipajes y el vagón de tercera que siempre va a la cabeza del expreso, aparecían en la boca del túnel terriblemente destrozados. Sobre todo el vagón de tercera estaba hecho astillas. El furgón más adentro en el túnel apenas se veía, entre el humo que salía de la boca del túnel. También quedaba dentro del túnel el coche correo.
Los viajeros que iban en el resto del expreso algunos lesionados, así como la fuerza de escolta también cooperaron en los trabajos de auxilio.
Sobreponiéndose a la enorme impresión producida por la catástrofe, las personas más serenas, saca…ron de entre los restos del coche de tercera las primeras víctimas. Entre ellas, siete no daban señales de vida.
Numerosos viajeros eran extraídos con heridas y dejados a los lados de la línea a la salida del túnel.
Los primeros cadáveres sacados fueron los de Ricardo García del Río, Jesús Quintero, Rogelio Rodríguez, fogonero del expreso; José Luis César, estudiante, más los de una señora y dos sobrinas que la acompañaban.
Ansiedad justificada
Como antes decimos, las operaciones de salvamento se hacían con dificultad, a causa del humo y el ambiente que había dentro del túnel, ya que parte del material se había incendiado.
La máquina del expreso estaba dentro del túnel, completamente deshecha. Al maquinista y fogonero se les consideraba, sin duda, muertos, bien a consecuencia del choque o asfixiados por el vapor de las máquinas, cuyas calderas seguían ardiendo. Detrás de la máquina iba, en el furgón, una brigada obrera, integrada por ocho hombres, por cuya suerte se temía fundamentalmente.
La impotencia material que se presentaba, por no poder acudir en socorro de los que, sin duda, hallarían dentro del trágico túnel su muerte segura, producía en todos los ánimos inmensa consternación, y gritos y lamentaciones se mezclaban con los ayes de dolor de los numerosos heridos que llenaban por completo las inmediaciones del túnel.
Llegada de socorros
Cuando a las diez de la mañana llegaron las autoridades de la provincia y de la Compañía con nuevos elementos de auxilio, así como los trenes de socorro de Astorga y León, y camiones de los pueblos inmediatos, se procedió a recoger a los numerosos heridos y trasladarlos a Ponferrada y León.
Se trató de penetrar nuevamente en el túnel; pero era imposible llegar hasta las máquinas, pues incluso las candiles se apagaban, dado el ambiente enrarecido que existe dentro.
Se pudo saber que se salvaron el maquinista del mercancías y los obreros que iban en el furgón del mismo. También resultaron ilesos los oficiales de Correos y los agentes de escolta.
Casi todas las víctimas son del coche de tercera del expreso y del furgón del mismo.
Los policías de escolta y los oficiales de Correos fueron los primeros auxilios a las víctimas.
Los heridos, en número de 30, varios gravísimos, fueron curados por médicos de Ponferrada y Bembibre, que acudieron al lugar del suceso rápidamente.
Entre los escombros apareció milagrosamente ileso un niño de cuatro meses, el cual resultó ileso, como ya comunicamos oportunamente y que había sido recogido por la guardabarrera.
La madre del niño está en estado gravísimo.
Las primeras impresiones de un periodista
Al llegar al lugar de la catástrofe, tratamos de penetrar nosotros en el túnel. Este tiene 1.007 metros de longitud y está situado entre las estaciones de San Miguel de Dueñas y Ponferrada. Es recto, y casi desde una boca puede verse la otra.
Sin duda por ello el maquinista del tren carbonero, al ver tapada por el expreso que llegaba, pudo arrojarse a tiempo de la máquina y salvarse.
Como todo el tren de mercancías se halla dentro del túnel y del expreso han quedado también dentro la máquina, el ténder y el furgón de Correos, no se puede precisar el número de víctimas de este choque. Los trabajos dentro del túnel se realizan con dificultad, por impedirlo la gran cantidad de material destrozado. Se ha pedido auxilio al depósito de máquinas de León. A las doce y cuarto del día de hoy ha llegado un tren de socorro con elementos sanitarios.
Hemos podido penetrar en el interior del túnel, con las naturales dificultades, y hemos visto entre al material, que está hecho astillas, tres cadáveres completamente destrozados, que, con los anteriormente citados, elevan la cifra de muertos a diez. Se supone que habrá ocho cadáveres más, entre ellos, el maquinista del tren expreso. El maquinista del tren de mercancías, apellidado Bayón, ha resultado ileso, pero el fogonero de dicho tren ha perecido en la catástrofe.
A las dos y veinte de la tarde todavía no han podido comenzar a realizarse los trabajos de salvamento en el interior del túnel.
Se retira parte del material no destrozado
Por la tarde, con la ayuda de los nuevos elementos llegados al lugar de la catástrofe, pudo ser retirado parte del material no destrozado en el choque.
De las siete unidades que componían el tren 405 fueron apartadas a San Miguel los cuatro coches de cola. También fue sacado del túnel un coche de tercera para ser volcado, pues se hallaba totalmente destruido. Dentro del túnel quedaron el coche correo, el furgón y la máquina.
Del tren de mercancías 1.416 han sido apartadas a Ponferrada 19 unidades. Dentro del túnel han quedado con sus mercancías, carbón en su mayor parte, ocho vagones. Los dos máquinas están empotradas. Prosiguen los trabajos para sacar del túnel al coche correo.
El tren correo de Madrid está detenido en San Miguel de las Dueñas, en donde se ha hecho transbordo del correo y de los viajeros en coches y camionetas para pasar a la estación de Ponferrada.
Constantemente se desarrollan escenas emocionantes a la llegada al lugar del suceso de los familiares de las víctimas.
Las víctimas de la catástrofe
Los muertos
Ponferrada, 23. — Durante la mañana y la tarde de hoy han sido extraídos del túnel los dieciséis cadáveres siguientes: José Carrera Gómez, mozo de tren; Emilio Ares Díaz, también mozo; Manuel Rodríguez Arias, conductor; Severino Martínez López, mozo de tren; Fernando Abad, mozo de tren; José Montalbo Toledo, conductor del expreso; un limpiabotas que viajaba sin billete y que fue encontrado entre los topes (Solo se sabe de el que se apoda El Forces y que es natural de El Ferrol); Ricardo García del Río, soldado de Aviación de León; José Luis César Serantes, estudiante del Instituto Nebrija; Jesús Quintero Casas, médico de Nigrán (Pontevedra). Un viajero del expreso dijo posteriormente que el muerto no era Jesús Quintero Casas, sino un hermano de éste llamado Antonio. Fue identificado como Jesús por un titulo de médico que llevaba extendido a tal nombre; Rogelio Rodríguez, fogonero del expreso.
Luego fueron identificados los cadáveres de tres mujeres, y que pertenecen a doña Adela César Rodríguez y a sus sobrinas, doña Carmen César Sedante y Adela César Rodríguez. También ha resultado muerto un hermano de Carmen y Adela.
A última hora ha sido extraído el cadáver de Manuel González Herrero, maquinista del expreso, y el del obrero Ángel Golpe Fernández.
Los obreros que murieron en el furgón. — El cadáver del maquinista del expreso, carbonizado. — Veinte cadáveres.
En el furgón del expreso iba una brigada de obreros de la Compañía del Norte, de los cuales han resultado muertos Juan Carreira, Emilio Ares, Manuel Rodríguez Arias, José Montalbo Toledo, Fernando Abad, Ángel Golpe Fernández, Manuel González Herrera, que es el maquinista del expreso.
Este cadáver ha sido hallado a las siete de la tarde, completamente carbonizado. En el momento de ser sacado a la superficie se encontraba en el lugar del suceso la esposa de Manuel, desarrollándose la escena que es de suponer.
Además, está sin identificar el cadáver de un muchacho de unos catorce años, y el de un individuo que parece era un limpiabotas.
Hasta ahora los muertos hallados son veinte; pero existe la impresión, como ya hemos dicho anteriormente, de que hay más en el interior del túnel.
En cuanto a los heridos de más o menos gravedad, son cuarenta.
Los heridos
Los más graves
Hasta ahora, entre los heridos muy graves figuran: Fernando Ramos, hijo del diputado a Cortes señor Ramos. A este herido hubo que amputarle en el acto una pierna. Justo Macías, Norberto Vicente, Antonio Conde, José Domínguez y Domingo Antonio Pérez.
Los heridos más graves han sido llevados a Ponferrada e ingresaron en el hospital de aquella ciudad.
Otros heridos
También se conoce el nombre de los siguientes heridos, todos ellos de carácter grave: Domingo Antonio Pérez y Fernando Ramos Gutiérrez, ambos de Orense; Justa María Alonso, natural de Venta de Poyo (Valladolid); Norberto Vicente López, empleado de la Compañía del Norte; Julián Pena Ruíz, militar, de El Ferrol; Antonio Socando Conde, soldado de Aviación, de Cuatro Vientos; Antonio Fernández García, natural de Lugo; José Gómez López, de Molgues (Orense); Teresa Campo Alonso, de Loroco (Orense); Carlos Espuch Domínguez, de Vigo; Mariano Julio Vila Taboada, de Orense; Francisco Rizo, de Cabo de Mula (Murcia); Natalio Dach Fernández, de Madrid; Mariano Santana Cortari, de Palencia; Jacinto Miguel Benito, de Salamanca; Celestino Fernández, de la Rioja, de Lugo; Solaida Yorenca, de El Ferrol; María Martínez Maura, de Valladolid; Hermínio Martínez García, Antonio Palomero y Mariano Olías González, soldados del regimiento de Transmisiones de El Ferrol; José Castillejo Fernández, vecino de Madrid; Lorenzo Rodríguez Gutiérrez, Jacoba Manol Majucel y Leopoldo Manol Majucel, de Salamanca; Emilio Baramonde Gutiérrez, de Madrid, domiciliado en la calle de Lagasca; Manuel Ríos Mosquera, de Ronda (Málaga); Sofía Méndez García, de Fonda de Vega (León); Julio López Regueiro, soldado del regimiento de transmisiones de El Pardo; José Álvarez Rodríguez, de Portugal; y Julio Domínguez Castro.
Los heridos de menor importancia y los contusionados continuaron el viaje a Galicia en un tren organizado especialmente por la Compañía.
De los heridos, José Fernández está domiciliado en Carmen, 34, Madrid.
¿Hay más cadáveres?
Por la noche siguen realizándose con gran dificultad los trabajos de salvamento, a causa de que todo el mercancías ha quedado dentro del túnel, así como la máquina, el furgón, el coche correo y parte de la tercera del expreso. Desde luego, la impresión en estos momentos es que hay más cadáveres entre los restos de los vagones. Esta impresión se fundamenta en que han sido hallados algunos miembros humanos que al parecer corresponden a cadáveres que no han sido hallados.
En el lugar del suceso, y a alguna distancia del túnel, hay bastantes automóviles de las autoridades de la provincia, de médicos que acudieron al lugar del choque y de familiares de los viajeros que se apresuraron a acudir al tener noticia del choque. Se da frecuentemente la circunstancia de personas que investigan ansiosas la suerte de familiares suyos y a los que no encuentran, porque muchos viajeros han marchado ya en los trenes de socorro para continuar su viaje hacia Galicia.Esto da lugar a escenas impresionantes, pues los familiares se creen que se les oculta la verdad y hay que mostrarles los cadáveres.
La autopsia de los cadáveres
A última hora de la tarde los médicos forenses, los de la Compañía ferroviaria y otros particulares han comenzado a practicar las autopsias a los cadáveres recogidos, que mañana serán trasladados, unos a Ponferrada, otros a Lugo, otros a Orense y otros a diversos pueblos para su enterramiento, y para cuyo traslado el gobernador civil de León ha solicitado facilidades de sus compañeros de las provincias respectivas, facilidades que, desde luego, han sido concedidas inmediatamente.
El maquinista del mercancías, también herido
El maquinista del tren de mercancías, Lorenzo Bayón, sufre graves contusiones en la cabeza, y he sido trasladado al hospital de Ponferrada,
Resulta inexplicable cómo el maquinista del tren de mercancías pudo salir del túnel después de la catástrofe, pues por grandes esfuerzos, que se han hecho después para llegar hasta la máquina no ha sido posible conseguirlo. Sólo sé explica, por lo que hemos dicho al principio de nuestra información, es decir, porque se arrojara del convoy al observar la presencia del expreso en la entrada opuesta del túnel.
Elogios merecidos
En los trabajos de socorro se han distinguido especialmente el capitán de la Guardia civil señor Falcó, de Béjar, que con un cabo y dos números que iban con permiso organizó los primeros servicios en unión de D. Francisco Fernández Menéndez, contratista de obras muy conocido en León.
También merece señalarse la conducta de los vecindarios y Guardia civil de San Miguel de las Dueñas y Ponferrada, que tan pronto tuvieron noticias de la catástrofe acudieron en auxilio de las víctimas.
Informes de última hora
Las causas de la catástrofe. - Detención de los Jefes de las estaciones inmediatas
Ponferrada, 24. — Aunque hemos intentado averiguar en lo posible las causas del accidente, nos ha sido totalmente imposible conseguirlo. La autoridad judicial, que comenzó rápidamente la instrucción de diligencias, ha dispuesto la detención inmediata de los jefes de las estaciones de Ponferrada y de San Miguel de las Dueñas.
Por informes particulares que hemos podido recoger, parece que el primer tren que salió fue el expreso, desde la estación de San Miguel de las Dueñas, y que por ser de viajeros tiene siempre prioridad sobre los restantes.
El jefe de dicha estación no recibió, según se cree, aviso de Ponferrada anunciando la salida del mercancías, sin que hasta el momento se sepa por qué, y ello produjo el terrible encontronazo en el interior del túnel.
Otra versión dice que el expreso de Madrid, que tiene parada oficial en la estación de San Miguel de las Dueñas, salió de dicha estación sin recibir la oportuna orden del jefe de la misma. Así consta en la declaración prestada por el factor de servicio en la estación. De todas maneras habrá de comprobarse este dato con el cotejo de los consignados en la hoja de ruta que seguramente será encontrada en la máquina del tren.
También se dice que el haber salido el expreso sin la orden del jefe se debe a disensiones existentes al parecer entre el personal de tracción y el de movimiento del ferrocarril.
Trabajos para dejar expedita la vía, - El gobernador regresa a León
León, 24 — En los trenes de socorro han sido cargados los equipajes y la correspondencia que llevaba el expreso.
El coche ambulancia no ha sufrido apenas daño alguno, debido a su magnifica construcción. Tampoco los ambulantes han recibido lesión alguna.
A las doce de la noche continúan con gran actividad los trabajos por las brigadas de obreros llegadas en los distintos trenes de socorro, que fueron enviados de distintos puntos, y según los técnicos que dirigen tales trabajos, probablemente la vía no podrá quedar expedita hasta dentro de dos o tres días, por lo cual la Compañía ha establecido un servicio de autobuses que, desde la estación de San Miguel de las Dueñas, traslada a los viajeros que llegan en los distintos trenes a Ponferrada.
Esta noche ha regresado el gobernador, con diversas personas que le acompañaron al lugar de la catástrofe, y se muestra consternado por el accidente.
Ha manifestado a los periodistas que ha dejado montados los servicios de Vigilancia y Seguridad y demás dependientes de su autoridad.
Los viajeros que han continuado el viaje
Los que llegaron a Orense
Orense, 23, — A las cuatro de la tarde ha llegado un tren conduciendo viajeros de uno de los trenes siniestrados en San Miguel de Dueñas. Acudió a la estación a recibirlos el gobernador civil. Entre ellos figuraba el diputado a Cortes por Pontevedra D, Elfidio Villaverde y su esposa. El Sr, Villaverde hizo al gobernador un relato de la espantosa catástrofe. Después el Sr. Villaverde marchó en automóvil con dirección a Pontevedra.
En esta capital las primeras noticias del suceso ferroviario produjeron gran impresión.
La llegada de supervivientes a La Coruña
La Coruña, 24. — A última hora llegó el tren especial que marchó al tugar de la catástrofe ferroviaria, entre las estaciones de Ponferrada y San Miguel de las Dueñas, conduciendo a los viajeros y personal que resultaron ilesos en el choque y a los que sólo sufren heridas leves,
Esperaba la llegada del convoy una multitud compuesta especialmente por familiares y amigos de quienes viajaban en los convoyes siniestrados, desarrollándose escenas conmovedoras,
Los periodistas interrogaron a varios viajeros, quienes hicieron patéticos relatos del accidente, del que dieron una visión catastrófica, especialmente en la boca del túnel, donde dicen que aparecen mezclados los escombros, entre los que aseguran fueron recogidos trozos humanos, mientras se oían lamentos desgarradores, y el humo dificultaba grandemente los trabajos de salvamento y auxilio, pues en realidad el humo hacía asfixiante la atmósfera del túnel,
Los que llegaron a Vigo
Vigo. 24 (madrugada). — En el tren correo llegaron esta noche algunos heridos en la catástrofe ferroviaria de Ponferrada. Entre ellos figuran Román Vicente Álvarez, labrador, vecino del inmediato pueblo de Gondomar, y un hermano suyo llamado José,
Los heridos fueron trasladados a la Casa de socorro de Vigo, donde se les inyectó suero antitetánico. Después, en automóviles, fueron llevados a sus domicilios.
Román dijo que entre los muertos en la tragedia figuraba el estudiante de medicina Antonio Quintero Casas, que pertenecía al equipe de «hockey» de la Universidad de Santiago, y no su padre, como se ha publicado en alguna relación de víctimas, que es médico del pueblo de Sabarís.
En un túnel cercano a San Miguel de Dueñas chocan el expreso de Galicia, procedente de Madrid, y un tren de mercancíasSEGÚN LOS DATOS OFICIALES, EL NUMERO DE MUERTOS SE ELEVA A VEINTE, Y A TREINTA EL DE HERIDOSEl hecho de ocurrir el accidente en un túnel, en el que se ha acumulado gran cantidad de material destrozado, dificulta los trabajos de salvamento
BEMBIBRE, 23. — Se tienen noticias de una catástrofe ferroviaria ocurrida entre las estaciones de San Miguel de Dueñas y Ponferrada.
Los primeros datos son, además de algo confusos, muy escasos, y por ellos sólo podemos concretar el desgraciado accidente en los siguientes términos:
A la entrada de un túnel que hay próximo a la estación de Frada, el expreso de Galicia, que salió de Madrid ayer, a las diecinueve y veinte, ha chocado con un mercancías. El choque ha sido de proporciones aterradoras, y el haber sucedido ya dentro del túnel parece dificultar enormemente los primeros trabajos de socorro.
Según datos recibidos aquí, de un solo coche de tercera del expreso han sido extraídos cinco muertos y 24 heridos, varios de ellos de gravedad. Se cree que hay más víctimas.
PONFERRADA, 23. — Entre las estaciones de San Miguel de Dueñas y Ponferrada, dentro de un túnel, ha ocurrido un espantoso choque entre el expreso de Galicia, que había salido de Madrid ayer por la tarde, y un tren carbonero.
Las proporciones de la catástrofe, según noticias muy escasas que llegan a ésta, son de bastante consideración.
Hasta ahora van extraídos de entre el confuso montón de astillas a que han quedado reducidos algunos vagones nueve muertos y numerosos heridos, algunos de ellos bastante graves.
La atmósfera dentro del túnel resulta irrespirable, por lo cual los trabajos de salvamento se hacen enormemente difíciles.
BEMBIBRE, 23. — A las cinco y media de la madrugada de hoy, en el kilómetro 243, en las proximidades de la estación de San Miguel de Dueñas, y en el interior de un túnel, han chocado el expreso de Madrid, número 405, y el tren de mercancías número 1.415. El choque fue espantoso. La noticia llegó rápidamente a la estación de San Miguel, que se halla a un kilómetro del lugar del suceso. Inmediatamente acudió personal de dicha estación, y a la misma entrada del citado túnel, llamado de la Frada, se encontraron un vagón de viajeros de tercera completamente destrozado. El vagón había quedado convertido en un informe montón de astillas. Inmediatamente comenzaron los trabajos para extraer a los viajeros, siete de los cuales habían muerto. Algunos de ellos han podido ser identificados, y son los siguientes:
Ricardo García del Río, soldado de Aviación, de León; Jesús Quintero Casas, médico de Nigrán (Pontevedra); Rogelio Rodríguez, fogonero del expreso; José Luis César Quesada, de dieciocho años, estudiante, de Madrid. No han podido ser identificados tres cadáveres, de una mujer de unos veinticinco años y de dos muchachas de unos dieciséis. En total siete muertos.
Como todo el tren de mercancías se halla dentro del túnel, y del expreso han quedado también dentro la máquina, el ténder y el furgón de Correos, no se puede precisar el número de víctimas de este choque. Desde luego, podemos adelantar que los oficiales de Correos que ocupaban el furgón antes citado han resultado ilesos.
Los trabajos dentro del túnel se realizan con dificultad por impedirlo la gran cantidad de material destrozado. Se ha pedido auxilio al depósito de máquinas de León. A las doce y cuarto del día de hoy ha llegado un tren de socorro con elementos sanitarios.
Hemos podido penetrar en el interior del túnel, con las naturales dificultades, y hemos visto frente al material, que está hecho astillas, tres cadáveres completamente destrozados, que, con los anteriormente citados, elevan la cifra de muertos a diez. Se supone que habrá unos ocho cadáveres más, entre ellos el maquinista del tren expreso. El maquinista del tren de mercancías, apellidado Bayón, ha resultado ileso, pero el fogonero de dicho tren ha perecido en la catástrofe.
A las dos y veinte de la tarde de hoy no han podido comenzar a realizarse los trabajos de salvamento en el interior del túnel. Continuamos en el lugar de la catástrofe y continuaremos facilitando detalles.
Los heridos que hasta ahora han sido asistidos son los siguientes: Fernando Ramos Gutiérrez, de Orense; Justa Macías Alonso, de Valladolid; Norberto Vicente López, empleado de la Compañía del Norte, de Madrid; Antonio Toando Ponce, de Lugo; Antonio Fe García, de Lugo; José Fañes López, de Lugo; Jesusa Campos, de Orense; Carlos F. Puch, de Vigo; Marina Urín Vila, de Orense; Francisco Rizo Cabo, de Murcia; Daniel Ferreira Castro; Mariano Centeno Castañeda, de Palencia; Jacinto Miguel Benito, de Salamanca; Emilia Paramande Guitián, de Madrid; Manuel Río Mosquera, de Ronda (Málaga); Sofía Méndez García, de Fondos de Vega (León); Julio López Peguerín, soldado del regimiento de Aviación; José Alcano Rodríguez, de Portugal; Julio Domínguez Castro, de Orense; Domingo Antúnez Pérez, conductor del mercancías; Celestino Fernández Vega, de Lugo; Zoraida Valverde, de El Ferrol; María Martínez Macías, de Valladolid; y Jacoba Anta, de Salamanca.
Las causas del siniestro permanecen aún desconocidas.
El balance de víctimas, en el momento que telefoneamos, dos y media de la tarde, es el siguiente: dieciocho muertos y veinticuatro heridos, algunos de ellos de gravedad.
Otra relación de muertos en la catástrofe
BEMBIBRE, 23. — Nueva relación de personas muertas en el accidente ferroviario: José Carreira Gómez, mozo de tren. Emilio Arés Díaz, mozo de tren. Manuel Rodríguez Arias, conductor. Severino Martín López, mozo de tren. José Moltabo Toledo, conductor. Fernando Abad, mozo de tren. Un muchacho de catorce años y un hombre de cuarenta y cinco, a los que no ha sido posible identificar. Ángel Golpe Fernández. Manuel González Ferreras, maquinista.
Los trenes circulan realizándose un trasbordo que supone dos horas de retraso.
Esta tarde se desarrollaron en el lugar del suceso dolorosas escenas, al llegar los familiares de las víctimas. Se teme que fallezcan varios heridos gravísimos que se hallan hospitalizados en Ponferrada.
Es objeto de unánimes elogios la actuación de un agente de Policía llamado don Pedro Moraste Ortíz, que iba de servicio en el expreso, y que a pesar de haber recibido diversas heridas en el accidente, prestó valiosísimos servicios para el salvamento de las demás víctimas.
El túnel sigue obstruido, y es de suponer que no pueda restablecerse en él la circulación en todo el día de mañana.
Noticias oficiales del suceso
El subsecretario de Gobernación, al recibir a mediodía a los periodistas, les manifestó que entre las estaciones de Ponferrada y San Miguel de Dueñas, en el kilómetro 243, en la boca del túnel de Frada, a las seis de la mañana, el tren número 405, expreso ascendente de Galicia, chocó con el mercancías 1.415, quedando totalmente destrozado el coche de tercera clase.
A los pocos minutos de ocurrir la catástrofe salieron en automóviles de la Compañía los médicos de ésta y todos los de la localidad con material sanitario. También salieron vagones de socorro de la estación de Torre y otros dos trenes de socorro: uno de Monforte y otro de León, con médicos y material sanitario. De León salieron el gobernador, el subdirector de la Compañía y los jefes de servicio.
Resultaron trece muertos, figurando entre los identificados Ricardo García del Río, soldado de Aviación de León; Jesús César Sedante, estudiante del Instituto de Lebrija; Jesús Quintero Casas, de veinticuatro años, médico de Nigrán (Pontevedra); Rogelio Rodríguez, fogonero del expreso; dos mujeres de unos veinticinco años, una mujer de veintiséis años, una joven de dieciséis, que regresaba de un colegio de monjas de Madrid, llamada Maruja. También han muerto el maquinista y el fogonero del expreso, y el fogonero del mercancías, habiéndose salvado el maquinista del mercancías. El fogonero y el maquinista del mercancías son naturales de Nigrán (Pontevedra).
El expreso pasó por la estación de San Miguel de Dueñas sin darse cuenta de la señal de parada, bien porque no la viera o porque no se hiciera la señal.
El lugar del accidente dista seis kilómetros de Ponferrada y uno y medio de San Miguel.
Los oficiales de correos, la pareja de la Guardia Civil de escolta, el interventor y agente de Policía resultaron ilesos. Un guardia de asalto, herido leve; el capitán de la Guardia Civil de Béjar, herido en un pómulo, también leve.
Según telegrama que a las doce de la mañana envía al alcalde de Ponferrada, el número de heridos es de unos treinta, tres de ellos gravísimos.
El ministro de Obras Públicas preguntó desde el Congreso, a las nueve de la noche, al director general de Ferrocarriles cuáles eran las últimas noticias recibidas de la catástrofe ferroviaria de Ponferrada.El señor Velao nos manifestó después que había sido extraído un coche de tercera del expreso, pero que continuaba todavía obstruido el túnel con material de los dos trenes. En el furgón del expreso, que era un coche metálico moderno, de siete metros de longitud, había quedado reducido, por aplastamiento, a poco más de un metro, debían encontrarse los cadáveres de diez obreros que iban en él. Se cree que, además de éstos y de los ocho extraídos, se encuentran todavía otros ocho cadáveres. El señor Velao se mostró extrañado de que habiendo muerto en el choque el maquinista y el fogonero del expreso y el fogonero del mercancías, pudiera salir ileso el maquinista de este último, que fue el primero que llegó a la estación de San Miguel de Dueñas y dio cuenta de la catástrofe.No se ha averiguado todavía la causa del siniestro, pues si bien aseguran que se habían hecho las señales para que se detuviese el expreso en San Miguel de Dueñas, el hecho de que hayan sucumbido el maquinista y el fogonero de este tren hace difícil la comprobación.
El Subsecretario de Gobernación manifestó esta madrugada que el número de muertos como consecuencia de la catástrofe ocurrida en San Miguel de las Dueñas es de veinte y treinta el de heridos. Estos, una vez asistidos en Ponferrada, han salido para sus destinos, a excepción de doce, que, por su gravedad, han quedado hospitalizados en Ponferrada. Por orden del Juzgado de esta población ha sido detenido el guardagujas de la estación de San Miguel de las Dueñas.
Según informan los técnicos, la línea tardará varios días en quedar expedita. En el túnel están empotradas las máquinas, y hay gran cantidad de material acumulado, que costará gran trabajo retirar. Durante estos días habrán forzosamente que realizar transbordos.
La Libertad, 25 de junio de 1936
LA CATASTROFE DE LAS FRAGUAS
Se han extraído todos los cadáveres y ha sido designado un juez especial para esclarecer las causas del terrible accidente
Nombramiento de un juez especial
Ponferrada, 24. — Ha sido nombrado juez especial para entender en el sumario instruido como consecuencia de la catástrofe el juez de primera instancia de Medina de Rioseco (Valladolid), D. Isidro Hidalgo.
No han podido determinarse las causas de la catástrofe
Se confirma que el expreso paró en San Miguel de Dueñas y salió sin tener orden del factor de servicio. Pudiera haber sucedido que el maquinista del expreso interpretase algún gesto del factor como orden de marcha.
Se censura a la Compañía por tener un solo guardagujas en una estación donde con frecuencia entran al mismo tiempo el expreso y un tren carbonero que va a León. De esta forma el factor tiene que abandonar la estación para cubrir la aguja que da entrado al expreso. Sin embargo, el guardagujas no cumplió su obligación de poner petardos en la vía y hacer las señales oportunas con el banderín al pasar por su aguja el expreso. No se explica este abandono, tanto más cuando al ver pasar el expreso hubo de tener la noción de que la catástrofe se produciría. Ha sido suspendido de empleo y sueldo.
Al producirse el choque, los dos trenes habían frenado e iban, por tanto, con poca velocidad. De no ser así, la catástrofe hubiera sido muchísimo mayor.
En la vía han quedado desparramadas las documentaciones de 30 equipajes, completamente destrozados, por lo que no se han podido valorar, como tampoco las mercancías de los vagones del tren 1.416.
Se ha avisado a los remitentes de pescado de La Coruña y Vigo que han remitido en los trenes 482 de ayer y 486 de hoy para que tomen las medidas que crean convenientes, y se previene a los viajeros que hay que efectuar traslados por carretera en los trayectos de San Miguel de Dueñas a Ponferrada.
Trabajos para dejar expedita la vía
Siguen efectuándose con gran actividad los trabajos de desescombro, con objeto de dejar expedita la vía entre San Miguel y Ponferrada. A pesar de ello se tropieza con grandes dificultades, a causa de que el túnel tiene cerca de un kilómetro de extensión y en su interior está todo el tren mercancías, con sus unidades completamente deshechas en su mayor parte. Esta mañana han quedado fuera las dos máquinas de los trenes que chocaron.
Se cree que la vía quedará expedita al cabo de veinticuatro horas. Los transbordos siguen haciéndose por carretera, y los trenes, con este motivo, llevan un retraso de dos horas aproximadamente, que es el tiempo que tarda en realizarse el transbordo.
El último cadáver extraído fue el del fogonero del mercancías
A las siete de la mañana se logró extraer el cadáver de Ignacio Fernández Fernández, fogonero del tren mercancías 1.416, y que, según parece, era el único que faltaba por sacar entre los restos de los trenes.
Han sido identificados todos los muertos
Han sido identificados todos los muertos habidos en la catástrofe ferroviaria. Los cuatro que faltaban por identificar son de Carmen César Sesano, de dieciséis años, hermana de José Luis, muerto también; Adela César Rodríguez, tía de los dos últimos, de Madrid; María Pazos Puján, de diecinueve años, de Madrid; y un muchacho de catorce años, limpiabotas, conocido por «el Sorchi», que, al parecer, es de Betanzos o de El Ferrol, el cual iba en una perrera ocultándose de la vigilancia de los empleados. Estos en Astorga echaron a tres compañeros de «el Sorchi».
Los familiares se hacen cargo de las víctimas
Han llegado numerosas familias de las víctimas. Entre éstos, los parientes de Antonio Quirós, que trasladaron el cadáver a Nigrán (Pontevedra).
Llegó también un hermano de Adela César Rodríguez, recogiendo el cadáver de ésta, los de dos sobrinas y el de María Rosa Puján, trasladándolos a Santiago.
Llegó también el carabinero Felipe García Núñez, padre del soldado Ricardo García del Río. También han sido recogidos por sus familiares los cadáveres de un empleado del expreso y de un mozo del mercancías, y han sido trasladados a Monforte y a Betanzos, respectivamente.
Dos heridos en gravísimo estado
Sigue en muy grave estado la madre del niño de cuatro meses que fue recogido por la guardabarrera de San Miguel de Dueñas.
Esta mañana recobró el conocimiento y reclamó el niño. Se llama Sofía Menéndez García, de veinticinco años.
Fernando Ramos continúa gravísimo. Además de amputarle una pierna, esta madrugada se le hizo una transfusión de sangre.
Han sido trasladados al Sanatorio de la Compañía, en Madrid, los empleados de la misma Norberto Vicente, Emilio López y Domingo Antonio, gravemente heridos.
Quedan quince heridos en Ponferrada, tres o cuatro de ellos graves.
Aproximadamente llega al centenar el número de viajeros que, con lesiones de más o menos importancia, han podido trasladarse a sus respectivos domicilios.
El vecindario de Ponferrada asiste en masa al entierro de una víctima. El gobernador preside el duelo
Ponferrada, 24. — A las cinco y media de la tarde se ha verificado el entierro del cadáver de Ángel Granados, víctima de la catástrofe de San Miguel de Dueñas.
El acto ha constituido una grandiosa manifestación de duelo. Presidieron el gobernador civil de la provincia, el alcalde de Ponferrada y elementos directivos de la Compañía de Ferrocarriles del Norte. En el acompañamiento figuraba el vecindario en pleno.
En Santiago reciben sepultura cuatro cadáveres
Santiago, 24. — Han sido traídos los cadáveres de María Pazos, Adela César y de los sobrinos de ésta, José y Carmen César. Los recibió una muchedumbre que les acompañó al cementerio para darles sepultura.
La Federación Nacional de la Industria Ferroviaria y la catástrofe
Recibimos la siguiente nota:
«Ha llegado a nosotros, causándonos dolorosísima impresión, la noticia de la terrible catástrofe ocurrida en la madrugada del 23 del actual a la salida del túnel Las Fraguas, entre Ponferrada y San Miguel de Dueñas, entre el expreso de Galicia y un tren carbonero, que ha costado la vida a más de 20 personas y lesionado gravemente a más de 30.
Tenemos que expresar nuestro profundo sentimiento por tal desgracia, ocurrida no se sabe aún por qué causas, y que lleva el luto a tantos hogares, no solamente de ferroviarios, compañeros nuestros, sino también a los de aquellos viajeros que por circunstancia fatal han perecido.
Tenemos también que pedir se averigüen las causas de la catástrofe y que se exijan las responsabilidades que se deriven con toda energía, y también que por las Empresas y el Gobierno se acuda urgentemente a remediar estos luctuosos sucesos en todo lo humanamente posible, atendiendo con urgencia a los familiares de las víctimas. Pero no podemos silenciar el profundo disgusto con que vemos el que algunos periódicos, en la información dedicada al suceso, recojan la versión o rumor de que la catástrofe pudo originarse por desavenencias entre el personal de Tracción y el de Movimiento.
Ante esto protestamos enérgicamente. No puede lanzarse este rumor, que puede dar lugar a que el viajero crea que su vida está sujeta a la enemistad entre un jefe de estación y un maquinista. Esto es inadmisible, y podemos afirmar que el personal ferroviario puede estar sujeto a errores; pero que su visión de la responsabilidad ha sido y es tan elevada, que dentro de su trabajo está siempre por encima de rencillas personales y atento únicamente y exclusivamente a la misión que le compete.
Esto lo saben el usuario del ferrocarril y todas las autoridades que el Estado tiene en él, y por ello no queremos insistir más; pero sí recomendamos, antes de terminar, que nadie debe hacer manifestaciones ni propalar rumores de esta índole, que tanto dañan a la sufrida clase del carril, que tan alto ha puesto siempre su espíritu de responsabilidad, filantropía y sacrificio. — El Comité Nacional.»
En los Centros oficiales
En Gobernación. — La catástrofe ferroviaria.
Con motivo de su fiesta, el ministro de la Gobernación, D. Juan Moles, tuvo ayer la atención de ofrecer un «cock-tail» a los periodistas.
El subsecretario manifestó a los informadores que de los cadáveres de las víctimas del choque de trenes se han hecho cargo los respectivos familiares, excepto los de los limpiabotas y un mozo de tren, que serán enterrados en Ponferrada.
— A mediodía —continuó diciendo— se han realizado los últimos trabajos para retirar los escombros, procediéndose a extraer del túnel la última locomotora, que es la del expreso. Todavía quedan en el interior del túnel algunos vagones, calculándose que hasta última hora de la noche no será posible dejar expedita la vía.
El Liberal, 25 de junio de 1936
De la catástrofe ferroviaria de Ponferrada
Llegada a Madrid de los primeros heridos
Madrid 24. — A las doce y treinta y cinco de la mañana llegó a la estación del Norte el expreso de Galicia, en el que venían tres de los heridos graves, de los siete que dimos cuenta ayer del choque de trenes ocurrido en el túnel de Las Fraguas, que han quedado hospitalizados en el sanatorio propiedad de la citada Compañía. Los heridos se llaman Emilio López González, mozo de tren; Domingo Antonio Pérez González, conductor, y Alberto Vicente López, obrero de vías y obras.
La dirección de la estación del Norte ha recibido un telegrama, en el que se da cuenta de que no ha quedado por extraer ningún cadáver del túnel donde ocurrió la catástrofe, y que los muertos se han totalizado en 18 y en 34 los heridos.
Los trabajos en el interior del túnel para dejar expedita la vía, tardarán unas 36 horas
Bembibre 24. — Todos los cadáveres de la catástrofe ferroviaria de ayer fueron trasladados a Ponferrada. En dicho pueblo sólo quedan dos ó tres, pues del resto se han hecho cargo sus familiares.
También fueron conducidos a dicho pueblo, en los primeros momentos, los heridos, quedando solamente uno, puesto que los demás han podido ser trasladados a su residencia. Algunos de ellos han sido trasladados a Madrid. Hasta ahora no ha fallecido ninguno de los heridos.
Continúan los trabajos con toda actividad en el interior del túnel, para dejar expedita la vía. El túnel está interceptado por gran cantidad de carbón. Se calcula que se tardará en dejar expedita la vía unas 24 ó 36 horas.
Se puede afirmar categóricamente que dentro del túnel no queda ningún cadáver.
Madrid, 24. — El ministro de la Gobernación, con motivo de su cumpleaños, obsequió a mediodía a los periodistas con un «cock-tail».
El señor Moles saludó a los periodistas muy afectuosamente, disculpándose de que no lo hiciera más frecuentemente, debido a las muchas ocupaciones que sobre él pesan.
Hicieron los honores el subsecretario, señor Ossorio Tafall, con los secretarios político y particular del ministro, señores Mirasol y Gaínza, respectivamente, y el jefe del Gabinete de Prensa, señor Guixé.
Atendió a los invitados la funcionaria del ministerio, señorita Conchita Martín.
Después, el señor Ossorio Tafall conversó con los periodistas, manifestando que de los cadáveres de las víctimas del siniestro ferroviario de Ponferrada se hicieron cargo los respectivos familiares, excepto los del limpiabotas y un mozo de tren que serán enterrados en Ponferrada. A mediodía se realizaron los últimos trabajos para retirar los escombros, procediéndose a extraer del túnel la última locomotora, que es la del expreso. También quedan todavía unos cuantos vagones, calculándose que hasta primeras horas de la noche no quedará la vía expedita.
El epílogo de una tragedia
Monforte de Lemos, 24. — Esta tarde tuvo lugar el entierro de los seis ferroviarios vecinos de esta ciudad muertos en la catástrofe ocurrida ayer en las cercanías de Ponferrada.
Todos ellos eran muy conocidos en esta población, donde el duelo es general. Anoche quedaron expuestos los cadáveres en los salones del Sindicato Nacional Ferroviario, por donde desfiló numeroso público.
A las cuatro de la tarde se celebró el entierro. Dos de las víctimas recibieron sepultura en el cementerio del vecino pueblo de Rivasaltas, y los cuatro restantes en el de Monforte, donde fueron conducidos los féretros a hombros de los compañeros de los ferroviarios muertos. Presidieron el acto las autoridades, y asistió un enorme gentío. El comercio cerró sus puertas y fueron suspendidos los festejos populares que debían tener lugar hoy.
Los heridos en la catástrofe vecinos de esta ciudad mejoran notablemente.
Santiago, 24. — Esta tarde han llegado los cadáveres de los jóvenes José María César Seoane y Adela César Rodríguez, muertos en el accidente ferroviario de Ponferrada. Recibieron sepultura en el cementerio de esta ciudad. Acompañaban a los cadáveres los familiares de las víctimas residentes en Madrid. Posteriormente llegó el cadáver de la joven Maruja Pazos Buján. Todos venían a pasar aquí la temporada de verano en unión de sus familiares.
El Progreso, 26 de junio de 1936Sobre las causas de la catástrofe
Ponferrada, 24. — El número de heridos a consecuencia de la catástrofe ferroviaria ocurrida en el túnel de Las Fraguas se eleva a cuarenta. Los más graves son:
Fernando Ramos, hijo del diputado a Cortes señor Ramos, a quien hubo que amputarle en el acto de encontrarle una pierna; Justo Macías, Norberto Vicente, Antonio Conde, José Domínguez, Domingo Antonio López, Emilio López González, empleado del ferrocarril, y Julio López Rodríguez. Todos ellos, después de practicárseles la primera cura, fueron trasladados al Hospital de Ponferrada.
Las causas del accidente todavía no han podido ponerse en claro. Parece que el expreso de Madrid, que tiene parada oficial en San Miguel de las Dueñas, salió de esta estación sin recibir la oportuna orden del jefe.
El factor de servicio de San Miguel, en la declaración prestada ante el juez, así lo ha afirmado. De todas maneras, este dato habrá de comprobarse con el cotejo de la hoja de ruta, que probablemente se encontrará en la máquina del expreso.
Se dice también que el haber salido este tren sin la orden del jefe de estación obedeció a disensiones que existen entre el personal de tracción y el de movimiento.
También se ha podido indagar que el mercancías salió de la estación de Ponferrada después de haberse ordenado a San Miguel de las Dueñas que cerrara el disco para que se detuviera allí el expreso. Lo que se ignora es por qué no se cumplió la orden y este extremo quedará sin aclarar, ya que en la catástrofe han muerto el maquinista y el fogonero del tren de viajeros.
El maquinista del mercancías, debe su salvación al hecho de arrojarse de la locomotora al advertir la tragedia inevitable que se acercaba.
En los trabajos de socorro se han distinguido el capitán de la Guardia Civil de Béjar, señor Falcó, que con un cabo y dos números viajaban en el expreso, y el conocido contratista de obras de León, don Francisco Fernández Menéndez.
El Liberal, 27 de junio de 1936Después de la catástrofe del túnel de Fragas
FALLECIÓ UNO DE LOS HERIDOS
LEÓN, 25. — A consecuencia de las heridas sufridas en el accidente ferroviario ocurrido entre las estaciones de Ponferrada y San Miguel de las Dueñas, ha fallecido en el hospital de Ponferrada Sofía Menéndez García, madre de un niño de cuatro meses, cuyo cadáver fue encontrado entre los escombros.
OTRO GRAVÍSIMO
LEÓN, 25. — Noticias también de Ponferrada participan que se encuentra en gravísimo estado el joven adolescente Anselmo Ramos, hijo de un diputado por Orense, temiéndose fatal desenlace.
LA VÍA EXPEDITA
LEÓN, 25. — La Guardia civil ha comunicado que, a las cuatro de la madrugada, ha quedado expedita la vía en el lugar del siniestro para el tránsito de trenes.
ENTIERRO DE LAS VÍCTIMAS
LEÓN, 25. — Se verificó el entierro del mozo de tren apellidado Abad, en esta capital. Al pueblo de Boñar ha sido trasladado el cadáver del soldado de Aviación, también víctima de la misma catástrofe. En el pueblo de Trobajo del Camino se ha verificado el sepelio de otro de los mozos de tren que perecieron.
OTRO HERIDO QUE FALLECE
MADRID, 25. — En el sanatorio de la Compañía del Norte ha fallecido Norberto Vicente López, herido en la catástrofe de Ponferrada.
FALLECE OTRA VÍCTIMA DEL CHOQUE DE TRENES EN PONFERRADA
Ponferrada, 26. — Ha fallecido a consecuencia de las gravísimas heridas sufridas en el choque de trenes del túnel de Fraguas, Sofía Menéndez García, de 25 años, que deja un niño de cuatro meses, el cual resultó ileso, como ya comunicamos oportunamente y que había sido recogido en la casilla inmediata al lugar de la catástrofe.
La Almudaina, 30 de junio de 1936
FALLECE OTRA VÍCTIMA DE LA CATÁSTROFE DE PONFERRADA
Ponferrada. — Ha fallecido en este hospital don Fernando Ramos Gutiérrez, hijo del diputado a Cortes por Orense, a consecuencia de las heridas que sufrió en el accidente ferroviario del túnel de las Fraguas.
El cadáver ha sido trasladado, para su enterramiento, a Orense.
Memoria del alcalde de Ponferrada en 1936
Tres objetos sirven para contar las últimas semanas del que era alcalde de Ponferrada en el verano de 1936. Un reloj, una carta y un mechón de su pelo.
La última carta que Juan García Arias escribió a su mujer en los sótanos de San Marcos
Esta es la historia de tres objetos; un reloj, un mechón de pelón y una carta. Los dos primeros pertenecieron al último alcalde republicano de Ponferrada, Juan García Arias, fusilado al amanecer del 30 de julio de 1936 en las tapias del cementerio leonés de Puente Castro, después de permanecer una semana encerrado en los sótanos de San Marcos. El tercero es una cuartilla que le escribió a su esposa y a sus hijos unas horas antes de que lo mataran y tras 75 años en el archivo familiar, todavía puede verse la tinta de algunas palabras borrada por las lágrimas. «No tengo ánimos nada más que para deciros adiós con toda mi alma», escribió el condenado.
A punto de cumplirse 75 años de su muerte, y 75 de la rebelión militar que terminó con la Segunda República, un libro coescrito por uno de sus hijos, el sociólogo José Luis García Herrero, junto con el investigador Santiago Macías y el periodista Javier Santiago, empieza a cubrir una de las lagunas históricas más sangrantes de la historia de Ponferrada; la de un alcalde de 32 años, socialista moderado y conciliador, que sólo permaneció dos meses en el cargo y no pudo evitar, aunque lo intentó, el estallido de violencia que recorrió la ciudad entre el 20 y el 21 de julio de 1936. Juan García Arias. Memoria histórica del último alcalde republicano de Ponferrada, editado por Hontanar, no deja de ser una semblanza emotiva de algunos aspectos de la vida del joven regidor. Pero todavía queda mucho por contar de aquel hombre y de aquellos días.
El accidente ferroviario del 36Un reloj de bolsillo perdido
La historia comienza con un reloj. Un reloj de bolsillo perdido entre los hierros de un accidente ferroviario. Sucedió en el Túnel de las Fragas, a las puertas de Ponferrada, el 23 de junio de 1936. El tren expreso Madrid-Coruña circulaba con dos horas de retraso y a las seis de la mañana, después de dejar atrás la estación de San Miguel de las Dueñas sin ver la señal de parada, chocó contra un convoy de mercancías que acaba de salir de Ponferrada en la boca del túnel situado a seis kilómetros de la ciudad. En su edición vespertina, ése mismo día, el diario ABC de Madrid informaba de que a las tres de la tarde sólo se había extraído ocho cadáveres. «Las víctimas que haya en los coches que están el interior del túnel se ignoran, pues los trabajos, a consecuencia de las condiciones del túnel y la forma en que quedaron los vagones, se hacen con muchísima dificultad por la brigada de obreros que trabaja allí», informaba el rotativo madrileño.
Y entre los obreros, los médicos y los enfermeros, organizando el rescate y auxiliando a los heridos, se encontraba el joven alcalde de la ciudad, en el cargo desde apenas hacía unos días, después de la enésima crisis del gobierno local del Frente Popular. «Mi padre estuvo ayudando a sacar heridos, horas y horas trabajando», cuenta en su casa de Ponferrada, donde recibe a este periódico un sábado por la mañana, José Luis García Herrero. Aquel día de junio perdieron la vida una veintena de viajeros, y Juan García Arias se dejó entre las vías su reloj de bolsillo. «Era un reloj de oro, muy bonito, con cadenas» explica García Herrero, que ha cumplido los ochenta años.
Juan García Arias, que además de alcalde, trabajaba en la Inspección de la Compañía de los Ferrocarriles del Norte de España en Ponferrada, recibiría pocos días después un regalo inesperado. En agradecimiento a «su valor, su altruísta y humanitaria actuación», la empresa había decidido regalarle su último reloj. Un reloj que sus familiares no encontraron en sus bolsillos cuando acudieron a recoger su cadáver en el cementerio de Puente Castro.
Hijo de chapista y pantalonera
La historia continúa con un mechón de pelo. Juan García Arias acabó muriendo en la misma ciudad de León donde había nacido en 1904, en el hogar de una familia obrera. «Mi abuela era pantalonera y mi abuelo, chapista. Quedó sordo porque trabajaba dentro de las locomotoras», cuenta García Herrero en el salón de su casa, con la persiana bajada para que no entre el sol y los libros ordenados en sus estantes.
A su padre le habían gustado los libros desde niño. Como sus tíos. Juan García Arias fue un autodidacta. Leyó mucho y dejó escritas una veintena de obras de teatro que se han perdido, algunos poemas sueltos y un aluvión de artículos de temas sociales publicados sobre todo en la prensa palentina, donde a finales de los años veinte era administrativo en la Compañía de los Ferrocarriles del Norte de España. Allí conoció a Mercedes Herrero, hija de un teniente coronel «con mando en la plaza», de buena familia, «no pía, pero muy religiosa», según su hijo. A Mercedes Herrero no le importó que Juan García Arias fuera de origen obrero y además «agnóstico o ateo, no lo sé muy bien», reconoce García Herrero, para casarse con él y darle cuatro hijos; la última, una niña nacida en diciembre de 1936, a los cinco meses del fusilamiento de su padre.
Ascendido a la Inspección de los ferrocarriles en Ponferrada, y miembro del Partido Socialista, García Arias fue elegido concejal en las filas del Frente Popular en febrero de 1936. Ya por entonces, la izquierda en Ponferrada no estaba bien avenida y después una serie de crisis de gobierno que desembocaron en la constitución de una gestora que tampoco funcionó, el Gobierno Civil de León optaba por poner de regidor al joven teniente de alcalde García Arias, con la esperanza de que su carácter conciliador acabara con los escándalos políticos. Era el 14 de mayo de 1936 y a Juan García Arias sólo le quedaban por delante diez semanas como alcalde.
En los dos meses y medio siguientes, ser socialista, pertenecer al Frente Popular y ocupar el sillón de regidor de Ponferrada acabó por convertirse una trampa. El 18 de julio se producía la rebelión militar y aunque aquel día no sucedió nada en la ciudad, el Ejército ya se había sublevado en África y la capital berciana se acostaba inquieta.
El capitán Román Losada, que durante la dictadura daría nombre a una de las principales calles de la ciudad, le había asegurado al alcalde que la Guardia Civil estaba con la República, según el relato que le trasmitió su madre a José Luis García Herrero. Los propios cronistas del régimen de Franco, sin embargo, ya dejaban escrito en 1941 ( Historia de la Cruzada Española . Madrid. Ediciones Españolas) que los puestos de la tercera compañía de la Guardia Civil había recibido órdenes de los conspiradores en León para concentrarse en el cuartel de Ponferrada. Hasta allí comenzaron a desplazarse los miembros de las líneas de Villablino y Villafranca del Bierzo al mando de los tenientes Emilio Martínez Blanco y Juan López Alén, hasta reunir a un contingente de 160 hombres.
El día 20 de julio, sin embargo, llegó a la ciudad procedente de Benavente el tren de mineros asturianos que llevaba dos días circulando por Castilla La Vieja, sin poder auxiliar al Gobierno republicano de Madrid. Juan García Arias, creyendo que tenía la situación controlada, se negó a darles armas y desde el balcón de la Casa Consistorial, convenció a los milicianos para que siguieran el camino de regreso hacia Oviedo, donde el coronel Aranda acababa de sumarse al bando de los sublevados.
Los retazos de aquel día nefasto, que acabó por costarle la vida a Juan García Arias en un juicio sumario, se pueden reconstruir con la documentación sobre el proceso que ha consultado el investigador Santiago Macías y con el relato que la madre de García Herrero le contó a su hijo y que contrasta con la versión de la Historia de la Cruzada Española , escrita sólo sólo cinco años después de los hechos y donde se demuestra el dicho de que la historia la escriben los vencedores.
Protegidos en la cárcel
«Los interrogatorios, los informes de conducta, las denuncias o los atestados de las fuerzas del ejército y de la Guardia Civil nos acercan a la figura de un hombre cuyo único delito fue mantener el orden en la ciudad hasta la llegada de las fuerzas del ejército sublevado», escribe Macías en el prólogo del libro de Hontanar. Y para mantener el orden, y evitar represelias, Juan García Arias trató de poner a salvo a las personas que podían temer por su vida ante hipotéticas represalias de las masas exaltadas por la rebelión del Ejército encerrándolas en la cárcel municipal de la calle del Reloj, hoy Museo del Bierzo. «Durante los tres días que la ciudad permaneció bajo control gubernamental, los principales derechistas fueron detenidos; en uno de los interrogatorios, el alcalde justificó aquellas detenciones en un deseo de garantizar su seguridad y lo cierto es que ninguno de ellos sufrió maltrato alguno, como acabarían reconociendo en declaraciones posteriores», añade Macías.
A José Luis García Herrero, que tenía cinco años en aquellos días, su madre le contó cómo se subió a una caja para alcanzar a ver la plaza desde el balcón del Ayuntamiento, mientras su padre trataba de aplacar aquel 20 de julio a los mineros. «Tu padre salió al balcón para hablarles y como tú querías asomarte y no llegabas a la barandilla, te sacó una caja de cartón que había dentro y te subiste a ella, te agarraste con las manos y ahí estuviste mirando», cuenta el sociólogo poniéndole voz al relato de su madre. Y sigue. «Tú padre les calmó, les dijo, tranquilos, iros, no pasa nada. He hablado con los militares y con el capitán Losada, de la Guardia Civil, y han dicho que están con la República. Te lo digo como me lo contó mi madre», asegura el hijo del alcalde al periodista, 75 años después de los hechos. De nuevo, el carácter conciliador de Juan García Arias.
Por si fuera poco, García Herrero también afirma que su padre impidió aquel día que los mineros quemaran la antigua iglesia de San Pedro, que se encontraba en lo que hoy es el edificio de Telefónica de la avenida de La Puebla. «A la iglesia se entra o no se entra, y el que no quiera entrar que no entre, pero esta iglesia no se quema», asegura el sociólogo que les dijo el alcalde a los asturianos.
Pero no pudo evitar que se produjeran disparos en torno al cuartel de la Guardia Civil, que entonces se encontraba en lo que hoy es la avenida de España, y en torno a la casa del capitán Román Losada «Si fue ataque o no fue, no se sabe», afirma el hijo octogenario del joven regidor.
El asedio al cuartel
El teniente de los guardias de asalto Alejandro García Menéndez, que iba al frente de la columna de mineros, entró a parlamentar en el cuartel con bandera blanca -”la Historia de la Cruzada Española tergiversa los hechos y asegura que «pedía parlamento y expresaba su deseo de rendirse»-” después de los primeros disparos. Los guardias civiles habían gritado algunos tímidos vivas a la República al paso de los mineros que no convencieron a los milicianos, pero no está claro quién disparó primero, cuenta García Herrero. El propio capitán Losada, que venía de reunirse en su casa con el teniente López Alén, del puesto de Villafranca, desarmó a García Menéndez dentro del cuartel y le dijo textualmente: «Triunfó el Movimiento. Queda usted detenido», según recoge el periodista Javier Santiago.
Después de la detención de García Menéndez, se sucedieron horas confusas en Ponferrada, con combates entre la Guardia Civil y los mineros y los obreros de Laciana que no habían regresado a Asturias. La Historia de la Cruzada Española sirve de termómetro para medir la inquina con la que el bando vencedor trató de justificar posteriormente el fusilamiento de Juan García Arias. «El capitán Losada llamó por teléfono al alcalde para pedirle un médico que curase a los guardias heridos y aquel, por respuesta, cortó la comunicación», escribía en 1941 el anónimo cronista del régimen. Y a continuación, sin citar ninguna fuente, añadía que el regidor «ordenó, además, que los trenes que estaban formándose para la salida de los mineros cesasen en sus maniobras y que nadie pensase en marchar de Ponferrada mientras quedase una cabeza con tricornio».
La realidad es que, lejos de dar órdenes para reclutar gente con la que atacar el cuartel desde el Ayuntamiento o impedir la salida de los mineros, Juan García Arias, se había escondido en una casa particular, primero, para acudir después al Hotel Lisboa, próximo a la Casa Consistorial, temiendo que la vivienda no fuera segura en medio de los combates. Y uno de sus antecesores en el cargo que también sería fusilado en 1936, el médico Carlos Garzón Merayo, sí había prestado los primeros auxilios a guardias civiles heridos.
Al anochecer del día 20, los guardias habían ocupado los edificios de la Agencia Ford y del Banco Urquijo para romper el cerco al cuartel. Los mineros usaron dinamita contra la Agencia Ford, cuenta la Historia de la Cruzada Española, y atacaron la casa del capitán Losada. Los guardias hicieron, por su parte, una incursión hasta la plaza de Lazúrtegui y ocuparon el Teatro Edesa. Y en la mañana del día 21 de julio, se atrevieron con la estación de la MSP, hasta que entrada la tarde, una columna de doscientos soldados del Regimiento de Infantería Zaragoza, procedente de Lugo, y precedidos por algunos aeroplanos, entró en la ciudad y sofocó los últimos focos de resistencia.
El balance de dos días de lucha que hacía en 1941 la Historia de la Cruzada Española fue de «treinta muertos rojos y doscientos heridos» y una serie de destrozos que Santiago Macías pone en duda porque nunca figuraron en la causa contra el alcalde. «En aquellos días, se imputaba todo lo imputable en los consejos de guerra y no aparece nada de eso en el de Juan García Arias», afirma. Sí hay señales de que los mineros trataron de volar el puente de La Puebla. La crónica de 1941, uno de los primeros relatos de las dos jornadas de lucha en Ponferrada, va aún más lejos cuando continúa su balance. «Por parte la Guardia Civil, veinte heridos, entre ellos el alférez Sancho Iruesa, la iglesia y la residencia del párroco incendiadas, las casas más ricas desvalijadas, muros abiertos por la dinamita, puentes mutilados, destrozos en líneas férreras. Por Ponferrada -”dice el libro-” había pasado el marxismo».
Ese mismo día 21 detenían en el Hotel Lisboa a Javier García Arias, que se había negado, a pesar de la insistencia de su mujer, a pedirle ayuda su suegro, Mariano Herrero, ascendido a general de brigada tras pasar a la reserva. «Lo absurdo es que no llamó a mi abuelo, porque mi abuelo viene de Palencia y lo salva», opina García Herrero, que fue testigo de la detención de su padre. «Mi madre me contó, y eso me ha quedado grabado, que yo estaba jugando fuera del Hotel Lisboa y vi pasar una furgoneta con cuatro o cinco personas. Yo salí corriendo y le dije -˜mamá, mamá, se llevan a papá en una camioneta-™».
La última carta
Esta historia termina con una carta. La que escribió el último alcalde republicano de Ponferrada a su mujer, horas antes de que lo fusilaran en las tapias de Puente Castro. «Para tí, Mercedes, un último abrazo del hombre que te quiso mucho y por tí luchó en la vida», escribió, con lágrimas en los ojos, Juan García Arias. Su hijo conserva la carta y el periodista puede ver la sombra que dejaron los goterones sobre la caligrafía perfecta. El alcalde de 32 años tampoco se olvidaba de despedirse de sus dos hijos. «Dedícate a hacerles hombres, a que guarden buen recuerdo de su pobre padre y a que sigan siempre tus consejos». Después, besos y abrazos a sus padres y a sus hermanos a los que pide que atiendan a su viuda «como una buena hija».
A Juan García Arias habían tardado una semana en juzgarle en León, después de tenerle encerrado en la prisión de San Marcos. Hasta León había viajado con los niños Mercedes Herrero, en un autobús que fue tiroteado durante el trayecto. Alojada en la casa de su familia política, la mujer del alcalde de Ponferrada no logró ver a su marido, que el día 28, a las 23.00 horas era juzgado en la cárcel, acusado de rebelión por los militares rebelados, junto al teniente de asalto Alejandro García Méndez, y el síndico del Ayuntamiento Arturo Pita. Los tres, considerados responsables del tiroteo del cuartel de Ponferrada, fueron condenados a muerte.
Y la sentencia se ejecutó al amanecer del día 30 de julio. A García Herrero, un guardia civil que estuvo destinado en Ponferrada y del que dice no recordar su nombre después de tanto tiempo, le contó que a su padre lo tuvieron que fusilar sentado. ¿Torturas? No lo sabe. Sí sabe que su abuelo Ildefonso García se preocupó por recuperar el cuerpo, que hoy yace enterrado en el cementerio de León.
Un mechón de pelo
Ildefonso García y el suegro del alcalde, el ya general de brigada Mariano Herrero, se plantaron ante un juzgado militar de León para pedir un certificado de defunción de Juan García Arias unos días después del fusilamiento. «Causa de la muerte: parálisis cardíaca», leyó el viejo militar. «Se le paró el corazón», añadió el oficial que se encontraba en el juzgado. Y Mariano Herrero, que era de la vieja guardia jubilada a la fuerza por el presidente Manuel Azaña, agarró por la solapa a aquel hombre y lo levantó en vilo, cuenta su nieto: «¡Cómo que se le paró el corazón!», le gritó. Otro oficial apareció al oír el jaleo. Vio al viejo general sosteniendo a su compañero y le pidió, por favor, que se fuera.
Unos días antes, Ildefonso García, chapista de profesión, se había atrevido a cortarle un mechón de pelo al cadáver de su hijo, ajusticiado al pie del cementerio de Puente Castro. El mechón se lo dio a su nuera, que lo llevó colgado del cuello, en una cajita metálica, mientras siguió viviendo. Pero nunca encontró el reloj.
Cuatro vilagarcianos viajaban en el tren madrileño que sufrió una dramática colisión en Ponferrada, causando 18 muertos
Eran las cinco de la mañana del martes 23 de junio, víspera de San Juan de 1936. El Expreso Gallego, principal vía de comunicación entre el país y el resto de España, viajaba durante la noche rumbo a casa. Entre las estaciones de Ponferrada y San Miguel de las Dueñas se encuentra el túnel de Fraga. Nuestro tren entró, pero nunca volvió a salir. «El Expreso Gallego, que salió de Madrid ayer a las 19:20, ha colisionado con un tren de mercancías. La colisión fue de proporciones aterradoras y el hecho de que ocurriera ya dentro del túnel parece dificultar enormemente las primeras operaciones de socorro». La nota se publicó al día siguiente en El Pueblo Gallego.
El número final de víctimas ascendió a 18 muertos y 34 heridos. Tres días después, aún se realizaban obras en el interior del túnel y la arteria férrea seguía cerrada. En cuanto a las causas de la colisión, la prensa apenas informó en las semanas siguientes. Salvo que el vigilante del túnel de San Miguel de Dueñas fue arrestado inmediatamente.
En ese tren viajaban cuatro personas de Vilagarcía, según tenemos entendido: Elpidio Villaverde, primer alcalde y diputado a Cortes elegido por el Frente Popular en febrero de ese año; su hija, Rosina; el juez Luis Pando Rivero; y el representante en la capital arousana de la empresa Hijos de Simeón García y Compañía, Modesto Gómez. Ninguno de ellos sufrió heridas graves, aunque la conmoción fue tremenda. «Se recibieron llamadas de toda la comarca, e incluso de fuera, dándole [a Elpidio Villaverde] la más cordial felicitación por haber salido airoso del trágico accidente», informa el periódico del jueves 25 de junio.
La vocación del juez Pando
Más allá del drama del choque ferroviario, el recuerdo de aquel accidente brinda a este ático la oportunidad de rescatar la memoria del juez Luis Pando Rivero. Su labor en Vilagarcía lo convirtió en un ejemplo de civismo y humanidad. Pero también le granjeó enemigos irreconciliables. Fue asesinado el 4 de diciembre de aquel fatídico 36, apenas seis meses después de salvarse del choque ferroviario, por la sencilla razón de representar al Frente Popular en la capital arousana.
En un artículo firmado un año antes, el juez mostró su preocupación por el futuro de la ciudad: «Las personas, como las personas, necesitan prepararse espiritual e intelectualmente [...] Y Vilagarcía, aunque cueste decirlo, ha prestado poca o ninguna atención a este aspecto tan esencial de su vida». El juez se quejó de que se prestara más atención a la «cal y la piedra» que a la consecución de un instituto de secundaria, una academia popular con su biblioteca o una escuela de trabajo. Palabras para tener en cuenta, 74 años después, casi como una predicción del posterior suicidio urbano.
Fue el segundo gran accidente ferroviario del Bierzo, y se produjo unas semanas antes del inicio de la guerra civil. La catástrofe ferroviaria del túnel de las Fraguas, entre San Miguel de las Dueñas y Ponferrada, ocurrida el 23 de junio de 1936, fue eclipsada por otra todavía mayor, la peor de España hasta la fecha, la de Torre del Bierzo, en 1944. No obstante, en las Fraguas hubo 18 víctimas mortales -algunas fuentes hablan de 20- y 34 heridos de diversa consideración.
El suceso tuvo lugar cuando el tren expreso 405 procedente de Madrid y con destino Galicia colisionaba contra el mercancías 1416 en el interior del túnel de las Fraguas a las 5:28 horas de la mañana. El tren de pasajeros, procedente de Madrid, llevaba dos horas de retraso, y tras parar en la estación de San Miguel de las Dueñas, según el comunicado oficial posterior al accidente, el conductor reanudó su trayecto sin haber recibido la señal pertinente del factor de la estación, continuando su marcha hasta impactar en el interior del túnel con el tren de carbón que circulaba en sentido contrario por la misma vía. “El choque ocurrido dentro del túnel fue verdaderamente espantoso, quedando empotradas las dos máquinas y los primeros vagones de ambos trenes”, señalaba el diario ABC del 24 de junio, añadiendo que el amasijo de hierros y astillas había taponado el túnel, en el que además se había producido un incendio. De hecho, algunas víctimas murieron por asfixia. Los restos del convoy tardaron días en retirarse por completo, cerrando el tráfico ferroviario del noroeste.
Entre las víctimas se encontraban un soldado de aviación de León, un médico gallego, un estudiante, el fogonero del expreso y otras personas que en un primer momento fue imposible identificar y que después se confirmó que en su mayoría procedían de Madrid, Galicia y León. Entre los heridos, también se encontraron personas de la mismas procedencias, pero también castellanos, andaluces y un portugués.Los primeros trabajos de auxilio los realizó la pareja de guardias civiles que viajaba y custodiaba el tren. Al conocerse la noticia, “de Ponferrada y otras estaciones salieron con toda urgencia brigadas de obreros para comenzar los trabajos de salvamento”. Asimismo, “desde Ponferrada se dio cuenta de lo ocurrido al gobernador civil de León, quien salió inmediatamente para el lugar del suceso y ordenó que se enviaran con toda urgencia ambulancias con médicos y material sanitario”, señala el rotativo.
El 23 de junio de 1936, pocas semanas antes de que estallase la Guerra Civil en España, se producía un accidente ferroviario en el llamado túnel grande de Las Fraguas entre San Miguel de las Dueñas y Ponferrada.
El tren expreso 405 procedente de Madrid y con destino Galicia, colisionaba a las cinco y veintiocho minutos contra con el tren de mercancías 1.416 en el interior del túnel de Las Fraguas.
El tren rápido venía de la capital de España y llevaba dos horas de retraso, hizo su parada en la estación de San Miguel de las Dueñas, según el comunicado oficial posterior al accidente, el conductor reanudó su trayecto sin haber recibido la señal pertinente del factor de la estación, continuando su marcha hasta impactar en el interior del túnel con el tren de carbón que circulaba por la misma vía pero en sentido contrario.
En aquel tren viajaba Elpidio Villaverde, el primer alcalde de Villagarcía de Arousa, diputado en cortes por el Frente Popular que resultó ileso. También según relatan en el foro de San Miguel de las Dueñas, viajaba un joven estudiante llamado Leopoldo Calvo Sotelo, el que fuera segundo presidente de la democracia actual.
El resultado del brutal impacto elevó el número de víctimas mortales a 18 y en el mismo se registraron 34 heridos de distinta consideración.
Siete años más tarde, el 3 de enero de 1944, el túnel número 20 en Torre del Bierzo, registraba el mayor accidente de la historia del ferrocarril en el que nunca se ha sabido con exactitud el número de fallecidos, debido a la censura de la dictadura franquista.
En los meses posteriores a la catástrofe un trovador cantaba con su violín por las calles de San Miguel la siguiente:
Adiós, túnel de las Fragas,
cuando podré olvidar
las desgracias que hubo junio,
causando horror y mortandad.
A las cinco de la mañana,
el Express y el dieciséis
han chocado en el túnel,
causando muchas desgracias.
El maquinista del Express
sin boletín se marchó
y a la entrada del túnel
contra otro se estrelló.
El maquinista del Dieciséis
al Exprés luego lo vio
y frenando de repente
como pudo se salvó.
Ya se marchó el ciego,
no nos quiere contar más
las desgracias que hubo en junio
causando horror y mortandad.
"De las siete unidades que componían el tren número 405, o sea el expreso, fueron apartados a San Miguel de las Dueñas los cuatro coches de cola. También fue sacado del túnel un coche de tercera para ser volcado, pues se hallaba totalmente destruido. Del tren de mercancías número 1.416 han sido apartadas a Ponferrada doce unidades. Dentro del túnel han quedado, con sus mercancías, carbón en su mayor parte, ocho vagones." – La Vanguardia-.
La catástrofe ferroviaria del túnel de las Fraguas en junio de 1936
En el diario capitalino La Mañana, con algunos espacios censurados, se noticia el 1 de julio de 1936 la inauguración por la Empresa de Autobuses de León (y su bendición en el santuario de la Virgen del Camino) de su autobús número 9, de 16 asientos y plataformas espaciosas, magnífico, muy elogiado, y construido en la capital, “flecha roja en el aire gris de la ciudad, de línea alargada y elegante, pulido y coquetón por no estar aún resobado por el vulgo espeso y municipal”, dirá de él Lamparilla, que lo presenta como un exponente de la industria leonesa (construido en los talleres de Auto-Carrocerías de León, de don Isidoro González) y del espíritu de iniciativa leonés (a pesar de que proceda de Santander el emprendedor paisano que iniciara la empresa del transporte urbano en la capital), cuando otro hijo de esta tierra, el joven Fernando Rubio Gómez, lleva un tiempo circulando en la ciudad con un automóvil que porta un aparato inventado y patentado por él mismo, “productor de gases combinados que lo mueven con un menor consumo, y que en breve, una vez perfeccionado, supondrá por su baratura y comodidad un gran progreso en los motores de explosión”. También circulaba por León en un Fiat Balilla la primera mujer taxista de la ciudad (Piedad Álvarez Rubio, “que ya antes sabía conducir, pero no pudo hacerlo de modo oficial y público hasta que vino la República”), un inusual hecho que ya había por ello merecido portadas y reportajes en la prensa gráfica de entonces. Narra además el rotativo leonés detalles de la catástrofe ferroviaria (se saldó con unos 20 muertos y más de 40 heridos) de unos días antes en el túnel de las Fraguas, en San Miguel de las Dueñas, cerca de Ponferrada, cuando chocaba con un mercancías el tren expreso de Galicia.
El paisano emprendedor, era Ernesto Mateos Tomás, de Herreros de Jamuz, emigrante junto con su esposa en la segunda década del siglo XX a la Argentina (desde Santander, donde con sus padres –que regentaban en el pueblo de sus orígenes una tienda y cantina- y hermano se había radicado en 1904) y trabajador allí en una fábrica de sebo para emplearse en la hostelería de Estados Unidos después, regresado ya en el periodo republicano para fundar con otros socios en 1934 la empresa Autobuses de León (que venderá a Martiniano Fernández en 1944, en cuyas manos acabarán también en los años cincuenta la línea Truchas-La Bañeza de David González Pombar y la Puebla de Sanabria-Astorga de la empresa de Ángel Beltrán que compraría en 1945 Domingo García e Hijos).
El indiano ganaba en diciembre de 1933 (en exclusiva por 50 años) el concurso para el establecimiento en la ciudad de una línea de autobuses, cuyas bases aprobaba el consistorio a finales de junio, repetido por segunda vez, después de que en octubre el primer adjudicatario pida prórroga (que no se le concede) para iniciar el servicio el 1 de enero de 1934, “ya que la reparación de dos vehículos le ha causado retraso sobre la fecha convenida”. Comenzarían a circular, inaugurándose, el 18 de febrero (se haría oficialmente el 9 de junio) los cuatro flamantes coches de los primeros autobuses de León (se había adjudicado el servicio a Plácido Diéguez, que en vista del resultado favorable se proponía al inicio de marzo adquirir cinco nuevos vehículos más grandes, se dirá en El Diario de León, aunque en 1993 la misma publicación alude a Ernesto Mateos Tomás como el fundador de aquella empresa), en los que, se decía, actuarán de cobradoras señoritas. El reportero Lamparilla ya había señalado que “de León son los dirigentes de la empresa de autobuses, aunque duela que hayan venido de Santander a su tierra a establecer aquello que los que se hallaban aquí en condiciones para ello dejaron abandonado por la eterna apatía…”.
El innovador automóvil que se presentaba como un modelo de progreso era “un torpedo de dos plazas con el que el inventor local había realizado viajes de prueba a Villamanin a velocidad de hasta 70 kilómetros por hora, movido por el óxido de carbono e hidrógeno ligeramente combinado en que el aparato por él patentado transforma los aceites pesados (fuel-oíl y gas-oíl) mezclados con agua”. Con unos cinco litros de aceite pesado y 300 gramos de agua (para producir la combinación química precisa), y con el coste de 30 céntimos por litro, recorría los 70 kilómetros de aquel desplazamiento.
El siniestro ferroviario del túnel de las Fraguas (a seis kilómetros de Ponferrada), ocurrida el 23 de junio, no suele citarse cuando se desempolvan memorándums de desastres parecidos, casi siempre al hilo de otros actuales, habiéndose producido muy cerca de otro túnel, el nº 20 de Torre del Bierzo, en el que tendrían lugar otras dos desgracias de suma envergadura: el 3 de enero de 1944 el mayor accidente ferroviario ocurrido en España, con un balance oficial de 83 muertos y 64 heridos, una cifra que se falseó por la dictadura (que ocultó el suceso y censuro su conocimiento, y aún llegó a presentarlo como responsabilidad de la guerrilla), siendo en realidad considerablemente mayor (habrían fallecido por encima de 500, según algunas fuentes, y en torno a 150, según otras que hoy resultan más fiables), una tragedia repetida en el mismo túnel el 27 de diciembre de 1947, cuando descarriló el correo La Coruña-Madrid causando un muerto y doce heridos.
Del resultado de aquella olvidada catástrofe de finales de junio de 1936 informaban profusamente los medios nacionales y los locales (La Democracia y La Mañana; El Diario de León no se publica desde el día 13 de aquel mes por huelga de sus empleados), con titulares como los siguientes: “Entre San Miguel de las Dueñas y Ponferrada chocan un expreso y un mercancías. El expreso iba lleno de viajeros. Numerosas víctimas”. Se contaron entre éstas un muchacho de 18 años que viajaba en la perrera sin billete y que se ocupaba en Ferrol de limpiabotas, un soldado de la base aérea leonesa, el contratista de obras de León Francisco Fernández Menéndez, que se había ocupado de construir el Puente Paulón y de urbanizar años antes algunas calles bañezanas (lesionado levemente), y una artista de varietés; fallecía también, el día 25 la madre, de 25 años, del niño de cuatro meses que fue recogido ileso. Entre los heridos que acogen en Ponferrada el Hospital y en el Sanatorio López Ríos se hallan los dos guardias civiles del puesto de Toral de los Vados que formaban la pareja de escolta del exprés. Se detuvo a los Jefes de las estaciones de Ponferrada y San Miguel de las Dueñas y al guarda agujas de ésta. En los trabajos de salvamento rivalizaron empleados de la Compañía, autoridades y vecindario de los pueblos cercanos.
Manuel Amadeo Ríos MosqueraDel libro LOS PROLEGÓMENOS DE LA TRAGEDIA (Historia menuda y minuciosa de las gentes de las Tierras Bañezanas -Valduerna, Valdería, Vegas del Tuerto y el Jamuz, La Cabrera, el Páramo y la Ribera del Órbigo- y de otras localidades provinciales -León y Astorga-, de 1808 a 1936), publicado en 2013 en Ediciones del Lobo Sapiens) por José Cabañas González. (Más información en www.jiminiegos36.com)
Manuel de los Ríos Mosquera nació en Abegondo, partido judicial de Betanzos (La Coruña), el 10 de marzo de 1884. Hijo de Manuel de los Ríos y Antonia Mosquera Otero. Tuvo un hermano llamado Antonio –registrador de la propiedad de Pontevedra en 1936— y dos hermanas: Dolores y Emilia. En 1936 era viudo y sin hijos. Fue fusilado en Ronda (Málaga) el 22 de agosto de 1938.
Procedía de una familia muy católica, circunstancia que debió influir en su ingreso en el Seminario. En julio de 1910, fue nombrado juez suplente municipal de Cerceda (La Coruña). En esa fecha ya había abandonado la formación eclesiástica y era estudiante de medicina. El 5 de noviembre de 1915 realizaría el examen de suficiencia en la Universidad de Madrid, obteniendo el título de Licenciado en Medicina y Cirugía.
En 1918, ya desempeñaba el puesto de médico titular de Alcolea de Calatrava (Ciudad Real). Donde los servicios médicos prestados al pueblo durante la epidemia de gripe le valdría la solicitud en 1920, por suscripción popular, de la Cruz de Beneficencia de 1ª clase con el distintivo morado y negro que le fue concedida por Real Orden de 13 de diciembre de 1926.
En la siguiente década, continuó ejerciendo como Médico – Cirujano en la provincia de Ciudad Real, inscrito en el Colegio de Médicos de aquella provincia. Establecido en Bolaños hasta 1923, en la primavera de este mismo año abrió una clínica en Almagro, llamada Sanatorio de la Madre de Dios. Dos años después, el de 10 de agosto de 1925 quedaría habilitado para ejercer la profesión de Odontólogo, además de la de Médico – Cirujano.
El 12 de septiembre de 1927, obtuvo el título de Inspector Municipal de Sanidad que le habilitaba para ejercer como facultativo en ese cuerpo. A mediados de octubre del mismo año, procedente de Almagro, Manuel de los Ríos llegó a Ronda (Málaga) para regentar el gabinete odontológico del mecánico dentista Antonio Blanco López, situado en los números 9 y 11 del Paseo de Espinel. En esta ciudad, presidió la Comisión Local de la Cruz roja, de la que era socio desde 1912.
A finales del año 1929 ganó la plaza de médico titular de Arriate (Málaga), por lo que a partir de entonces ejerció en el distrito de Ronda la Vieja y otras zonas rurales, próximas al pequeño pueblo de Arriate.
En el momento de la sublevación militar, el 18 de julio de 1936 se encontraba en la parroquia de Encrobas, del ayuntamiento de Cerceda (La Coruña), donde se recuperaba de las heridas sufridas en un accidente de tren ocurrido entre las estaciones de San Miguel de Dueñas y Ponferrada el 23 de junio. Allí, en la casa de su madre supo que lo buscaban y el mismo se entregó a la Guardia Civil. Encarcelado en la prisión provincial de La Coruña 18 de noviembre de 1936, fue trasladado a la cárcel de Ronda donde se le procesó en enero de 1937.
Activismo político
Manuel de los Ríos manifestó desde muy joven interés por el tema agrario como demostraría en los años treinta durante su estancia en Ronda. Su actividad en el seno del agrarismo gallego –movimiento que pretendía la renovación de la política en el mundo rural— la inició siendo aún estudiante de medicina. En 1910, presidía la Sociedad de Agricultores de Órdenes (La Coruña). En diciembre de aquel año, por la publicación de dos artículos en el semanario Galicia Solidaria, Manuel de los Ríos, junto a Antonio Santiago Taín, director de la publicación, fue procesado por injurias a los curas párrocos de las localidades coruñesas de Malpica y Rodis. Durante la siguiente década mantuvo su actividad propagandística. En diciembre de 1914, anunciado en la prensa madrileña como sociólogo y médico, pronunció una conferencia sobre El movimiento agrario en la provincia de la Coruña, en la Casa de Galicia en Madrid. Al advenimiento de Primo de Rivera quizá por influencia de su hermano Antonio, amigo y colaborador del político José Calvo Sotelo, como él se afilió a la Unión Patriótica.
Tras la llegada de la República, y siguiendo una tendencia muy general, entre los grupos medios conservadores se afilió al Partido Republicano Radical. En agosto de 1931, era el secretario de la sección local del partido de Lerroux en Arriate. Tras pasar por Acción Republicana fue iniciador y presidente de Unión Republicana en Ronda.
Fue masón, miembro del Gran Oriente Español, venerable maestro de la Logia Giner de Ronda en 1935, con el nombre simbólico de Galeno. Las autoridades de Ronda le atribuyeron una gran ascendencia sobre los campesinos de Ronda la Vieja y Arriate, distritos de su competencia profesional y en los que desplegó una intensa actividad de divulgación y organizativa. Por lo que fue acusado de ser propagandista de las ideas de izquierda entre los campesinos a los “que inculcaba el odio a la propiedad” y de ser organizador de una manifestación que en la ciudad de Ronda llegó a concentrar a un millar de campesinos en apoyo de un capitán de la Guardia Civil que iba a ser trasladado.
En las pruebas aportadas durante su proceso consta su pertenencia a la “Cooperativa de Casas Baratas Pablo Iglesias” desde marzo de 1934. Fue también en Ronda, corresponsal de la agencia de noticias Logos, que informaba para diferentes periódicos católico, entre ellos El Debate.
Procesado a primeros de 1937, ante el Juzgado Militar número 2 de Málaga en la plaza de Ronda, Manuel de los Ríos, justificó su pertenencia a Unión Republicana en base a que fue creada para contrarrestar en la localidad el extremismo de las organizaciones del Frente Popular a la vez que admitía haber pertenecido a la Logia Giner que posteriormente abandonó por no compartir el ritual. Frente a los informes enviados al juez desde la ciudad andaluza, los de las autoridades de la parroquia de Encrobas insisten en su adhesión a la causa de Franco a la que habría prestado servicios como médico y ponen especial empeño en demostrar que Manuel había permanecido desde la primavera de 1936 hasta su detención en noviembre junto a su madre y su hermana, insistiendo en el cumplimiento de sus deberes religiosos como católico. Unos informes que contrastan con los emitidos desde Ronda y que de los Ríos intentará contrarrestar declarando su pertenencia al asociacionismo católico –entre otras a la Cofradía de la Virgen de la Cabeza— y conservador de la ciudad. Alejándose de cualquier compromiso con las organizaciones obreras, intentó justificar su proximidad a campesinos y obreros desde su identificación con la doctrina social de la Iglesia.
Durante su procesamiento, Manuel de los Ríos demostró una gran resolución al asumir su autodefensa, justificando punto a punto un comportamiento político que caracterizó como conservador. Autodefiniéndose como un filántropo, enumeró decenas de actuaciones humanitarias a favor de la causa franquista. Sin embargo, los términos de su brillante autoexculpación quedarían empañados por los testimonio de varios propietarios de Ronda que le acusaban de haber soliviantado a los campesinos. Inútiles fueron asimismo los esfuerzos desplegados por sus familiares –todos de derechas—, en Galicia y, sobre todo, de su anciana madre para conseguir que los positivos informes de las autoridades gallegas llegaran a Ronda.
Juzgado en Consejo de Guerra, el 1 de abril de 1938, fue condenado por el delito de Rebelión Militar a la máxima pena y ejecutado en Ronda a las veinticuatro horas del día 22 de agosto de 1938.







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