Ibn Battuta
Nacido en Tánger, en el seno de una familia acomodada, con 21 años decidió cumplir con uno de los cinco preceptos del Islam y marcharse a la Meca. Lo que en principio iba a ser un viaje de fe se convirtió en una travesía de casi 30 años por todo el mundo musulmán conocido en el siglo XIV. Una hazaña que cumplió con creces el proverbio árabe que dice que “quien vive ve, pero quien viaja ve más”.
La travesía le llevó desde el Norte de África hasta China, pasando por el sureste europeo, Oriente Medio, el centro y sureste asiático, Rusia, India y Ceilán. Y en la última parte de su periplo a los reinos de Al-Ándalus y al África subsahariana. Un sinfín de experiencias, viajando a pie, en barco o a caballo. Durmiendo en grandes palacios o en las ermitas más humildes, dependiendo de con quién se encontrara el viajero por el camino.
Ibn Battuta dejó su casa a los 21 años y viajó por el mundo islámico y el Oriente Próximo del siglo XIV, recorriendo 120.000 kilómetros entre 1325 y alrededor de 1352, visitando 40 países y tres continentes. Eso supone unos 11 kilómetros al día durante casi 11.000 días.
A lo largo de su vida se le conoció como "Shams al-Din". Provenía de una familia de cadíes (jueces). En junio de 1325, sintió que era hora de ir en su primera peregrinación a La Meca y escribió:
“Partí yo solo, sin tener compañero de viaje en cuya compañía podría encontrar aliento, ni caravana de la que pudiera tomar parte, sino influenciado por un impulso irresistible dentro de mí y un deseo largamente acariciado en mi seno de visitar estos ilustres santuarios. Preparé mi propósito de dejar a mis seres queridos, mujeres y hombres, y abandoné mi hogar como los pájaros abandonan sus nidos. Mis padres seguían vivos y me pesó alejarme de ellos, y tanto ellos como yo nos apenamos por esta separación“.
Al comienzo, se propuso solamente llevar a cabo la peregrinación y no ir más allá de La Meca. Viajó por el norte de África hacia Túnez donde, al entrar en la ciudad, registra sus sentimientos de soledad y añoranza:
“Los ciudadanos se encontraban por todas partes saludándose y preguntándose cosas los unos a los otros. Pero ni un alma me saludó, ya que no había nadie que yo conociera. Me puse tan triste por la soledad que no pude retener las lágrimas que comenzaban a aparecer en mis ojos y lloré desconsoladamente“.
Otro peregrino lo consoló y le presentó a otros hombres cultos que le encontraron alojamiento en el Colegio de los libreros. Abandonó Túnez y partió hacia Alejandría, en compañía de una caravana para protegerse en el camino. En Alejandría, conoció a un místico devoto llamado Burham al-Din que le profetizó que visitaría Sind (Pakistán), India y China, y que disfrutaría de la hospitalidad de los tres hermanos de al Din que vivían en esas regiones.
Más tarde en Alejandría, mientras estaba con el jeque al-Murshidi, Ibn Battuta tuvo un sueño en el que un gran pájaro lo llevaba a La Meca, y luego más allá, a tierras que él nunca había pensado ver. El jeque interpretó este sueño como una señal de que llegaría con éxito a La Meca, pero que sus viajes le llevarían mucho más lejos. Estas experiencias en Alejandría hicieron que Ibn Battuta repensara su plan original de regresar a casa después de la peregrinación, y comenzó a considerar viajar simplemente como un fin en sí mismo, valorando el camino por encima del destino.
De Alejandría fue a El Cairo, y desde allí viajó por Palestina y Siria hacia La Meca. De sus viajes en Palestina, escribe, “visité Belén, el lugar de nacimiento de Jesús. El lugar está cubierto por un gran edificio: los cristianos lo contemplan con gran veneración y de modo hospitalario entretienen a los que allí se paran”, y al llegar a Jerusalén, se maravilla ante la mezquita Al-Aqsa y escribe, “la mezquita sagrada es un edificio precioso y se dice que es la mezquita más grande del mundo”. En Damasco, “la ciudad que supera en belleza a todas las demás ciudades”, como él escribe, registra la generosidad del gobierno y de la clase alta al proporcionar fondos para los menos afortunados y para el desarrollo de diferentes elementos de la ciudad.
Más viajesBattuta señala que existen diferentes fondos para las necesidades de la gente que cuidan de todo, desde reemplazar cerámica rota (platos y jarras de agua) hasta de la educación de los jóvenes. Describe la innovación novedosa de las calles y las aceras pavimentadas y la belleza de la arquitectura de la ciudad. Al llegar a La Meca en octubre de 1326, Battuta cuidadosamente relata la experiencia de La Kaaba cuando miles de peregrinos surgen alrededor del centro del mundo, donde el reino celestial se cruza con los reinos de la tierra.
Con su peregrinaje concluido, Battuta podía regresar a casa, pero, “Ya no viajaba para realizar una misión religiosa, ni siquiera para llegar a un destino en particular”, viajaba simplemente por el amor al viaje.
Entre 1326 y 1331, atravesó Persia hasta los montes Zagros, visitó la ciudad de Shiraz, famosa en esa época por su belleza y sus magníficos jardines, cabalgó con la comitiva de un gobernante mongol, visitó Bagdad y tomó un barco a Yemen donde sobrevivió a una tormenta en el mar.
El año 1331 o 1332 le encontró explorando África y luego viajando hacia Anatolia (Turquía) donde escoltó a una princesa hasta Constantinopla y visitó Santa Sofía. En algún momento entre 1332-1333, al descubrir que un barco a la India tardaría demasiado en llegar, partió a pie y atravesó Asia central para finalmente llegar a la India casi un año después del tiempo que habría tardado el barco en llevarlo allí.
En la India, el sultán de Delhi lo contrató como uno de los jueces principales de la ciudad. Desde la India visitó China, donde de nuevo fue asignado juez, y viajó a las Maldivas, convirtiéndose en juez otra vez.
La vuelta a casaAquí se quejó, como en otros lugares, de la forma en que las mujeres vestían, señalando que solo llevaban ropa por debajo de la cintura y comentó. “cuando ocupé el cargo de juez entre ellos, fui bastante incapaz de hacer que se cubrieran por completo”. Desde las Maldivas fue a Ceilán, Malasia, viajó de vuelta por la India, atravesó el desierto del Sáhara, y lentamente se encaminó a través de Oriente Medio.
En el transcurso de sus viajes se casó siete veces, tuvo varios hijos, compró y vendió esclavos, consiguió grandes riquezas y casas excelentes, aconsejó a reyes y cabalgó con princesas, pero también viajó con solo sus pantalones y la esperanza de encontrar comida después de que naufragara, le robaran y un sultán amenazara con matarlo.
Finalmente, sus pensamientos volvieron hacia su hogar y viajó por Siria en el punto álgido de la peste de 1348, señalando como la muerte estaba rodeándole. Battuta se desvió en Cerdeña y viajó por España hasta que se encontró con un grupo de musulmanes que se dirigían a Tánger. Llegó a Marruecos a finales de 1348. Al descubrir que su padre y su madre habían fallecido de la peste recientemente y que sus amigos se habían ido o habían muerto, partió de nuevo, volviendo a España para después dirigirse a Tombuctú y al centro de comercio de Gao, regresando a su casa de Marruecos alrededor de 1352.
El libro de viajes
Después de que Ibn Battuta regresara a Fez en 1354, el sultán de Marruecos escuchó su informe sobre Malí. También escuchó las otras aventuras de Ibn Battuta y le ordenó que se quedara en Fez. Quería que estas historias se escribieran para el entretenimiento de su familia y de otros. La literatura de viajes, especialmente los relatos del Hajj, era una forma popular de escritura en ese momento. Así que a Ibn Battuta
«Dictó un relato de las ciudades que había visto en sus viajes, de los acontecimientos interesantes que habían quedado grabados en su memoria, y habló de aquellos a quienes había conocido, de los gobernantes de los países, de sus distinguidos eruditos y de sus santos piadosos.» [De la introducción a La Rihla, transcrita por Ibn Juzayy, 1354.]
Los viajes de Ibn Battuta se relatan en La rihla de Ibn Battuta. La palabra árabe “rihla” significa viaje. El título completo de su libro es Un regalo para aquellos que contemplan las maravillas de las ciudades y los prodigios de viajar (Tuhfat an-Nuzzar fi Ghara'ib al-Amsar wa 'Aja'ib al-Asfar). Battuta hizo un relato oral de su rihla al erudito Ibn Juzay al Kalbi, què se encargó de escribirlo.
Su obra fue casi desconocida hasta el siglo XIX cuando estudiosos alemanes y británicos la dieron a conocer.
La tumba de Ibn Battuta
Una discreta tumba escondida en el corazón de la medina de Tánger es el único vestigio físico del viajero musulmán más célebre de la Edad Media.
Museo Ibn Battuta - Borj En-Naam-
Una vez que pasada la puerta de la Kasba en el casco antiguo de la ciudad de Tanger, se encuentra en una torre alta testigo de una parte importante de su historia. Se trata de Museo Ibn Battuta, que antes se denominaba “Borj Naam”
Este conjunto histórico, que se encontraba en estado ruinoso, fue restaurado y rehabilitado en 2021 por la Sociedad de Fomento para la reconversión del recinto portuario de Tánger (SAPT), dentro del programa de rehabilitación y puesta en valor de la antigua Medina. Está situado en el corazón del conjunto histórico Borj En-Naâm, al noroeste de la Kasbah.
En 2020 se constituyó un Comité Científico para la validación de los estudios escenográficos y contenidos culturales.



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