lunes, 2 de marzo de 2026

El primer vuelo del Rey en hidroavión

Aérea (Madrid). 9/1929, n.º 74

El primer vuelo del Rey en hidroavión

Aprovechando la estancia en Santander del "Dornier 16", nuestra Aviación militar, y sin aviso previo, hasta tal punto, que los informadores fotográficos no pudieron tomar fotografías ni a la salida ni a la llegada, S. M. el Rey hizo un vuelo de una media hora sobre la bahía y a lo largo de la costa en dirección a Bilbao.

A las once del día 26 salió Su Majestad de la Magdalena, marchando en la gasolinera "Fakun-tu-zin" hasta donde se encontraba el hidro. amarrado a una boya cerca del crucero "Príncipe Alfonso". Iba acompañado del jefe de la Casa Militar, general Berenguer, y de su ayudante, el jefe de grupo de Aviación comandante González Gallarza, que fue el que actuó de piloto.

Su Majestad se colocó en uno de los puestos de piloto y el comandante Gallarza le cedió el mando un rato en pleno vuelo.

S. M. el Rey, después de demostrar de este modo su gran interés, ya conocido, por las cuestiones aéreas y su confianza en la Aviación militar, agradecida muy sincera y efusivamente por todo el personal de ella, puso a su jefe, coronel Kindelán, el siguiente telegrama, que reproducimos fotográficamente:

El coronel Kindelán contestó en la forma siguiente:

"Santander. — Jefe superior Aeronáutica militar a jefe Casa Militar.

"Ruego V. E. traslade a S. M. testimonio agradecimiento de Aeronáutica militar por su afectuoso saludo, sintiéndose orgullosa de que uno de sus aviones haya tenido alto honor de arbolar pendón morado y conducir a S. M. Stop. Jefe que suscribe agradece afectuoso recuerdo, lamentando no haber podido acompañar a S. M. en este vuelo, como lo hizo hace dieciocho años en su bautismo aéreo, en el dirigible "España". Stop.

La Aviación, con este feliz motivo, siente incrementados sus sentimientos de ferviente adhesión al Trono. Stop. Salúdale respetuosamente, Coronel Kindelán."

Aunque en la Prensa se ha consignado la efeméride como el bautismo de aire de Don Alfonso XIII, en justicia ha de consignarse, como lo hace el coronel Kindelán en su telegrama, que es la segunda vez que la augusta persona hace un viaje aéreo, pues en 7 de febrero de 1913 estuvo a bordo del dirigible "España", haciendo un recorrido circular sobre los alrededores de Cuatro Vientos, de donde partió y adonde regresó.

Fueron pasajeros de aquella memorable ascensión: S. M. el Rey, el príncipe Raniero de Battemberg, hermano de S. M. la Reina, y el general Marina, a la sazón capitán general de la primera región. La tripulación la formaban el coronel Vives piloto encargado de la dirección, capitán Kindelán, de la estabilidad ; capitán Millas, de la ruta, y mecánico Quesada. La partida tuvo lugar a las diecisiete, dando una vuelta sobre Alcorcón y Carabanchel Bajo, y aterrizando a las diecisiete y veinte. La altitud media fue de 800 metros y la máxima de 850 metros.

Aérea, 8/1929, n.º 73

La aventura del «Dornier 16»

Para nuestro país, el acontecimiento aeronáutico del mes último ha sido el intento del "Dornier 16", de la Aviación militar, que por haber estado a punto de terminar trágicamente ha interesado a la opinión mucho más que otras hazañas análogas, coronadas por el éxito.

La misma importancia que, por este motivo y por la calidad de los que formaban la tripulación, ya acreditados en anteriores ocasiones, ha dado la Prensa al asunto, hace inútil el dar detalles en estas páginas, consignando sólo los datos indispensables.

Como cosa sabida, pues, recordaremos que el comandante Franco, acreditadísimo piloto de la Aviación militar y que afianzó su fama con la realización de la primera travesía de Europa a América del Sur, realizada en dos etapas y sin cambiar de aparato, tenia proyectado en su afición a estas grandes empresas y para superarse a sí mismo, una vuelta al mundo en hidro. Autorizada la empresa, se construyó un "Dornier" tetramotor, que por los datos teóricos parecía tener radio de acción suficiente para las más largas etapas calculadas, y que bautizado "Numancia", le sirvió el año pasado para iniciar el intento, partiendo de Cádiz el 1.º de agosto de 1928. La extraordinaria sobrecarga hizo el despegue dificilísimo, hubo de recorrer lanzado varias veces la bahía y se veía en plena mar, algo gruesa sin llegar a elevarse, consiguiéndolo finalmente gracias a su extraordinaria pericia, pero dejando a los que presenciaron su partida preocupados respecto a lo que podría ocurrir en otras etapas, con peores condiciones locales y en que la carga había de ser más fuerte. Muy poco después, una avería de motor le obligaba a amarar no lejos del cabo de San Vicente, de donde regresó navegando; esta avería, sin importancia, se vio luego fue providencial, pues el casco había sufrido mucho en los repetidos intentos de despegue y acaso, de haber persistido en su intento, hubiera ocurrido algo serio.

La hazaña de 1926.












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