lunes, 30 de marzo de 2026

Seguro contra el celibato

Madrid científico, 1905 n.º 488 página 17

Seguro contra el celibato

Una de las Compañías más importantes de Holanda acaba de establecer una innovación que no deja de ser curiosa.

Cuando en una familia nace una niña, los padres entregan a la Compañía 800 coronas de una vez.

Si a los treinta años la beneficiaria no ha contraído matrimonio aún, recibirá 126 francos anuales. A los cuarenta, 300, y a los cincuenta 500.

Si, por el contrario, se casa antes de los treinta años, le serán devueltas las 800 coronas.

St. Landry democrat (Opelousas, Luisiana), 18 de febrero de 1888

The Republican-Atlas, 21 June 1901

El celibato masculino

En Francia, en 1920, las mujeres de la ciudad de Périgueux se unieron para formar una "Sociedad Anti-Solteros" y lucharon no solo por que se impusiese un impuesto a los hombres solteros, sino también por la revocación de su derecho al voto y la prohibición de ocupar cargos públicos. Una de las mujeres que lideraba la campaña, que usaba el seudónimo de Odette Dulac en la prensa, argumentó: "Nuestros legisladores Han de partir de la premisa de que el estado de soltería es un lujo y que los solteros deberían pagar un impuesto, una especie de impuesto de lujo" .

La Campaña Anti-Solteros de Périgueux logró generar tanta hostilidad en la sociedad francesa hacia los hombres solteros que los periódicos franceses se inundaron de cartas anónimas de solteros que abogaban por una "organización de célibes" para combatirlos. A pesar de una campaña agresiva, un amplio apoyo y la atención de los medios internacionales, la Campaña Anti-Solteros no tuvo éxito en sus objetivos y Francia no llegó a aprobar un impuesto a los solteros. Sin embargo, varios gobiernos de otros paises consideraron la posibilidad de impleñantar dicho impuesto.

El proyecto del impuesto a los solteros se debatió con frecuencia en la Cámara de los Comunes, pero nunca llegó a aprobarse. Sin embargo, en 1695, el Parlamento inglés sí aprobó la Ley del Impuesto sobre el Matrimonio, que gravaba a todos los solteros mayores de 25 años con el fin de recaudar fondos para la guerra contra Francia. Esta ley no logró recaudar los fondos esperados por el gobierno y fue abolida en 1706.

El impuesto a los solteros tuvo éxito en otros países. La mayoría de los estados estadounidenses debatieron repetidamente, y varios estuvieron muy cerca de introducir un impuesto a los solteros en el siglo XIX. Fue Montana el que finalmente lo logró en 1922. Se aplicó un impuesto de tres dólares a todos los solteros del estado, pero fue derogado al cabo de un año cuando el Tribunal Superior lo declaró inconstitucional. 

En Sudáfrica se aprobaron con éxito impuestos a los solteros en 1922, en Alemania en 1923 y en Italia en 1927. Con el objetivo de impulsar la natalidad, el régimen de Mussolini se mostró particularmente hostil hacia los hombres solteros y no solo los gravó severamente, sino que también intentó prohibirles el acceso a cualquier puesto en la administración pública. Sus políticas fueron tan punitivas que la prensa británica las calificó de «pogromo contra los solteros».

Aunque la situación no era tan desalentadora en Gran Bretaña, las normas sociales y las enseñanzas religiosas dictaban que los hombres debían casarse y mantener a una familia. Quienes no lo hacían eran tachados de egoístas y contrarios a la familia, un estigma que propició la discriminación contra los solteros. En 1926, por ejemplo, el magnate inmobiliario londinense Samuel Wallrock desalojó a los solteros de las propiedades que había adquirido, dándoles la opción de casarse o marcharse. Se jactó en la prensa de haber desalojado a unos 300 solteros de sus propiedades, convencido de que «los solteros no tienen derecho a ocupar pisos donde una familia podría ser feliz».

En respuesta a tal hostilidad, se formaron por todo el país "clubes de solteros" para ofrecer cierto apoyo y hacer campaña contra el trato injusto. Estos grupos de célibes voluntarios se caracterizaban a menudo por un profundo odio hacia las mujeres. 

Hay una razón por la que la Sra. Bennett en Orgullo y prejuicio de Jane Austen está tan empeñada en casar a sus hijas lo antes posible. Sin un marido que la mantuviera, la vida podía ser muy difícil para una mujer soltera. Mientras los clubes de solteros luchaban para que los hombres permanecieran solteros, los "clubes de solteronas" se unían para apoyarse económicamente entre sí. 

En la Dinamarca del siglo XIX, las niñas y mujeres de entre 13 y 20 años podían contratar un "seguro contra el celibato" que les pagaba si no se habían casado antes de los 40 años. El seguro contra el celibato todavía estaba disponible en la década de 1930.

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