El Áncora, 28 de mayo de 1851 página 8
— El tumulto ó motín de las cigarreras, que empezó anteayer, y al que ayer dábamos poca importancia, se reprodujo ayer mismo hasta el punto que el señor ministro de hacienda, presidente del Consejo de ministros, tuvo que aparecer entre ellas para remediarlo. Habiéndose presentado en sus talleres bien temprano las amotinadas empezaron su campaña por echar abajo la puerta de uno de los almacenes e inutilizar el tabaco allí depositado para secarse.
Luego las revoltosas plantaron sus reales fuera de la fábrica, viéndoselas entonces unidas a algunos hombres que las incitaban al desorden; pero el motín no se extendió, porque la guardia civil de infantería y caballería rodeaba, aunque pacífica, el campo de batalla. Las revoltosas repetían a gritos que no se apaciguarían hasta que se les ofreciese mudar el jefe y darles mejor tabaco para las labores y a esto nada oponía La fuerza armada; pero habiéndose atrevido uno de los hombres que incitaban a las mujeres a disparar un ladrillo que lastimó y mucho en el pecho a un cabo de la guardia civil de caballería, este descargó su sable sobre el agresor dejándolo mal herido. Esta fue la única sangre que corrió en la jornada de ayer. —El tumulto llevaba visos de no hallar solución, cuando se presentó de improviso en medio de las cigarreras el señor ministro de hacienda, y bastaron algunas promesas y palabras del Sr. Bravo Murillo para apaciguar el desorden y para que las revoltosas se retirasen.
Sobre este motin y sobre el de los estudiantes no se le ocurre a ninguno que haya sido provocado ad hoc por los enemigos del gobierno; pero no deja de ser chocante su repetición.
— Para investigar las causas que han producido el motín de las cigarreras y aplicarle pronto y oportuno remedio, el ministro de hacienda ha nombrado una comisión compuesta de varios jefes de la administración, Asi el señor Bravo Murillo se propone dictar con brevedad algunas medidas que apacigüen a las sublevadas, sin desdoro de las leyes ni de los que las aplican.
El Imparcial, 22 de mayo de 1868 página 2
Acerca del intentado motín de las cigarreras de Alicante, hallamos los siguientes detalles en un periódico de la localidad:
«En la fábrica de cigarros hubo ayer tarde una especie de motín producido por las operarías, que no tomó grandes proporciones afortunadamente por la oportuna intervención del señor gobernador de la provincia y el señor juez de primera instancia.
Parece que el motivo no era enteramente injustificado, pues a la mala calidad del tabaco que se les entrega, se reune el no darles el suficiente para que la elaboración sea perfecta y con todas las condiciones correspondientes. Esto hace tiempo que ha debido remediarse, no solo para evitar demostraciones desagradables y que no están en su lugar, sino para que el público no fume el detestable tabaco que se espende en los estancos, que se hace mas insoportable cada dia.»
El Diario español, 5 de mayo de 1871 página 2
«La Correspondencia» estracta anoche las noticias de algunos diarios de Sevilla, sobre el motín de las cigarreras.
«Hoy, dice el colega, recibimos minuciosos y exactos detalles sobre el motin de las cigarreras en Sevilla, de que nos dió aviso el telégrafo. El jefe de la fábrica de tabacos, señor Peralta, notificó el lunes a las operarias que se les haría en tres quincenas el descuento del importe de la cédula de vecindad. Cuál fue el efecto que en las cigarreras hizo el anuncio del administrador, lo pintan los periódicos de la localidad del modo siguiente:
«Ante la noticia, dice «La Revolución Española,» estalló el motin, pagando lo que no debían algunos subalternos y maestras. El Sr. Mora, jefe del ramo de policía, acudió a la fábrica y logró despejar el edificio, no sin recibir una pedrada en el costado, de la kábila femenina, que en número de mas de mil mujeres, arrastrando como un alud a hombres y chiquillos, llegó al gobierno civil en hora en que no estaba el Sr. Benitez de Lugo, aunque sí el inspector, Sr. Zamora, con alguna fuerza del cuerpo de vigilancia. Las cigarreras, rodeadas de curiosos, llenaban materialmente la calle de San Pablo, compás de la parroquia de Santa María Magdalena, y frente de la casa-morada del gobernador, en el ex-convento dominico, gritando como energúmenas y dando mueras que no queremos repetir.
Habiendo llegado el Sr. Benítez de Lugo, entró a verle una comisión de operarias de las mas fogosas y significadas en el movimiento, y no hubieron de quedar satisfechas de las esplicacioues de la autoridad, porque a su salida, y apenas dijeron lo que les había pasado en la conferencia, llovieron las piedras en el edificio, quebrando todos los cristales, lastimando en una sien al inspector Zamora, que procuraba calmar el arrebato de las mas enardecidas, y produciéndose una escena de terrible confusion. El disparo al aire de un Guardia civil pronunció en fuga al gentío inmenso que obstruía las calles contiguas, y parece que la fuerza de vigilancia completó con una carga súbita la dispersión de la multitud.
El martes, según refiere «La Revolución Española,» al acudir a la fábrica de tabacos algunas operarías, se encontraron con la orden de cerrar los talleres, y comunicándose de unas en otras la nueva, a las doce se reunió una manifestación, con bandera roja, al frente de las masas femeniles, y pasando por delante de la fachada del ayuntamiento, repetían, con el sonsonete particular usado en la plaza de toros:
¡Mueran los ladrones! ¡Mueran los ladrones!
En esta guisa se dirigieron al gobierno civil, y los periódicos no dicen todavía el fin de estas escenas, aunque ha debido ser favorable, pues no sabemos que ayer se recibiera despacho alguno de importancia sobre estos sucesos.»
La Emancipación, 15 de junio de 1872 página 1
SUCESOS DE LA SEMANA.
EL MOTIN DE LAS CIGARRERAS.
Las trabajadoras de la fábrica de tabacos de Madrid se sublevaron el jueves de la semana anterior, a consecuencia de haber sabido por cuatro compañeras despedidas que se trataba de introducir en el establecimiento, ó mejor dicho, que estaban montadas ya, unas máquinas que elaboran, según se nos ha asegurado, 1.000 cigarros por cada vuelta. La sublevación ha durado dos días, tomando parte en ella casi todas las obreras de la fábrica, que ascienden a unas cinco mil. No obstante las seguridades dadas por el administrador, que negaba la existencia de dichas máquinas, las cigarreras quisieron averiguar lo que habia de cierto, y forzando puertas y derribando tabiques, penetraron en los almacenes, donde en efecto vieron un considerable número de máquinas preparadas para empezar a elaborar. Furiosas, rompieron los escaparates donde las máquinas estaban encerradas, é hicieron estas millares de añicos.
No censuramos ni aplaudimos el acto de las cigarreras de Madrid: lo consideramos tan solo como un síntoma, como un resultado natural de la injusta organización de la presente sociedad. Las cigarreras reivindicaban el derecho a la vida; cerca de cuatro mil mujeres, que del establecimiento de las máquinas han de quedar en la calle, muchas de ellas madres de familia, pedían que no se les arrebatara el pan de sus hijos. ¿Puede darse petición más justa? Pero el capital no tiene oídos ni tiene entrañas. Tratábase, no solo de la administración pública, sino de un particular que pensaba con las máquinas hacer su fortuna, y las obreras, viendo sus reclamaciones desatendida, ciegas de desesperación, destruyeron el instrumento de progreso, para ellas instrumento de muerte. ¿Sobre quién debe recaer la responsabilidad de los males causados?... El dueño de las máquinas, Sr. Esparza, se propone, al parecer, pedir indemnización de los perjuicios sufridos. Y añade el periódico.que da la anterior noticia: «El señor Esparza, tras largos años de sacrificios y penalidades para conseguir alguna ventaja en recompensa de sus trabajos en pro del servicio público, se ve arruinado, y gracias que ha salvado la vida.»
Todo esto es muy natural y lógico dentro del órden actual. Ese señor, al inventar su máquina, no pensaba mas que en las inmensas ganancias que habia de reportarle, y de ningún modo en las millares de víctimas que fatalmente tenia que sacrificar su invento. La indemnización le será, sin duda, concedida; volverá a construir otras máquinas, se tomarán precauciones para garantizar su planteamiento, y las cigarreras no habrán hecho nada.
Pero quedáles un recurso, que si lo saben emplear, puede darles el triunfo sobre sus crueles esplotadores. Este recurso es la ASOCIACION. Escúchennos nuestras hermanas las cigarreras de Madrid; no pierdan un minuto en asociarse ó son perdidas. Imiten la valerosa conducta de sus compañeras las obreras catalanas, que a fuerza de energía y firmeza han logrado poner la ley a los fabricantes, conteniendo la desatentada esplotación de que eran víctimas. Formen una caja de resistencia, satisfaciendo una cantidad insignificante cada semana, por ejemplo medio real, y cuando vuelvan a traerse nuevas máquinas, en vez de romperlas, abandonen el trabajo todas, absolutamente todas, sino se aceptan, por lo menos, estas dos condiciones:
1.º Mantenimiento del precio a que se paga en la actualidad el ciento de cigarros, y así de las demás labores.
2.º Que no se despida ni a una sola de las obreras que actualmente trabajen en la fábrica.
Como el trabajo no puede estar muchos días parado y las asociadas tendrán un fondo para vivir algunas semanas, cuando menos, la administración no tendrá mas remedio que ceder y las máquinas, en lugar de causar perjuicio a las cigarreras, les producirá un beneficio, disminuyendo las horas de trabajo con igual jornal por lo menos.
La Independencia española, 9 de junio de 1873 página 3
Parece que hoy se ha reproducido el motín de las cigarreras en la fábrica de tabacos. Es fruta del tiempo federal.
La Iberia, 31 de enero de 1874 página 2
Ayer tarde promovieron las cigarreras un gran escándalo en la Fábrica de Tabacos, a consecuencia de haber circulado enire ellas la noticia de que se iban a llevar máquinas para la elaboración de cigarrillos.
El gobernador, tan pronto como tuvo conocimiento del suceso, se personó en el establecimiento, y auxiliado por los agentes de su autoridad é individuos del cuerpo de Orden público, adoptó las medidas necesarias para apaciguar a las amotinadas y descubrir a las que habían sido causantes del alboroto.
Suponemos que el señor Albareda habrá tomado las enérgicas disposiciones que corresponden para evitar que se reproduzca.
La Correspondencia dice que «afortunadamente el motín de las cigarreras ha terminado sin desgracias y sin que haya habido necesidad de emplear la fuerza. Después de regresar la comisión del ministerio de Hacienda, se las dio orden de marchar a sus casas, lo cual efectuaron, limitándose a gritar por algunos momentos.
Un piquete de la Guardia civil de caballería, otro de infantería y otro de guardias de Orden público se situaron frente a la fábrica, a cuyos alrededores se aglomeró mucha gente, guiada allí por la curiosidad.»
El Constitucional español, 24 de octubre de 1878 página 2
Las palabras de La Politica, al hablar hace pocos dias del motín de las cigarreras, empiezan ya a producir efecto. Ayer y hoy se ha asegurado que no pasarán muchos dias sin que sea sustituido el director de Rentas.
No en vano aconsejamos al Sr. Rodriguez, al leer el suelto a que nos referimos, que se metiese inmediatamente en la cama, porque su salud se encontraba bastante resentida; pero debe tener el consuelo de que dentro de muy poco se hallará completamente restablecido.
El Diario español, n16 de noviembre de 1881 página 4
EL MOTIN DE LAS CIGARRERAS.
Acerca del alboroto ocurrido ayer tarde en la fábrica de tabacos, y de que dimos cuenta en nuestra edición, podemos añadir nuevos detalles que confirman lo que indicabamos.
La causa fue la falta de hoja para seguir elaborando los cigarros llamados conchas, y las que lo promovieron las operarías que, dedicadas a elaborar esta clase, habían sido dedicadas a otra inferior, en tanto no se recibía hoja de la referida, con lo cual su jornal se reducía a la mitad.
Las amotinadas, en número de unas trescientas, pretendieron que las demás operarías siguiesen su conducta, no consiguiéndolo porque previsoramente fueron aisladas, mientras las seis mil restantes salían del local.
A la media hora de iniciado el alboroto se presentaron en la fábrica el gobernador civil, teniente alcalde del distrito, primer teniente alcalde, director de Rentas y otras autoridades.
Llamadas las maestras al despacho del director de la fábrica el señor conde de Xiquena, manifestó a las referidas que en breve contaría la fábrica con hoja de la clase mencionada, y que como el alboroto carecía de fundamento de seguir en su actitud, se veria en la necesidad de castigarlas severamente.
Las maestras hicieron saber esto a las amotinadas, las cuales se retiraron a los pocos momentos con el mayor órden.
La Nación española, n16 de noviembre de 1881 página 3
El motín de las cigarreras.
A las cuatro y media de la tarde de ayer se han amotinado 240 operarias pertenecientes a uno de los talleres de la fábrica de Tabacos de Madrid.
Tan pronto como el señor secretario del gobierno civil tuvo noticia del suceso, lo comunicó telegráficamente al señor conde de Xiquena, que a la sazón se hallaba en el Congreso, y se dirigió al lugar de la ocurrencia, donde no tardaron en aparecer el señor gobernador civil, el director general del ramo Sr. García Torres, el jefe de vigilancia y otras autoridades.
La exigencia de las amotinadas consistía en que se las destinase a la labor de tabacos conchas y regalías, a que venían consagrándose anteriormente, y cuya labor se había sustituido por otra que ellas consideraban más penosa y menos retribuida.
En un principio trataron las mas ardorosas de las sublevadas, de comunicar la rebelión a otros talleres; pero previsoramente fueron aisladas a tiempo, y miéntras se convenía con ellas en una solución, a propósito para no perjudicar sus intereses ni los del Estado, se procuró desalojar la fábrica del contigente de seis mil mujeres,que encerraba en su recinto.
Como quiera que las causas que motivaron la suspension de las lobores conchas Y regalías desaparecerán, según hemos podido entender, desde el próximo sábado, pudo con facilidad encontrarse la solución apetecida, acordándose que las mencionadas operarias vuelvan dentro de tres dias al mismo trabajo que habían venido desempeñando hasta hace poco.
Al escuchar estas afirmaciones del señor director general de rentas, se dio por satisfecha la mayoría de las amotinadas, quienes abandonaron con el mayor órden el establecimiento; pero aun quedaron rezagadas una docena de ariscas que se proponían sacar mejor partido de sus gritos. Estas cedieron en su empeño, cuando se enteraron de que iban a quedar detenidas dentro de la fábrica.
La Iberia, 29 de septiembre de 1882 página 3
El motín de las cigarreras ha terminado, ordenándose el cierre de un taller.
El Diario español, 11 de marzo de 1885 página 3
CUESTIONES DEL DIA.
Extraordinaria animación so notaba esta tarde en el salón de Conferencias y en los pasillos delCongreso.
Los temas de conversación ó mejor dicho, de controversia, eran muy variados. Hé aquí algunos de los más salientes:
Motin de las cigarreras. Desde las primeras horas de la mañana pudo notarse una agitación efervescente en todos los departamentos de la Fábrica nacional de tabacos, hasta que las cinco ó seis mil mujeres que allí trabajan se declararon en abierta rebelión, empezando como siempre por romper las mesas y utensilios de la Fábrica.
El motivo de la insurrección era, según decían, impedir que se establezca una máquina de liar cigarrillos movida a vapor, que en efecto no existía sino en su imaginación exaltada.
Los empleados de la casa avisasen inmediatamente a la autoridad, y el gobernador civil se presentó a las puertas de la fábrica acompañado de fuerzas de órden público.
El gobernador y sus subordinados fueron recibidos a pedradas, resultando algunos contusos, y hasta el mismo Sr. Villaverde se dice que recibió algún golpe, y no pudiendo calmar el alboroto que subía de punto con sus exortaciones, mandó cerrar las puertas de la fábrica dejando encerradas a las rebeldes cigarreras, y rodeando el edificio con fuerzas de la Guardia civil y de órden público.
La agitación se habia calmado esta tarde y las cigarreras sitiadas por hambre, empezaban a desalojar pacificamente el edificio.
El Diario español, 12 de marzo de 1885 página 1
EL MOTIN DE LAS CIGARRERAS
Aun cuando en la edición de anoche dimos las principales noticias relativas al motín promovido por las cigarreras de la fábrica de Madrid, las proporciones que éste suceso ha tenido y los daños causados nos mueven a ampliar la relación con varios pormenores tomados de otros colegas, especialmente del Globo.
Apenas estalló el motin, los empleados de la fábrica quisieron dominar aquél, pero les fue imposible, y los que se pusieron a tiro, recibieron una lluvia de pedradas, pucheros y tablas, que ocasionó varias contusiones.
Avisadas las autoridades, acudieron el gobernador y el coronel Oliver, que se hallaba en cama enfermo, su llegada fue saludada con silbidos y una grita descomunal, además de pedradas lanzadas por las ventanas de los talleres.
El gobernador, y su comitiva al ver esto se retiraron prudentemente.
El gobernador sin embargo, no contaba con el elemento tumultuoso que había fuera, el que los recibió a pedrada limpia: La autoridad tuvo que replegarse hacia. la calle de Provisiones y Mesón de Paredes, con objeto de avisar a la Guardia civil.
Grupos de hombres que a los primeros gritos se formaron en las calles, quisieron romper a hachazos la puerta, de la Ronda, no consiguiéndolo por la llegada de la Guardia civil y órden público. La pedrea entonces se hizo general dentro y fuera de la fábrica: algunos hombres echaron mano a las navajas; en los talleres se hicieron algunos disparos, y otros desde la escuela de Veterinaria, de donde salieron tambien no pocas piedras.
Guardia civil de caballería limpió la calle, siendo apedreados los guardias y defendiéndose los de los grupos tenazmente. Las cigarreras, creyendo que la Guardia civil entraría en la fábrica, quisieron huir y rompieron la pared medianera del asilo de San Ildefonso, donde los hijos de muchas de ellas están recogidos.
Las hermanas de la caridad y los asilados, llenos de espanto, se refugiaron en la capilla.
En la puerta de la Casa de Misericordia había muchas mujeres que pretendían recoger a sus hijos, temerosas de que el tumulto pasara al Asilo.
Algunas cigarreras lograron escapar, pero tomadas todas las salidas y las boca calles por la fuerza pública, quedaron encerradas todas hasta la llegada del señor ministro de Hacienda.
El Sr. Cos-Gayon mandó abrir uno de los patios en que con mayor fuerza dominaba la sublevación y les preguntó qué deseaban.
Dijeron que habían leído en la prensa que se pensaba en la introducción de máquinas para hacer cigarrillos, y lo trataban de justificar con la visita que un catalán, el Sr. Blasco, que reside hace tiempo en Bélgica, había hecho recientemente a la fábrica.
Pero el señor ministro de Hacienda las arengó diciendo que estaban en un error, pues dicho Sr. Blasco ha presentado sólo para su examen un sistema de elaboración de cigarrillos a mano, y que las únicas máquinas que se ha pensado en aumentar son las de picadura, con objeto de proporcionar mayor trabajo a las pitilleras.
Pero como el desorden no cesaba, el ministro recibió una comisión que pretendió hablarle, a la que reprendió severamente, diciéndoles que si insistían en su actitud se instalarían las máquinas y serian despedidas.
El Sr. Cos-Gayon dispuso que se dejara salir a las de los talleres de puros, y que Ias 1.500 de pitillos quedaran detenidas hasta La llegada del juzgado.
A las tres y media se constituyó éste, que lo era el de la inclusa.
A las cinco se dejó salir a las pitilleras, excepto a las señaladas como promovedoras del tumulto.
A las seis no había en la fábrica más que el juzgagado y Ias maestras llamadas a declarar. La Guardia civil de caballería se retiró s su cuartel a las cinco y cuarto.
Una hora despues, los guardias de seguridad empezaron a limpiar de curiosos Ias calles de Embajadores y Mesón de Paredes.
ESTRAGOS DEL MOTIN.
Cuando comenzó el tumulto había en la Fábrica unas 5.000 operarías.
El primer grito se dió en los talleres de cigarrillos:
— ¡Niñas, arriba! —gritó una—¡vamos a hacer pedazos las máquinas! —y comenzó el destrozo.
Las operarías, dirigidas por un Atila hembra, comenzaron a romper cuanto hallaban a mano: en el taller de cigarrillos no quedó ni una mesa, ni una silla.
En el laboratorio químico recientemente instalado, habian visto las cigarreras útiles y artefactos cuyo uso desconocían, y allá se encaminaron. Aparatos, caja de reactivos, todo lo destrozaron en un momento; sólo se salvó de su furia una báscula.
La irritación de las amotinadas parecía crecer a medida que aumentaban los destrozos. Y siempre buscando la maldita máquina, pasaron al almacén de tabaco picado de Canarias. Allí había 16 barricas.
— ¡Ahí están metidas las máquinas!—dijo una, y en el momento las barricas fueron rotas y el tabaco en hojas, que contenía 50 kilos cada una, desparramado por el suelo y pisoteado.
— ¡Mirad! aquí está el papel para los cigarrillos de la máquina —dijo una enseñando un depósito que se encontraba allí desde hace algunos años. Poco despues el suelo estaba alfombrado de papel de fumar.
Y lo mismo hicieron con gran cantidad de cubiertas de cajetillas, y destrozaron cuantos cajones vieron ¡siempre buscando la máquina!
Y con este mismo propósito abrieron tres boquetes en las paredes, por donde pasaron a otros almacenes.
La furia de las sublevadas aumentó al llegar al taller de las máquinas del picado; destrozaron algunas de éstas, y al motor le rompieron un montante y varias piezas, y arremetieron tambien contra el maquinista y el ingeniero Sr. Herbet. Este fue maltratado y herido en la cabeza.
Tambien el maquinista tuvo que emplear medios extraordinarios para salir ileso.
¡Qué espectáculo, presentaban en aquellos momentos las 5.000 mujeres, gritando desaforadas y triturando cuanto encontraban a su paso!
Por un poco de tiempo camparon Ias rebeldes por sus respetos. ¿Y quién se atrevía a impedírselo?
El gobernador y el Sr. Vicuña tuvieron que hacer una prudente retirada, y el administrador interino de la fábrica, que se quedó algo rezagado, fue herido de una pedrada.
Las amotinadas continuaron sus romerías, y no quedó dependencia que no visitaran. En la carpintería tambien causaron algunos desperfectos, y hasta en el depósito de las muestras-tipos de los contratos estuvieron y rompieron varios cajones.
De cristales y puertas rotas, ¡la mar!
Según personas peritas, los daños ocasionados ascienden a 10.000 duros.
HERIDOS Y PRESOS.
El teniente del cuerpo de Seguridad D. Lorenzo Ruiz, el ingeniero de la fábrica Sr. Martínez Hebert, y el portero, heridos los tres de pedradas en la cabeza, grave el primero. El cabo Marcelino Jáuregui, de un tiro en el brazo derecho; el guardia José Rodríguez, dos pedradas en la cabeza; los cabos Juan García y Francisco Lázaro recibieron fuertes contusiones en la cabeza y brazos, y el guardia José María Menendez un estacazo y algunas pedradas.
Varios guardias civiles han resultado contusos.
Han sido detenidas 28 cigarreras y 10 individuos.
Esta madrugada, a las dos, continuaban en el juzgado de guardia los detenidos por los sucesos de la fábrica de tabacos, y además las maestras de los talleres, para prestar declaración.
Pocos minutos antes de la una, el señor juez fue llamado al despacho del señor ministro, en donde estuvo conferenciando con él y además con el Sr. Villaverde.
El Estandarte, 12 de Marzo de 1885 página 2
Ultimas noticias del motín de las cigarreras
A la una de anoche terminó el juez instructor, Sr. Fonseca, de tomar declaración a varias maestras y cigarreras, que fueron puestas en libertad.
Cuatro hombres detenidos en el momento del alboroto, fueron conducidos a la Cárcel-Modelo, dos eran hijos y otros novios de cigarreras.
A las seis de la mañana se constituyó hoy en la fábrica el citado juez para instruir el sumario de la causa que se sigue por los sucesos de ayer y que han ocasionado un perjuicio de 15.000 duros..
Esta mañana se ha abierto la fábrica a la hora de costumbre, y a las operarias que se han presentado se les ha dado trabajo.
D. Julián Blanco, autor del procedimiento perfeccionado para fabricar cigarrillos a mano, ha dirigido un comunicado a El Liberal, explicando su visita a la fábrica de tabacos, que ha dado lugar al motín de ayer.
La Fábrica Nacional de Tabacos. Fue construida en 1790, y forma un paralelógramo rectángulo de 428 piés en las líneas mayores y 237 en las menores. Consta de un zócalo, en su mayor parte de granito, piso bajo y principal con 29 vanos en cada uno.
Empezó la elaboración de cigarros y rapé el l.° de Abril de 1809, ocupando 800 operarías.
Despues de la guerra de la Independencia trabajaban sólo de 400 a 500. En 1882 se organizó, tal como está hoy, en diferentes talleres de picado, de habanos peninsulares, de mixtos, de cigarros comunes, elaborándose por término medio 337.927 libras de tabaco por 1.896 jornaleras. El número de éstas ha ido aumentando desde 1882, por las mayores necesidades del consumo.
Hoy tienen trabajo allí cerca de 10.000 operarias.
La República, 12 de marzo de 1885 página 1
El motín de las cigarreras
Reconoció por causa la creencia de que se trataba de introducir máquinas para la elaboración de pitillos. Anteayer por la tarde, corría por los talleres la noticia de que habían llegado las máquinas.
— Todas, todas vamos a quedar en la calle, decían.
— Solo tres mujeres pueden manejar la máquina que hace por si sola los pitillos qua nosotras hacemos en un día.
En los barrios de Embajadores y en todos los que habitan las cigarreras fue grande la escitación.
Ayer mañana, en vez de entrar en los talleres, las obreras comenzaron a formar grupos, que se colocaron desde luego en actitud hostil. Su propósito era entrar a viva fuerza en el establecimiento para buscar las máquinas.
— Nos quieren matar de hambre, decían.
— Nos quieren dejar sin trabajo.
— ¡Hay que arrastrarlos!
— ¡Abajo las máquinas!
Parte de los grupos lograron entrar en la Fábrica, invadiendo sus extensas salas. Otros se quedaron a la puerta, recibiendo a silbidos y pedradras a los guardias de orden público, que llegaron a las nueve y media. Los grupos en la calle se iban engrosando con los parientes de las cigarreras, que llegaban a prestarles auxilio.
Esto aumentó el motín. Los cristales caían con estrépito, los cajones eran convertidos en astillas, levantaban los ladrillos, destrozaban las sillas y, locas, en el colmo del furor, con el cabello en desorden, los trajes rotos, gritaban desaforadas:
— ¡Las máquinas, las máquinas! ¡Queremos las máquinas¡
Los empleados de la Fábrica quisieron dominar el motín, pero les fue imposible, y los que se pusieron a tiro recibieron una lluvia de pedradas, pucheros y tablas que ocasionó varias contusiones.
No quedó dependencia sin ser visitada por las amotinadas, incluso el depósito en donde se guardan las muestras tipos de los Contratos. En este punto destrozaron 8 cajones y rompieron las etiquetas de los fajos de las hojas de tabaco, su afán de romper cajones no tenía otro móvil que el suponer que tenían piezas de maquinaria.
También produjeron algunos desperfectos, de escasa consideración, en la puerta del taller antiguo de carpintería.
Los daños causados en el interior del edificio y la pérdida de tabaco que haya podido haber, se calculan en dos o tres mil duros.
Los destrozos mayores han sido en el laboratorio químico, en donde no ha quedado intacto otro objeto que una báscula. Todo lo demás ha sido triturado por las amotinadas.
En uno de los almacenes inmediatos abrieron un boquete y por allí pasaron muchas al asilo inmediato, desde donde se fueron a sus casas.
En el taller en donde están las máquinas del picado han desaparecido algunas piezas, y en el sitio en que se encuentra la máquina motora rompieron un montante y dos piezas insignificantes de la misma máquina.
Como obedecían al impulso del odio contra todo lo que se relacionaba con la maquinaria, el ingeniero Sr. Martínez fue maltratado y herido en la cabeza, y debió su salvación al esfuerzo heroico de un operario, qne logró arrancarlo de las manos de aquellas furias y subirlo sobre una pila de...
Los agentes del orden público, reforzados por la guardia civil, lograron volver a penetrar en la Fábrica, pero fueron segunda vez rechazados, teniendo la primera autoridad de la provincia que replegarse en la escuela de Veterinaria. Allí esperaron la llegada de nuevos refuerzos. Cuando llegaron fuerzas de caballería o infantería de la guardia civil, se intentó con éxito otro nuevo ataque a la Fábrica.
Las amotinadas oponían ya poca resistencia. Eran las dos de la tarde y estaban rendidas de fatiga y abrumadasde cansancio.
El no haber encontrado las famosas máquinas contribuyó a llevar el sosiego a los agitados ánimos.
La guardia civil ocupó la Fábrica, entrando en ella el gobernador y el director de Rentas. El aspecto que presentaba el edificio era el de un verdadero campo de batalla. Hasta la sólida puerta del patio había sido convertida en astillas. El patio grande estaba desempedrado, y con cajones y mesas se habían formado varias barricadas.
Tomadas todas las salidas y las bocacalles por la fuerza pública, quedaron encerradas todas hasta la llegada del señor ministro de Hacienda.
IJispuso éste se dejara salir a las de los talleres de puros, y que las 1.500 de pitillos quedaran detenidas hasta la llegada del juzgado.
A las tres y media se constituyó éste, que lo era el de la Inclusa, empezando las actuaciones y practicándose minuciosa requisa por el juez y los señores director de Rentas, delegado de Hacienda, etc., etc. Las puertas de comunicación de unos talleres a otros estaban derribadas, pero rocogidas como de ordinario las sillas y los útiles de trabajar.
El Sr. Cos Gayón dispuso que las pitilleras lactando salieran a dar el pecho a sus hijos.
A las cinco de la tarde el Sr. Villaverde y el Sr. Vicuña, entraron en el Congreso, y dirigiéndose al señor ministro de la Gobernación, que estaba en uno de los pasillos, le dieron cuenta de que todo estaba terminado.
Se han hecho algunas prisiones, sobre todo de hombres, que han sido conducidos al Gobierno civil con fuerte escolta.
La calle de Embajadores y sus adyacentes, estaban a las seis de la tarde ocupadas por numeroso gentío. Fuerzas de orden público y de la guardia civil rodeaban la Fábrica. Las cigarreras que no han sido detenidas iban saliendo en grupos de cinco y seis. Según salían se detenían eu las calles hablando y contando incidentes de la jornada.
Su espíritu belicoso no ha decaído y proferían amenazas para otro día.
Algunos grupos de cigarreras, al salir de la Fábrica, han intentado subir a las calles del centro. Los guardias de orden público lo han impedido, disolviendo los grupos.
Los detenidos parece que son tres: José Antigues, albañil, acusado de arrojar piedras a la guardia civil; Zacarías Zabalza, de disparar armas de fuego, y otro, cuyo nombre no recordamos, por desacato a la autoridad.
Han resultado heridos, José Rodríguez, guardia de orden público, de 34 años, en la cabeza; Marcelino Jáuregui, de 31 aflos, en un brazo; el paisano Evaristo Vázquez en la cabeza; los guardias Fermín Fernández y Juan García, en un brazo y en una pierna. Todos han sido curados en la Casa de Socorro del disfrito da la Inclusa.
El teniente de orden público, Sr. Ruiz, fue curado en la misma fábrica por un médico de la mencionada Casa de Socorro, lo mismo que el cabo Pascual.
El portero mayor del establecimiento ha sido herido en la mandíbula inferior, y el ingeniero industrial Sr. Heber ha recibido una contusión en la cabeza.
Alganas cigarreras han resultado con contusiones, que se han causado unas a otras en los momentos en que era mayor el tumulto.
Se han adoptado precauciones para evitar la reproducción del motín.
SENADO
Como era natural, el motín de las cigarreras, que ayer fue objeto de la preocupación de Madrid y motivo de seria alarma para el Gobierno, aunque procuró aparentar otra cosa, dio también motivo a preguntas en el Senado. El ministro de Gracia y Justicia no pudo satisfacer la curiosidad de los senadores, porque de sus palabras deducimos que sabía menos del asunto que los mismos interpelantes. Ignorancia indisculpable en un individuo del Gabinete, porque cuando él se esforzaba en quitar gravedad al suceso, había ya heridos a consecuencia de él, y aun se dijo que lo estaba el mismo Gobernador, si bien la noticia no pudo ser del todo bien comprobada. Esto aparte de las zozobras del público, que no participaba de la beatifica tranquilidad del Sr. Silvela.
EXTRACTO DE LA SESIÓN DEL 11 DE MARZO DE 1885
Sr García Torres: Hace dos ó tres días leí en los periódicos que se había producido un conflicto en la Fábrica de Tabacos, que no deja en muy buen lugar la autoridad administrativa. Parece que las cigarreras se oponían a continuar elaborando cigarros mientras no desapareciese cierto artefacto que en la fábrica existía.
El administrador, para aplacar los ánimos, negó que existiera allí tal artefacto, y en efecto, la tranquilidad se restableció por algunos días; pero acaban de decirme que hoy los desórdenes se han reproducido ya con mayores proporciones, pues hay grupos formados por individuos que no son de la fábrica, aunque se asegura que son parientes de las cigarreras.
Suplico, pues, al Gobierno se sirva decirnos con toda exactitud todo lo que hay en esto, así como indicarnos las medidas que el Gobierno va a tomar para restablecer el orden con los menores perjuicios para las pobres cigarreras.
El ministro de Gracia y Justicia: Sobre la cuestión de orden público, no puedo dar una última hora al Senado; pero no creo que lo que ocurre tenga siquiera mediana importancia, porque no guardando la actitud de las cigarreras relación con ningún partido ni de ningún grupo, eso puede ser un insignificante motín.
Por lo que se refiere al origen, todo ello se reduce que se ha introducido ó se piensa introducir en la elaboración del tabaco las máquinas de que dispone hoy la industria, adelanto a que el Gobierno, menos todavía que cualquier otro fabricante, puede oponerse.
Entiendo pues, que si las cigarreras no reciben con mucha benevolencia estas innovaciones que pueden afectar a su trabajo, produzcan algunos ruidos que pueden degenerar en alboroto, pero que de ningún modo puede tener trascendencia para la tranquilidad pública.
El Sr. García Torres da las gracias al ministro y recuerda que, siendo él director de Rentas, ocurre un caso análogo, y el gobernador le declaró que estaba dispuesto a prestarle apoyo para restablecer el orden en la fábrica, pero que no entraría en el local mientras no le pidiera auxilio. (Algunos ven en estas palabras alusión a la conducta del gobernador Villaverde que entró en la Universidad por la fuerza y sin ser llamado.)
La Correspondencia imparcial, 13 de Marzo de 1885 página 3
LAS CIGARRERAS
Desde las primeras horas de la mañana de hoy corrían rumores insistentes sobre un suceso que no ha llegado a realizarse. Decíase que las cigarreras preparaban una manifestación, cuyo objeto era pedir a S. M. el Rey la libertad de los presos a consecuencia del pasado motín.
Estos rumores llegaron a conocimiento del Sr. Villaverde, que, inmediatamente, se personó en la Fábrica, y se convenció de lo infundado de la version, puesto que todas las operarias continuaban tranquilamente en sus trabajos, saliendo a la hora reglamentaria en medio del mayor órden.
El gobernador dispuso que, por precaución, se situase enfrente de la Fábrica una sección de la Guardia civil.
Esta noche se celebrará en Fornos una comida con que el Sr. Blasco y su abogado en España, D. Juan Valero de Tornos, obsequiarán a algunos representantes de la prensa.
El Sr. Blasco es el inventor del aparato elaborador de cigarrillos a mano, de que tanto se ha hablado en estos dias.
Ayer se presentaron en nuestra Redacción los operarios de la sección de picado en la Fábrica Nacional de Tabacos, Bernabé García Huecas, Pedro Fernández Colín, Eusebio Sanz y Pérez, Agustin Martin Liceras y Juan Antonio Martínez Soto, en representación de sus compañeros, que son 28 y no 60, como se ha dicho. Con frases cultas y corteses, y en vindicación de su conducta, nos manifestaron que no es exacto lo que ha dicho la prensa de Madrid, suponiéndoles instigadores del motín de las cigarreras.
Hombres pacíficos y consagrados al trabajo, codician ganar el sustento de sus familias, y bien saben que no es ese el camino que para ello tienen que seguir. Ni se han mezclado en aquel alboroto mujeril, ni han tomado parte alguna en su preparacion; les sorprendió, como a todo el mundo, y esos honrados operarios se retiraron a sus casas, sin ingerirse en la asonada. Esto Han manifestado también al señor Gobernador, a quien esta tarde han visitado, siendo inexacto que el señor Villaverde dijera en el Congreso que atribuía a los empleados picadores de tabaco el origen del motín, como ha dicho un colega de la tarde.
Tenemos gusto especial en consignar estos hechos, por lo mismo que se trata de obreros tan educados y modestos como los que nos visitaron ayer.
La América, 13 de marzo de 1885 página 14
REVISTA DE MADRID
Una de estas piedrecitas es el motín de las cigarreras, ¿Quién dijo a aquellas mujeres que estaba en peligro la ocupación que las sostiene? ¿Qué mal genio sopló a sus oídos la falsa noticia de que alguien se preparaba a quitarlas su único medio de subsistencia? No se sabe.
La causa y el agente quedaron en la sombra; sólo los efectos salieron a luz.
Y estos efectos fueron terribles. Seis u ocho mil mujeres coléricas, indignadas, gritando todas a la vez, recorrían la Fábrica de Tabacos haciendo trizas cuantos objetos las parecían sospechosos, rompiendo muebles, forzando puertas, destrozando máquinas, destruyendo el laboratorio, sin que la voz de la razón ni las advertencias del buen sentido pudieran calmar su furia. En vano las autoridades trataban de disipar sus sospechas; en vano la fuerza pública tomaba actitudes amenazadoras. Roto el dique del respeto que de ordinario las encadena y las hace obedecer al director y a las maestras, su irritación no era para calmarse en tan breve plazo.
Gritaron, rompieron hasta que se cansaron, hasta que su voz no pudo articular sonidos, hasta que sus manos no tuvieron fuerzas para romper. La noche se echó encima y trémulas de soberbia todavía, rendidas y jadeantes, se retiraron las rebeldes a sus casas, llevando cada cual hazañas que contar y destrozos que referir.
Tendidos sobre el campo de batalla ó acostados en los lechos de la Casa de socorro, quedaron una porción de agentes en quien hicieron presa aquellas furias. Que furias más que mujeres parecían; furias locas más propias para hacer de diablos en el infierno que de ángeles en el hogar; dando tintes sombríos al cuadro una porción de desalmados de esos que sólo salen en las revoluciones cobardes y malvados, con grandes sacos vacíos al hombro, que aguardaban la hora del saqueo.
Hoy todo se ha calmado. La noche es buena consejera, y la noche hizo oir a las insensatas argumentos de cordura. Del pasado combate sólo quedan los heridos en el hospital, los recuerdos en la fábrica casi destrozados y la fecha en los anales madrileños. Y también debe quedarnos la vergüenza en el rostro, el dolor en el alma, el abatimiento en el espíritu.
Porque la lucha del otro día es una victoria de la ignorancia y la miseria. En ella el enemigo era el progreso, el pretexto un adelanto de la industria, el incentivo la miseria, la miseria que en los largos dias sin pan, en las largas noches sin fuego, vierte especies terribles en el oído de los pobres que ven su hogar helado y sus hijos hambrientos. Aquí la mujer no halla espedito el camino del trabajo, que para ella tiene muy pocas veredas.
La que se encuentra en una se da por muy feliz, y no piensa siquiera en llevar a otra parte su actividad y su energía. Por eso, perder una ocupación es perder la vida. No hay ya esperanza de tomar otro oficio, de dedicarse a otra cosa. No. Fuera del lugar en que se trabaja, el hambre, la desesperación. Cerca, acechando su salida, la prostitución maldita con sus galas ridiculas y ostentosas, su cara cubierta de afeites, su aire provocativo, sus palabras tentadoras. De aquí esas rebeliones, esas desgracias; de aquí tambien esas humillaciones que se soportan, los abusos del capital, los sacrificios del obrero. Salir de una fábrica no es cambiar de modo de vivir, es entregarse a la muerte, suicidarse, y la existencia habla con voz muy poderosa en el pecho de jovenes y ancianos.
Para apreciar bien las circunstancias del suceso hay que tener en cuenta las condiciones especialísimas de las que en él tomaron parte; hay que considerar a la cigarrera encerrada en la fábrica durante todo el día, constantemente trabajando, respirando una atmósfera malsana, teniendo abandonado y solo el hogar, y feliz y contenta sin embargo porque al irse a su casa por la noche puede llevar en el bolsillo un pedazo de pan que alargue los dias de la madre anciana ó dé vida al pequeñuelo que se arrastra por la reducida habitación sobre mantones de trapos ó un jergón de paja. Vende su vida, su alegría, tal vez su felicidad, a la satisfacción que le proporciona la conciencia de su deber tan penosamente cumplido. Llueva ó nieve, haga frío ó haga calor, en invierno como en verano, su vida no se altera ni las condiciones en que trabaja se modifican. Siempre lo mismo, resignada, sumisa, apegada al presente y no pidiendo a Dios en sus oraciones más que la continuación de ese presente miserable, sin esperanzas de porvenir mejor; tal es la vida de la pobre cigarrera. Pensemos en el trastorno que en su cerebro ha de producir la idea de que, merced a un nuevo descubrimiento, la fábrica se va a cerrar para ellas, va a faltar trabajo en proporciones inmensas, agita sobre cabezas femeninas soplos de rebelión, y el motín del otro día se explica por sí solo. La ignorancia, sí; esa es su causa provocadora; pero la miseria está detrás, y es la verdadera culpable.
Abramos nuevas vías a la actividad de la mujer, démosla trabajo, puesto que es buena y no nos pide otra cosa, pero no la dejamos abandonada a sí misma para echarla después en cara el mal que cause.
EUGENIO DE OLAVARRÍA Y HUARTE.
Imprenta de El Progreso a cargo de B. Lanchares, Salesas, 2, duplicado.
Gaceta universal, 14 de marzo de 1885 página 2
Cigarrillos a mano
El Sr. Blasco es un español que reside fuera de su páis natal hace 20 años. Su acento francés, su elevada estatura y hasta sus patillas, dánle aspecto de extranjero. Por eso, cuando visitó la fabrica de tabacos hace pocos dias, las cigarreras le tomaron por el inventor de la supuesta máquina origen del motín famoso.
Y no hay semejante cosa. El Sr. Blasco es, en efecto, un gran industrial, mejor dicho, un verdadero artista en cigarrillos, pero en cigarrillos elaborados a mano, entiéndase bien, a mano. Posee una fabrica en Bélgica, donde se elaboran diariamente de setenta y cinco a ochenta mil cigarrillos, que distribuye luego entre Bélgica, Holanda, Francia, Suiza, etc.
Ahora bien; el propósito que trae a Madrid al Sr. Blasco es el siguiente: mejorar la factura de los cigarrillos a mano, para lo cual ha solicitado ya del ministro de Hacienda y del director de Rentas las oportunas autorizaciones. Con el tabaco capañol, el mejor del mundo, no se concibe, dice el Sr. Blasco, que se fumen cigarrillos tan detestables. ¿En qué consiste esto? En la nula elaboración; mejórese ésta, y aumentará el consumo, y por consiguiente los rendimientos para el Tesoro.
Además, habrá que proporcionar trabajo a más mujeres.
Este es el proyecto. Ya ven, pues, las cigarreras que no tienen motivo de alarma, sino antes al contrario, de gratitud hacia el supuesto inventor de una máquina que no existe, ni se piensa en que exista en las fábricas españolas.
Lo que hace falta es que un largo expediente no haga estériles los buenos propósitos de nuestro inteligente compatriota. Para probar que el cigarrillo es un elemento de riqueza como otro cualquiera, citaremoe un dato que honra mucho al Sr. Blasco. Empezó éste su industria con un capital de 27 francos, y hoy posee una fortuna que para si la quisieran muchos.
Dicho esto, réstanos dar laa gracias al señor Blasco y a su representante el Sr. Valero de Tornos, por la atenta iuvitaciou que nos hicieron para que asistióéramos anoche a la co mida con que obsequió el primero, en Fornos, a los representantes de la prensa.
Anoche recogieron los agentes de la autoridad un documento titulado: «Manifiesto de las cigarreras.»
El agente de seguridad Hernan Sanz, que recibió una pedrada en el pecho durante el motín de las cigarreras, se ha agravado bastante.
La Correspondencia imparcial, 25 de marzo de 1885 página 1
LAS CIGARRERAS DE SEVILLA Y GIJÓN
Los rumores que circularon ayer, referentes al motín de las cigarreras de la Fábrica de Sevilla, se han confirmado.
Telegramas particulares recibidos por algunos colegas, dan a entender que el motín de las cigarreras de Sevilla ha debido tener más importancia de lo que a primera vista parece, toda vez que han resultado varios heridos y la Fábrica ha sufrido grandes desperfectos.
Se dice que la causa de este motín ha sido la instalación de una máquina de hacer pitillos.
A la una de la tarde de ayer se verificó en Sevilla una manifestación de miles de operarias que iban gritando: «¡No queremos máquinas!»
También daban frecuentes y atronadores mueras al jefe de Orden público, Sr. Valdivieso. La poblacion era completamente extraña a este suceso; pero se encontraba justamente alarmada.
También ocurrió ayer otro tumulto en la Fábrica de Tabacos de Gijón, del cual carecemos de detalles al escribir estas líneas.
Se dice, sin embargo, que las cigarreras de Gijón se alarmaron por haber corrido entre ellas el falso rumor de que se había recibido en aquella Fábrica una máquina para la elaboración de cigarrillos, siendo esta la causa del alboroto.
El Noticiero, 26 de Marzo de 1885 página 3
Anteayer se reprodujo en Sevilla el motín de las cigarreras.
Desde muy temprano recorrieron las calles, haciendo banderas de sus mantones de seda y dando gritos de ¡Abajo las máquinas! ¡Mueran los ingleses! (porque allí no reconocen más extranjeros que los hijos de la Gran Bretaña.)
Presentáronse frente al ayuntamiento y gobierno civil, apedreando sus ventanas, y no sin gran trabajo pudieron las autoridades hacerlas retirar.
Un grupo numeroso sacó de la Fábrica una caldera, y creyendo era un elemento de la fantástica maquina, la llevó con grande algazara hasta la orilla del Guadalquivir, donde la arrojó.
arrojó.
La Fe, 27 de marzo de 1885 página 3
El Liberal, 27 de marzo de 1885 página 2Los motines cigarreros.
Triana ha vencido a Lavapiés. Lo cual significa que las cigarreras de Sevilla han sobrepujado a las de Madrid.
Estas tiraron con todas sus fuerzas del bastón del Gobernador, Sr. Villaverde: aquéllas tiraron desde un balcón un palo sobre la cabeza del Gobernador, Sr. Leguina, quien afortunadamente tenía puesto el sombrero.
Estas se limitaron a romper lo que encontraron dentro de la Fábrica: aquéllas no dejaron un cristal sano en las Casas Consistoriales, y quebraron no pocos del edificio del Gobierno civil.
En la refriega de Madrid las autoridades superiores salieron ilesas: en la refriega de Sevilla, el delegado de Hacienda y el secretario del Gobierno civil recibieron pedradas y palos.
Pero lo característico del motín de Sevilla es que mientras el Gobernador publicaba un bando dirigido a las amotinadas y los oficiales de la guarnición acudían presurosos a los cuarteles, en los barrios en que vive el mayor número de cigarreras se organizaron por éstas grandes fiestas y bailes.
Por supuesto que en Sevilla como en Madrid han tomado parte no pocos hombres a favor de las cigarreras.
Las asturianas, por no ser menos qué las madrileñas y sevillanas, también han gritado hasta desgañitarse en Gijón, rompiendo todo lo rompible.
Pregunta y respuesta cogidas al vuelo en el motín de las cigarreras de Gijón:
— ¿Por qué —preguntaba una anciana a una zagaleta— es ese alboroto?
— ¿Ma pai no lo sabe? Ye que hay una máquina infernal que trabaja ella sola, y nosotres quedamos chupando el deu.
Terminaremos copiando estas líneas, que pertenecen a El Liberal:
«Los alborotos que en la mayor parte de las Fábricas de Tabacos han promovido las operarías han decidido al Gobierno, según parece, a adoptat una medida en que quizás no hubiera pensado por ahora, a no haberse producido aquellos tumultos.
»Tenemos entendido que el Gobierno está resuelto a plantear la fabricación mecánica de cigarrillos en las fábricas en que no hay operarias pitilleras, innovación que se haría extensiva a las demás, en el caso de que se reproduzcan los motines registrados en Madrid, Santander, Sevilla, Gijón y algún otro establecimiento de la misma clase.
El segundo dia de motín de las cigarreras de Sevilla ha revestido caracteres más graves que el anterior. A pesar de los piquetes de guardías municipales, civiles, de orden público y de carabineros, penetraron en la Fábrica de Tabacos numerosos grupos de operarías para destrozar las soñadas máquinas y cuanto hallasen a mano.
El gobernador dirigió la palabra a las amotinadas; pero, lejos de apaciguarlas, cimenzaron a gritar y a arrojar ladrillos, tablas y otros objetos, causando bastantes contusiones. Una de las piedras dio en el sombrero del gobernador. La Guardia Civil de a caballo trató de despejar la calle de San Fernando, invadida por curiosos, lo cual dio lugar a carreras, cierre de puertas y a más de un percance.
Poco después salieron de la fábrica centenares de cigarreras provistas de grandes palos, dando mueras y otros gritos y dirigiéndose por varias calles en tumultuosa manifestación. Después de apedrear y romper los cristales de la Casa Consistorial, hicieron lo mismo en el gobierno civil, y por el camino destrozaron las farolas del alumbrado público. Después volvieron a la Fábrica, repitiendo los gritos amenazadores y los destrozos, hasta que la fuerza pública logró despejar aquellos sitios. Ha oido La Andalucia, aunque sin poder comprobarlo todavía, que resultaron muchas cigarreras y algún curioso con contusiones más ó menos graves.
Por la tarde dijo el gobernador un bando en que desmentía la noticia de haberse instalado máquinas en la Fábrica de Tabacos, y manifestaba hallarse dispuesto a reprimir cualquier desorden con la mayor energía.
El Siglo futuro, 27 de marzo de 1885 n.º 3.005 página 3
DE ORDEN PÚBLICO.
Un periódico trae la siguiente relación del motín de las cigarreras de Sevilla el miércoles:
En las primeras horas de la mañana se reunieron en gran número en el Prado de San Sebastian, noticiosas de que no se les permitiría la entrada en la Fábrica. Unos cuantos números de la Guardia civil y una sección de orden público estaban encargados de evitar desórdenes en aquel sitio, y al efecto tuvieron necesidad de hacerse respetar de las amotinadas. Viéndose estas contrariadas por impedirlas llegar hasta la Fábrica, se dirigieron por el foso que rodea a esta hacia la antigua puerta de Jerez, por la que penetraron en la ciudad en numerosos grupos gritando: ¡No queremos máquinas! y ¡mueran los ingleses! dirigiéndose al ayuntamiento, y rompiendo a pedradas los cristales de las ventanas, en medio de una atronadora gritería. El señor alcalde, acompañado del Sr. Monti, primer teniente de alcalde, se presentaron en el vestíbulo, y a duras penas pudieron hacerse escuchar de las sublevadas, para proponerlas que designasen de entre ellas una comisión que entrase a exponer sus deseos, entraron, en efecto, unas cuantas, y expusieron al señor alcalde su deseo de que se interesase con el señor gobernador para que se abandonase el pensamiento de establecer la máquina; así lo hizo el Sr. Hoyos en el acto, y las comisionadas se retiraron al parecer satisfechas. Momentos después empezaron a desfilar hacia la calle de Génova, no sin que antes destrozasen a pedradas todos los cristales que quedaban sanos en las ventanas bajas.
»Un numeroso grupo de cigarreras, compuesto de unas 900 a 1,000, se presentó en el ayuntamiento, capitaneado por una como de cuarenta y ocho años de edad, con el cabello suelto, cruzado el pecho con una faja y llevando en la mano un palo y en un extremo un trozo de percalina rosa a guisa de bandera. Varias otras con pañuelos en la punta de otros palos formaban a la cabeza.
«Mientras esto ocurría en el ayuntamiento, otros varios grupos se dirigieron al gobierno civil con el mismo griterío, y no estando en su despacho el Sr. Leguina, se entretuvieron en romper todos los cristales de las ventanas de las galerías bajas.
« Retiráronse después todas a las inmediaciones de la Fábrica en igual actitud y con la misma algazara.
»En las últimas horas de la tarde se fijó en todos los sitios públicos el siguiente bando del señor gobernador civil:
«Sevillanos: Con el falsísimo pretexto de la instalación de una máquina se han promovido ayer y hoy graves desórdenes en la Fábrica de Tabacos.
Garantizo que nadie ha pensado en máquina semejante, y por tanto cumplo con el deber de advertir que estoy dispuesto a reprimir cualquier desorden con la mayor energía, confiando en que la reconocida prudencia de este pueblo, hará inútil toda medida de rigor.
Sevilla, 24 de Marzo de 1885. - El gobernador civil, Enrique de Leguina.«
Acerca del motín en Gijon el mismo dia, escribe a La Correspondencia:
«A las ocho de la mañana de este dia principiaron a agitarse las cigarreras, creyendo que en la noche anterior habían ensayado en la fábrica una máquina para hacer pitillos, la cual elabora, según ellas, 600 cigarrillos por minuto.
»A las nueve era imposible acercarse a la plaza de las Monjas, sitio dónde se halla la Fábrica Nacional. En la misma hora se personó el juez de instrucción con su secretario, saliendo inmediatamente, por no poder conseguir que una junta compuesta de mayor ó menor número de cigarreras, manifestasen lo que querían. Al poco tiempo el señor alcalde quiso penetrar dentro del establecimiento, no siéndole posible, a pesar de las simpatías con que cuenta.
»Entre tanto las alborotadoras hacían de las suyas, rompiendo puertas, vidrieras, celosías, mesas donde elaboran los cigarros, hasta penetrar en las oficinas, rompiendo cuanto a su paso encontraban, dejándolo todo inservible.
»La Guardia civil también ha tenido que retirarse y acuartelarse en las casas consistoriales hasta que el señor gobernador de la provincia disponga lo que tenga por conveniente. ¡Qué dicterios! ¡qué palabras se oian alrededor del edificio! ¡Qué gritos de "¡abajo las máquinas!" ¿Por qué —preguntaba una anciana a una zagaleta— es ese alboroto? '¿Ma pai no lo sabe? Ye que hay una máquina infernal que trabaja ella sola, y nosotros quedamos chupando el deu.
»No ha sido el motín por la máquina, señor director, no; ha sido porque de Madrid, Santander y Coruña han escrito a esto pueblo que estuviesen con cuidado, que las máquinas-pitilleras llegarían a ésta de un dia a otro.
«Sigue el tumulto en grandes proporciones, y daré cuenta a Vds. del resultado. — J. F. M.
El Día, 30 de marzo de 1885 página 2
Parece que del expediente instruido contra el administrador suspenso de la Fábrica de tabacos de Santander, con motivo del motin de las cigarreras, no resulta cargo alguno contra dicho funcionario.
La Ilustración española y americana, 30 de marzo de 1885 página 2
El motín de las cigarreras de Madrid se ha ido reproduciendo sucesivamente, con más ó menos violencia, en casi todas nuestras fábricas de tabacos; fenómeno singular que se observa casi siempre en casos análogos: la falsa noticia de que se iban a adoptar máquinas para hacer pitillos ha llegado integra y en su primitiva forma a todas las operarías españolas; la rectificación de esta noticia, hecha por el mismo Ministro de Hacienda, y trasmitida por telégrafo y por toda la prensa, no ha llegado todavía a su destino. Y es que todos somos excelentes conductores de lo malo, y conductores detestables para lo que consuela y favorece.
No hace muchas horas, al aspirar un cigarrillo, estalló por infiamacion un cuerpo extraño entre el tabaco.
— ¡ Tírale! — me dijo un amigo. Ese cigarro le hizo la pitillera el dia del motin.
Desde entonces hemos notado algunos fumadores que muchos cigarros echan chispas.
Afortunadamente, desahogadas las buenas mujeres con gritos y también algunos destrozos, la cuestión de los cigarrillos se ha resuelto de la manera más natural.
Se ha convertido en humo.
El Noticiero, 30 de marzo de 1885 página 1
Las cigarreras de Santander
En Santander terminó felizmente el motín de las cigarreras.
Inútiles fueron en un principio, por no extremar las medidas, los esfuerzos de las autoridades; pero al fin se convencieron las pitilleras de que la huelga no eonducia a nada y trataron de capitular.
Las amotinadas nombraron una Comisión para fijar las bases de la capitulación con el jefe de la Fábrica y todo quedó arreglado satisfactoriamente, puesto que las cigarreras se limitaron a pedir al jefe de la Fábrica que firmase un documento en el que asegurará que dentro de la Fábrica no habia máquina alguna para la elaboración de cigarros, y en el que se comprometiera a no permitir la entrada de máquina alguna sin ponerlo antes en conocimiento de las amotinadas.
Hecho esto por el jefe del establecimiento, se dió por terminada la huelga, y los talleres de elaboración se convirtieron en salon de baile, donde pasaron las cigarreras un buen día danzando y cantando de lo lindo.
Ya han comenzado los trabajos, recobrando la Fábrica su aspecto ordinario.
El Siglo futuro, 31 de marzo de 1885 n.º 3.008 página 3
DESORDEN PÚBLICO.
Según La Gaceta Universal, refiriéndose a telegramas de la Coruña, también allí las cigarreras se han alborotado.
Dice un periódico:
«La mujer que, según dijimos ayer, ha sido detenida en la cárcel de Sevilla, como cabeza del motín de las cigarreras, se llama Dolores Molina Cánovas.
»Ha declarado que no es operaría de la Fábrica de tabacos, y que la banda que llevaba en la turbulenta manifestación del martes, le fue entregada en una casa de las inmediaciones de la catedral.»
La Época, 5 de octubre de 1887 n.º 12.642 página 3
EL MOTÍN DE LAS CIGARRERAS
A las dos de esta tarde las cigarreras de la Fábrica de Tabacos pidieron al director de la empresa el cambio, ó sea un depósito permanente de tabaco a su disposición. El director no accedió a los deseos de las operarias, y todos los talleres comenzaron a sublevarse contra tal negativa.
A pesar de los ofrecimientos hechos por el director, éstas persistieron en su actitud hostil, y de ello se dio conocimiento al Gobernador, que, en unión del coronel de la Guardia civil y de los jefes de Seguridad y Vigilancia, se trasladó a la Fábrica. A su llegada ofrecía ésta un aspecto imponente: 7.000 cigarreras, todas las de la Fábrica en total insubordinación, hallábanse chillando y destruyendo cuantos objetos encontraban a su alcance y haciendo imposible la entrada en el patio, que fue preciso ocupar con fuerza de la Guardia civil.
El Sr. Duque de Frías intentó varias veces tranquilizar los ánimos de las alborotadoras; pero fue completamente imposible.
A la hora en que nos retiramos de la Fábrica, las seis y media de la tarde, continuaba el alboroto en aumento y las inmediaciones estaban completamente ocupadas por las familias de las cigarreras, que esperaban su salida con impaciencia.
En vista de que seguía el alboroto, se dispuso que las operarías salieran, tomando las oportunas precauciones para que éstas no se detuvieran en los alrededores y reanudaran el escándalo.
La Iberia, 5 de octubre de 1887 página 3
EL MOTÍN DE LAS CIGARRERAS
A las dos próximamente de esta tarde se inició un movimiento general de carácter hostil entre las operarías de la Fábrica de Tabacos. Los talleres semejaban desde aquella hora gallineros escandalizados por alimañas, y no había voz humana que pudiera sobresalir en aquel maremágnum.
Los empleados del establecimiento corrían, llamados por las maestras, y éstas y aquéllos guardaban convenientemente la ropa en aquel revuelto oleaje de pitilleras.
La confusión era terrible, y todos los intentos pacificadores de los empleados se estrellaban ante los gritos salpicados de apóstrofes de las operarias.
Una maestra rodaba por el suelo, en tanto otras prudentes compañeras de la que rodaba se ponían a largo trecho de aquélla su compañera y del sitio del peligro.
Nadie sabe lo que es un edificio ocupado por 6.000 mujeres amotinadas, hasta que lo ve, muchas veces por desgracia del que lo ve.
Es de todo punto imposible que en ese edificio sea reconocida la autoridad de nadie, precisamente porque el nervio principal de un motín realizado por mujeres es la gritería, y con esto basta para comprender que seria necesaria para dominar un motín de esa especie, una autoridad especial en quien la Naturaleza hubiese puesto la voz de Júpiter Tonante, amén de un depósito de aguas capaz de inundar el edificio en motín, y de enfriar los temperamentos mujeriles más exaltados.
Por las operarías quedaron los talleres, y a merced de ellas se hallaron desde la hora indicada los destinos del tabaco picado y del tabaco en rama. Las cajetillas volaban, chocando en el aire con los mazos de puros.
En revuelta confusión andaba el modesto paquete de picadura de 18 céntimos la pieza con los emboquillados, puestos en estrecha clausura.
Allí no había clases. Todo parecía indicar que el motín iba a tener consecuencias desagradables. Pero no fue así, afortunadamente.
La presencia del gobernador civil señor duque de Frías, y la del delegado de Hacienda D. Modesto Fernández y González, que pudieron a costa de grandes esfuerzos dirigir la palabra a las operarías, dieron un pacífico y satisfactorio resultado.
Las quejas de las cigarreras parece que tenían por fundamento la mala calidad del tabaco y los temores de una próxima rebaja en el precio de la mano de obra, ya muy mermado por las expoliaciones de las maestras.
Tanto el gobernador como el delegado aconsejaron la calma y tranquilidad, que fueron poco a poco restableciéndose, hasta que ya a las seis y cuarto de la tarde quedó totalmente destruido todo temor de que el trastorno siguiera más adelante.
La mayor parte de las cigarreras pidieron que las dejaran marchar a sus casas, y en buen orden y por grupos fueron saliendo de la Fábrica a la hora citada.
Desperfectos ocurridos
Algunas puertas arrancadas de quicio, rotos algunos cristales, muchas ropas pidiendo otras, algunas maestras mereciendo ser objeto de un interdicto de obra vieja, y mucha Guardia civil y fuerza del Orden público y un municipal dando empellones a diestro y siniestro por mor de la consinia.
El Diario español, 6 de octubre de 1887 página 2
EL MOTIN DE LAS CIGARRERAS
Las medidas y economías que poco a poco viene realizando la Compañía arrendataria de los tabacos, han dado por fin el resultado que era de esperar.
Comenzáronse por suprimir los talleres de las conchas, luego el de emboquillado, más tarde otros, y las operarias que iban viendo todo esto insurrecionáronse ayer al saber que la Compañía no accedía tampoco a su petición de que existiese como cuando el Gobierno manejaba la administración, el remanente de tabaco para el continuo trabajo.
Para que se comprenda mejor cuanta era la excitación que reinaba entre ellas, basta repetir las palabras de una infeliz al expresar la causa del alboroto:
“Estamos muy mal, decía. Ha disminuido el trabajo.
Han hecho requisa y dan para elaborar muy mal tabaco.
Poco a poco van desapereciendo los talleres. Se ha suprimido el emboquillado y las conchas. A esto se debe el descontento que comenzó al hacerse la contrata y que ha crecido de dia en dia. Yo ganaba ocho duros para alimentar a mis hijos y ahora no pasan de dos, Esto les sucede a todas.“
Antes de las dos de la tarde todo era paz y concordia entre las siete mil quinientas cigarreras que había en la fábrica,
A las dos apuntaron los primeros síntomas de uno de los motines, ya legendarios.
El toque de campana para la salida de las que tienen hijos en lactancia, fue la señal de la insurrección. Estas insurrecciones suelen nacer sin acuerdo previo. Tienen algo de generación espontánea, como los hongos.
Pero cuando el espíritu del motín vaga sobre los talleres, la voz de una insurrecta latente basta para que el resto de la comunidad responda al grito de guerra.
Fue terrible el desencadenamiento de la tormenta. La torre de Babel es uu pigmeo al lado del gigantesco y atronador vocerío con que las 7.500 secundaron el grito de guerra.
Trascendió el estrépito a las cercanías de la Fábrica.
Funcionó el teléfono entre la gran cigarrería y los centros oficiales encárgados de velar por el órden público.
Despues del gobernador civil, señor duque de Frías, llegaron al teatro de la guerra el jefe de vigilancia, señor Pita; el delegado de Hacienda, D. Modesto Fernández y González; el delegado del distrito de la Inclusa, D. Tomás Millano; el subinspector D Nicanor Visier; el teniente de alcalde Sr. Plazaola; el secretario de la tenencia, D. Juan García Latorre; el teniente coronel de Seguridad, el capítan del distrito, una sección da Guardia civil de caballería y una compañía de infantería al mando de un teniente coronel, quien, por órden del señor duque de Frías, cerró las avenidas y custodió el exterior de la fábrica.
Con lo cual quedó en toda regla formado el acordonamiento y establecido el sitio. Sólo faltaba —y era lo principal— rendir a las sublevadas. Cosa, en verdad, harto difícil cuando de mujeres se trata.
Rendirlas por persuasión fue el primer intento de los sitiadores. Dejáronlas, ante todo, desahogar sus enojos.
Aquellas mismas que no ha mucho gritaban ¡Viva Camacho! gritaban ayer: ¡Muera Camacho! ¡Abajo la contrata! ¡Fuera ladrones! y otras lindezas por el estilo.
Entre estos gritos de combate resonaban vivas al Gobierno, al Rey, a la Reina y al gobernador. Salvo que, para éste último, además de los vítores hubo amenazas y realidades del género contundente, como que le arrojaron alguna tabla y no sabemos cuáles otros proyectiles.
Esto no obstante, llamó a las maestras de los talleres para que nombrara una comisión que expusiera a las autoridades las quejas ó reclamaciones que estimaran pertinentes.
Las maestras contestaron que era imposible acceder a la invitación del gobernador, porque las operarias, que seguían dando voces, no dejaban salir a nadie del patio.
La puerta de éste fue a seguida cerrada por órden del gobernador, quedando abierta una lateral por si deseaban utilizarla las revoltosas, que continuaron la gritería, sin querer entenderse con nadie, hasta las cinco de la tarde.
A esa hora se asomó por el montante de la puerta principal del patio una de las cigarreras diciendo que éstas deseaban hablar con un representante del Gobierno.
El duque de Frías contestó que podían hacerlo dirigiéndose a él. La cigarrera parlamentaria comunicó la respuesta a las demás, después de lo cual dió vivas al gobernador, repetidos con grande algazara por las operarias. No fue fácil la inteligencia.
El duque de Frias insistió en el nombramiento de la comisión, y las cigarreras no se entendían para nombrarla.
“¡Que entre el gobernador! ¡Que venga aquí el gobernador!» gritaban. El señor duque, deferente a esta indicación, entró en el antepatio; pero continuó la gritería, siendo de todo punto imposible hacerse oir ante las 7.300 cigarreras que en el patio y desde las ventanas daban voces. Cuando el gobernador recomendaba el silencio, un pedazo de carbon lo dió en el sombrero, y esto fue motivo para que aumentara la confusión y para que se dirigieran unas a otras las cigarreras frases mal sonantes.
El jefe de vigilancia, Sr. Pita, entró en el patio y no consiguiendo tampoco calmar los ánimos, se retiró, recibiendo a la salida una ovación adecuada a su apellido, y acompañada de tablas y otros objetos y enseres que fueron lanzados contra su persona.
Cerróse la puerta del patio, y las cigarreras prosiguieron la algarada, gritando, “¡que nos matan de hambre! ¡que matan a nuestros hijos! ¡no queremos contrata!» y al mismo tiempo que las pronunciaban, procuraban echar en tierra la puerta. El tumulto seguía aumentando, aunque imposible parezca.
Entonces el gobernador apeló al recurso supremo —dentro del sistema persuasivo— de ponerse al habla con las avanzadas insurrectas, y prometió que ninguna sería despedida si entraban en razon.
Un estrepitoso ¡viva! al gobernador fue la señal de que las amotinadas empezaban a convencerse, roncas de gritar y cansadas de resistir.
No se llegó, sin embargo, por entonces, a un arreglo definitivo. Para ello hubiera sido preciso que guardarán absoluto silencio las cigarreras, y no lo guardaron.
En vista de que el alboroto continuaba, el gobernador se retiró al despacho del administrador-jefe de la Fábrica, llamó nuevamente a las maestras, y en presencia del representante de la Empresa de Tabacos, Sr. Carmelo, las manifestó en nombre de aquella, que accedía al cambio, ó sea a darlas hoy más tabaco para que tengan remanente.
Trasmitida que fue esta grata nueva a las sitiadas, mostráronse éstas dispuestas a abandonar su actitud hostil y resistente. Corrió de taller en taller la noticia, y a las seis de la tarde empezaron a desalojar el local.
El desfile se efectuó con órden relativo y con cierta prontitud. Eran las ocho y media de la noche cuando traspuso los umbrales de la fábrica la última insurrecta capitulada.
Los talleres quedaron convertidos en campo de Agramante. Todo estaba en el más bello desórden.
Anoche celebraron una conferencia en el ministerio de la Gobernación los Sres. León y Castillo, Puigeerver, Camacho y duque de Frías para ocuparse de los hechos acaecidos por la tarde en la Fábrica do Tabacos.
Después de dar minuciosa cuenta de lo ocurrido el señor duque de Frías, los ministros de la Gobernación y de Hacienda fueron de opinión de que la Compañía arrendataria de tabacos buscase un medio hábil de conciliación entre sus intereses y los de las operarias, procurando evitar a todo trance la repetición de escenas como las que se desarrollaron ayer en aquel eatablecimiento.
Parece que el Sr. Camacho se mostró del mismo parecer que los ministros, añadiendo que el Gobierno por su parte debía prestar a la Sociedad el necesario concurso de la fuerza pública, con el fin de hacer más difícil cualquier alboroto que pretendieran iniciar algunas operarias caracterizadas ó sofocarlo en el acto si el motín llegara a estallar.
En su consecuencia, el gobernador civil quedo encargado de la adopción de cuantas medidas fueran precisas para mantener el órden y reprimir con energía cualquier manifestación perturbadora.
El Mediodía, 6 de octubre de 1887 página 2
La insurrección de que dimos una breve noticia a nuestros lectores de provincias, se inició a las dos de la tarde.
A dicha hora se tocó la campana para que salieran las operarias a la lactancia de sus hijos y poco despues se notó gran agitación en el taller donde se elaboran los cigarros penínsulares; agitación que rápidamente se generalizó por las demás dependencias.
...
El Liberal, 6 de octubre de 1887 página 1El conserje se acercó a la puerta, y a media voz les aconsejaba nombrasen una comisión què expusiera sus quejas, y las cigarreras le decían: "¡Quítese de ahí, tío mandria!"
Poco despues de las cuatro salió un grupo de niñas de la fábrica. Una de ellas, rubia y hermosa, que apenas contaba once años, esclamó al franquear la puerta: "¡Gracias a Dios que me veo en la calle, madre mia!"
A la misma hora se notaron desde fuera algunos detalles que hacían presumir que las alborotadoras habían invadido los almacenes y estraido de ellos varias herramientas, que paseaban como trofeos.
Las cigarreras no dejaron salir una Comisión de maestras que iba a exponer al duque de Frías sus pretensiones; pero a las siete y cuarto las amotinadas se vieron obligadas a abandonar el local, del que empezaron a salir ordenadamente a la mencionada hora.
A las ocho y cuarto quedó desalojado la Fábrica y convencidas las cigarreras de que el gobernador gestionaría cerca de la empresa, que serían atendidas sus reclamaciones.
La empresa accede, según parece, a conceder a las cigarreras el cambio de capas de cigarros como asimismo a que tengan la cantidad de tabaco de que antes disponían.
Persiguen las operarías con esta pretensión tener tabaco suficiente para elaborar cigarros en los dos días de la quincena que por efecto de la entrega y cobranza no podían trabajar, no teniendo material de repuesto.
Durante el motín, fueron destrozados tres grandes cajones de cigarros puros y varios de cajetillas emboquilladas.
Se teme que las cigarreras no se conformen con lo acordado por la empresa y que hoy volverán a reproducirse los sucesos de ayer.
El señor duque de Frias asistirá a la entrada en la Fábrica, habiendo determinado no tomar precaución alguna hasta tanto que los acontecimientos pudiesen reclamarlas.
El comercio con los Estados-Unidos
La prensa de los Estados-Unidos llegada ayer, publica el texto íntegro del convenio celebrado recientemente entre el gobierno de los Estados-Unidos de América y el gobierno de España, para la supresión recíproca y completa de todos los derechos diferenciales, de tonelaje ó recargos impuestos en los Estados-Unidos y en las islas de Cuba y Puerto-Rico, y en todos los otros territorios pertenecientes a la Corona de España, sobre los buques de los respectivos países y sus cargamentos.
Mientras aquí estábamos sin saber nada respecto a este convenio, los periódicos norte-americanos le publicaban íntegro. Por lo visto, el ministerio de Estado de aquel país, es más dispuesto que el de España para satisfacer a la opinión. ¡Y todavía habrá quien llame ligero al Sr. Moret!
Las disposiciones del convenio son las siguientes:
«Primero. — Se acuerda que desde esta fecha regirá positivamente la completa igualación de derechos de tonelaje é impuestos sobre los productos y artículos de los Estados-Unidos ó procedentes de cualquier otro país extranjero, cuando sean transportados en buques pertenecientes a ciudadanos de los Estados-Unidos y en bandera americana, a las islas de Cuba, Puerto-Rico y Filipinas, y también a todas las demás posesiones de la Corona de España; y que sobre esos buques y la carga que conduzcan no se cobrarán derechos de tonelaje, impuestas u otros, más altos que los satisfechos por los buques españoles y sus cargamentos en análogas circunstancias.
Segundo. — Bajo las anteriores condiciones, el presidente de los Estados-Unidos dará desde luego una proclama declarando que los derechos diferenciales de tonelaje é impuestos en los Estados-Unidos quedan suspendidos y anulados en lo que se refiere a los buques españoles y a los productos, artefactos ó mercancías importados en los Estados-Unidos, procedentes de España, de las posesiones antes enumeradas y de las islas Filipinas, y también de toda otra posesión de la Corona de España o de cualquiera nación extranjera.
El gobierno de España ofrece este protocolo de convenio y el gobierno de los Estados-Unidos lo acepta, como notificación plena y satisfactoria de los hechos antes especificados.
Tercero. — Se autorizará al ministro de los Estados-Unidos en Madrid para negociar con el ministro de Estado un convenio ó un tratado, que ponga las relaciones comerciales de los Estados-Unidos y España sobre una base permanente y para ambos países ventajosa.
En fé de lo cual, los abajo firmados, en representación del gobierno de los Estados-Unidos y del de España, respectivamente, han firmado y sellado el presente documento.
Dado en Washington el 21 de Septiembre del año de 1887. T. F.Bayard. B. de Muruaga.»
La Fe, 7 de octubre de 1887 página 2
El motín de las cigarreras.
De El Globo:
Segunda jornada.
Todo parecía conjurado. La oferta hecha anteayer por el representante de la Sociedad Tabacalera de que se restablecería el cambio, amen de otras concesiones de menor cuantía, aseguraban que, por ahora al menos, todo seria paz y contento en la inmensa colmena donde por un quítame allá esas pajas los animos se exacerban, las obreras se amotinan, piden lo que se les antoja, incluso la cabeza de tal ó cual personaje, y... las cosas vuelven a su estado normal hasta otra ocasión que, eso sí, no se hace esperar mucho tiempo.
Se conoce que a las tumultuarias de anteayer se les quedaron muchas cosas dentro del cuerpo, y eso que se pasaron gritando seis horas, y tras de nuevas consultas a espaldas del parlamento (léase fábrica), volvieron con nuevos bríos a los Talleres, decididas a armar la gorda y conseguir a fuerza de gritos y ladrillazos todo lo que les viniera en ganas.
Y cuenta que las cigarreras tienen probado de antiguo que son antojadizas.
Aun cuando no se sabe de cierto, todos los indicios parecen asegurar que las combatientes estaban de acuerdo.
No de otro modo se explica el hecho de que mientras unas entraban a las seis de la mañana en sus respectivos departamentos, en medio del orden más extraordinario, otras se quedasen en las inmediaciones de la Fábrica, formando grupos y discutiendo con viveza los incidentes de la escaramuza de anteayer, que solo escaramuza debemos denominar, pues la de ayer se pareció a una batalla en toda regla.
La autoridad, por su parte, no las tenia todas consigo; es decir, temía algo, pues había tomado sus precauciones, colocando alguna fuerza en los alrededores de la plaza.
Sucedió lo que se esperaba. Unas 3.000 operarias, repartidas en diferentes talleres, prorrumpieron a un mismo tiempo en gritos desaforados:
— ¡Muera Camacho!
— ¡Abajo la contrata!
— ¡No queremos rebaja en los precios!
Entretenidas de este modo y sin proceder desde luego a mayores desaguisados, continuaron hasta las nueve de la mañana, hora en que el administrador, D. Juan Francisco Rodríguez, dispuso que se cerrasen todas las puertas de la Fábrica, mientras que las autoridades prohibían que las operarias què estaban fuera penetraran en el edificio, aumentando el contingente de las sediciosas.
Esta segunda determinación originó los primeros disparos... de cascote.
En menos de un minuto se formó un ejército valeroso, en el que dominaba un acuerdo unánime: asaltar la Fábrica.
En columna cerrada marcharon decididas por la calle de Miguel Servet a la puerta situada en aquel lado del muro que rodea, al edificio. La puerta estaba guardada por los guardias civiles del 14.° tercio, que impidieron el asalto a costa de grandes esfuerzos. Advertidas las sitiadas de aquel refuerzo que sus compañeras les enviaban, se aprestaron a favorecer su acceso al edificio, y dirigiéndose con presteza al patio que corresponde la dicha calle de Servet, subieron a las tapias apostrofando a los guardias, al par que alentaban a sus compañeras.
— Chicas, les decían, subid sin miedo que los del orden no manchan.
Y dirigiéndose a éstos, exclamaban:
— ¡Andad cobardes! ¡Dejadlas pasar!
Enardecidas las de fuera arremetieron con los guardias, rompiendo la fila que formaban, y llegaron hasta el muro dispuestas a escalarlo.
Las sitiadas ayudaron esta faena echando a la calle escaleras y cajones, sobre los cuales se encaramaron las asaltantes, protegidas por las de arriba que a ladrillazo limpio mantenían a los guardias a una distancia prudente.
Los proyectiles daban las más de las veces en el blanco, es decir, en las espaldas y cabezas de los civiles; dos de éstos resultaron contusos; el Teniente Cebrían recibió un golpe en un pie y el teniente coronel otro en el tricornio, que nunca habrá dispensado a su dueño mejor servicio.
En vista de estas agresiones, y no queriendo la autoridad salir de la prudente actitud en que estaba ni tomar medidas de violencia, se replegó hasta las entradas de las calles de Miguel Servet, Embajadores y Provisiones, fuera del alcance de los proyectiles.
A las diez y media llegó a la Fábrica el señor gobernador, que enterado al pormenor de lo ocurrido adoptó la primera resolución, que fue el primer triunfo de las amotinadas. Ordenó que se diera entrada en la Fábrica a las operarias que estaban fuera.
Inútil es decir que éstas celebraron su victoria con gritos de entusiasmo.
El duque de Frías, mandó buscar al administrador para conferenciar con él; pero dicho funcionario se había marchado en unión de los demás de la Fábrica, temerosos sin duda del furor del enemigo.
También dispuso que se suspendieran las clases en la Escuela de Veterinaria.
Una de las operarias que habían quedado fuera hizo presente a S. E. las pretensiones que sus compañeras tenían.
La Niña, que así se llamaba la parlamentaria, no se mordió la lengua, é hizo saber al gobernador que la causa del disgusto de sus compañeras era y es la mala calidad del tabaco; que la Compañía no da ahora iguales cambios, pues antes el Gobierno daba quice sellos ó mazos mensuales, y ahora sólo reciben once ó doce; que se habla de rebajas en el precio de las labores, y, por último, que las disposiciones referentes al regimen interior de la Fábrica, adoptadas por el administrador, entre ellas una prohibiendo la entrada en el local a las prenderas y revendedoras, habían producido gran irritación en las cigarreras.
Ya en esto había cesado el tumulto. Las amotinadas celebraban consejo para organizar una manifestación que fuera a Palacio a exponer sus quejas a la regente.
En los tejados hacían centinela algunas. Las que quedaron fuera se entretenían en silbar a todo el que se atrevía a cruzar la calle, autoridades, Guardia civil y periodistas.
Una, más decidida que las demás, se destacó del grupo, y armada de descomunal navaja, amenazó a un teniente de la benemérita, que tuvo que sacar el sable para detener a la heroína.
El conflicto seguía. Menudean las conferencias; el jefe de la Guardia civil opina que debe enviarse más fuerza si la guardia al edificio ha de ser permanente. El capitán general pregunta por telefono si cree el gobernador necesaria su cooperación, y a todo esto la Compañía Tabacalera sin enviar una comisión ó algún representante que trate de evitar el escándalo.
El ministro de Hacienda tomó al fin cartas en el asunto, y ordenó que una comisión de la Tabacalera bajara a oir las quejas de las operarias.
Estas, por su parte, designaron a varias de sus compañeras que pasaron a conferenciar con ol señor Cavero, secretario general de la Compañía, que llevaba ámplios poderes del Sr. Camacho, para arbitrar un arreglo.
La Niña y la Muñeca, ¡buena Muñeca!, es decir, una real moza, que tiene gran ascendiente en la fábrica y sus alrededores, llevaron la voz cantante en las reclamaciones, y además de las que decimos arriba, exigieron que en sustitución del Sr. Rodríguez, que dimitió su cargo de administrador, nombraran a D. Manuel Medina, que goza de grandes simpatías entre el personal del establecimiento.
Desde luego accedió el Sr. Cavero a lo solicitado, y en tan buenas disposiciones lo vieron las parlamentarias, que de igual modo pidieron que las cosas continuaran en el estado anterior al arriendo; que las prenderas volviesen a ejercer su caritativo oficio; que los registros se hicieran por las maestras; y que se les entregaran los mismos sellos ó mazos que anteriormente. Gracias que no pidieron la luna... porque hubiera habido que dársela...
El Sr. Cavero dijo a todo amen. La comisión de operarias se apresuró a comunicar la feliz nueva a sus compañeras, e inmediatamente depusieron todas su actitud, y abandonaron el local tan tranquilas como si no hubieran roto un plato en su vida.
Y efectivamente, platos no habían roto, pero puertas, alambreras, persianas, cajones, cigarros, hojas y una gran cantidad de pitillos emboquillados, quedaron inservibles, y patas arriba todos los enseres de la fábrica.
En fin, ellas se han salido con la suya.
He aquí un bonito asunto para un sainete de Ricardo Vega. Si se decide a escribirlo, le proponemos el siguiente título:
El camino más seguro, ó el que no grita no mama...
EL SIGLO, 7 de octubre de 1887
...
A las cuatro y cuarto salieron de la Fábrica varias maestras dirigiéndose a la escuela Veterinaria, donde se encontraban el gobernador, el representante de la Compañía arrendataria de Tabacos, Sr. Carmelo, y el jefe de vigilancia Sr. Pita.
La entrevista entre estos y las mencionadas fue breve, acordándose restablecer los antiguos procedimientos que se empleaban para la entrega y recepción del genero.
Después de esta conferencia se supo que había sido destituido el administrador de la Fábrica Sr. Rodríguez y nombrado para sustituirle el interventor de la misma Sr. Medina.
A esta hora, cinco de la tarde, las cigarreras nombraban una comisión compuesta de dos por cada departamente para que vayan a dar su beneplácito al acuerdo tomado en la conferencia de que nos ocupamos.
A las seis de la tarde, el tumulto quedó apaciguado. y el orden restablecido.
Anoche conferenciaron los consejeros de la Compañía de Tabacos, el gobernador civil y el ministro de Hacienda con el Sr. León y Castillo.
La conferencia tuvo por objeto adoptar enérgicas medidas para impedir que en lo sucesivo se reproduzcan los sucesos de ayer.
Antes de esta conferencia celebraron otra en casa del Sr. Camacho, este, dichos consejeros y el señor duque de Frías.
Oficialmente se desmentía que el secretario general Sr Cavero transigiera en nada con la comisión de cigarreras que conferencia con con él.
Todos los empleados de la Fábrica serán destituidos en sus cargos por abandonar ayer sus destinos.
El Sr. Cavero llevaba autorización para nombrar el administrador de la Fabrica, cuyo nombramiento debió recaer en D. Antonio Bienvenida, pero en vista de que el Sr. Medina no había abandonado un instante su puesto, se le nombró a este.
Uno de los orígenes del motín fue el suprimir lo que se llama el cambio. Este no lo habrá mañana.
En uno de los registros que se giró a los talleres hace cuatro días, se encontró 18.000 kilogramos de tabaco que fueron devueltos a los almacenes.
Hoy se tomarán precauciones para impedir que se reproduzca el motín.
LA SOCIEDAD DE TABACOS
Conforme van pasando dias se van teniendo noticias exactas sobre el origen y consecuencias del Último motín de las cigarreras. La causa determinante del mismo, fué la nueva organización dada al cambio, que así se llama el acto de cambiar entre sí las operarias el tabaco que necesitan para las labores que les están encomendadas, y que la Sociedad habia dispuesto liquidaran todos los días en vez de cada cuatro, como se venía verificando.
ban dar al traste con la situación. famosa carta de Alemania, lejos de parecer- Duranteelmotin,semezclaronunascla-
nos inverosímiles, creemos bien justificadas ses de tabacos con otras, poniéndose todo en No había ministerial, hace ocho días, que g^^^ delicadas frases atribuidas á S. M. la desórden, y la Compañía acordó pedir autori-
no creyese seguro un fracaso, y hoy, ájuz- Reina: zacion al gobierno para cerrar la Fábrica tan
gar por la manera como las cosas se ponen, I —Ya ve Vd., Sagasta, qué mal me trata sólo por cuatro dias, con el objeto de resta-
ñada más fácil que todo se pueda arreglar. por correo y por telégrafo su amigo de usted blecer el órden en las existencias, y un régi-
X t 1 o Al el Sr. Mansi. men conveniente á su marcha moral. ¡J*® ™’^®^®’®’^®’^^® *0'“®^ S*^’I ------------------ — -------------- I ElgobiernodenególapeticiondelaCom-
É1 no ha hecho nada absolutamente, para I el GENERAL SALAMANCA I pañía, y en esto se fundó el Sr. Camacho pa-
ello. Encerrado en su casa, ha dejado venir en Barcelona I ^a presentar la dimisión de director de la
los acontecimientos con una apatía singular Los asuntos agrícolas é industriales, son I ™^®æ.^' fi^® el Consejo no aceptó, dándole en
y sin cuidarse de nada ni de nadie; y cuando Jí?áalam2nÍ2 ^^^^^’ ^°^ preocupan al gene- ^^‘confeTendaVe quS“d?Aios ayer cuenta
tras larga ausencia del gobierno, vuelve á El ex-canitán <^pn ral elerto da Cuba nn entre el ministro de Hacienda y el Consejo
dar señales de existencia, se encuentra con quiere dar su opinion sobre los asuntos poli- I
que el Sr. Gullon se ha cansado de ser disi ticos pendientes, y se ha conservado en la I ^¿\f ministro de Hacienda que el Consejo
dente y se sucede á discreción con que el mayor reserva cuando 1^ de la Sociedad resolvería lo qúe^estimase más
marqués de la Vega de Armijo, despues de c., conveniente para los intereses de la misma, dos años de ruda oposición, se muestra más lamanca, escriben fe B^arcelona:^ ' I ^®^® ®® ^‘^^ ®^ estado de la cuestión,

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