Aiscondel fue fundada el 7 de abril de 1941 por Jaime Pujol y Eugenio Usandizaga. El nombre era un acrónimo de “Aislantes y Conductores Eléctricos”. El primer domicilio social se instaló en Madrid, pero las actividades industriales se ubicaron (tras una primera etapa en la Calle Princesa de Barcelona) en un local de la Calle Lepanto, también de la ciudad condal. Durante los primeros años, la empresa se dedicó a producir placas de ebonita, y después de termoplásticos, para componentes eléctricos y diversos material domésticos (botones, peines, impermeables…).
Son los años de la primera recuperación económica después de la Guerra Civil y la marcha de la empresa va bien como para que en 1945 se ponga en marcha, también en Barcelona, una filial especializada en proporcionar las materias primas que Aiscondel necesita. Es AICAR.
En 1956 se producen dos hechos clave en el futuro de la empresa. Por un lado, la entrada como accionista de la empresa estadounidense Monsanto. Por otra, la compra de unos terrenos en Cerdanyola (poco antes, ya se habían empezado también a comprar terrenos en Monzón, en ese momento un pueblo de sólo 5.000 habitantes).
En los mismos años en que la actividad se va trasladando, paulatinamente, desde Barcelona hasta Cerdanyola, se desarrollan y comienzan a comercializar toda una serie de productos innovadores que obtienen una excelente acogida en el mercado. Entre ellos cabe destacar, sin duda, y de forma muy especial, dos: el popular Airon-Fix (“La Lámina que pega sola”) y la marca “Skai”, que está destinada a consolidarse, de forma permanente, como sinónimo de todo tipo de pieles sintéticas. El futuro de la empresa parece totalmente asegurado.
Al mismo tiempo se produce la apertura definitiva de la economía española en los mercados exteriores y Aiscondel, ya definitivamente instalada en Cerdanyola, experimenta un “boom” productivo que la lleva a fabricar una gran variedad de productos plásticos (desde tuberías o espumas de poliuretano hasta mantel estampado, pasando por pieles sintéticas) trabajando con el know how de diversas industrias extranjeras (principalmente de Alemania y Francia).
La fábrica de Cerdanyola crece rápidamente. Y lo mismo ocurre con los dos complejos industriales que se han puesto en marcha en Monzón, que ya tiene 12.000 habitantes, donde se desarrollan las materias primas que posteriormente se procesan en Cerdanyola. En 1963, Monsanto se hace con el control del 50% del capital social de la empresa. A pesar de algunos episodios difíciles, las riadas del Vallès de 1962 afectaron mucho a la fábrica de Cerdanyola y en 1965 un espectacular incendio afectó gravemente a parte de las instalaciones, la marcha de la compañía sigue siendo ascendente. En 1966 se inaugura una nueva sede social en la calle Lepanto de Barcelona y en 1969 se pone en marcha la construcción de una nueva fábrica de materias primas en Vila-Seca (Tarragona).
Lógicamente, al igual que había ocurrido en Monzón, la llegada de Aiscondel a Cerdanyola influyó mucho en el desarrollo de la población. De entrada, por la gran cantidad de personas que, durante sus diversas etapas, encontraron trabajo. En el momento de máxima actividad (a finales de la década de los 60 y principios de la de los 70) llegaron a trabajar 1.200 personas.
Sin embargo, la influencia de la empresa en el día a día de Cerdanyola no se limitó al ámbito estrictamente económico. Así, a principios de los años sesenta, se levantaron unos bloques de viviendas para empleados, hoy ya desaparecidos, que tenían, en la parte baja, una guardería y un economato. En la fábrica existía un servicio médico, abierto durante 24 horas al día todos los días del año, a disposición de sus empleados. Y, como era habitual en aquellos tiempos, dentro del complejo de la fábrica había varios campos de deportes que facilitaron la creación de equipos de empleados que participaban en campeonatos locales y comarcales.
En otro orden de cosas, la rápida transformación de Cerdanyola y el Vallès entre los años sesenta y los setenta y las convulsiones sociales y políticas que se vivieron durante los años de la transición a la democracia también afectaron a la vida de la empresa. En esa época, la actividad sindical y la conflictividad laboral en Aiscondel fueron especialmente intensos. Y de los comités de empresa formados en la factoría surgían, posteriormente, algunos de los políticos que, poco después, formarían parte de los primeros ayuntamientos democráticos. Así, y entre otros, Dionisio Vigara, Antonio Rodríguez “León” y José Antonio Barbero procedían de la sección sindical de UGT a la empresa. De CC.OO surgieron nombres como Josep Font y José XXXX. A nivel más anecdótico, podría mencionarse, finalmente, el patrocinio de clubes deportivos de la ciudad, las fiestas de Reyes para hijos de empleados, el Club Airon, que acogía diversas actividades sociales e incluso una revista interna, llamada “Juventud”.
Sin embargo, en 1973 estalla la crisis del petróleo. Aunque sus efectos tardarán un tiempo en afectar a Aiscondel, que durante esos años pone en marcha una nueva fábrica en Sevilla y otra en Calatayud, finalmente la caída en la demanda de los mercados exteriores comienza a notarse con fuerza. En 1980 Monsanto deja repentinamente al accionariado de la empresa. Empieza una decadencia que será irreversible. Durante los siguientes años se ponen en marcha diversas estrategias destinadas a mantener el nivel de actividad de la empresa. En 1985 entraba como accionista Energía e Industrias Aragonesas y en 1988 lo hacía Repsol Química. En 1989, finalmente, se producía la "gran revolución". La también cerdañolesa Uralita (durante muchos años, uno de los principales competidores de Aiscondel) se hacía con el control mayoritario de Energía e Industrias Aragonesas. Poco después, pasaba a controlar totalmente Aiscondel.
Sin embargo, a partir de 1991 para los directivos de Uralita queda claro que la compra ha sido un error. Algunos de los directivos que han pilotado la operación acabarán pagando con su cargo las consecuencias derivadas de esa decisión. El siguiente paso consiste en buscar comprador para Aiscondel.
Conscientes de que, debido a sus dimensiones, será muy difícil encontrar a alguien interesado en comprar el 100% de la compañía, se procede a su “división” y posterior venta por partes. Así Aiscondel se convierte en tres empresas diferenciadas: Aiscondel Laminados (con el famoso Airon Fix como producto estrella), Aiscondel Revestimientos (con la histórica marca Skai de tapicerías sintéticas) y Asadur Tuberia (las conducciones de PVC, el único sector afín con la tradición de Uralita).
En febrero de 1995 se producía la venta de Aiscondel Revestimientos al Grupo Solvay, otro competidor histórico. Pocos años después, Aiscondel Laminados se vendía al Grupo Spande Norwick (equivalente a la antigua Ceplástica, la competencia desde el País Vasco). Uralita, por último, sólo conservaba la producción de las conducciones de PVC. Sin embargo, la producción empezó a trasladarse a otras plantas españolas. Un proceso que finalizó el año 2010, con el traslado de la poca producción que aún quedaba en Cerdanyola a Alcázar de San Juan. Así, la planta de Cerdanyola quedaba ya, exclusivamente, como almacén. En 2011 Uralita cerró definitivamente el último almacén de conducciones de PVC que mantenía en la zona del antiguo campo de fútbol, bajo los pisos de la Clota.

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