miércoles, 1 de enero de 2025

Teoría de los seis eslabones

La teoría de los seis grados de separación establece que todas las personas están conectadas entre sí por seis o menos conexiones sociales. La teoría fue desarrollada, entre otros, por el psicólogo estadounidense Stanley Milgram. La idea es bastante antigua, y representa una estimación promedio de las interconexiones existentes entre grupos de familiares, amigos o conocidos de diversas personas de una misma sociedad, sea ésta un pueblo o ciudad, un estado o todo el mundo. 


La teoría se fija en las cadenas de relaciones del tipo "amigo (familiar, conocido) de un amigo" y establece que para una sociedad, con la estructura y dimensión de Estados Unidos, para conectar a dos personas cualesquiera es suficiente un máximo de seis pasos.

Milgram publicó en 1978 un artículo con los resultados y conclusiones del conjunto de experimentos que llevó a cabo en 1967 para investigar el problema del mundo pequeño. En 2008 la distancia, calculada mediante una aplicación, entre los usuarios de Facebook era de 5,28 amigos intermedios y en 2016 de 4,57.

Los diferentes experimentos realizados acostumbraron a analizar las relaciones funcionales de comunicación entre dos individuos con la colaboración de los eslabones intermedios. Yo voy a fijarme ahora en las relaciones esporádicas entre dos personas, que no siempre perduran, en momentos no necesariamente simultáneos. Para ello recurriré a mi experiencia personal, que no es que sea particularmente abundante. 
 
Este es el primer caso. Pongamos que conozco a un ferroviario de un ferrocarril de vía estrecha, y que por circunstancias de la vida a su vez es el alma mater del Museo del Ferroviario de Cistierna. He coincidido varias veces con él en mis visitas al museo y hemos hablado de temas relacionados con el ferrocarril. 

El 28 de julio de 2018, el entonces secretario de organización del PSOE, José Luís Ávalos, participó en la Fiesta Provincial del Partido Socialista de León, la federación más numerosa del partido en Castilla y León, que concentra cerca de un tercio de la militancia total de los socialistas en la comunidad, celebrada en la plaza de los Mineros del pueblo de La Ercina, a escasos kilómetros de Cistierna.

La fiesta incluía una comida popular a base de olla ferroviaria, al precio de diez euros, para lo que se utilizaron unas once ollas, al cargo del referido ferroviario. Además hubo bailes, torneo de tute, domino, parchís, así como juegos infantiles, hinchables, pintacaras y globoflexia. 

En las actividades también participaron el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, la vicesecretaria general del PSCyL y delegada del Gobierno en la Comunidad, Virginia Barcones y el secretario provincial, Javier Alfonso Cendón, y todo ello en un municipio de 412 habitantes.

Pues bien, sería normal que el protagonista de esta fiesta, José Luís Ávalos, habiese hablado, ni que fuese un momento, con el responsable de la comida popular, lo que me situaria a un eslabón de este polémico personaje. En el caso de que así no fuera un eslabón más seguro que aseguraría la cadena. Por tanto, si estoy a dos eslabones de Ávalos, me separan tres eslabones de Zapatero, Pedro Sánchez, Delcy Rodríguez o Santos Cerdán, y cuatro de Emmanuel Macron, Volodymyr Zelenskyy o Donald Trump. Más allá para que.

Vamos al segundo caso. En alguna mañana gris de un domingo otoñal entre 1989 y 1995 paseaba yo, junto a mi entonces compañera, por el Paseo de la Concha, en San Sebastián. En nuestro paseo coincidimos con Ernest Lluch, entonces rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en cuya sede barcelonesa mi compañera ejercía como administrativa. El hombre se paró y hablamos brevemente sobre el tiempo, la tranquilidad que transmitía aquella playa y la facilidad para desplazarse en tren desde Barcelona a San Sebastián. Pues bien, esta historia me sitúa a un eslabón de distancia de Felipe González y todos sus ministros, incluido Josep Borrell, este camino es por tanto algo más corto, dos eslabones, para llegar hasta Volodymyr Zelenskyy, y no es que yo tenga ningún interés especial en ello. 

El tercer episodio es mucho más lejano en el tiempo. Mi madre tuvo una prima, Isabel Barrón, actriz de profesión, a la que no llegó a conocer por circunstancias de la vida, pero a la que su padre, es decir mi abuelo, si vio actuar en varias ocasiones y mantuvo contacto con ella. Esto me sitúa a dos eslabones de la actriz. 

El viernes 9 de mayo de 1930 se estrenó en el Teatro Español de Madrid, la obra de Miguel de Unamuno, Sombras de sueño. La representación estuvo a cargo de la Compañía de arte moderno de Isabel Barrón y Rivas Cherif y sirvió de acto de presentación de la misma. La primera actriz era Isabel Barrón. Cabe pensar que autor y primera actriz hablasen en algún momento de la preparación o la representación de la obra, lo que me sitúa a tres eslabones de Miguel de Unamuno. Por cierto Rivas Cherif era cuñado de Manuel Azaña, del que estaría un servidor a cuatro eslabones de estas enmarañadas cadenas. 






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