martes, 25 de octubre de 2011

Caja de chapa

Dentro de un lavabo hace años que colocamos un programador de riego para los árboles del patio. Allí la toma de agua resultaba cómoda.

Para colocar el programador construimos una caja de chapa galvanizada de medio milímetro de grosor, remachada. Las entradas de los tubos se hacen a través de agujeros abiertos con la broca de corona.

La chapa se dobló en ángulos de 90º de forma rudimentaria. De esta forma son necesarias menos piezas para montar el conjunto.

Las bisagras también se remacharon con remaches de aluminio.

Para dar consistencia a la puerta se reforzó embutiendo una cruz en medio.

En total son cuatro las piezas que forman la caja, incluyendo la puerta.

En algunos puntos, el contacto del aluminio y el hierro ha producido ligeras corrosiones.

La puerta en sus bordes, al igual que la caja, lleva un reborde de refuerzo.

Pasarela atirantada en el Río Ripoll

El otro día nos fuimos de excursión por el Río Ripoll, entre Barberà del vallès y Sabadell.

Para pasar de un lado a otro del Río hay varias pasarelas y algún puente. Tres pasarelas son de un modelo de tablero metálico atirantado.

En los dos extremos se encuentran los pilares de hormigón sobre los que se apoyan los cables de acero.

Aquí se puede ver como estos cables pasan por unos agujeros de los pilares de hormigón.

Se trata de cuatro cables de acero que por cada extremo del puente van fijos, mediante tensores, a los dos lados del tablero.

Aquí se pueden ver más de cerca estos cuatro tensores.

Tablero del puente recubierto de enrejado de hierro, otras pasarelas tienen montada una chapa gravada, para evitar resbalar.

Sujeción del cable a uno de los tensores.

Los tensores tienen un extremo con rosca derecha y el otro con rosca izquierda.

Pieza que permite la unión con el cable, sin que este se desgaste. Los dos extremos del cable se fijan mediante bridas en "U" atornilladas.

Punto de unión de los extremos de los tensores al tablero.

Otra vista de la unión del cable de acero y los tensores.

lunes, 24 de octubre de 2011

Tres fotografías de Robolot 2011

En Robolot siempre se encuentran ideas interesantes.

Este complejo arácnido venía desde Madrid.

Un robot seguidor oruga, con los servos colocados por fuera. La placa utilizada es una PICAXE de Robolot y la estructura de Lego.

Otro robot seguidor con estructura de Lego y placa PICAXE.

El PICAXE 8M 4 x 4 en Robolot 2011

El 16 de octubre pasado David Morán Pomés, alumno de Bachillerato, presentó su robot 4 x4, con tecnología PICAXE en el Robolot 2011. Para la ocasión se había aumentado la tensión de alimentación de los motores a 9 voltios, añadiéndole un nuevo portapilas con dos pilas más.

Para ser un robot realizado cuando cursaba cuarto de ESO no tuvo un mal resultado, aunque junto al robot de Xavier Puigmal, que se ha clasificado en tercera posición en el campeonato nacional, parezca un poco lento. Sea como fuere, el 4 X 4 se trajo parte de la pintura de las pistas entre sus ruedas, un tractor seguro y fiable. A continuación se pueden ver vídeos del 4 x4 y de otros robots.

Equipo Delco con motor y generador independientes

Equipo Delco con motor y generador independientes

Motor de puesta en marcha. —

El motor Delco de puesta en marcha (figs. 302 y 303) es de inductor en serie y funciona con una tensión de 6 voltios. Se coloca al lado derecho del motor de gasolina a cuyo volante se transmite el movimiento de giro del inducido mediante un acoplamiento Eclipse Bendix con piñón desplazable que engrana automáticamente con la corona del citado volante cuando se cierra el interruptor de arranque, el desacoplamiento del inducido es también automático y se produce en el momento en que, por iniciarse el funcionamiento del motor de gasolina, el volante gira con mayor velocidad que la que le comunica el motor eléctrico.

En el esquema de la figura 303 se indica con líneas gruesas el circuito del motor de puesta en marcha.

Debe tenerse presente que el motor eléctrico de este equipo no necesita engrase de ningún género en sus cojinetes, y muy escaso en el acoplamiento Bendix.


Interruptor de puesta en marcha. —

En la figura 304 se representa el interruptor de arranque, cuyo accionamiento se consigue mediante un botón situado en su parte superior. Por la disposición especial de los contactos, se conservan éstos siempre limpios y no sufren perjuicio ninguno si la presión aplicada sobre el botón es grande.

Un resorte alojado en el vástago del botón tiende a abrir el interruptor cuando cesa la presión aplicada sobre el mismo.


Generador. —

El generador (fig. 302 B) se monta, por lo general, al lado derecho del motor de gasolina. Su inducido recibe el movimiento desde el piñón del árbol de levas con velocidad de giro mitad de la del cigüeñal.

El núcleo del inducido está construido de hierro dulce y en sus ranuras longitudinales exteriores se alojan los lados activos de las espiras conectadas con los segmentos o delgas del colector. La corriente inducida en las citadas espiras sale del arrollamiento por la escobilla positiva del generador. La escobilla negativa se conecta directamente con la masa y por ella retorna la corriente al generador cuando éste funciona.


Engrase. —

En el generador no es necesario engrasar más que el rodamiento del lado opuesto a la transmisión (figura 302 A), en cuyo engrasador deben colocarse unas gotas de aceite una vez por semana. El cojinete del lado de la transmisión recibe suficiente cantidad de aceite para su engrase adecuado de los engranajes de la distribución a través del orificio A. Este aceite llena la cavidad inmediata al cojinete y engrasa el piñón de la transmisión de movimiento al  distribuidor. Las cuatro aletas colocadas alrededor del árbol y el colector anular que las rodea impiden el paso del aceite hacia el interior del motor. El aceite sobrante sale por un orificio de la parte inferior de la cámara de engrase y pasa nuevamente al cárter de los engranajes de la distribución.

Fig. 302. — Motor y generador.

domingo, 23 de octubre de 2011

La química de los sentimientos

En el artículo de LA VANGUARDIA "No hay momento malo para hacer algo bueno", Pere Estupinyà, químico, bioquímico y divulgador científico, pone de relieve cuales son las sustancias que nos llevan a tener algunos sentimientos.

Un nivel alto de testosterona nos lleva a desear tener una aventura amorosa. Si se consigue el objetivo se disfrutará de un subidón de dopamina, la hormona del placer. Y si las relaciones sexuales han sido satisfactorias se querrá repetir y al despedirnos puede que notemos el bajón de serotonina y pensemos: “Qué especial es esta persona”. Quizá tras varias dosis de dopamina estemos un poco enganchados, pero si aparece la oxitocina estamos perdidos, nuestro cerebro la segrega en cantidad en cada orgasmo y es la responsable del apego: estar juntos aumenta la confianza y reduce el estrés.

Nos hemos de asegurar de mantener unos niveles de oxitocina altos si no queremos que el apego vaya decreciendo. El drama aparece cuando una relación se rompe por alguna de las dos partes con los índices de oxitocina al máximo.

Si la serotonina está por los suelos y nuestras neuronas encargadas del placer ya no segregan dopamina: se sufre algo parecido a un síndrome de abstinencia; desesperados, nuestro cerebro pide volver a ver al ser amado; pero si él no corresponde, uno ha de abstenerse, insistir es un suicidio hormonal.

Hay muchos ejemplos que demuestran que la química va por delante de la conducta. La libertad es una ilusión del cerebro. Antes de decidir cualquier cosa, hay unos procesos inconscientes que dan lugar a esa decisión. Una de cada cinco personas que toman Ritalin (fármaco para tratar el déficit de atención) no tiene ningún problema de salud. La mayoría son científicos y académicos que quieren mejorar su rendimiento intelectual.

La moralidad tiene un sustrato neurobiológico. No necesitamos que nadie nos explique que matar es malo, lo llevamos insertado de manera innata en las áreas más profundas de la emoción, y florece inconscientemente como los miedos, el hambre o la gramática. Nuestros pensamientos y acciones no dejan de ser impulsos químicos en nuestro cerebro.

El cerebro es la estructura más compleja del universo, tiene cien mil millones de neuronas interconectadas. Un prodigio de la evolución, ¡pero, ojo!, el cerebro detesta la incertidumbre y si los sentidos no le dan suficiente información, se la inventa, mezcla memorias reales con recuerdos imaginados para que las historias rememoradas sean plausibles. La duda tampoco le gusta y se aferra a la realidad subjetiva que más le convenga. Podemos hacer la prueba, intentando reconstruir en detalle el momento del desayuno, si nos vemos a nosotros mismos sentados o caminando por el comedor como si hubiera una cámara en un rincón, no hay duda de que nuestro cerebro se ha sacado esa imagen de la neurona.

Si tras conocer unos minutos a alguien que nos ha gustado nos preguntan sobre él, respondemos con gran optimismo incluso a los aspectos de los que no tenemos datos. Hemos rellenado los huecos de información con expectativas.

El descubrimiento de los rayos X

Los rayos X fueron descubiertos en 1896 por Wilhelm Konrad Roentgen, que recibió por ello el primer Premio Nobel de física de la historia en 1901. Se suele decir que fue un descubrimiento fortuito, por casualidad. Bueno, puede que fuera casualidad, pero había que pasar horas en el laboratorio investigando las descargas en un tubo e interesarse por ciertas sustancias fluorescentes como el platinocianuro de bario para hacer el descubrimiento. Quiero decir que Roentgen no descubrió los rayos X mientras jugaba a la petanca, sino que era un hábil e inagotable experimentador y tuvo la suficiente perspicacia para darse cuenta de que detrás de un hecho inesperado había un fenómeno natural no conocido hasta entonces. Roentgen estaba interesado en estudiar las descargas eléctricas en un tubo en el que se había hecho el vacío, era un tema de moda en la época. Tenía el tubo completamente tapado y la habitación a oscuras y cuando conectó el tubo notó un brillo en la mesa de al lado: un trozo de papel de platinocianuro de bario estaba brillando. Esa fue la casualidad, el trozo de papel estaba allí por casualidad, quiero decir que no formaba parte del experimento que Roentgen estaba realizando. Pero nadie tiene un trozo de papel así en la mesa de su casa, ni por casualidad. Además a Roentgen no sólo no le pasó desapercibido el hecho, sino que inmediatamente se puso a investigarlo y describirlo en detalle hasta que llegó a la conclusión de que se trataba de una radiación que se originaba en el tubo y que atravesaba sustancias opacas. Es sorprendente la rapidez con que el descubrimiento fue aplicado en medicina a algo que nos es familiar a todos: el examen de las fracturas de los huesos.

"Nuestra vida en el campo electromagnético", Alberto Pérez Izquierdo, Editorial Almuzara, 2009

Experimentos de Roentgen.—

Utilizando la chispa de una poderosa máquina de Holtz, se observa en ciertos tubos de Crookes la presencia de unas radiaciones obscuras que tienen la propiedad de atravesar los cuerpos opacos, en cuya composición no entran metales pesados, como sucede á las substancias orgánicas, que sólo contienen carbono, hidrógeno, oxigeno y nitrógeno; lo cual permite obtener (fig. 399) la fotografía esquelética de la mano (1) y encontrar una bala ó cualquier cuerpo metálico en el interior del órgano donde se aloja; que se fotografía con el auxilio de dichos rayos, constituyendo estas interesantes aplicaciones de los mismos, un verdadero arte, que se denomina fotografía de lo invisible ó radiografía, de gran importancia en la Medicina quirúrgica.

El físico alemán Roentgen, que descubrió estas radiaciones, las llamó rayos X, porque su naturaleza aún no está bien determinada, si bien nos inclinamos á considerarlas como verdaderas radiaciones diaditicas, más penetrantes y refrangibles que las ultravioletas del espectro. Puede alegarse en favor de esta creencia, que va generalizándose entre los físicos, la propiedad que tienen unas y otras de facilitar la carga de un electroscopio de panes de oro, al caer sobre la esfera en que termina la varilla metálica; y además porque desarrollan la fosforescencia de muchas substancias como el platinocianuro de bario.

Esta última propiedad se ha utilizado extendiendo el polvo fluorescente en una lámina de gelatina que sirvo de pantalla para recibir los rayos X después de atravesar la mano, colocada delante de dicha pantalla, apareciendo en ella la sombra de la parte esquelética, por donde no atraviesan los rayos. Parece inútil advertir que es preciso operar en la obscuridad para los trabajos de la Radioscopia, que por la rapidez de las operaciones ofrece gran ventaja sobre la Radiografía cuando no se quiere dar fijeza á la imagen observada.

(1) Este grabado no necesita explicación, y únicamente advertiremos que en vez de la máquina de Holtz se emplea un carrete de Ruhmkorff, de cuyos polos parten los alambres que van á terminar en el negativo (—) y en el positivo (+ ) del tubo T.

"Elementos de Física", Eduardo Lozano y Ponce de León, Establecimiento Tipográfico de Jaime Ratés, Madrid 1907