Cuenta Julio Llamazares (Vegamián, León, 1955) que cuando su padre, Nemesio Alonso Díez, y su amigo Saturnino Díez Tascón, estudiantes de Magisterio ambos y alistados en el bando sublevado en plena Guerra Civil, llegaron hasta las eras de Caminreal, en la esteparia vega turolense del Jiloca, tenían tanta hambre que de lo primero que echaron mano fue de unos leños para asar la carne que traían congelada en el hatillo. "Los llevaron en vagones de ganado y dormían en parideras. Nada más hacer la hoguera, llegó un sargento con barbas y capotón y le dio una patada a la lumbre. Les hizo apagarla porque las llamas permitían a los republicanos, situados en las trincheras de un cerro cercano, otear la guarnición franquista", explica. "A la mañana siguiente, mi padre vio el primer cadáver en el frente".
Esta anécdota condensa la atmósfera emocional que permea El viaje de mi padre (Alfaguara), un recorrido desde La Mata de la Bérbula, la aldea leonesa de su familia, hasta la Sierra de Espadán, ya en Castellón. Justo el itinerario que padeció su progenitor -junto a su amigo Saturnino, testimonio del que surte gran parte de su relato-, para combatir como voluntario del lado rebelde tras incorporarse al Regimiento de Transmisiones en Carrión de los Condes (Palencia). "Fue a la guerra como voluntario, sí, porque si no habría ido a infantería, a ser carne de cañón", puntualiza desde Teruel, ciudad en la que presentó su libro.