martes, 27 de enero de 2026

El efecto mariposa y la teoría del caos ferroviario

Hay algo sutil e imperceptible que conecta hechos aislados ocurridos en lugares distantes, e incluso pertenecientes a comunidades autonómicas distintas.

De esta forma, la fatiga del acero en el entorno de la soldadura de dos raíles de la vía de alta velocidad cercana a la población de Adamuz pudiera ser la causa de la formación de una fisura que con el tiempo fue penetrando en el material hasta provocar la rotura total. De resultas de esta desagregación y debido al paso reiterado de las ruedas de los trenes con sus flexiones e imperceptibles golpes resultantes el extremo del rail de salida se rompió, el domingo 18 de enero de 2026 a las 19 horas y 45 minutos, al paso de un tren de la compañía Iryo, provocando el descarrilamiento de los coches de cola, cosa que interpretó el maquinista como una pérdida de potencia por avería en el pantógrafo.

Quiso el azar que el rail afectado fuese el más cercano a la vía contigua y que por ello el descarrilo produjese la ocupación de esa vía paralela. Por esa cercana realidad y casi al mismo tiempo circulaba un tren Alvia que no encontrando la vía libre fue a chocar con los coches descarrilados del Iryo, descarrilando a su vez. De resultas 45 muertos y muchos heridos, algunos graves, la interrupción del servicio ferroviario durante un largo periodo de tiempo y mucha incertidumbre.

Por desgracia no quedaron en eso los efectos de la fatiga en la soldadura del rail andaluz.

Aunque a vista de ojos profanos pudiera no tener relación, lo cierto es que la enfermedad de Salvador Illa, diagnosticada como una osteomielitis de la sínfisis púbica, comenzó con un fuerte dolor en las piernas y pérdida de fuerza el viernes 16 de enero de 2026, intensificándose el sábado 17 de enero por la madrugada tras un entrenamiento deportivo. Ingresado en el Hospital Vall d'Hebron hubo de ser llevado a la UCI, en donde permaneció unos días antes de pasar a planta, para continuar con tratamiento antibiótico y reposo, previendo una rehabilitación de al menos dos semanas. 

De vuelta al universo ferroviario, el primer incidente a causa del temporal se produce el martes 20 de enero, cuando un tren de la línea RG1 que circulaba entre las estaciones de Tordera y Maçanet-Massanes descarriló, a las 20 horas y 52 minutos, al impactar contra unas rocas que habían caído sobre los raíles. En el tren accidentado viajaban 10 pasajeros y, por suerte, no se registró ningún herido. 

Poco tiempo después, alrededor de las 21 horas del martes 20 de enero la tragedia volvía a marcar la actualidad ferroviaria, un muro de contención de hormigón prefabricado cercano a la población de Gelida, que separa la vía de la autopista AP-7, se inclinó lo suficiente como para quedar a 45 grados invadiendo el espacio que había de ocupar un tren de la línea R4 que había partido de Sant Vicenç de Calders en dirección a Manresa. El muro impactó sobre el primer vagón del tren, provocando la muerte de un maquinista en prácticas, cinco segundos después de que el maquinista que conducía la unidad intentara frenar, y heridas de diferente consideración a 37 personas, entre ellas el maquinista y otros dos conductores en formación. 

La consellera Silvia Paneque, desplazada al lugar del segundo siniestro, comunicó en ese momento que al día siguiente no habría servicio en Rodalies para poder revisar las infraestructuras afectadas por el temporal y garantizar la seguridad del servicio.

El miércoles 21 de enero, con el servicio suspendido, se celebró a las 9 y media una reunión del Centre de Coordinació Operativa de Catalunya (CECAT), en la que participaron representantes de Renfe, Adif y del Govern catalán. En ese momento decidieron mantener la suspensión de la circulación de trenes, ya que no les debió parecer muy importante que cuatrocientos mil usuarios de estos trenes, que son los que cogen el tren cada día, tuviesen que buscarse la vida para desplazarse a sus lugares de trabajo o volver de él. 

A las cinco de la tarde de ese día, el presidente de Adif, Luis Pedro Marco de la Peña, informó por carta al Govern que, tras realizar las comprobaciones de seguridad oportunas, las líneas de Rodalies podían volver a estar operativas, a excepción de la R4 Sud entre Sant Sadurní y Martorell, y la R-11 en la vía 2 entre Caldes y Girona. Esa misma tarde, y tras mantener reuniones con los sindicatos ferroviarios, Renfe anunció que estaba preparada para retomar el jueves el servicio. Esa noche, el Govern comunicó que Rodalies volvería a la normalidad progresivamente a partir de las seis de la mañana.

El jueves 22 de enero a primera hora de la mañana y a pesar de lo anunciado por el conseller de Presidència, Albert Dalmau, el servicio de Rodalies permaneció suspendido por razones operativas. El comisionado de la Generalitat para el traspaso de Rodalies, Pere Macias, anunció que el Govern abriría un expediente administrativo a Renfe por incumplimiento. Los maquinistas se niegan a volver al trabajo, ya que aseguran que no existen garantías de seguridad para volver a circular por las vías. Se inicia una negociación entre Govern, Adif y Renfe, y se acuerda que se realizarán nuevas inspecciones, en las que participarán los maquinistas, para dar el visto bueno a la reapertura. Pasadas las diez de la noche, Antonio Carmona comunica que Rodalies reabrirá a la mañana siguiente con la mayor normalidad posible. 

El viernes 23 de enero el restablecimiento del servicio está lejos de registrar una cierta normalidad. Se producen retrasos generalizados de más de media hora y hay trenes que no salen. La desconfianza de los viajeros habituales hace que estaciones habitualmente llenas permanezcan semivacías en horas punta. Esa misma tarde, a las 16 horas y 20 minutos, un desprendimiento de rocas cerca de Tordera obligó a frenar un tren sin que hubiese que registrar heridos. Agobiado por los dos accidentes anteriores y el último incidente de ese mismo día el gabinete de crisis, liderado por los consellers Dalmau, Paneque y Parlon, se mantuvo reunido hasta las tres de la madrugada. En todo ese tiempo cabe pensar que comerían algo, beberían no se sabe que, e incluso irían al lavabo.

Ya el sábado 24 de enero, tras la larga reunión se comunicó que Renfe y Adif declararon su incapacidad para operar con seguridad y, por tanto, Cataluña volvió a quedarse sin servicio de Rodalies y Regionales. Pero como la incapacidad de los gestores políticos, y los otros, no se manifiesta tan solo para impedir la prestación del servicio, sino también para impedirla, a la mañana algunas líneas reabrieron de forma parcial y con muchas restricciones a primera hora. Más tarde, sin embargo, se impuso una nueva suspensión del servicio por falta de garantías, tras un nuevo y minúsculo desprendimiento en la línea R4, en el tramo entre Cerdanyola del Vallès y Sabadell Sud. Ya eran cuatro entre accidentes e incidentes, a parte de huelgas encubiertas, gripes y catarros.

El domingo 25 de enero el servicio ferroviario de Rodalies y Media Distancia permaneció suspendido durante toda la jornada, a la espera de validaciones e inspecciones, o si acaso un milagro de los gordos. Para mantener la expectación se anunció la vuelta parcial para el lunes, con planificación por líneas y tramos, y la decisión de que el uso de Rodalies sea gratuito durante un mes. Es lógico, no se pagan billetes porque los trenes no circulan. Como se nota que estos gestores de lo público estudiaron en colegios de pago, no como los viajeros que llevan con retraso habitualmente y que ahora ni llevan.

El lunes 26 de enero Rodalies volvió a ponerse en funcionamento, aunque curiosamente y por causas que no tendrían nada que ver con las pertinaces lluvias, se produgeron dos caídas de los sistemas informaticos en el Centro de Control del trafico ferroviario alojado en la Estacion de Francia, que obligaron a parar de nuevo el servicio. El caos volvió a adueñarse de una nueva jornada marcada por los retrasos y la desinformación, y se cortaron las primeras cabezas.

Después de que la Generalitat exigiera las máximas responsabilidades, el Gobierno central procedió a destituir al director operativo de Rodalies, Josep Enric Garcia Alamany, y al director de Operaciones y Explotación de Adif, Raúl Míguez Bailo. Minutos antes de confirmarse las destituciones, la consellera de Territorio, Sílvia Paneque, compareció para subir el tono contra Renfe y Adif y pedirles esas responsabilidades. En primer lugar, argumentó, por haber incumplido órdenes de la Generalitat a la hora de paralizar y reanudar la circulación en los últimos días. Y, en segundo lugar, por falta de mantenimiento preventivo de la infraestructura. ¿Sería ese el objetivo de tanto teatro?

Despues de que faltasen unas pocas horas para una semana desde que se inició el caos ferroviario, que quizás hubiera que pasar a denominar procés ferroviari, el martes 27 Renfe se refirió a una razonable normalidad para definir el funcionamiento de Rodalies. Lo cierto es que, a pesar de una serie de retrasos que casi podrían considerarse normales, por primera vez en una semana no hubo sorpresas. Esa mañana los maquinistas estaban en sus puestos de trabajo, el Centro de Tráfico Centralizado de Adif no cayó y no se produjeron desprendimientos que sirvieran de pretexto para suspender la circulación de los trenes. Eso sí, una incidencia en un túnel de Rubí llevó a que se suspendiera la circulación de mercancías en dirección a Francia. A pesar de la relativa normalidad se pusieron en marcha 11 planes alternativos por carretera en diferentes puntos de la red, con 146 autobuses y 700 informadores. Para cpncretar el alcance de esa normalidad, la consellera de Territori, Sílvia Paneque, anunció que la red se iría recuperando progresivamente y que el próximo lunes ya se encontraría al 100%.

Sea como fuere, esta razonable normalidad que defendió el portavoz de Renfe, Antonio Carmona, a las 6.30 horas de la mañana también incluyó retrasos significativos. A eso de las 7 de la mañana, los usuarios de la R2 Nord denunciaban que no habían salido de la cabecera de línea los trenes programados a las 6.22 horas, las 6.52 horas y las 7.03 horas. En otros puntos, también se detectó la supresión de ciertos trenes que, a su vez, provocaron que los siguientes convoyes fueran llenos a rebosar. 

¿Habrá caído ya el telón?






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