miércoles, 26 de agosto de 2026

Armamento utilizado en la batalla de Wad-Ras

El fusil M 1859

Evolución del mosquete 

A mediados del siglo XIX el mosquete evolucionó, paso de ser un fusil de chispa, de cañón liso y disparar una bala de plomo de forma esférica a un arma de cañon rayado, de llave de pistón y que utilizaba balas más aerodinámicas. De todas formas, aunque utilizaba cartuchos de papel, seguía cargándose por la boca y se había de utilizar una baqueta para introducir la bala en su interior. El objetivo de este nuevo diseño era conseguir un arma más precisa, que permitiese aprovechar más la ingente cantidad de balas que se disparaban durante la batalla. 

Réplica del mosquete español del modelo 1801 usado en la Guerra de la Independencia. 

 

Sir James Emerson Tennent (1804-1869), en su obra Story of the guns publicada en 1864, señala que en la batalla de Los Arapiles, el ejército francés tuvo 8.000 bajas para lo cual sus adversarios tuvieron que disparar tres millones y medio de cartuchos, lo que supone que para abatir a un soldado francés eran precisos una media de que 437 disparos. El general Jean-Jaques Gassendi (1748-1828), inspector general de la artillería francesa hizo la estimación de que eran precisos 3.000 cartuchos para matar a un enemigo. En opinion del coronel Schlimmbach: para dejar fuera de combate a un enemigo eran precisos su peso en plomo y diez veces su peso en hierro. 

Las descargas cerradas de fusilería contra los cuadros de infantería enemiga que avanzaban a pecho descubierto hacían mucho ruido, pero producía pocas bajas. El arma que verdaderamente solventaba las batallas hasta aquella época era la bayoneta. El resto era más humo que otra cosa.

La bala Minié

Tras una serie de pruebas iniciadas en 1849, el capitán de infantería Claude-Étienne Minié, instructor de la Escuela de Tiro de Vincennes, diseñó lo que se denominó como bala forzada a cuña. 

Se trataba de una bala tronco-cónica provista de unas acanaladuras o bandas de engrase como la de Tamisier. El ensanchamiento del culote de la bala para que se adaptará a las estrías del cañón se lograba mediante una cuña de madera, encajada en el hueco del culote, de forma que al producirse el disparo hacia presión sobre los bordes del culote. Este ensanchamiento era de alrededor de medio milímetro. 

Al ajustar la bala en las estrías del cañón aumentaba la presión en su interior, por lo que se podía rebajar el peso de la bala, reduciendo el calibre del arma, que en un mosquete de chispa podía llegar a los 17 e incluso 22 mm., con el consiguiente ahorro de plomo. En el caso del fusil español se optó por un calibre de 14,1 mm., lo que supuso una reducción de peso de unos 2 gramos.

Esta reducción de peso supuso a su vez un aumento de la velocidad de salida del proyectil, llegando a los 350 y 380 m/seg. Eso se traducía igualmente en un aumento de la precisión y del alcance efectivo, pasando de los 100 metros escasos de un mosquete de ánima lisa a los 400 metros o más de un fusil con bala Minié. Un buen tirador armado con un fusil con bala Minié era capaz de meter cinco tiros a 400 metros en una diana de 50x50 cm.

Por si fuese poco, una bala más ligera requería una carga inferior de pólvora. Por ejemplo, el cartucho para bala esférica reglamentario en España contenía un proyectil de 17,3 mm. de calibre con un peso de 30,5 gramos y una carga de pólvora de 10,7 gramos. Esto proporcionaba un retroceso unas tres veces mayor que el producido por un Mauser 93 español en calibre 7x57. La carga de una carabina modelo 1851 descendía hasta los 5,3 gramos, o sea, prácticamente la mitad de la carga usada para bala esférica.

La evolución de la precisión en los fusiles llevó aparejados cambios tácticos. Este mayor alcance y precisión en los disparos de fusil obligaron a la artillería a emplazar sus cañones a más de 1.500 metros de la infantería enemiga mientras que en las guerras napoleónicas bastaban apenas 200 o 300 metros para que los servidores de las piezas se sintieran seguros y razonablemente alejados del peligro que suponían los fusiles de la infantería enemiga.

Las tácticas habituales de la infantería de avanzar hacia el enemigo soportando sus descargas a pecho descubierto para llegar a la bayoneta convirtieron los campos de batalla en verdaderas carnicerías ya que el fuego procedente de los fusiles enemigos podía abatir a decenas de combatientes en cada descarga. Curiosamente, este absurdo empleo táctico de la infantería perduró hasta la Primera Guerra Mundial.

El aumento de la velocidad suponía, como es lógico, una mayor energía cinética del proyectil, con efectos mucho más mortíferos que los de las balas esféricas tradicionales.  

Primeras armas rayadas españolas  

En 1857 se introdujeron en España las armas rayadas de pequeño calibre y proyectil Minié. La carabina rayada Modelo 1857 fue declarada reglamentaria el 4 de mayo de 1857.  En 1857, el ejército español dio un paso importante hacia la estandarización de las armas ligeras con la adopción de la serie Modelo 1857 de fusiles de percusión rayados. Estas armas se basaban en la serie Enfield Pattern 1853 inglesa y guardaban un gran parecido con ella, con algunas diferencias menores y claramente españolas. La adopción de armas basadas en el Enfield inglés fue appropiada, ya que las armas inglesas habían sido de uso generalizado en el ejército español desde finales de la primera década del siglo XIX.

La producción de los fusiles originales se llevó a cabo en el arsenal nacional de Oviedo, en la fábrica Euscalduna de Placencia, así como en Inglaterra y Bélgica, subcontratando su fabricación a las empresas Glukman, de Birmingham, y Falisse & Trapmann, de Lieja. 




A continuación se puede ver la carabina española M 1857 fabricado en Birmingham y vendido por Glukman, también en Birmingham. El sello con la letra Z dentro de un círculo es la marca de aceptación española. 








Las armas rayadas en la batalla de Wad-Ras 

El Batallón de Cazadores Cataluña n.º 1 es muy probable que en la batalla de Wad-Ras estuviese equipado con fusiles rayados de percusión del modelo 1859 diseñados para disparar balas de tipo Minié del calibre 14,4 mm., pués era el arma más moderna de las que disponía el ejército. Este modelo de fusil tenía una longitud total de 1.379 mm., de los que el cañón ocupaba aproximadamente un metro. Disponía de un alza graduada hasta 1.000 m. y una bayoneta de cubo del modelo 1857. El fusil tenía un peso aproximado de unos 4 kilogramos. 

Los fusiles tipo Berdan 

El fusil rayado modelo 1859 posteriormente se transformó, utilizando el sistema Berdan, en el M-1859/67.



Este fusil era ya de retrocarga y cartuchos metálicos. La transformación comenzó después de los estudios iniciados en 1866.

Proceso de carga de un fusil M 1859 

Durante la batalla el soldado llevaba encima varios paquetes de diez cartuchos de papel encerado o engrasado para proteger la pólvora de la humedad. En el interior de cada cartucho se encontraba la carga de pólvora y la bala. Para cargar se desenvolvia el cartucho y se echaba la pólvora en el interior del cañón. A continuación se introducía el culote de la bala en la boca del cañón con el papel hacia abajo, eliminando el sobrante, y se empujaba con la baqueta. No era preciso golpear la bala, sino simplemente asentarla con firmeza sobre la carga.

A continuación, el soldado cogía un pistón de la cebetera, una pequeña bolsa que pendía del cinturón o de una bandolera y lo colocaba en la chimenea. Amartillaba el arma, que durante el proceso de carga había mantenido el martillo en posición de seguro y solo restaba abrir fuego sobre el enemigo. 

Revólver Lefaucheux Modelo 1858

El 15 de abril de 1854, Eugène Lefaucheux registró la patente número 019380 para su famoso revólver. 

En el Boletín de Administración Militar del 1 de enero de 1858 se publicó una R. O. del 15 de noviembre para que se entregase como dotación a los tercios, con cada pistola Lefaucheux, 18 cartuchos por una sola vez y 6 por trimestre por cada plaza armada con ella. 

En 1860 el revólver Lefaucheux Modelo 1858, de 6 disparos y cañón de 156 mm., fabricado en España en la Fábrica de Trubia, era probablemente el arma corta reglamentaria más usada entre los oficiales, entre otros los del Batallón de Cazadores de Cataluña. El sistema Lefaucheux utilizaba un cartucho de espiga de 11 mm y percusión mediante martillo. 

Artillería

Cañón de montaña de 8 cm corto 

En la batalla de Wad-Ras se utilizó artillería de montaña con cañones de bronce rayados de 8 cm de calibre, cortos, de avancarga y fabricados en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla. El modelo corto para montaña fue adoptado el 19 de septiembre de 1859. 

Este cañón utilizaba el sistema de proyectiles de tetones, inspirado en el sistema francés La Hitte.

Estos cañones se obtuvieron transformando los antiguos cañones de a 4 libras, mediante el rayado del ánima. El nuevo calibre pasó a denominarse como de 8 cm. También se fabricaron cañones de montaña de 8 cm largos, con ánima rayada. 

El proyectil del nuevo 8 cm no era la tradicional bala esférica, era un proyectil cilindro-ojival, provisto de tetones o resaltes que penetraban en las rayas del ánima. El proyectil tiene un diámetro de aproximadamente 7,5 cm. y 24 cm. de longitud. Vacío pesa unos 5,5 kg y con carga de pólvora y espoleta, más de 6 kg. Tenía un alcance aproximadamente de 3.000 m.

El proyectil podía utilizar tres tipos de cargas: Granada explosiva, en un proyectil hueco que contenía una carga de pólvora y llevaba una espoleta; Proyectil de metralla, que contenía pequeñas bolas metálicas y una carga explosiva; Bala maciza que podía emplearse para determinados objetivos. 

Durante la campaña de África se transportaron a Marruecos 32.066 granadas y se llegaron a disparar 12.424. 

Un ejemplar de este proyectil de 8 cm. se conserva en el Museo Arqueolóxico Provincial de Ourense.  
 

Las imágenes anteriores muestran el modo de transportar un cañón de montaña de un modelo posterior a la batalla de Wad-Tas del año 1974.

Cañón de 12 cm

La artillería de campaña disponía además de una nueva pieza de 12 cm de reserva, también fabricada en bronce, con ánima rayada y avancarga, y adoptada el 30 de septiembre de 1859.

Además España transportó a África 653 cohetes de guerra y 154 de señales; de los primeros se llegaron a disparar 279 durante la campaña. 

Operaciones 

El Batallón de Cazadores de Cataluña n.º 1 pertenecía al Primer Cuerpo de Ejército expedicionario junto con otros batallones de cazadores como Madrid, Barbastro, Talavera, Simancas, Las Navas, Mérida y Alcántara.

En Wad-Ras, los Cazadores de Cataluña y los Cazadores de Madrid fueron quienes tomaron inicialmente el puente sobre el Bu-Seja, mediante un ataque a la bayoneta. Posteriormente, los Voluntarios Catalanes fueron enviados en su apoyo cuando los marroquíes contraatacaron. 

Los Voluntarios Catalanes fueron una fuerza creada específicamente para la campaña. Partieron de Barcelona con 466 hombres, bajo el mando de Victorià Sugranyes. Después de las bajas sufridas en Tetuán y otros combates, en Wad-Ras quedaban aproximadamente 250. En Wad-Ras estuvieron bajo el mando de Francisco Fort tras la muerte de Sugranyes.

Las fuerzas de Prim 

En el orden de marcha del 23 de marzo, el cuerpo de Prim llevaba:

16 batallones de Infantería

3 compañías de Voluntarios de Cataluña

4 baterías de Artillería de montaña

1 batería de cohetes. 

Diario de Barcelona, 3 de mayo de 1860

LAS ARMAS DE FUEGO EN EL SIGLO XIX

Con este epígrafe la Revista de Ambos Mundos inserta un interesante artículo en el cual después de dar cuenta de los diferentes perfeccionamientos que se han venido introduciendo en las armas de fuego, trata de las ventajas é inconvenientes que en una guerra ofrece el armamento rayado.

Despues de estractar todo lo que de dicho escrito creamos útil para que nuestros lectores tengan una idea exacta de las armas de precisión, nos permitiremos añadir algunas observaciones particulares que hemos podido hacer durante la gloriosa campaña de África. Veamos primeramente, lo que dice la publicacion arriba citada:

«Las armas de fuego, dotadas á un mismo tiempo de un grande alcance y de una precisión suma, son producto de la industria y de la ciencia modernas. A pesar de su orígen reciente, el nombre de estas armas es bastante popular en Francia gracias á los cazadores de Vincennes, quienes provistos desde su organizacion de carabinas rayadas han figurado de una manera brillante en todos los combates librados desde quince años á esta parte por el ejército francés. En cuanto á los efectos reales de las carabinas rayadas, el público solo tiene de ellas una idea imperfecta, y el principio en virtud del cual estás armas poseen una superioridad indisputable, es en general poco conocido aun de los mismos militares encargados de dirigir su aplícacion. El armamento rayado ha sufrido frecuentes innovaciones desde que empezó a usarse y sigue mejorándose de dia én día.

Respecto á la artillería, se está todavía menos instruido. Algunas noticias dadas por la prensa diaria, venidas de Inglaterra, han hablado de unos cañones de nueva invencion, cuyo alcance y precisión superan á las exigencias de las imaginaciones mas poéticas; pero en medio de esas esplicaciones contradictorias, es muy dificil descubrir lo que hay de verdad en este asunto, y hay muchas razones para dudar que las mejoras introducidas en el fusil sean nunca aplicables á unas armas de un calibre tan grande, que arrojan proyectiles de una clase tan diferente.

Las disputas que provocan las nuevas armas, pueden por lo mismo ofrecer algun interés y hasta novedad, á causa del misterio con que los gobiernos europeos se han guardado el secreto del perfeccionamiento de las armas de fuego. Un secreto de esta naturaleza no puede, sin embargo, ocultarse mucho tiempo á las investigaciones de las personas interesadas en descubrirlo, puesto que el primer combate debe darlo á conocer, como sucedió en la guerra de Italia. 

Hoy dia todas las naciones europeas se ocupan en la reforma del armamento de sus tropas, reforma que les es sumamente fácil, puesto que aprovechan los trabajos de las que las han precedido en una obra cuyos principios han sido tan difíciles y lentos.

El momento parece pues favorable para dar á conocer la radical trasformacion verificada de algunos años acá en las armas portátiles, y la que actualmente se está haciendo en la artillería. Hay un proverbio que dice: «Quíen tiene tierra tiene .guerra.» Los pueblos lo mismo que los particulares no pueden evadirse de esa ley fatal. Por consiguiente es necesario resignarse de vez en cuando á la guerra, y el mejor medio de evitar los males que trae en pos de sí consiste á menudo en hacerlos temer á los adversarios.

El uso de las armas de fuego está hoy tan generalizado entre las naciones civilizadas, aun en los pueblos bárbaros, que es difícil que en adelante dejen de emplearse. El perfeccionamiento de las armas de fuego ha sido sin embargo tan paulatino que para llegar á los adelantos actuales han debido pasarse siglos. Desde el reinado de Luis XIV hasta el de Luis Felipe, el armamento de las tropas apenas sufrió alteracion alguna. En 1840 se cambió en Francia la piedra de chispa por el piston, cambio que encontró una fuerte oposicion, pues, á pesar de las ventajas evidentes del nuevo sistema, muchos temian que el soldado, bajo la emocion del combate, no acertase. á emplear bien unos objetos tan diminutos como el piston. La esperiencia ha demostrado que este era un temor quimérico, y todas las naciones de Europa se apresuraron a imitar a la Francia, como lo hacen hoy al reemplazar el armamento liso por el rayado. Ese espíritu de imitacion tan de cerca seguido ha sido la causa de que la Francia, á pesar de su iniciativa en el perfeccionamiento de las armas de fuego, no haya podido disfrutar mucho tiempo de la superioridad de este armamento, fruto de sus estudios y de sus esfuerzos.

El fusil liso era una buena arma, sólida y manejable, que hacia un tiro bastante bueno hasta 100 metros y aun hasta 200. A mayor distancia era necesario para tocar á un hombre apuntar por encima de su cabeza á una altura dificil de apreciar. Esto perjudicaba á la exactitud del tiro, y los desvíos de la bala eran notables aun cuando tuviese una accion eficaz hasta la distancia de 450 metros. El fusil liso era la mejor de las armas portátiles hasta entonces conocidas, y solo cedia en alcance y precisron a los rifles que, a pesar de su complicada manera de cargar, los tiroleses empleaban lo mismo en la guerra que en la caza, y á quienes una larga costumbre y práctica en el manejo de su arma les valió la bien merecida reputacíon de escelentes tiradores que han gozado siempre.

La primera idea de las carabinas rayadas está lejos de ser una cosa nueva; atribúyese a dos armeros alemanes, Gaspar Zollner de Viena, y a Koller, de Nuremberg, que vivían a fines del siglo qüínce. Todos han podido ver carabinas de esta clase en los salones de tiro, cuyo cañon tenia interiormente un cierto número de estrias inclinadas y poco profundas; la bala, de un calibre algo mayor que el diámetro del ánima, solo puede introducirse á fuerza de golpes. Hé aquí de que se deriva el nombre de carabinas de bala forzada que con frecuencia se da á las carabmas rayadas. La opinión general atribuia la exactitud de su tiro á la supresion del aire, lo cual permitía utilizar toda la fuerza de la carga, obligando á que la bala siguiese sin desviarse la dirección del tubo que la guiaba con tanta ópresion, Esto es verdad hasta cierto punto, puesto que las causas verdaderas de la precision del tiro con las armas rayadas son mucho mas complexas; pero para hacer apreciar la gran superioridad que han adquirido las nuevas armas portátiles seria necesario entrar en una multitud de estudios técnicos sobre la marcha de la bala á su salida del interior del fusil y las desviaciones que esperimenta, que omitimos por alejarse de nuestro propósito.

Desde 1826 M. Delvigne, entonces subteniente de la Guardia Real, se dedicó enteramente á estudiar el perfeccionamiento de las armas de fuego, á fin de poder obtener para el fusil de guerra las ventajas de las carabinas rayadas, evitando la complícacíon en la manera de cargar. M. Delvigne logró su objeto y se estableció en Vincennes una escuela de tiro, á fin de continuar estos estudios y para instruir en el empleo de las nuevas armas á un cierto número de oficiales encargados de propagar sus conocimientos en todos los cuerpos del ejército. Al nombre de M. Delvigne, que es preciso colocar á la cabeza, debe juntarse el de MM. Tamisier, Minié y Nesler. Estos señores, despues de largos estudios, lograron perfeccionar el armamento rayado hasta el punto que se encuentra hoy, y no fue lo que menos trabajo les costó corregir las desviaciones de la bala cilindro-ojival, que evitaron al fin, formando en su parte posterior el número de rayas circulares que el espacio permitía. 

El modelo de carabina rayada adoptado en 1846, en el cual se han realizado todas estas mejoras, tiene un alcance estremo de 1.300 metros y produce un efecto temible hasta los 1.000, puesto que á esta distancia la mitad de los tiros darían en un blanco circular de 5 metros de diámetro con bastante fuerza para pasar una gruesa tabla de madera. Esta es la impulsión que cuatro gramos y medio de pólvora dan á un peso de plomo mas que décuplo.

El cartucho no ofrece ninguna dificultad particular en la fabricacion ni en el trasporte; pero como la bala entra muy ajustada en el cañón, hay que engrasar ligeramente el papel para facilitar su introducción.

Los buenos resultados obtenidos en el estudio de la carabina Minié han hecho creer que seria fácil rayar los fusiles lisos de la infantería. Sin embargo, como no fueron fabricadas para este objeto, nada tiene de estraño que el tiro de estas armas no sea tan bueno como, el de la carabina; pero á pesar de esta inferioridad, el alcance y precision de estos fusiles rayados son satisfactorios á 7 ú 800 metros. El único inconveniente de este armamento es que á mas de 400 metros es necesario apuntar por encima del objeto á una altura que no siempre se puede apreciar con exactitud. La bala del fusil de infantería rayado tiene la forma estertor de la de la carabina, si bien ofrece mayor vacío en su interior.

Despues de haber hablado del perfeccionamiento de las armas portátiles introducido casi en todos los ejércitos de Europa, falta ahora saber si la gran precision del tiro á distancias tan enormes produce en un combate los resultados mortíferos que al principio se creyó obtener del nuevo armamento. Felizmente la vida del hombre no depende de tan poca cosa. La dificultad de apreciar la distancia del enemigo para hacer la puntería, la emoción del combate, el movimiento, el humo y mil otras circunstancias son causas de error que una preocupacion bien natural no permite distinguir ni rectificar: la mayor parte de los tiros se dirigen muy altos ó muy bajos y no aprovechan. Por otra parte, cuanto mas perfeccionada es el arma mas cuidados exige y es muy fácil que se inutilice; y luego no siempre se pueden hacer en una campaña unas recomposiciones complicadas: por eso las carabinas rayadas no prestarían en general tan buenos y largos servicios como el armamento ordinario. El armamento rayado es ventajoso en una guerra de guerrillas en que el soldado, obrando independientemente, puede apuntar y tirar con líbertad; entonces el alcance y la exactitud del tiro producen un efecto maravilloso cuando se allegan á ellos el valor y la serenidad.»

J. MOLA Y MARTINEZ.

El puente de Bu-Seja

El río Guad-el-Jelú hoy se conoce como río Martí. 

El Bu-Seja, Guad-el-Jelú —también escrito Uad el Jelú, Wad-el-Jelú o simplemente Jelú— corresponde al actual río Martil, que desemboca en el Mediterráneo al sur de Tetuán.

Guad-el-Jelú no era realmente el nombre indígena del río. Los lugareños, lo denominaban Uad Martín / río Martín en su desembocadura. El término Jelú significa «dulce» y probablemente procede de una interpretación de los primeros informadores europeos.

El Buceja, escrito también Bu-Seja, Bu-Sfija o Busfiha, es el río que aparece constantemente en las descripciones de la batalla de Wad-Ras.

La toponimia histórica asigna al río Martín el nombre de Busfiha (nuestro Buceja) en el llano de Uad-Rás.

En una publicación reciente del Ministerio de Defensa se señala que el Uad Ras era un afluente del Buceja, y éste a su vez afluente del Martín.

Documentación

Españoles y Marroquíes. Historia de la Guerra de África, Evaristo Ventosa, Librería de Salvador Manero, Barcelona, (1859-1860), en dos volúmenes que suman más de 1.100 páginas. Tomo segundo

Recuerdos de la campaña de ÁfricaGaspar Núñez de Arce, Imprenta José M. Rosés, 1860

La Guerra de África (1859-1860) en Imágenes - Antonio David Palma Crespo (tesis doctoral)

Los héroes de nuestra historia en la guerra de África en el año 1909

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