domingo, 6 de noviembre de 2011

Empresas metalúrgicas barcelonesas

Hispano-Suiza fue fundada en Barcelona en 1904 por los empresarios españoles Damián Mateu y Francisco Seix junto con el ingeniero suizo Marc Birkigt. La empresa tuvo un gran desarrollo durante la segunda y tercera décadas del siglo XX hasta que sus activos fueron vendidos al INI (Instituto Nacional de Industria) en el año 1946, con los que se creó ENASA, fabricante de automóviles bajo la marca Pegaso. Damián Mateu Bisa anteriormente dirigió la empresa familiar, dedicada al comercio de perfiles de hierro. Además fue vicepresidente del Banco Urquijo Catalán, una empresa en la que también había participado activamente en su creación, además de tomar parte en la creación de Fuerzas Hidroeléctricas de Andorra y ser consejero de la sociedad La Maquinista Terrestre y Marítima.

Su hijo Miquel Mateu Pla, al empezar la Guerra Civil Española se alineó con el bando de los sublevados, formando parte de su estado mayor, sirviendo en misiones oficiales en Francia, Suiza e Italia. Entró en Barcelona con las tropas franquistas el 26 de enero de 1939, y el 27 de enero fue nombrado alcalde de Barcelona, cargo que ocupó hasta el 18 de abril de 1945. Fue presidente de Fomento del Trabajo Nacional, de la Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros y de la Real Academia Catalana de Bellas Artes de Sant Jordi.

Miquel Mateu fundó una empresa para la distribución de perfiles metálicos y la construcción de máquinas herramientas, que con el tiempo pasó a denominarse Hijos de Miguel Mateu.

El persistente problema de las restricciones eléctricas en los años 50 obligó a MTM a pensar en el motor pequeño. Sebastián Nadal fue el autor de un proyecto de motor Diesel de 10 HP. que fue puesto en construcción por "La Maquinista" conjuntamente con la Casa "Elizalde", aunque más tarde pasó a ser construido totalmente por la primera.

Para la explotación de este tipo de motor, que sucesivamente fue ampliando sus gamas de potencia hasta llegar a los 60 HP., se fundó como filial de "La Maquinista" la entidad "Motores MEN, S. A.", anagrama que responde a las iniciales de sus creadores, Maquinista-Elizalde-Nadal. El motor MEN, por su multitud de aplicaciones, tuvo gran aceptación y de él se han construido un elevado número de unidades, extendidas ampliamente por todo el país.

En la III Feria Internacional del Campo de Madrid, de 1956, MATACÁS tuvo un stand en donde presentó una central eléctrica con motor diésel de 60 CV y arranque eléctrico, que permitía ponerla en marcha en 3 segundos. Además se podían ver dos motobombas de 5 y 10 CV, un motor de 7 CV y un grupo motocompresor de 20 CV. También se podían ver una serie de fotografías de la fábrica de Sant Feliu de Llobregat (Laboratorio de análisis químicos, salas de verificación, aparatos detectores de grietas, secciones de producción y montaje, etc.).

Motores Diesel Matacas en el año 1959 lanzó al mercado el motor tipo 904-B, un diesel de 4 cilindros, 2.000 cc y 51 CV con un precio de 45.000 pesetas y que equipó a numerosos taxis Seat 1400.

En 1961 el Delegado general de AICSA (Automoción Industrial y Comercial S.A.) era José Maristany y Casajuana. Esta empresa era la distribuidora oficial de los motores MATACÁS.

En 1964 la prestigiosa empresa Motores Diésel Matacás se constituyó en sociedad anónima con el nombre de MATACAS S.A. El capital de la nueva sociedad era de 55 millones de pesetas, siendo la participación de SAVA del 41 %.

El presidente de la nueva sociedad era Juan Matacás Aymá. Juan Matacás solicitó en su vida varias patentes. En agosto de 1939 unagrabadora de piezas cilíndricas, en septiembre de 1939 una mejora en la fabricación decabezales de rectificadora, en julio de 1950 un sistema de refrigeración para motores de combustión interna. En 1966, al absorber ENASA a SAVA se dejaron de fabricar los motores MATACAS.

Sala de dibujo de la fábrica MATACÁS.

El motocarro “Sansón” fue presentado en la Feria de Muestras de Barcelona. Estaba equipado con un motor diesel, monocilíndrico, refrigerado por aire y de cuatro tiempos. El engrase del mismo se realizaba mediante bomba. Ese motor, de tipo IKA, era fabricado por la casa Güldner, de Barcelona, y desarrollaba una potencia de 9 CV a 3.000 rpm.

El motor de arranque y la batería (12 voltios a 55 amperios), era el mismo que utilizaba el Seat 1430. Los frenos hidráulicos con sistema Locheed, actuaban sobre las dos ruedas traseras. El freno de mano era mecánico y actuaba también sobre las ruedas traseras, y era igual al que utilizaba el Dauphine. La suspensión delantera era hidráulica, y la trasera por ballestas, sin amortiguadores, como era normal en ese tipo de vehículo.

El diferencial estaba formado por un grupo cónico helicoidal, con palieres flotantes y puente de acero fundido. El cambio disponía de cuatro velocidades y una marcha atrás. Las velocidades segunda y tercera estaban sincronizadas. Quizá la parte más interesante de este vehículo fuera el capítulo de velocidades y consumo. La velocidad máxima era de 57 kilómetros por hora, y el consumo, a una media de 55 kilómetros por hora, era de tres litros y medio de gas-oil a los cien kilómetros. Según los usuarios, su consumo, por ciudad, era diez veces menor al de otro vehículo del mismo tipo equipado con motor convencional de gasolina.

Otro dato muy interesante para el usuario era la capacidad de carga. Con una tara de 900 kilos podía transportar hasta 1.500, sin que por ello se resintiera su mecánica. En el período de pruebas subió cuestas pronunciadas con 1.800 kilos sin acusar el esfuerzo. Este vehículo podía suministrarse en varias versiones, con diferentes tipos de cajas, volquete hidráulico y manual, con carrocería para botellería o butano, etc… La carrocería podía ser metálica o de madera. La cabina del vehículo era espaciosa, capaz para llevar perfectamente dos personas. Tenía dos guanteras en el "tablier", y cambio de luces e intermitentes en el eje del volante. El cambio de velocidades y el arranque estaban situados junto a la banqueta. En resumen: el Sansón Diesel era un vehículo que tuvo buena aceptación en el mercado. La producción era de unas 20 unidades mensuales. Aunque su precio era algo elevado para la época (79.700 pesetas), su bajo coste de mantenimiento y su gran capacidad de carga, lo hacían rápidamente amortizable.

Con la marca "Sansón" realmente llegaron a comercializarse diversos motocarros. En el libro "Microcoches Españoles" de Miguel Pascual, aparecen fotografiados los dos modelos diesel que construyeron, uno para 600 Kg. de carga y otro para 1.500 Kg. de carga, que llevaba un motor bicilíndrico Matacás. Los motocarros "Sansón" los construyó una empresa llamada Talleres Arau, que estaba ubicada en el barrio de "Poble Nou" de Barcelona en el Pasaje Pirineos.

Talleres Arau era una industria auxiliar para otros fabricantes de motos y motocarros y previamente a la construcción de los motocarros carrozados diesel había fabricado otros análogos a los que corrían por Barcelona con caja trasera y motor Hispano Villiers de 197 C.C. La construcción de triciclos con motor Hispano Villiers empezó en 1958, en 1960 empezó la fabricación de triciclos carrozados con motor monocilíndrico Diter y en 1964 fue presentado el último modelo bicilíndrico con motor Matacás.

En cuanto a las cantidades producidas de los tipos diesel en 1962 fueron 178, en 1963 constan 180, en 1964 constan 78, y en el primer semestre de 1965 tan solo 11. Se supone que la total implantación en el mercado de las furgonetas DKW, Romeo, Tempo y otros vehículos similares tuvo mucho que ver con el descenso de las ventas de Sansón.

A partir de 1965, en Talleres Arau se dedicaron a otros menesteres, desapareciendo así la marca "Sansón". "Sansón" se distinguió de los otros motocarros similares (Roa, Clúa, Lifante, etc.) por su aspecto más reforzado y sus ruedas de mayor diámetro, obteniendo muy pronto la fama de ser más fuerte que los de sus competidores.

Artículo aparecido en la revista VELOCIDAD nº 68, del 15 de diciembre de 1962.

Motobomba en Miranda de Arga.

Grupo electrógeno MATACÁS.

En 1.963 Matacás, conocida marca nacional de motores Diesel, decidió ampliar su oferta lanzándose a diseñar una furgoneta de 1.000 Kgs de carga. Montaría su motor bicilíndrico 932-D de 29 CV y pensaban fabricarla a millares. Nunca sabremos si habría tenido el mismo éxito que sus motores, ya que no pasó de la fase de prototipo. Ni siquiera llegaron a carrozarla.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Alexander Hermanos

El siguiente texto está extraído del trabajo "Importancia de las patentes para los primeros fabricantes de máquinas de vapor en España: Nuevo Vulcano, La Maquinista Terrestre y Marítima y Alexander Hermanos".

Alexander Hermanos fue, junto con la MTM, el otro gran fabricante de máquinas de vapor en España. Esta empresa fue establecida en Barcelona en 1849 por los hermanos Thomas y David Alexander (Unos ingleses que, después de una larga estancia en París, y de trabajar un tiempo en Valencia, se establecieron en la Barceloneta, con la intención de construir las mismas máquinas de vapor.) establecieron sus talleres de fundición en la calle Ginebra, especializándose en la fabricación de máquinas y calderas de vapor.

Posteriormente, Valentín Esparó propuso a los Alexander, en junio de 1852, la creación de un negocio conjunto para dedicarse a la construcción de máquinas de vapor terrestres y marítimas, locomotoras, calderas y demás maquinaria. Pero la propuesta no prosperó, los Alexander continuaron por su cuenta y Esparó, tres años más tarde, conseguiría su propósito con la creación de La Maquinista, pero con otros socios.

Máquinas de vapor de Alexander Hermanos expuestas en el patio de la Universidad en 1877 en la "Exposición Catalana", durante la visita de Alfonso XII a Barcelona.

En 1854 se amplia la firma Alexander con la razón social ‘Font, Alexander y Cía.’ que iba a construir unos talleres de laminación y forja en el pueblo inmediato de San Martín de Provensals estableciendo en ellos unos altos hornos de fundición.

El alto horno llegó a ponerse en marcha, pero el negocio no tuvo el éxito esperado: la calidad de los minerales dejaba mucho que desear, por lo que no era viable su explotación económica. Esto condujo al hundimiento de la iniciativa empresarial en 1862, a lo cual contribuyó también la reforma arancelaria de ese año, que rebajó los derechos de importación del hierro extranjero.

Fracasado el intento de introducirse en el negocio de fabricación de hierro, Font se retiró de la empresa y los hermanos Alexander continuaron como fabricantes de maquinaria, sector en el que sí alcanzarían un notable éxito. Durante los años de la aventura entre Font y Alexander, los talleres de la Barceloneta siguieron funcionando.

Exposición de las riquezas mineras de los valles del Ter y del Fresser delante de la Universidad en 1877 en la "Exposición Catalana", durante la visita de Alfonso XII a Barcelona.

Aunque en 1858 sufrieron un grave incendio, no tardaron en reanudar sus actividades, como se demostró en la Exposición Industrial y Artística celebrada en Barcelona en 1860. Participaron 490 fábricas y talleres catalanes, pero entre todos ellos destacaron “los tres colosos: Sociedad de Navegación e Industria (Nuevo Vulcano), Alexander Hermanos y La Maquinista”.

Se conserva un documento importante sobre su actividad como fabricante de máquinas de vapor: el Libro del molinero. Tratado práctico de la fabricación de harinas, publicado en Murcia en 1883 por el catalán Augusto Illa, que “consiste en una tipología de los vapores Alexander y, muy especialmente, en unas relaciones de los que se habían servido a la industria harinera española y al conjunto del País Valenciano”.

Según esta fuente desde su origen hasta 1882 la compañía Alexander Hermanos construyó un total de 1.006 vapores, distribuidos en ‘semifijos’ (máquinas de 5, 10 y 15 caballos de potencia, con caldera vertical de hogar interior y chimenea incorporadas, que ocupan poco espacio y no necesitan obras de instalación) y en ‘fijos’ (máquinas de 8, 10, 15, 25 y más caballos, con caldera independiente montada sobre obra, que las convierte en inmóviles). Las primeras son especialmente útiles para faenas intermitentes y de poca entidad, como la molinería a escala menor, la pequeña industria y, últimamente, los riegos agrícolas. Las segundas tienen aplicación en el trabajo regular, los talleres medianos y grandes y el sistema fabril.

En 1888 la empresa llevaba 1.350 máquinas de vapor construidas y en 1898 había superado la cifra de 1.500. Ya antes de que terminara el siglo XIX Alexander había fabricado casi el triple de máquinas de vapor que La Maquinista en toda su historia. Además, Alexander siguió funcionando hasta 1923, por lo que es de suponer que la cifra de 1.500 máquinas fue ampliamente superada.

Anuncio de la casa Alexander Hermanos en la revista "Industria e invenciones" del 27 de febrero de 1897.

Las dos primeras patentes de Alexander fueron solicitadas por los fundadores de la empresa –los hermanos Thomas y David- acogiéndose a la Ley de 1826: una en 1856 para “asegurar la propiedad para la construcción de toda clase de buques de hierro que hemos introducido de otro país para la navegación de mar o río” y otra en 1858 para “asegurar la propiedad para la construcción de las máquinas de vapor de dos cilindros y condensación (sistema Woolf), que hemos introducido de otro país para aplicarlas a la navegación”.

Por tratarse de inventos ajenos, ambas fueron solicitadas como privilegios de introducción, que proporcionaban una exclusividad de cinco años. La primera –la relativa a los buques de hierro- no sabemos si finalmente fue concedida, aunque, según se indica en el expediente, la tecnología la habían adoptado de hecho. La segunda –la máquina de vapor, que ya había sido introducida en el momento de solicitar la patente- fue concedida el 14 de abril de 1858, previo pago de los 3.000 reales correspondientes.

Aunque las dos patentes tienen relación con el sector naval, no sabemos si los Alexander llegaron a fabricar barcos, aunque es bastante probable que lo hicieran. Sí fueron importantes fabricantes de máquinas de vapor marinas, aunque con el tiempo parece que estuvieron más especializados en máquinas para la industria, que debieron de fabricar también desde sus orígenes, pues en 1856 los dos hermanos decían ser “residentes en Barcelona, Ingenieros mecánicos y Constructores de máquinas y calderas de vapor terrestres y marítimas”; y en 1858, “residentes en Barcelona, Ingenieros mecánicos, constructores de máquinas y calderas de vapor”.

Bomba de alta presión de Alexander Hermanos.

Hay constancia de que hacia 1856 “habían construido para Vicente Martínez y Pérez, de Sueca, el primero de una serie de molinos arroceros de vapor que tenían la particularidad de quemar la cáscara del arroz –un desecho- en vez de carbón”. De los 1.006 vapores construidos por Alexander antes de 1882, 54 se destinaron a la industria harinera española y 157, de todos los usos, a tierras valencianas.

Horno giratorio de cuarenta y nueve metros de longitud y dos metros y setenta centímetros de diámetro, para la fábrica de cementos "El León", situada en el pueblo de Matillas (La Alcarria) construido en 1915. Durante la Primera Guerra Mundial se notó la falta de competencia de los fabricantes extranjeros.

Las otras dos patentes de Alexander son bastante posteriores: fueron solicitadas en 1880 –estando en vigor, por tanto, la nueva Ley de patentes de 1878- por Guillermo Alexander y Easton, sucesor de los fundadores y propietario de la empresa, que continuó llamándose Alexander Hermanos.

Ambas patentes, que fueron concedidas por un periodo de 20 años, protegían inventos del propio Guillermo Alexander, que era ingeniero. La primera consistía en “un sistema de bombas para elevación de agua o cualquier otro líquido”, y la otra en “un aparato de expansión variable, movido directamente por el regulador, aplicable a cualquier sistema de máquinas de vapor”.

Molino de rodillos de 1915.

La Memoria descriptiva de la primera decía que el objeto de la patente era “una bomba
de doble efecto que se aplica especialmente a la elevación de aguas para riegos,
abastecimiento de poblaciones y otros usos”.

El marqués de Montortal fue uno de los artífices de la llamada “nueva agricultura”, y tuvo la iniciativa de solicitar en 1880 a Alexander Hermanos la construcción de pequeñas máquinas de vapor de 2 a 15 caballos para elevar agua desde pozos de unos 50 metros de profundidad para regar los campos de naranjos, el cultivo que enriqueció muchas zonas de Valencia. “Quince meses más tarde, el número de estos motores-bomba ya llegaba a 49: en un abrir y cerrar de ojos, los campos de la ribera del Júcar se cubrieron de chimeneas”.

La puesta en práctica de esta patente fue certificada en los talleres de la empresa por José Campderá y Parés, ingeniero industrial, el 7 de octubre de 1881, aunque la solicitud de este trámite se había realizado más de un año antes (el 25 de septiembre de 1880), lo cual indica que ya entonces se estaban produciendo las máquinas.

La patente estuvo en vigor hasta el 23 de noviembre de 1885, fecha en que caducó por falta de pago de la sexta anualidad. La empresa no debió de considerar rentable seguir pagando las cuotas anuales, que, según la ley de 1878, se iban incrementando cada año. El motivo lo ignoramos: quizá no tenían competidores en este producto o quizá no les compensara perseguir a los posibles imitadores.

En todo caso, parece que en los años siguientes continuaron produciendo estas bombas, que se convirtieron en una de las especialidades de la empresa, según indicaba un cartel anunciador de 1892. “Especialidad en la construcción de Máquinas y calderas de vapor, bombas para elevación de aguas, para riego y abastecimiento de poblaciones”.

Molino de mandíbulas de 1915.

La otra patente, en cambio, se mantuvo en vigor hasta 1900, es decir, durante los veinte años permitidos por la ley. Si tenemos en cuenta el elevado coste de una patente, con unos derechos monetarios que iban incrementándose de año en año, esto indica que la empresa tenía un gran interés en proteger legalmente este invento.

Ya era excepcional en aquella época que se llegara a acreditar la práctica de un invento, pero mucho más excepcional que una patente se mantuviera tanto tiempo en vigor: de las 852 patentes solicitadas en 1882, sólo 152 (el 17,8 por 100) acreditaron la práctica (es decir, el 82,2 por 100 caducaron antes del tercer año), y tan sólo una se mantuvo en vigor durante veinte años. Lo acaecido con las solicitadas en 1880 no debió de ser muy distinto.

Esto nos lleva a concluir que la calidad técnica y el valor económico de esta patente tuvieron que ser excepcionalmente elevados. Según detalla la Memoria, el invento consistía en “un mecanismo, que movido directamente por el regulador, acciona sobre la válvula de distribución en las máquinas de vapor, aumentando o disminuyendo automáticamente y según convenga a la fuerza que aquellas deban desarrollar, el grado de expansión con que el vapor trabaja en el interior del cilindro”.

No tenemos información directa sobre la difusión que tuvo este invento, aunque sí parece que la empresa lo aplicó de forma generalizada en la fabricación de sus máquinas de vapor, como destacaba el anuncio referido del año 1892, que explicaba, además, las ventajas del invento: El sistema de las máquinas construidas por esta casa es de expansión por medio de dos cilindros y condensación, o sea el más económico de combustible conocido hasta el día; además llevan la nueva válvula expansiva privilegiada, movida automáticamente por el regulador, lo que da a las máquinas una marcha uniforme é invariable, aun cuando se carguen o descarguen repentinamente los aparatos que mueven las mismas, y además produce una economía notable en el combustible que no baja del 12 por 100 con relación al antiguo sistema de regulador a papillón.

El cartel anunciador de la compañía de 1892, además de datos técnicos y de los tipos de productos fabricados, hacía referencia a los premios y honores recibidos por Alexander: “Medallas de oro en las Exposiciones Internacionales de París, años 1867 y 1878; Diploma de Honor de la Academia Nacional Agrícola y Manufacturera de Francia; varias Medallas y Diplomas en diferentes Exposiciones Nacionales y Extranjeras; únicos representantes en España de Lethullier y Pinel, para las válvulas automáticas de retención privilegiadas, flotantes, magnéticas y otras”.

Se trata de publicidad de la propia compañía, pero estos premios y honores son indicadores relativamente fiables de que fabricaba productos innovadores de calidad reconocida internacionalmente. Desde finales del siglo XIX, los motores de combustión interna empezaron a desplazar a las máquinas de vapor en muchas aplicaciones.

Convertidor de acero de 1915.

No sabemos si Alexander diversificó su producción, como hizo La Maquinista desde 1901, pero sí que mantuvo su actividad, aunque seguramente con dificultades. Probablemente por el efecto de las leyes de protección de la industria y por el creciente proteccionismo del mercado nacional, en 1911 una firma extranjera se interesó en la compra de Alexander. Pero “cerciorada de este extremo ‘La Maquinista’ y ante los propósitos de los presuntos compradores –que pensaban establecer un gran taller de maquinaria en los talleres de Alexander-, la Junta de Gobierno autorizó el 24 de noviembre a la Dirección para gestionar la compra de los citados locales con el fin de ampliar los talleres propios”.

Alexander exigió la cantidad de 850.697 pesetas, que MTM consideró excesiva. La Maquinista propuso comprar sólo el “terreno contiguo a las salas de montaje para dotarlas de mayor longitud, a lo que replicó la Casa Alexander que la venta debía ser global y que solamente admitiría una contraoferta con respecto al precio que había pedido por sus instalaciones, por lo que los tratos no siguieron adelante”. No tenemos noticia de que la firma extranjera comprara tampoco la casa Alexander.

Sin embargo, a principios de 1923, La Maquinista consiguió que aquélla le vendiera “los terrenos lindantes con sus talleres de la Barceloneta [...] facilitando la ampliación de algunas secciones”. Suponemos que estos terrenos fueron tan sólo la parte de la parcela que quisieron adquirir en 1911, aunque no podemos asegurarlo. No sabemos, por tanto, si Alexander siguió funcionando o no a partir de 1923, aunque esta venta indica que los negocios no debían de ir muy bien. El siglo XX no fue el siglo del vapor. Alexander había sido una empresa competitiva en ese sector durante el siglo XIX, pero quizá le faltó la flexibilidad para cambiar de negocio al iniciarse el XX.

Innovación en la Maquinista Terrestre y Marítima

El siguiente texto está extraído del trabajo Importancia de las patentes para los primeros fabricantes de máquinas de vapor en España: Nuevo Vulcano, La Maquinista Terrestre y Marítima y Alexander Hermanos". Las imágenes proceden del libro del centenario de la empresa. "La Maquinista Terrestre y Marítima, Personaje Histórico (1855 - 1955)", Alberto del Castillo.

Como es sabido, la era del vapor se inició en Inglaterra a principios del siglo XVIII, pero su impulso definitivo vino de la mano de James Watt en las últimas décadas del mismo siglo. Watt no sólo fue inventor, sino también –junto con Boulton- empresario: produjo y vendió una gran cantidad de máquinas dentro y fuera del Reino Unido.

Locomotora Mataró, del primer ferrocarril de la península, expuesta en la Universidad de Barcelona. Esta locomotora se conservó hasta la Exposición Universal de Barcelona de 1927, poco después tuvo un accidente y se desguazó. En la actualidad se conserva una replica realizada por La Maquinista para el centenario de la inauguración de este ferrocarril.

Esta actividad comercial así como el espionaje industrial difundieron la tecnología del vapor en muchos lugares, por lo que pronto empezaron a surgir otros fabricantes de máquinas de vapor dentro y fuera de Inglaterra. Cuando la patente de Watt expiró en 1800, la competencia en el sector se incrementó, aunque la tecnología ya estaba bastante extendida. Sin embargo, aún se trataba de un producto de alta tecnología, por lo que pocos fabricantes eran capaces de producir las máquinas.

A principios del siglo XIX todavía Inglaterra tenía ventaja absoluta y comparativa en el sector, aunque con el tiempo, otros países –Bélgica, Francia, Suiza, Estados Unidos, Alemania- fueron alcanzando ventajas comparativas y convirtiéndose también en exportadores de máquinas de vapor.

España nunca llegó a tener ventaja comparativa en este sector, aunque los esfuerzos realizados en importar la tecnología, primero, y en fabricar las propias máquinas, después, sirvieron para implantar un sector autóctono de fabricación de maquinaria que, aunque nunca fue competitivo en los productos considerados de alta tecnología en cada momento histórico, aportó conocimientos que permitieron a algunos productores nacionales alcanzar alguna ventaja comparativa en productos menos complejos tecnológicamente (productos metálicos, maquinaria textil, construcción naval, material rodante ferroviario), que iban perdiendo fuerza en los países más avanzados a medida que se especializaban en sectores más complejos y de mayor valor añadido.

La difusión de la tecnología del vapor influyó así en el cambio de ventaja comparativa de la economía española a lo largo de la época contemporánea. Las grandes ventajas de la energía de vapor empezaron a ser conocidas en España a través de las noticias que llegaban de Inglaterra, y a partir de la tercera década del siglo XVIII surgieron algunas iniciativas –públicas y privadas- para importar máquinas de vapor fabricadas en aquel país. Pero hasta 1808 las máquinas importadas –todas de Inglaterra- no pasaron de diez.

La primera fue una máquina tipo Newcomen importada hacia 1725, pero que nunca llegó a funcionar. Hacia 1787 se iniciaron las gestiones para la importación de la primera máquina de Watt de efecto simple, que también terminó en fracaso. A principios del siglo XIX, Francisco Santponç se convirtió en el primero que consiguió construir una máquina de vapor en España, aunque el proceso fue una auténtica odisea y su aplicabilidad económica fue muy limitada.

En general, los intentos del siglo XVIII y principios del XIX de implantar la energía de vapor en España fueron un fracaso o tuvieron una importancia residual o testimonial. En aquella época no existía en España una ley de patentes –que no se implantó propiamente hasta 1826-, pero sí había privilegios de invención o introducción concedidos por los monarcas, que otorgaban una protección en cierto modo similar a las patentes. De hecho, algunas de las importaciones de máquinas de vapor referidas estuvieron favorecidas por privilegios reales, que fueron un estímulo para afrontar la costosa empresa, aunque, como hemos visto, no una garantía para su éxito.

La Guerra de la Independencia (1808-1814) supuso un freno al incipiente proceso de modernización económica que se había iniciado en las últimas décadas del siglo XVIII. A partir de 1814 el proceso se retomó y con ello la importación de máquinas de vapor, aunque estas no empezaron a llegar de forma relativamente importante hasta la década de 1830. El inicio de la “era del vapor” en España se suele situar en 1833 con el arranque de la fábrica barcelonesa de José Bonaplata. Pero esta emblemática empresa funcionaba con maquinaria importada, por lo que se puede decir que realmente “el largo proceso de aclimatación de la máquina de vapor a España no puede darse por concluido hasta la década siguiente (1840), cuando empezaron a funcionar los primeros talleres de fabricación de máquinas de vapor: las fundiciones de Bonaplata y José Safont, en Madrid, y la de El Nuevo Vulcano, en Barcelona”.

Sin embargo, tampoco estos talleres llegaron a cuajar como fabricantes relevantes de máquinas de vapor. La implantación definitiva de esta tecnología no llegaría realmente hasta la década 1850, con los dos grandes fabricantes catalanes de máquinas de vapor: Alexander Hermanos y La Maquinista Terrestre y Marítima (MTM). “En el resto de España, sólo la sevillana Portilla Hermanos & White, surgida en el año 1857, se podría comparar” a estas empresas catalanas.

La Maquinista Terrestre y Marítima (MTM) fue uno de los fabricantes de maquinaria más importantes en la España del siglo XIX y gran parte del XX. Surgió en 1855 como fusión de dos empresas: los talleres de Valentín Esparó y La Barcelonesa, de Tous y Ascacíbar. La finalidad de la nueva empresa era construir “máquinas de vapor terrestres y marítimas, así como locomotoras para los ferrocarriles”, aunque llegó a fabricar todo tipo de construcciones metálicas y mecánicas, incluso barcos. Pero la contribución de la MTM “fue prácticamente nula en el ámbito de la marina mercante y significativa, pero muy tardía (primer tercio del siglo XX), en el de las locomotoras”.

Una de sus actividades destacadas fue la fabricación de máquinas de vapor. Entre 1856 y 1935, construyó 569 máquinas de vapor fijas (de las que tan sólo 18 fueron construidas a partir de 1901), y 59 marinas entre 1856 y 1900. Se trata de una cantidad significativa, pero bastante discreta si tenemos en cuenta, por ejemplo, que Boulton & Watt construyeron, sólo para el mercado inglés, unas 500 máquinas entre 1775 y 1799: un periodo muy anterior y mucho más corto. La cifra de 628 máquinas de vapor en 79 años no se puede decir, por tanto, que sea espectacular. De hecho, “a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, las realizaciones de la primera empresa española de construcciones mecánicas quedaron muy por debajo de los objetivos para los que había sido creada y dotada”.

En esto influyeron factores de demanda, pero también factores de oferta, como lo prueban varios hechos: el elevado número de máquinas de vapor importadas del exterior, la falta de exportaciones de La Maquinista y el mayor desarrollo de su gran competidor -Alexander Hermanos-. El hecho es que para sobrevivir (en 1860 ya contaba con unos 525 obreros) MTM hubo de diversificar sus actividades: “En compensación del déficit de las construcciones mecánicas, se benefició del auge de las construcciones metálicas. De 1868 a 1900, La Maquinista fabricó un total de 415 puentes, pontones, pasarelas y acueductos”. Las construcciones metálicas eran mucho menos complejas técnicamente, pero también menos rentables que las mecánicas, por lo que la empresa tuvo una baja rentabilidad hasta finales del siglo XIX, al igual que sucedió con sus dos rivales: Nuevo Vulcano y Alexander Hermanos.

El problema estuvo en que estas empresas se crearon en “tiempos de euforia, cuando se contaba con la reserva del mercado y se creía en la victoria incondicional del vapor”, pero la realidad fue muy distinta: La maquinaria extranjera pagó siempre unos derechos de entrada inferiores a los de las primeras materias que habrían podido servir para construir el equivalente en casa: en la pugna entre productores y consumidores (dirigidos por los algodoneros), la Dirección General de Aduanas se decantó regularmente a favor de los segundos.

El déficit carbonífero, que causó el fracaso de los altos hornos, y la adopción de la turbina, impulsaron el uso de la energía hidráulica: la máquina de vapor pesó mucho menos de lo que esperaban Esparó y sus contemporáneos en la industrialización catalana. A partir de principios del siglo XX, la tecnología del vapor comenzaba a estar obsoleta debido a la manifiesta ventaja para muchos usos de los motores de combustión interna, que empezaron a ser crecientemente demandados. Este es el motivo por el que La Maquinista fue convirtiendo a partir de entonces la fabricación de máquinas de vapor en una actividad marginal, abandonándola definitivamente en 1935.

Pero siguió siendo un importante fabricante de maquinaria. Sus productos más famosos en el siglo XX fueron las locomotoras de ferrocarril, pero también hizo su contribución como fabricante de motores de gas, que “resultaban mucho más flexibles que la máquina de vapor y, sobre todo, eran mucho más eficientes para las potencias pequeñas y medianas”. Estos motores los estuvo fabricando entre 1901 y 1920 bajo “licencia de la acreditada marca ‘Winterthur’, al amparo de la cual construyó más de 200 motores, con una potencia superior a 10.000 caballos, muchos de los cuales aun en 1944, al cabo de 35 años, funcionaban en diferentes industrias con una seguridad y perfección que les valió merecida fama”.

Pero volviendo al siglo XIX hay que decir que a pesar de sus límites, MTM hizo una contribución de primer orden a la modernización de la economía española, especialmente a través de sus máquinas de vapor fijas. De las 569 que construyó, 425 se quedaron en Cataluña, 141 fueron al resto de España, una a Filipinas y dos a Brasil. De las 425 destinadas al mercado catalán, 350 se dirigieron al sector industrial (260 al textil) y 39 al de los servicios. Las otras 36 tuvieron un destino desconocido. La concentración de sus ventas en el mercado nacional es un signo de la baja competitividad internacional de la empresa.

De hecho, las máquinas de vapor importadas del extranjero siguieron dominando el mercado español en esta época (quizá no en la industria algodonera, pero sí en el resto de sectores). Esto era debido a que la empresa catalana pagaba el hierro colado que importaba de Gran Bretaña al doble del precio que tenía en el puerto de embarque; este material representaba el 23,8 por cien del coste total de una máquina de 10 caballos, y el 43,2 por cien en una de 60 CV. Los salarios catalanes, más bajos en términos nominales, acababan por no serlo cuando se comparaban los rendimientos de los asalariados. Las máquinas extranjeras salían por fuerza más baratas. La única ventaja real de MTM o de Alexander debió de ser la afinidad cultural e idiomática, beneficiosa para los contratos, y la proximidad geográfica con el cliente, favorable para la elección, la instalación y la reparación del motor. A estas razones habría que añadir otra: la aparente escasa actividad innovadora de La Maquinista.

Desde luego, si nos fijamos sólo en el número de patentes registradas, parece que MTM invirtió muy poco en actividades propias de I+D. A pesar de ser uno de los grandes fabricantes nacionales de maquinaria, sólo registró siete patentes entre 1855 y 1919. Y, de ellas, tan sólo una tuvo relación con la energía del vapor: la que solicitó en 1890 por “un procedimiento para la condensación del vapor en el interior de un aparato cuyas paredes exteriores se hallan en contacto con la atmósfera”. La primera patente, solicitada en 1860, versaba sobre una “máquina para amasar la harina de pan”. La siguiente la solicitó en 1873 por una “máquina para dividir y cepillar los dientes de las ruedas cónicas dentadas”. La tercera fue la ya referida de 1890. Es decir, que en sus primeros 35 años sólo registró tres patentes y sólo una relativa a la energía de vapor.

MTM, por tanto, ni tenía tecnología propia (salvo que la hubiera mantenido en secreto), ni usó el sistema de patentes para incorporar tecnologías extranjeras relacionadas con la energía de vapor. Parece, por tanto, que su estrategia se basó en el uso de tecnologías que estaban libres de derechos de propiedad industrial, es decir, las más tradicionales y conocidas. Esta estrategia le bastó para introducirse con fuerza en un mercado como el español, que iniciaba entonces su proceso de modernización industrial basado en el vapor y que, por tanto, era un mercado prácticamente virgen. Pero no le bastó para alcanzar y mantener una suficiente cuota de mercado a medida que el mercado se iba saturando y se iba incrementando la competencia de otros fabricantes nacionales y extranjeros.

La única forma de superar los problemas del elevado coste del hierro, y de conseguir introducirse con más fuerza en sectores distintos del algodonero (y, por supuesto, de exportar), habría sido a través de la oferta de máquinas más innovadoras y competitivas. Es cierto que en la segunda mitad del siglo XIX la energía de vapor era ya una tecnología madura, donde el ritmo innovador era menor que en las nuevas tecnologías; pero ni mucho menos se interrumpió: siguió habiendo constantes innovaciones, muchas de las cuales se patentaron en España, tanto como reflejo de inventos originales como para introducir inventos extranjeros.

Entre 1851 y 1878 las patentes solicitadas en España relacionadas con la energía de vapor fueron 480: el 24 por 100 de las patentes que hicieron referencia a la energía motriz. Es importante hacer notar que en el periodo anterior (1826-1850), este porcentaje fue sensiblemente menor –el 16 por 100-, lo cual significa que la actividad “patentadora” en la tecnología del vapor aumentó a partir de 1851. Esto es lógico, si tenemos en cuenta que fue precisamente a partir de entonces cuando se difundió el vapor en la economía española. No deja de ser muy llamativo, por ello, que La Maquinista, uno de los primordiales protagonistas en este proceso, no registrara ninguna de las 480 patentes referidas. Pero, como es bien sabido, la ausencia de patentes no implica necesariamente falta de innovación.

La Maquinista pudo innovar al margen del sistema de patentes y, de hecho, lo hizo. La prueba más clara de ello es que en 1872 introdujo el sistema Corliss en la construcción de sus máquinas. Este sistema, patentado por el estadounidense George Henry Corliss (1817-1888) en 1849, fue una de las grandes innovaciones decimonónicas en la energía del vapor, pues solucionó en buena medida dos de sus mayores problemas al reducir sensiblemente el consumo de carbón y proporcionar una gran uniformidad en la transmisión del movimiento, permitiendo elevar tanto la calidad como la cantidad de la producción en las fábricas.

Esta tecnología se aplicó y difundió con mucho éxito en Estados Unidos durante las décadas de 1850 y 1860, y a partir de la Exposición Universal de París de 1867 fue “adoptada sin dilación alrededor del mundo”. Corliss no se preocupó de patentar el invento en España, por lo que cualquiera podría haberlo utilizado en este país, pero no hay constancia de que nadie lo hiciera hasta 1872. Las patentes Corliss expiraron en 1870 en Estados Unidos, el mercado donde Corliss había concentrado sus energías. A partir de entonces, “Corliss se convirtió en el nombre genérico para la gran mayoría de las grandes máquinas de vapor fijas producidas, a veces con nombres compuestos (como el sistema Harris-Corliss), que indicaban posteriores mejoras o modificaciones del diseño Corliss básico”.

La Maquinista se limitó a copiar la tecnología Corliss cuando ya estaba ampliamente difundida internacionalmente, sin solicitar ninguna patente relacionada con ella. Pero esto no le quita el mérito de haber sido –que conste- la introductora de esta tecnología en España. “El primer vapor MTM por el sistema Corliss llevó la fecha de 1872. Era una máquina de 40 CV que la sociedad incorporó a sus propios talleres. Al año siguiente los vapores MTM por el sistema Corliss ya fueron ocho, de un total de dieciocho; llegando su potencia a 840 CV sobre 904”, lo cual indica la gran importancia que tuvo esta innovación para La Maquinista.

De hecho, en un cartel anunciador de la empresa de fecha imprecisa se anunciaba de forma destacada la fabricación de máquinas sistema Corliss -“la más económica conocida hasta hoy”-, detallando que “esta Sociedad construye dichas máquinas, y para hacerlo con la precisión que su sistema reclama ha construido nuevas máquinas, herramientas necesarias al objeto. Esta sociedad, después de haber construido más de 40 máquinas de dicho sistema, ha puesto últimamente en marcha dos de la fuerza colectiva de 400 caballos efectivos”.

Pero el sistema Corliss se había introducido en Europa en 1862 a través de Gran Bretaña, donde en 1867 se habían fabricado al menos cincuenta máquinas de ese tipo y ya se fabricaban en Alemania y en Suiza. La adopción de esta tecnología por MTM veintitrés años después de que fuera patentada y una década después de su introducción en Europa, confirma la estrategia que parece haber seguido la empresa: copiar tecnologías extranjeras maduras y no protegidas por patentes. Otra posibilidad es que comprara licencias, aunque, por el momento, no tenemos constancia de ello (Sí lo hizo, como hemos visto, con los motores de gas que empezó a fabricar en 1901).

Parece, por tanto, que la única innovación propia de La Maquinista en el campo de la energía de vapor fue la patente a la que antes hemos hecho alusión, por “un procedimiento para la condensación del vapor en el interior de un aparato cuyas paredes exteriores se hallan en contacto con la atmósfera”. Dicha patente, solicitada el 9 de agosto de 1890, le fue concedida el 10 de enero de 1891 por un periodo de 20 años. El 10 de febrero de ese mismo año solicitó la acreditación de la puesta en práctica, que fue certificada el 2 de septiembre cuando el ingeniero oficial informó de que el invento estaba puesto en práctica en los talleres de la propia empresa en Barcelona. La patente estuvo en vigor más de once años: hasta el 26 de marzo de 1902, fecha en que la empresa decidió dejar de pagar la 12ª anualidad. Sin embargo, el hecho de que la patente se hubiera mantenido en vigor durante más de once años indica que el invento era bueno, por lo que a MTM le interesó mantenerlo protegido mucho más tiempo de lo que era habitual. Pero salvando este caso, se puede decir que el sistema de patentes tuvo una relevancia muy secundaria para La Maquinista Terrestre y Marítima y, especialmente, para su actividad de fabricación de máquinas de vapor.

Sin embargo, esto no impidió que se convirtiera en uno de los dos principales fabricantes españoles de máquinas de vapor, lo cual puede llevarnos a concluir que el sistema de patentes no fue un incentivo para las innovaciones tecnológicas llevadas a cabo por La Maquinista, que innovó al margen del sistema, utilizando tecnología ajena, a veces obsoleta, pero que para España era avanzada. Esto avalaría la tesis de que el sistema de patentes no es útil para incentivar la innovación tecnológica en un país atrasado, como era España en aquella época.

Sin embargo, como hemos visto, esta estrategia no fue buena, pues la empresa empezó a atravesar problemas debido a que vendía menos máquinas de vapor de las necesarias para rentabilizar sus inversiones. De hecho, para evitar la quiebra, tuvo que dedicarse a otras actividades. Quizá si hubiera recurrido antes y más al sistema de patentes, le habría ido mejor. Aun a falta de innovación propia, podría haber llegado a acuerdos de licencia con empresas extranjeras como Corliss para aplicar esas nuevas tecnologías antes de lo que lo hizo. Esto habría implicado gastos de licencia y, seguramente, habría incrementado las solicitudes de patentes extranjeras en España para proteger esos inventos, pero quizá habría hecho más competitiva a La Maquinista.

El caso de Corliss, más que la rapacidad de las multinacionales con los países subdesarrollados, pone de manifiesto su falta de interés en estos, ya que ni siquiera se planteó proteger su invento en España. Si lo hubiera hecho, seguramente su tecnología se habría difundido antes, y no cuando ya comenzaba a ser intercambiable o a quedarse desfasada con respecto a otras más modernas, por lo que sus efectos sobre el negocio de La Maquinista y sobre el desarrollo español habrían sido mayores.

Aunque no se pueda generalizar, quizá este sea un ejemplo histórico de cómo un mayor recurso al sistema de patentes podría haber favorecido y no perjudicado a un país subdesarrollado. De todas formas, no se puede olvidar que hubo otras variables –precio del carbón, limitaciones en la demanda, cualificación de la mano de obra, etc.- que pudieron pesar tanto o más que la tecnológica en los problemas del negocio de máquinas de vapor de MTM. Para explicar bien estos problemas es necesario conocer, entre otras cosas, el número y destino de las máquinas de vapor vendidas en España por los competidores nacionales y extranjeros.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Productos de La Maquinista Terrestre y Marítima

Locomotora "Berga" Nº 35 en Martorell, delante de la estación de Martorell-Enllaç. Estas locomotoras fueron fabricadas por La Maquinista Terrestre y Marítima en 1902 para el Ferrocarril Económico de Manresa a Berga. La locomotora Berga nº 31 se encuentra en el depósito de Martorell y fue adquirida en 1978 por la Associació d'Amics del Ferrocarril de Barcelona, aunque actualmente no está en orden de marcha. Uno de los trayectos que cubría era el de Martorell a Monistrol de Montserrat.

Estas locomotoras eran del tipo 0-3-0T, con un ancho de vía de 1.000 mm, longitud entre topes de 6,8 m, ancho de 2,5 m y alto de 3,7 m. Su peso en vacío era de 19 toneladas y en servicio llegaba a pesar 22,5 toneladas, con una potencia de 360 CV (285 kW) y un esfuerzo tractor de 3.250 Kg.

El diámetro de sus ruedas es de 920 mm. Los cilindros tienen 500 mm de carrera por 320 mm de diámetro. La presión de la caldera, de vapor saturado, estaba timbrada a 11,5 kg/cm2, con una superficie de calefacción de 47,58 m2.

Dispone de freno mecánico de estacionamiento y de freno de servicio de aire comprimido tipo Westinghouse. El compresor, a vapor, está a la derecha de la caldera y son característicos los tres depósitos de aire comprimido que tiene sobre la marquesina.

Perteneció a una serie de 18 locomotoras de características similares construidas para la compañía del Tranvía o Ferrocarril Económico de Manresa a Berga (TFEMB) por Krauss de Alemania (las 4 primeras), por Talleres Nuevo Vulcano de la Barceloneta, bajo licencia (las 2 siguientes), y por la Maquinista Terrestre y Marítima (MTM), también de la Barceloneta y bajo licencia (las 12 restantes). En el TFEMB recibieron los números 5 a 22. Al integrarse, a principios de los años veinte, en la Compañía General de Ferrocarriles, S.A. (CGFC) recibieron la nueva numeración de la 25 a la 42.

La primera fue construida en 1888 y entró en servicio regular el 1890. La última fue construida en1911 y entró en servicio el 23 de Septiembre del mismo año. En particular, la 31 fue construida por MTM el 1902 (con el número de fábrica 33) y entró en servicio 11 de julio del mismo año. Se le dio el nombre de "Serchs". En estado de origen disponían de carenado inferior de protección de los mecanismos (característico de las locomotoras de los tranvías de vapor), barra apartapiedras y una gran chimenea apagachispas para evitar el peligro de incendios a los campos próximos a la vía.

En los años veinte, con la unificación dentro de la CGFC se retiraron estos añadidos y, además, se instalaron el freno continuo de aire tipo Westinghouse y el tope y enganche actuales.
Dentro del TFEMB prestaron todo tipo de servicios entre Manresa y Berga. En la CGFC continuaron realizando sobre todo servicios de viajeros entre Manresa y Guardiola, y servicios de mercancías ligeros. Su poca potencia requería la realización de dobles tracciones en los tramos más inclinados de la línea. Por este mismo motivo, progresivamente fueron destinadas a la realización de maniobras en las principales estaciones: Barcelona-El Puerto, Barcelona-Magoria, Martorell-Enlace, Martorell-Central, Manresa, etc.

Durante los años sesenta, con la llegada de los tractores diesel de maniobras, fue retirada toda la serie. La última en servicio (la número 34) funcionó hasta el 1 de junio de 1969. La mayoría fueron desguazadas. La 31 fue reparada por MTM entre 1978 y enero de 1981 en Sant Andreu. Tras participar en la exposición Trenes y Estaciones en el Born, el 12 de Mayo de 1981 fue trasladada a Martorell donde inició las pruebas y los ajustes. Desde el 22 de noviembre de 1981, en que realizó el primer viaje, arrastraba trenes históricos periódicamente, quedando en situación de reserva desde la puesta en servicio de la locomotora 209 en 1997.

La Nº 28 fue construída por Krauss Lokomotivfabrik en 1896 con número de constructor 3480. Originalmente fue bautizada como "Gironella". Realizó toda clase de servicios entre Manresa y Berga, especialmente trenes de pasajeros y mercancías ligeros. Se jubiló en los años sesenta, fue comprada por el Ayuntamiento de Barcelona y la puso en un pedestal en el Parc de la Ciutadella, desde donde se trasladó al Museu del Transport de Catalunya de la Pobla de Lillet.

jueves, 27 de octubre de 2011

¿Máquina de vapor de 1905?

En el foro PENTAXEROS hemos encontrado dos fotografías de una supuesta máquina de vapor construida por la Maquinista Terrestre y Marítima de Barcelona, aunque más bien parece un motor de gas.

Trabajó en una fábrica de papel y se encuentra, en un parque, en el pueblo tarragonés de La Riba.

La Maquinista Terrestre y Marítima entre 1930 y 1955

Las imágenes y los textos están sacados del libro del centenario de la empresa. "La Maquinista Terrestre y Marítima, Personaje Histórico (1855 - 1955)", Alberto del Castillo.

Con objeto de buscar una solución que pusiera término a la huelga de metalúrgicos, el 28 de agosto de 1931, Joaquín Ribera, presidente de la "Unión Industrial Metalúrgica", y Cayetano Sánchez, presidente del "Sindicato Único de la Metalurgia", se reunieron con otros miembros de ambas corporaciones acordando establecer una nueva escala de salarios mínimos, aumentando en dos pesetas la de las bases de 1930. Y añadiendo para los aprendices, no menores de 14 años, los salarios de 3 a 6,50 pesetas, según los años de aprendizaje. Finalmente, para las mujeres que trabajaran en talleres mecánicos y de metalistería se fijaron los siguientes salarios: noyeras, 7 pesetas; oficialas, de 5 a 6 pesetas; auxiliares y ayudantes, de 3,50 a 4,50, y aprendizas, menores de 15 años, 2,50 pesetas.

La revisión de salarios para su aumento se haría dentro de los ocho días de reanudado el trabajo. Estas bases se establecían para los seis meses siguientes. Las aceptaron, además, los representantes del "Gremio de Cerrajeros y Herreros de Barcelona", de la "Asociación Patronal de Lampistas", de la "Asociación de Industriales Electricistas de Cataluña" y de la "Cámara Sindical del Automóvil". Con ellas se volvió al trabajo al finalizar el mes.

Era un momento de huelgas, aumentos de salarios, retraimiento del capital, encarecimiento de muchos artículos, baja en la cotización de los valores, falta de pedidos, situación delicada en la banca y depreciación de la peseta.

Las acciones de las dos grandes Compañías de ferrocarriles del Norte y de M. Z. A. — cuyo valor nominal era de 475 pesetas — desde abril a septiembre de 1931 descendieron de 447,50 y 381,50 a 262 y 195 pesetas, respectivamente.

En "La Maquinista" empezaban a sentirse los síntomas de crisis, general en la industria. El Director, Fernando Junoy, hacía una fugaz reaparición en la reunión del Consejo del 16 de octubre. Pero no estaba en modo alguno recuperado, teniendo la Dirección que seguir desempeñada por los Subdirectores Cornet y Serrat. Durante este año se produjo además la suspensión de pagos del Banco de Cataluña, que tanta sensación causó en los medios financieros barceloneses.

Durante el ejercicio de 1931 fue "La Maquinista" entregando hasta una veintena de locomotoras, completando así los pedidos pendientes de los tipos "1.400" y "1.700" de M. Z. A. Construyó además la serie de puentes encargados por la Compañía del Norte para su línea de Barcelona a San Juan de las Abadesas, grúas para diversos clientes, y otro tramo metálico que tendía sobre el Llobregat en virtud del pedido del Funicular Aéreo de Montserrat.

La crisis de trabajo adquiría caracteres agudos y en el Consejo surgían voces de alarma. Los pedidos en cartera y los que estaban en ejecución representaban escasamente unos doce millones de pesetas. Se procuraban por ello economías en los gastos generales. Ante el temor de que la carencia de pedidos de locomotoras persistiera largo tiempo — en los últimos diez años no se habían construido ni siquiera 1.000 kilómetros de vías férreas —, Sedó se mostraba partidario de emprender alguna otra especialidad de maquinaria, sugiriendo que la destinada a usos agrícolas, y la textil muy especialmente, podrían emplear con buenos frutos los elementos de trabajo de que se disponía. Sobre la marcha se acordó un viaje a Inglaterra para sentar las bases de una inteligencia con la Casa 'Platt Brothers", de Manchester, o con alguna otra firma importante en el ramo de maquinaria textil, a fin de poder ofrecer al mercado unos productos de solvencia técnica acreditada.

No había estado, mientras tanto, inactiva la Dirección interina de "La Maquinista" en lo que respectaba a procurarse nuevos campos de actividad que viniesen a llenar, aunque fuese parcialmente, el vacío dejado por la carencia de pedidos de locomotoras. Desde 1925 se contaba ya con una licencia para la construcción de motores Diesel que, aunque fuese otorgada por la firma alemana "Fried. Krupp Garmaniawerft" a la "Unión Naval de Levante", esta última hacía disfrutar a "La Maquinista" en virtud de convenio concertado al efecto. Pero las varias marcas de parecida solvencia que predominaban en el mercado aconsejaban al constructor no sujetarse exclusivamente a una de ellas, a fin de estar en mejor disposición de atender las preferencias de los clientes. Con tales miras "La Maquinista" concertó también con la Casa "Burmeister & Wain's" de Copenhague, en febrero de 1932, otro contrato de licencia para la construcción en España de los motores marinos de su sistema. Digamos de paso que la marina mercante española, aunque durante el último decenio se había mantenido sin cambios notables, aumentó después en más de cien mil toneladas de arqueo.

El proyecto de presupuestos generales del Estado que se presentó a las Cortes y fue aprobado el 31 de marzo de 1932, estimaba los ingresos en 4.550.248.192 pesetas y los gastos en 4.461.007.553.

"La Maquinista" se dolía, en términos de gran desconsuelo, de la pérdida definitiva de su inolvidable Director, Fernando Junoy Vernet, que moría el 25 de abril, tras la enfermedad que hacía algún tiempo había marcado el fin de sus actividades. Nacido en Gerona el 16 de junio de 1862, contaba 69 años de edad a su fallecimiento y hacía casi tres que el excesivo trabajo había minado su salud. Desde la terminación de la carrera de ingeniero industrial, cuyo título obtuvo en 1881, a los 19 años de edad, había ingresado en "La Maquinista"', de la que fue nombrado Director en 1894 por sus destacados merecimientos. Digamos también que desempeñó los cargos de Presidente e Ingeniero Director de la "Electro-Metalúrgica del Ebro, C. A." desde su creación en 1904. Él fue quien, adelantándose a su tiempo, concibió la idea de establecer una central hidroeléctrica en Sástago, sobre el Ebro, de una potencia de 4.125 C.V., cuyo estudio y ejecución dirigió personalmente. Más tarde llegó a la realización de otro aprovechamiento en el mismo río para obtener 22.600 C.V., el cual surtía de energía a Cataluña a través de la Sociedad "Riegos y Fuerza del Ebro". En ambas obras colaboró grandemente "La Maquinista", ya que muchos de los elementos de las mismas fueron construidos en sus talleres.

La cámara captó desde un avión esta hermosa panorámica parcial de la Ciudad Condal, en la que aparecen los talleres de la Barceloneta vistos desde su parte posterior, que linda con el mar. En segundo término, a la derecha, las dos arcadas gemelas de la cubierta de andenes de la estación de Barcelona-Término.

Fruto de los convenios de "La Maquinista" con las Casas extranjeras a que aludíamos poco antes fue la construcción que emprendió, a mediados de 1932, de dos motores Diesel propulsores de 6 cilindros que debían desarrollar una potencia de 2.530 HP. equivalentes a unos 1.950 BHP., a 125 revoluciones por minuto. Dichos motores eran del tipo "Burmeister & Wain's" y se destinaban al buque-tanque "Campilo" que la "Unión Naval de Levante" construía en sus astilleros de Valencia por encargo de la CAMPSA. Fueron después, dos equipos más, éstos del tipo Krupp, los que le encargaban la "Compañía Euskalduna" y la "Sociedad Española de Construcción Naval" para sendas motonaves gemelas de 6.300 toneladas de carga, que construían en sus respectivos astilleros de Bilbao, con destino a la flota de la "Compañía Transmediterránea". Se trataba de motores directamente reversibles como los anteriores, de 6 cilindros y simple efecto, pero funcionando en ciclo de 2 tiempos. Podía desarrollar cada motor una potencia normal de 2.500 caballos de vapor efectivos a 120 revoluciones por minuto. Estos motores se demostraron como excelentes en la práctica y consagraron definitivamente a "La Maquinista" en su nueva e importante especialidad.

Desde los años de la Exposición Universal habían cesado las grandes construcciones urbanísticas en Barcelona. Pero al propio autor del proyecto del Metro Transversal de "Barcelona — el ingeniero Reyes — se debió también, en 1932 otro proyecto para unir las líneas de los ferrocarriles de M. Z. A. y del Norte, en una gran estación central subterránea en la plaza de Cataluña. Llegaba la idea en un momento oportuno para ayudar a las industrias metalúrgicas y constructoras en la profunda crisis que venían soportando. El Fomento del Trabajo Nacional, cuya presidencia ocupaba Luis Bosch-Labrús, creyó viable este proyecto — cuyo presupuesto ascendía sólo a cuarenta y cinco millones de pesetas — y realizó gestiones cerca de la Unión Industrial Metalúrgica, de la Asociación de Banqueros, de las Cámaras de Comercio, Industria y Propiedad y del Instituto Agrícola Catalán de San Isidro, con objeto de fijar el criterio a seguir para lograr su realización.

Iba transcurriendo así el año 1932. Construía "La Maquinista" varias calderas y cajas de fuego para M. Z. A. y un par de locomotoras pequeñas para los Caminos de Hierro de Granada (Baza-Guadix); reparaba la instalación de máquinas de vapor de la Azucarera Alavesa y, para el F. C. Central de Aragón, se construían dos puentes giratorios articulados de 30 metros de diámetro, tipo Vogele, varias grúas hidráulicas y un tramo sobre el río Pancrudo. Se encargaba de la cimentación por aire comprimido de una pila en el puente sobre el río Matarraña de la línea de Zaragoza a Barcelona. Concluía un buen número de cisternas para la "Material", un puente grúa de 150 toneladas para la "Naval", 3 carros transbordadores de 30 toneladas para la "S. A. Cros", y una serie de pequeñas bombas para la "Worthington" española, mientras adelantaba la construcción del Puente Barquero y de un lote de grúas para el Puerto de Barcelona. Con grandes esfuerzos, este ejercicio logró también salvarse del déficit; bien es verdad que tampoco hubo dividendo repartible.

"Dicho resultado — decía poco después la Memoria — es inevitable consecuencia de la persistente crisis que sufre la industria, agravada por la consiguiente agudización de la competencia, que obliga a limitar todo lo posible los precios de las ofertas para alcanzar pedidos." La evolución emprendida no había sido fácil. Se había obtenido a costa de callado sacrificio y de poner a contribución esfuerzos considerables — bancos de prueba, utillaje especial, maquinaria adecuada, personal técnico especializado, coste antieconómico de toda nueva construcción — que fueron otros tantos obstáculos interpuestos en el camino recorrido, precisamente en una época de tremenda crisis. ¿Qué de extrañar tiene, pues, que los balances de "La Maquinista" fuesen acusando progresivamente el signo negativo de los tiempos?

"La Maquinista" buscaba ansiosamente trabajo. En primero de enero de 1933 llegó a la firma de un contrato de colaboración con la Casa "Platt" para la construcción de su maquinaria textil en España con carácter de licenciado exclusivo de dicha marca. Concertó también otro para la venta de tal maquinaria con la firma local "Bastos y Compañía", hacía tiempo introducida en dicho ramo, que ostentaba ya la representación de aquella Casa inglesa.

Presentaba además una oferta al concurso convocado por M. Z. A. para la adquisición de ocho automotores Diesel eléctricos y tres remolques. Intervenía activamente también en la reorganización del Consorció Nacional para electrificaciones ferroviarias, constituido por los elementos nacionales que podían cooperar a la electrificación de los ferrocarriles, elementos entre los cuales se contaba "La Maquinista".

Al Consejo celebrado en 27 de marzo de 1933 se presentaba un informe de las reducciones efectuadas en los gastos generales. El Consejo excitó a la Dirección a proseguir en la revisión de los citados gastos así como a estudiar nuevas actividades a las que dedicar el potencial industrial de que disponía, para hacer menos sensible la crisis de trabajo.

A fin de salir del punto muerto a que se había llegado en materia de construcción de material ferroviario, suscribía "La Maquinista" — conjuntamente con las Casas "Babcock", "Euskalduna" y "Naval" — una exposición dirigida al ministro de Obras Públicas, proponiendo el estudio de un plan de sustitución de las locomotoras antiguas o deficientes de las Compañías de ferrocarriles, proposición mediante la cual obtuvieron de momento que se nombrara una Comisión mixta compuesta por representantes del Estado, de las Compañías y de los constructores, la cual formuló a no tardar una propuesta de adquisición de 282 locomotoras, 80 de ellas para ser concursadas dentro de 1934.

La situación de las industrias metalúrgicas catalanas no era nada halagüeña, cuando el Gobierno se mostraba dispuesto a adquirir una partida de 120 tractores construidos en Trubia. El Fomento del Trabajo Nacional, el 18 de abril de 1933, recababa ante tal propósito la necesidad de que la protección estatal no se limitara a una sola fábrica del país y propugnaba la creación de unos tipos "standard" construíbles por todas ellas en igualdad de condiciones, ya que a todas afectaba la escasez de trabajo.

Noticioso de una próxima Ley que iba a declarar su incompatibilidad con el cargo de Consejero en "La Maquinista", dimitió Eduardo Maristany. En cambio, Carlos Maristany optó por renunciar a los cargos que desempeñaba en la Compañía de M. Z. A. y por tanto continuó en la presidencia de "La Maquinista". Pero quedaba por proveer la Dirección. Así pues y habiendo desaparecido con el fallecimiento de Fernando Junoy la causa que, al enfermar éste, motivó el acuerdo de habilitar a los Subdirectores José Mª Cornet y José Serrat para que se encargaran provisionalmente de la Dirección de la Compañía, fue nombrado Cornet para el cargo de Director en propiedad, y Serrat asumió la dirección técnica de los talleres y de las obras.

La producción del año 1933 se caracterizó por su gran heterogeneidad, que puso de manifiesto el afán de los directivos de "La Maquinista" en capear la situación, sin llegar al despido de personal, aunque una gran parte de él sólo pudo trabajar, durante la mayor parte del año, dos tercios del tiempo normal. Reparaba locomotoras y calderas, construía un motor de gas pobre de 100 HP. y una máquina de vapor de 70 HP., unas cajas de evaporación, tanques para gasolina, un depósito para agua de mar y otros extraños recipientes, una caldera de 2.500 metros cuadrados de superficie de calefacción para un pueblecillo de la provincia de Málaga, unas máquinas de perchar y hasta una máquina de triturar chatarra. Los beneficios del ejercicio fueron, naturalmente, nulos. Menos mal que quedaba en cartera el pedido de nueve locomotoras, cuatro de ellas para la Compañía Nacional de los Ferrocarriles del Oeste de España y cinco para la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces, aparte de otro encargo de cuatro automotores Diesel eléctricos para M. Z. A.

Hacía algún tiempo que los obreros metalúrgicos barceloneses solicitaban les fuera concedida la semana de 44 horas de trabajo. Presentaron el asunto al Jurado Mixto que, en mayo, lo rechazó. Apelaron entonces al Consejo provisional de Trabajo de la Generalidad y — aunque éste a menudo funcionaba de acuerdo con las imposiciones obreras — ratificó el fallo del Jurado. Pero se dio el caso de que el Consejero de Trabajo de este organismo, habida cuenta de que parecía ya inminente que se haría dicha concesión a los metalúrgicos de Madrid, Zaragoza y Valencia, acordó otorgarla a los de Cataluña. Al propio tiempo, el 2 de junio, hizo extensiva la concesión a los siderúrgicos y publicó las bases de trabajo de unos y otros en el Boletín de la Generalidad.

La Unión Industrial Metalúrgica entabló recurso contra tal decisión y, el 16 de junio, pidió apoyo a la Junta de Enlace de Entidades Económicas. Las repercusiones que tendría en la producción y en el coste se veían agravadas todavía más en el caso de la siderurgia, ya que eran sólo los altos hornos de Cataluña los que tropezaban con tal concesión. Las Sociedades "Material para Ferrocarriles y Construcciones, S. A.", "Torras, Herrería y Construcciones, S. A." y "Altos Hornos de Cataluña, S. A." protestaron ante la precisión de tener que interrumpir doce horas semanales más la marcha normal de los trabajos con grave perjuicio de los hornos, cuya duración media de seis meses quedaría reducida en un 25 por ciento, a la par que se les obligaba a un gasto inútil de carbón para mantener en ellos la temperatura. Y pidieron que por lo menos no se aplicara hasta que estuviese en vigor el nuevo horario en las fábricas del Norte de España, Asturias y Levante.

La imposición del nuevo horario con carácter interino en varias industrias vino a agravar los males de tal manera que, ya el 21 de agosto, se creaba una Comisión Especial encargada de elaborar un Estatuto nacional del trabajo, y se publicaba en la Gaceta la convocatoria para el mes de septiembre de una Conferencia Nacional Sidero-Metalúrgica que debía solucionar el conflicto, designándose representaciones de los patronos y obreros y del Estado.

Por otra parte, se tendió a solucionar la crisis que atravesaba la industria nacional dedicada a la construcción de motores de gasolina, por falta de protección arancelaria. Después de los esfuerzos que muchas fábricas y talleres realizaron en la postguerra para nacionalizar la producción metalúrgica, se habían producido numerosos quebrantos debido al trato de favor de que disfrutaba la importación de motores destinados a mejorar la agricultura, puesto que sólo abonaban 30 céntimos por kilo. Y como tales motores se importaban muchos que se instalaban en industrias y que legalmente no debían acogerse a aquella partida. Con ello resultaba que las primeras materias que — con un peso total de 445 kilos — entraban en la construcción de un motor debían pagar de derechos 268,89 pesetas, mientras que un motor terminado, cuyo peso era de 410 kilos, importado como motor agrícola, pagaba sólo 128 pesetas. La competencia era, pues, ruinosa si no se modificaba la legislación arancelaria o se fijaba el cupo de importación y se atendía a su verdadero uso posterior.

La pérdida en las construcciones se había hecho casi endémica y por unas u otras causas el importe presupuestado siempre resultaba corto en relación con el coste real.

Hubo de recurrir "La Maquinista" al despido de obreros, ya que el exceso de personal respecto al volumen de trabajo era evidente; a las jubilaciones anticipadas, a la supresión de la Comisión Delegada y, en fin, a un plan enérgico de economías. Con todo, se llegaba al final del ejercicio con un déficit oficial de 1.150.234,50 pesetas, aunque el real era mucho mayor, como se demostraba en el balance de 1935, al liquidar las obras realizadas sólo en parte durante 1934.

También la producción había revestido en 1934 una gran variedad, signo evidente de la necesidad de aceptar pedidos del género que fuera. A los trabajos que podríamos llamar habituales, cual elementos de locomotoras, apisonadoras y motores, se juntaban instalaciones para fábricas azucareras, partes mecánicas de chigres eléctricos, norayes, generadores de vapor, recuperadores de calor, maquinaria refrigeradora, un horno de cal, y varias compuertas "Stoney" para la Central de Terradets, además de las que se construían por encargo de la Casa alemana M.A.N. Se entregaban los motores para el buque "Campilo" y se iniciaba la construcción de cardas de chapones del tipo "Platt" con nueve unidades, vendidas por conducto de "Bastos y Cía.".

También se había puesto en marcha una reorganización a fondo de los talleres, tal vez regidos todavía por métodos que habían sido superados por las modernas tendencias. El cálculo de los costes por procedimientos de la máxima exactitud se había convertido en una necesidad de primer orden. Y lo era también el conocimiento de un balance día por día para examinar dónde y en qué momento se desequilibraba el presupuesto y aplicar las oportunas medidas. El Consejo y la Dirección invirtieron varias sesiones en discutir todos los detalles del plan, en el que figuraban como anexos diversas conversaciones que deberían celebrarse con entidades bancarias para la obtención de los créditos necesarios. No tardó, en efecto, en conseguirse la efectiva ayuda del Banco Hispano Colonial y del Urquijo, así como otra colaboración del Banco Hispano Americano.

El año 1935 ofreció mejores perspectivas para "La Maquinista". Se había recibido el pedido de dos locomotoras Diesel de maniobras encargadas por M. Z. A. y la Compañía del Norte se mostraba interesada por el resultado de estas máquinas, que podrían ser también adoptadas por otras Compañías. Se esperaba un pedido de veinte locomotoras y se iba a construir también otro equipo de motores de propulsión con destino al nuevo buque, gemelo del "Campilo". que tenía en grada la "Unión Naval de Levante".

A mediados de 1935 empezaron a surtir saludables efectos las medidas adoptadas en "La Maquinista". Se habían logrado algunas economías, el rendimiento del personal iba en aumento a medida que se establecían los métodos de trabajo con incentivo y las pérdidas endémicas que venían registrándose se habían cortado de raíz, sobre todo a partir del segundo semestre.

Prosiguiendo en su empeño de crearse fuentes de trabajo, la Sociedad había firmado con la casa "Burmeister & Wain's" un nuevo contrato de licencia para la construcción de motores rápidos. Y otro con la casa "Babcock & Wilcox" para la construcción de trenes voladores del tipo Burmeister, en el sentido de construir "La Maquinista" los motores y bogies y la "Babcock" las cajas.

Había entregado a la Compañía de M. Z. A. la primera locomotora de maniobras, con rotundo éxito, existiendo la creencia de que podían recibirse otros encargos de estas máquinas, que con los motores Diesel rápidos, la reparación de vagones que había emprendido recientemente y la construcción de grandes motores Diesel marinos, señalaban las nuevas orientaciones de "La Maquinista" en materia de trabajo. Hay que destacar que se habían entregado también algunas instalaciones de calderas de cámaras seccionales y de tubos de agua, ejecutadas bajo licencia de la casa alemana "Borsig", la más importante de las cuales era la que construía para la calefacción de la Ciudad Universitaria de Madrid.

Se habían entregado también algunas locomotoras de nueva construcción — cuatro para los Ferrocarriles del Oeste de España, y cinco para los Andaluces —, una pareja de calderas para un buque destinado a Méjico que se construyó en Cartagena, los equipos de propulsión para las motonaves "Dómine" y "Fernando Poo", seis grúas para el puerto de Tarragona, otra para el puerto de Adra, varias cardas de chapones y diversos elementos de recambios para locomotoras, amén de haber realizado un buen número de reparaciones de vagones y de locomotoras, un puente sobre el río Albaida, en la línea de Encina a Valencia, diversas instalaciones para azucareras y otras de varios géneros.

En conjunto, la actividad había sido bastante importante durante el año 1935 en "La Maquinista". Ello no obstante, el balance era negativo, pues se liquidaba con una pérdida de 2.129.356,11 pesetas. Justo es reconocer, sin embargo, que la mayor parte de la pérdida provenía de ejercicios anteriores y que tenía como contrapartida la experiencia técnica obtenida y el estado de preparación en que quedaban los talleres para emprender con provecho obras, que al ser ejecutadas por primera vez, era difícil que pudieran producir beneficios.

La Memoria del ejercicio recogía estas impresiones y se mostraba moderadamente optimista, aunque reafirmando a pesar de todo la solidez económica de la Sociedad. Se registraba como nota satisfactoria la entrega del primero de los cuatros coches automotores encargados por M. Z. A. y se anunciaban varios pedidos de importancia. Uno de ellos estaba ya en ejecución al finalizar el 1935. Consistía en un gasómetro de disco, proyectado por la Casa "Maschinenfabrik Augsburg Nüremberg (M. A. N.)", que la "Catalana de Gas y Electricidad" de Barcelona encargó a dicha firma y cuya construcción y montaje había sido confiada por ésta a "La Maquinista". Sus enormes proporciones, que permitían el almacenamiento de 100.000 metros cúbicos de gas, le daban un peso de más de 1.000 toneladas. Emplazado en la barriada de Pueblo Nuevo, cerca del mar, su elevada silueta resulta visible desde cualquier punto medianamente elevado de la ciudad.

La declaración de "La Maquinista" como empresa colectivizada, con aprobación incluso de nuevos estatutos que fueron inscritos en el Registro Mercantil, se consumó el 6 de febrero de 1937. Contaba entonces con unos 1.300 trabajadores; de ellos, 850 en la Barceloneta y el resto en San Andrés.

Acabada la Guerra Civil grandes eran los destrozos, principalmente en los talleres de la Barceloneta. Sin embargo, no alcanzaban la gravedad temida. La sección de calderería de puentes estaba completamente destruida y varias importantes máquinas averiadas de consideración. Pero las secciones principales, como fundiciones y forja, no habían sufrido prácticamente daño alguno. Los talleres de San Andrés se encontraban intactos y con su maquinaria, aunque abusada, casi completa. Era mucho más de lo que la Dirección se hubiera atrevido a esperar y por ello su satisfacción no tuvo límites.

Con las primeras brigadas disponibles empezó "La Maquinista" su participación en la labor de reconstrucción de infraestructuras. Desde el día 30 de enero de 1939 emprendió los trabajos para dar circulación por el puente sobre el río Llobregat en el Prat, circulación vital para Barcelona, que quedó restablecida el 3 de marzo, después de ejecutar a la perfección trabajo tan arriesgado como el de trasladar a un kilómetro de su emplazamiento un puente de 120 toneladas de peso, sin desmontarlo y sometiéndolo luego a un lanzado, a pesar de tratarse de una obra del año 1884. Mientras tanto, el día 10 de febrero había salido de los talleres la primera locomotora reparada. El 12 de marzo quedaba restablecida la circulación por el puente de San Celoni, permitiendo el paso de los trenes hasta Gerona. El 29 de mayo quedaba terminada la primera etapa de reparación de los puentes sobre los ríos Ter y Fluviá, que hacía posible el acceso ferroviario hasta la frontera francesa por Port-Bou.

Simultáneamente se llevaba a cabo la restauración de las propias instalaciones y se emprendía la reorganización técnica de los talleres, racionalizando la producción y estableciendo una adecuada y eficiente preparación y distribución del trabajo.

Ante el elevado rendimiento que habían demostrado en servicio las locomotoras "1.700" proyectadas y construidas por "La Maquinista", la Compañía de M. Z. A. decidió la construcción de un nuevo tipo de locomotora también "Montaña" que, reuniendo las características esenciales de aquéllas, pudiesen desarrollar una mayor potencia, con el fin de satisfacer las condiciones exigidas por el aumento constante de peso y velocidad de los trenes expresos. Éstas fueron las locomotoras serie "1.800", la primera de las cuales fue entregada ya en julio de 1939. En el segundo semestre de ese año se construyeron todavía otras nueve unidades de esta serie. Era maravillosa su estabilidad de marcha a las más altas velocidades, pero la adquisición de buenos carbones y especialmente de los aceites que su alta temperatura de recalentamiento requería, creó tantas dificultades una vez declarada la segunda guerra mundial, que se desistió de construirlas en mayor número.

Terminado el ejercicio, se registraba un superávit relativo por los once meses de trabajo. No obstante, en el balance hubo de figurar una partida de "Resultas de ejercicios cerrados a amortizar" que importaba la enorme cifra de 9.706.514,96 pesetas, lastre que inevitablemente había de gravitar sobre el futuro desenvolvimiento económico de la Sociedad, máxime teniendo en cuenta que por entonces el capital de la misma seguía siendo de veinte millones.

A más de sesenta millones de pesetas ascendía el importe de los pedidos en cartera, pero aparte de las actividades normales de los talleres, representadas ahora principalmente por las locomotoras y los grandes motores Diesel, "La Maquinista" se disponía a extender su campo de actividades sentando firmemente los jalones de una expansión que se preveía necesaria e inaplazable.

Como consecuencia del plan de reorganización trazado por "La Maquinista", fue necesario concentrar en San Andrés las secciones de Maquinaria y trasladar parte de la Calderería, radicada en la factoría de la Barceloneta. Pero a mediados de 1940 y en pleno desarrollo dicho plan, la construcción de maquinaria textil suscitó un problema al que hubo que prestar especial atención. Por una parte el Consejo y la Dirección juzgaban del máximo interés extender el campo de actividades en este ramo. Por otra, la realización de tal proyecto tropezaba con el inconveniente de no disponer de un departamento exclusivamente dedicado a esta especialidad, muy distinta de la construcción de locomotoras y de motores Diesel y que, al adquirir mayor volumen, no podía quedar diluida en el conjunto de las demás, so pena de ocasionar perturbaciones que convenía soslayar.

En esta situación se presentó oportunidad de adquirir un taller en marcha, el que poseía en Manresa la entidad denominada "Maquinaria Industrial, S. A.", consagrado exclusivamente a maquinaria textil, convenientemente utillado y con personal idóneo. Era la solución ideal del problema, ya que permitía, a la vez que unificar la producción de los talleres de "La Maquinista", ampliar la de maquinaria textil a otras máquinas que las cardas de chapones, únicas que venía construyendo desde que estableció su convenio con la Casa "Platt".

El proyecto prosperó, y tras del estudio económico a que fue sometida la operación, "La Maquinista" adquirió una participación mayoritaria en el capital de "Maquinaria Industrial, S. A.", pasando a ejercer el control y la dirección de aquella Sociedad y de sus talleres, que así quedaron virtualmente convertidos en la sección de maquinaria textil de "La Maquinista".

El convenio con los anteriores propietarios se firmó en julio de 1940 y la intervención de "La Maquinista" ha continuado hasta nuestros días. A ella se debe el crecimiento extraordinario y el mejoramiento técnico que ha experimentado "Maquinaria Industrial, S. A.", hasta ser hoy una de las más potentes y acreditadas industrias del país.

Debido a las dificultades creadas por la guerra mundial y ante las necesidades de material con que luchaban las distintas Compañías, se acordó por parte de las de M. Z. A. y Oeste-Andaluces, adoptar un tipo de máquina "twelve wheeler" de gran potencia y esfuerzo de arrastre, pero lo más sencilla posible en cuanto a manejo y entretenimiento. Se escogió como modelo el de las locomotoras serie "4.251-55" que "La Maquinista" había construido para la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces en el año 1935. Este tipo, con ligeras variaciones para unificar los criterios de las dos Compañías, dio origen a la serie "2.400". De su éxito dará idea el hecho de que entre "La Maquinista", "Babcock & Wilcox", "Euskalduna" y "Material y Construcciones" han llegado a construirse alrededor de 250 unidades hasta el momento actual.

Deseosa la Compañía del Norte de resolver el problema del transporte de grandes trenes en la zona carbonífera de León y especialmente en el duro trayecto de Torre a Brañuelas, en el que existen rampas de hasta 22 metros por kilómetro, encargó a "La Maquinista" — que en estos momentos aumentaba su capital social a cuarenta millones de pesetas — la construcción de la locomotora tipo "Santa Fe". Por vía de ensayo se construyeron dos unidades que respondieron de tal modo a las esperanzas puestas en ellas, que las pruebas y entrega de la primera fueron celebradas como verdadero acontecimiento y auténtico triunfo de la técnica nacional. El día 6 de octubre de 1942 se congregaron en la estación de Barcelona-Término multitud de autoridades e invitados para el primer viaje oficial, en un recorrido simbólico que terminaba en Villanueva y Geltrú.

En el andén se hallaban las primeras autoridades barcelonesas, además del Consejo en pleno y de la Dirección de "La Maquinista", entre cuyos miembros figuraba Armando R. Flobert, Subdirector de la RENFE, a la vez patrocinador y colaborador en el proyecto de tan celebrada máquina.

El éxito de la máquina — que pesaba en servicio 140.000 kilos — fue resonante y definitivo. "La Maquinista" construyó veintidós unidades de este tipo.

"La Maquinista", que había empezado construyendo sólo grandes unidades de equipos propulsores marinos, emprendió desde 1942 la construcción de motores medianos para buques pesqueros o de cabotaje, alcanzando en 1945 una producción anual de 12.600 caballos.

La puesta en servicio de la nueva nave de montaje de motores Diesel, inaugurada en 1944, le permitió extender el campo de aplicación de los mismos. En julio de 1945 pudo entregar el primer motor estacionario del nuevo tipo "M29" destinado especialmente a equipar grupos de reserva entre 300 y 600 caballos, motor al que sucedía el del tipo "M20", también para usos estacionarios.

Mientras se desarrollaba la producción de estos motores de mediana potencia, renació la actividad en la construcción de grandes equipos propulsores, construidos en este momento bajo las licencias de "Burmeister & Wain" y "Sulzer", no pudiendo utilizarse las patentes "Krupp" a causa de la guerra. Con la inclusión de varios pedidos de estos grandes motores se llegó a alcanzar años más tarde — en 1949 — la cifra de 19.600 caballos anuales.

Poco a poco se atenuó el aislamiento internacional económico a que España estuvo sometida y que quedó definitivamente superado en 1953 en cuyo mes de agosto — el día 26 — se firmó el nuevo Concordato con la Santa Sede, firmándose el 26 de septiembre los acuerdos entre los Gobiernos de España y los Estados Unidos, uno defensivo, otro de ayuda económica y el tercero para mutua defensa. España se integraba en el sistema militar occidental, reforzando la defensa del continente europeo. Posteriormente, en mayo de 1955, ambos países firmaron un concierto de ayuda naval.

El esfuerzo no se interrumpió y sus metas se vislumbran cada vez más próximas. En los últimos años adquirió notable impulso la producción de materias y construcciones fundamentales para el desarrollo industrial: carbón, acero, energía eléctrica. Se incrementó la marina mercante y la de guerra. Mediante la creación de empresas paraestatales emprendióse la producción de carburantes y lubricantes, la de fertilizantes, celulosa y fibras; progresó la motorización del país en vehículos de transporte y turismo, tractores y motores de aviación.

Unificáronse los ferrocarriles de vía de ancho normal, formando la Red Nacional de Ferrocarriles Españoles. Se intensificó la electrificación de líneas y se modernizó el material tractor y móvil.

Aprovechando parte de las ventajas que demostró la serie de unidades de la locomotora "Santa Fe", se proyectaron luego y fueron construidas por los mismos talleres hasta 57 locomotoras "Montaña" de la serie "2.700", para la RENFE, máquinas que se entregaron entre el 31 de agosto de 1944, fecha en que salió terminada la locomotora "2.701", primera de la serie, y el 6 de agosto de 1953, en que se efectuó la entrega de la última. Forzoso es relacionar tan dilatado plazo de construcción con la penuria de primeras materias que padeció "La Maquinista" durante este tiempo, concentrada principalmente en la insuficiencia del suministro nacional de aceros laminados. Es más, si pudo acelerar a última bora la entrega de estas máquinas fue merced a haber sido autorizada para importar un lote de materiales del extranjero.

Aunque, por fortuna, el problema entró luego en vías de solución definitiva, su prolongada permanencia ha causado fuerte daño. Basta leer las últimas Memorias anuales de "La Maquinista", donde tan reiteradamente se hace alusión a él, para darse cuenta de hasta qué punto ha perturbado su normal desenvolvimiento y de las posibilidades que ha debido sacrificar por esta causa. Incluso las de exportación, pues la primera que se concertó con los Ferrocarriles Portugueses en abril de 1944 para el suministro de dos de las seis locomotoras que abarcaba el pedido, quedó empañada en su brillante e innegable éxito técnico por el desmesurado retraso de la construcción. Posteriormente se malograba otra operación de mayor importancia con Chile ante la imposibilidad de garantizar el plazo de entrega exigido.

De otras consecuencias cabe hablar todavía. El hecho, que pudiera parecer anómalo, de que se hayan construido recientemente en España máquinas del tipo "Mikado" con planos ingleses, se explica por la sola razón de que aquel país estaba en condiciones de proporcionar con mayor rapidez las primeras materias necesarias. Y ha sido lamentable que tuviera que truncarse así la tradición de continuidad de los proyectos españoles de locomotoras de vapor en nuestros ferrocarriles más importantes, tradición que se había mantenido invariablemente a lo largo de los últimos treinta años.

La insuficiencia del potencial instalado en España para la producción de energía eléctrica se puso de manifiesto ante el ritmo vertiginoso que adquirió la industrialización del país. Las empresas privadas desenvolvieron hasta el máximo sus posibilidades de ampliación, mas el déficit subsistía, conjugado con las adversas circunstancias meteorológicas. El Estado desarrolló por su parte un vasto plan de nuevas centrales hidroeléctricas cuya realización paulatina aumentó considerablemente las disponibilidades de energía, que, junto con las centrales térmicas en proyecto, es de esperar lleguen a saturar por completo la demanda.

No estuvo ausente "La Maquinista" en el esfuerzo nacional para la solución de tan importante problema, ya que tomó parte en muchas e importantes obras de todo género. Entre otras, corrió a su cargo la construcción de esenciales elementos mecánicos para la presa de Flix. Construyó las tuberías de alimentación para el salto de Los Peares, las tuberías forzadas de Viella, Benós y Artíes, la de Argoné, las de Espot y San Mauricio, la de Las Conchas, y las de Vilaller y Llesp, completándolas además con compuertas, ataguías, grúas y otros mecanismos.

La unión de tubos de tan grandes dimensiones — la tubería de Los Peares mide 4 metros de diámetro —, que tradicionalmente venía realizándose a base de remaches, se efectúa modernamente por el sistema de soldadura eléctrica. "La Maquinista" introdujo el procedimiento de forma gradual y con las precauciones y asesoramientos necesarios. La primera obra importante realizada por el nuevo sistema fue la tubería forzada de Viella. Tanto para este trabajo, como para la tubería de Las Conchas ejecutada posteriormente, se procuró el asesoramiento e inspección de expertos de la renombrada casa suiza "Escher Wyss".

La situación mundial y el cambio producido con respecto a España permitió, en 1946, que "La Maquinista" aumentara su capital social a sesenta millones de pesetas.

Las acciones de la Sociedad se consolidaban de día en día hasta alcanzar la máxima cotización en 1947 al realizarse operaciones al tipo de 279 por ciento.

Desde 1939, las visitas de personalidades se consignan en el llamado "Libro de Oro" de la Sociedad. En primera página figura la firma autógrafa del Jefe del Estado, Generalísimo Franco, quien visitó los talleres de San Andrés el día 24 de mayo de 1947, fecha que "La Maquinista" recuerda con entrañable satisfacción. El día fue declarado totalmente festivo en la Empresa, aunque los talleres de San Andrés trabajaron a fin de que S. E. pudiera verlos en su normal actividad. El personal de la Barceloneta se trasladó en masa a San Andrés. Allí estaban, junto a nuestras primeras autoridades, el Consejo de "La Maquinista" en pleno, presidido por Mariano Traver.

"La Maquinista" se había vestido de gala para recibir al Caudillo. Tanto la entrada de las edificaciones como las avenidas qne las comunican entre sí, estaban adornadas con altos mástiles en los que ondeaban grandes banderas nacionales. De todos los huecos colgaban asimismo tapices y damascos.

Sobre las once y media de la mañana llegó el Generalísimo, a quien acompañaban los ministros de Hacienda, Obras Públicas, Industria y Comercio y Gobernación. Estaba a la sazón terminada y a punto de entrega la primera de las locomotoras destinadas a los Ferrocarriles Portugueses y se emprendía la construcción de tractores para usos agrícolas e industriales, aparte de estar terminándose los prototipos del nuevo motor "MEN" de 20 HP. Todo ello mereció la atención especial de S. E., quien se interesó además repetidamente por las propiedades y capacidad de trabajo del equipo de maquinaria.

En ocasión de esta visita "La Maquinista" ofrendó al Generalísimo Franco una maqueta de la locomotora "Santa Fe", reproducida en sus más nimios detalles.

Quiso el Estado conmemorar con toda solemnidad esta efemérides de la primera realización ferroviaria hispana que fue la inauguración del ferrocarril de Barcelona a Mataró, celebrada el día 28 de octubre de 1848. A los cien años exactamente, Barcelona pudo revivir aquel momento histórico.

Apelando a los datos que se poseían de la locomotora nombrada "Mataró", que arrastró el tren inaugural un siglo antes, "La Maquinista" construyó una reproducción fidelísima de la máquina. Con igual respeto histórico, la Casa "Material y Construcciones, S. A." reconstituyó los coches de viajeros. El redivivo convoy, que partió a las diez de la mañana de una estación habilitada para el caso en la zona portuaria, junto a la Plaza de Antonio López, llevando a bordo un nutrido grupo de pasajeros, ataviados, para mayor propiedad, con las anacrónicas indumentarias de la época evocada, realizó el simbólico recorrido hasta la antigua Iluro, en medio de curiosa expectación.

En ocasión de las fiestas de este Centenario se editaron unos sellos de Correos, uno de los cuales tenía estampado el busto del Marqués de Salamanca. Por ignorados motivos no pudieron cumplirse los deseos de la Comisión organizadora de que junto a esta efigie del gran financiero impulsor de los ferrocarriles españoles apareciera la de Manuel Biada, principal animador de la empresa del ferrocarril de Mataró. Pero si se frustró este homenaje postal, en cambio los mataroneses le dedicaron un monumento en su propia ciudad, que fue descubierto poco después de la llegada del tren del Centenario.

Otros actos subrayaron el acontecimiento, pues en tal ocasión fue inaugurada la electrificación de la línea de Barcelona a Mataró, el túnel de la Avenida Meridiana, la nueva estación de Sans y las obras de prolongación del Metro Transversal a partir del Clot.

El persistente problema de las restricciones eléctricas obligó a pensar en el motor pequeño. Sebastián Nadal fue el autor de un proyecto de motor Diesel de 10 HP. que fue puesto en construcción por "La Maquinista" conjuntamente con la Casa "Elizalde", aunque más tarde pasó a ser construido totalmente por la primera. Para la explotación de este tipo de motor, que sucesivamente ha ido ampliando sus gamas de potencia hasta llegar a los 60 HP., se fundó como filial de "La Maquinista" la entidad "Motores MEN, S. A.", anagrama que responde a las iniciales de sus creadores, Maquinista-Elizalde-Nadal. El motor MEN, por su multitud de aplicaciones, tuvo gran aceptación y de él se ha construido un elevado número de unidades, extendidas ampliamente por todo el país.

Todavía tenemos que consignar un nuevo progreso: la adaptación de la sobrealimentación por turbina de aprovechamiento de los gases de escape a las series de motores "M20" y "M29", con lo que se ampliaba el campo de potencias útiles y se disminuía el precio por caballo. Con la colaboración de "Brown Boveri", el éxito de estos nuevos equipos, el primero de los cuales quedó listo en 1950, mejoró todavía hasta el punto de que más de la mitad de los motores de estos tipos que construye "La Maquinista" son sobrealimentados.

A la par que iba sedimentando la organización necesaria para llevar a cabo tan completo programa, "La Maquinista" conseguía la formación de operarios especializados en estas construcciones cada vez más delicadas y precisas y ponía también los medios para que el utillaje y la maquinaria fuesen los óptimos para esta clase de trabajos.

Dos etapas pueden ser señaladas en este sentido. La segunda guerra mundial había dificultado de tal manera la importación de las guarniciones de bomba e inyector — piezas delicadísimas y de precisión extremada que había que adquirir de casas especialistas mundialmente conocidas, como por ejemplo la "Bosch" alemana —, que la Dirección decidió montar instalaciones propias. Se concentraron en la factoría de San Andrés, en una nueva nave llamada Taller de Precisión, donde se resolvieron, con acierto, celeridad y verdadero espíritu de equipo, todos los problemas creados, merced por otra parte a los magníficos medios de producción que fueron poniéndose a su alcance. Tal fue la primera etapa.

La segunda obedeció a la necesidad de ampliar sucesivamente el tamaño de las piezas que debían ser fabricadas con tolerancias y calidades cada vez más depuradas, instalándose desde 1951 nuevas máquinas de gran precisión y capacidad siempre creciente, que llegarían, en febrero de 1954, a la puesta en marcha de la nueva mandrinadora fresadora de 3 metros de carrera vertical de la Casa C. W. B.

El Consejo de Administración celebrado el 15 de septiembre de 1954 acordó una nueva emisión de acciones por valor de otros cincuenta millones de pesetas, lo que eleva a doscientos cincuenta millones el capital social.

Si tenemos en cuenta que en el año 1939 contaba "La Maquinista" con un capital de veinte millones de pesetas, podremos formarnos idea de cuál ha sido el esfuerzo desarrollado en el vertiginoso impulso productor. La participación de las antiguas Compañías de M. Z. A. y del Norte se mantuvo en la misma proporción iniciada en 1917, aun después de la nacionalización de los ferrocarriles españoles, ya que a través de la Comisión Administradora de los Valores Ferroviarios del Estado se han suscrito en cada momento las acciones que correspondían a aquellas Compañías de todas las emisiones realizadas. Es de justicia consignar aquí que la compenetración entre las antiguas Compañías y "La Maquinista" ha continuado existiendo, eficaz y positivamente, por el intermedio de la Comisión actual, que cuenta con una nutrida representación en el Consejo de Administración de la Sociedad.

Además, y como consecuencia de la última ampliación de capital, diversas firmas industriales de relieve han asociado sus intereses a los de "La Maquinista" suscribiendo importantes paquetes de acciones. Una aportación destacada por su volumen y por la trascendencia que supone para "La Maquinista" y para su prestigio internacional, ha sido la de la Sociedad suiza "Brown Boveri & Cié.", a la que estaba ya vinculada por un contrato de licencia para la fabricación en España de algunas de sus especialidades en material eléctrico.

En auge su economía, con una población disciplinada y laboriosa, nuestra Nación está en marcha y camina hacia un porvenir cada vez más despejado.

Entresacamos de nuestras estadísticas oficiales algunos datos sobre la economía española que creemos de interés señalar dentro del carácter de esta obra.

Considerando como base la producción del trienio 1929-30-31, la de 1953 la ha rebasado visiblemente.

En metales y ferroaleaciones, se observa un descenso notable en la obtención de cobre en cascara y cobre blíster, pero en cambio aumenta la producción de cobre electrolítico y refinado. Prospera en forma destacada la producción de estaño, aluminio, cinc, ferromanganeso y ferrosilicio.

Se obtienen ya, según datos más recientes, 872.000 toneladas anuales de lingote de hierro y 1.100.000 toneladas de acero, lo que ha sido posible gracias a la modernización y ampliación de las antiguas instalaciones existentes; y con la próxima e importantísima aportación de la Empresa Siderúrgica Nacional de Aviles, estas cifras podrán todavía ser considerablemente aumentadas.

La extracción de 10.500.000 toneladas de hulla conseguida últimamente deja muy atrás la cifra de 7.300.000 toneladas alcanzada hace veinte años.

Y en la producción de energía eléctrica, sumando las cifras debidas a instalaciones térmicas con las originadas por las instalaciones hidroeléctricas, llegamos a un total de 10.480 millones de kilowatios-hora.

En 1953 se registraron en España 28 millones y medio de habitantes. Es decir, dos millones y medio más que los que se habían inscrito en 1940. Este aumento de población, unido al rápido ritmo de industrialización experimentado en los últimos años, ocasiona una demanda que quizá en algunos casos no puede satisfacerse, porque la producción no ha crecido al compás suficiente para mantenerse al nivel de las nuevas necesidades. Tal desequilibrio no puede ser sino pasajero, considerando los vastos planes actualmente en desarrollo y cuya próxima realización asentará sobre los más sólidos cimientos la prosperidad futura de España en todos los órdenes.

Creado el 25 de septiembre de 1941, el I. N. I. — Instituto Nacional de Industria — debía encargarse de realizar y encauzar las inversiones industriales del Estado y de colaborar con las industrias privadas para procurar su mayor desenvolvimiento. Al concluir el 1953, intervenía dicho Instituto en 52 empresas habiendo sido su desembolso efectivo de 6.000.000.000 de pesetas. De estas empresas, 13 eran totalmente del Estado, que poseía participación mayoritaria en otras 20 y minoritaria en 9, controlando las 10 restantes a través de otras empresas.

La longitud de líneas de ferrocarriles de vía normal, que en 1941 era de 12.775 kilómetros, alcanza en 1953 unos 13.200. En vía estrecha contábamos con 4.617 kilómetros de líneas que se han aumentado a 4.902. Los ferrocarriles españoles disponen, pues, de unos 18.000 kilómetros de longitud de líneas, de ellos más de 1.500 electrificados.

El parque total de material de tracción de la RENFE se descompone como sigue: locomotoras de vapor, 3.432; locomotoras eléctricas, 133; automotores eléctricos, 92, y automotores térmicos, 144.

La flota mercante española, al comenzar el 1954, sumaba aproximadamente 1.250.000 toneladas y la flota pesquera unas 150.000. Hallándose en servicio veinte buques nuevos de los sesenta y cinco que comprendía el programa de construcciones de la ''Empresa Nacional Elcano de la Marina Mercante" constituida, a tal fin, en 20 de octubre de 1943.

La Marina de guerra por su parte se ha incrementado en más de setenta unidades. Para ejecución de los programas navales y sus obras complementarias se había creado por Ley de 11 de mayo de 1942 la "Empresa Nacional Bazán de Construcciones Navales Militares" que quedó constituida en 1947 con un capital de 350.000.000 de pesetas y con factorías navales en El Ferrol, Cartagena y Cádiz.

En los inicios de 1954 se hallaban en servicio: los cinco cruceros "Canarias", "Galicia", "Almirante Cervera", "Miguel de Cervantes" y "Méndez Núñez"; dieciocho destructores, siete minadores, diez cañoneros, seis submarinos, diez lanchas torpederas, siete guardacostas, diez dragaminas, diez buques auxiliares, un transporte, seis remolcadores, veintitrés guardapescas y dos barcazas de desembarco. Hallándose en construcción: tres destructores, ocho minadores, seis corbetas y, entre otras unidades, varios submarinos.

"La Maquinista" no cesa en sus realizaciones. Como consecuencia del programa de la RENFE de electrificar las secciones de rampas más pronunciadas en las líneas de importancia, se ha estudiado últimamente un tipo de locomotora que, dotado de una potencia semejante a las "Santa Fe" y "2.700", sea capaz de desarrollar velocidades superiores. Este será el tipo "Confederación", del que "La Maquinista" está construyendo actualmente una serie de diez unidades.

Capítulo aparte merece la locomotora Diesel-eléctrica para maniobras, de recentísima introducción en España. Desde hace tiempo experimentaba la RENFE la necesidad de un tipo especial de material tractor para este servicio. Venía fijando su atención en la locomotora Diesel que, aunque más costosa de adquisición que las de vapor, representaba en cambio una considerable economía en el consumo. La solución del problema fue facilitada por "La Maquinista" a base de la construcción de un pequeño lote de locomotoras Diesel-eléctricas de 350 CV, equipadas con motor Sulzer, cuya licencia posee. Las primeras unidades entregadas se han mostrado tan eficientes, que no cabe duda de que la RENFE adoptará estas máquinas con carácter general para el servicio de maniobra en sus estaciones.

Esta adquisición ha puesto otra vez de manifiesto la tendencia que va acentuándose cada día hacia la sustitución de la tracción a vapor, cuyas posibilidades de perfeccionamiento parecen agotarse, por la tracción Diesel y eléctrica. "La Maquinista", a la vanguardia siempre de todo lo que representa modernización del material motor de los ferrocarriles nacionales, está preparada para el nuevo paso. Su convenio reciente con la Casa suiza "Brown Boveri" para la construcción de material eléctrico le permitirá desarrollar en España esta especialidad beneficiándose de la experiencia de tan prestigiosa firma.

Y ahora ha llegado el momento de recorrer los talleres de la Barceloneta y San Andrés. A propósito lo hemos dejado para el final.

Pocos rasgos conserva la Barceloneta de su fisonomía primitiva a la que nos referíamos en las primeras páginas de este libro, aunque todavía sigue siendo zona residencial de la gente de mar. Pero a ésta se fue agregando paulatinamente una población heterogénea en la que ha quedado diluida la antigua característica marinera. Más de 70.000 habitantes se acumulan hoy en la típica barriada, circunscrita en un área que no llega a un kilómetro cuadrado.

Como industrias marítimas subsisten hoy los magníficos y modernizados "Talleres Nuevo Vulcano" — la antigua Sociedad de Navegación e Industria, cuyo nombre ha salido a menudo en estas páginas —, los "Astilleros Cardona" y algunos otros.

Los talleres de "La Maquinista" carecen de perspectiva por su parte frontal, ocultos entre las casas de vecindad. Desde el Paseo Nacional hay que adentrarse por la calle que lleva su nombre, surcada en toda su longitud por una vía férrea, para encontrar al final la entrada de la factoría, bajo un arco que recuerda el que durante muchos años, casi desde los primeros tiempos de la Sociedad — véalo el lector en los grabados de la época — fue como un símbolo, demolido recientemente al no tener razón de existir en su antiguo emplazamiento, puesto que la ampliación del recinto fabril lo había dejado puertas adentro.

Traspuesto el arco, la calle y la vía continúan entre dos hileras de edificios hasta llegar a un gran patio de recepción y carga de mercancías, en el que se yergue una grúa giratoria, montada sobre alto zócalo.

A este patio desembocan las secciones de calderería, almacén y reparaciones. En él se hallan además las oficinas de talleres, la sección de expediciones y el dispensario de urgencia.

La parte posterior de los talleres de la Barceloneta termina en un patio que linda con el mar. Aquí se montaban antaño los grandes puentes de que en su lugar se ha hablado y que con tanta profusión construyó "La Maquinista". Y en el mismo lugar debió estar emplazado el pequeño astillero desde donde eran botadas al agua las embarcaciones que, más antiguamente todavía, salían de estos talleres, conforme se ha dicho.

En la Barceloneta se encuentran también otras secciones básicas de las construcciones de "La Maquinista". La fundición de hierro, de antigua historia, donde hoy se funden desde piezas minúsculas hasta las de los mayores tamaños. Una de estas últimas, de un peso de 25 toneladas, ha sido el cilindro de satinar papel construido recientemente por encargo de una importante fábrica alicantina. La fundición de acero es también importante y cuenta con dos hornos eléctricos, uno de 10 y otro de 2 toneladas, que permiten obtener lingotes hasta de 12 toneladas, con la producción combinada de ambos, que efectúan varias coladas al día.

La sección de forja es especialmente impresionante y dispone de todos los elementos necesarios, entre los que destaca la enorme mole de una prensa hidráulica cuyas 1.800 toneladas de fuerza compresiva se emplean en la forja de lingotes que de aquí salen convertidos en ejes cigüeñales, en bielas y en piezas de mil formas y tamaños.

También está instalado en la Barceloneta el Laboratorio general de talleres, ampliamente utillado, con aparatos para efectuar pruebas de tracción, compresión y alargamiento, resistencia a la fatiga, resiliencia y dureza, microscopios y cuanto precisa para determinar las propiedades físicas y mecánicas de los materiales, así como su composición química. En local aparte se halla instalado un potente aparato de rayos X, de 250 KV, que se emplea para la inspección de soldaduras y para localizar defectos internos del material.

Entre el conjunto de las naves destinadas a talleres sobresale un edificio de cinco plantas, de moderna apariencia, que sorprende en este recinto industrial, es la sede social, el cerebro y el corazón de la Sociedad. En él radican sus órganos representativos más genuinos, el Consejo de Administración — que tiene allí su lugar de reunión —, la Gerencia, la Dirección Técnica, la Jefatura Administrativa y la de Talleres, los departamentos de Contabilidad Central, Caja, Secretaría, Facturación, Presupuestos y Compras.

Párrafo aparte merece la Oficina de Control y Estadística instalada en el segundo piso, ya que es piedra angular de la organización administrativa. En esta dependencia se confecciona y calcula la nómina de todo el personal de la Empresa, se sigue al día la contabilidad de los costes de producción y se forman las estadísticas más variadas cuyo conocimiento es juzgado de utilidad. En resumen, la O. C. E. registra y acusa el pulso de la Empresa en cada momento, todo ello por procedimientos enteramente mecanizados. La instalación completa de máquinas y operadores está emplazada en una espaciosa y clara sala que constantemente trepida de actividad. Con razón admiran los visitantes este magnifico departamento de la Casa, que es sin duda una de sus secciones mejor logradas, tanto desde el punto de vista de su eficiencia como de su atrayente aspecto.

En los pisos superiores de este edificio se distribuyen las diferentes oficinas técnicas, clasificadas y separadas por departamentos o especialidades: Locomotoras, Motores, Estructuras metálicas, Normalización y Varios, cada una con su personal idóneo y sus elementos propios de trabajo.

Una nutrida biblioteca técnica y las mejores revistas españolas y extranjeras de cada ramo, proporcionan la apetecible documentación y el conocimiento de la actualidad científica más destacada.

En una espaciosa sala en la que se alinean innumerables armarios con estantes y cajones está instalado el archivo de planos. El depósito consta de más de 125.000 ejemplares, preciada documentación técnica que abarca desde construcciones que datan de los orígenes de la Sociedad hasta las actualmente en ejecución. Tan valioso es este archivo que el temor de su eventual destrucción ha inducido a los dirigentes de "La Maquinista" a utilizar el moderno procedimiento de fotografiar en microfilm las colecciones más interesantes, para tener a mano un medio de reproducción fiel y que no ocupa espacio, ya que los clisés de un millar de planos representan sólo unos cuantos metros de estrecha cinta de celuloide.

Terminaremos la descripción de los talleres de la Barceloneta con la mención del edificio anexo a los mismos. Su planta inferior está destinada a vestuario y lavabos, con sus correspondientes duchas de agua caliente y fría. La superior a sala de comedores, con departamentos separados para obreros y para empleados y jefes.

El conjunto de estos talleres ocupa un área de 28.000 metros cuadrados, siendo la superficie edificada de 22.500. Trabajan en ellos unos 1.200 obreros y empleados.

Los talleres de San Andrés.

En el antiguo término de San Andrés de Palomar, hoy distrito IX de la ciudad, en la zona comprendida entre la calle de San Adrián y el Paseo de Santa Coloma que cierra por una parte la línea férrea de Barcelona a Granollers y por la opuesta la Acequia de la Madriguera, adquirió "La Maquinista" allá por los años 1917 y 1918 — según tuvimos ocasión de ver a su debido tiempo — una considerable extensión de terreno, más de diez veces mayor que la superficie ocupada por sus antiguos talleres de la Barceloneta. En ella erigió sus nuevas instalaciones al emprender la construcción de locomotoras en gran escala. Se abrigaba la ambiciosa idea, no abandonada todavía aunque sí de difícil realización, de que un día quedaran concentradas aquí todas las instalaciones en una única y colosal factoría, a la que incluso se pensó en dotar de altos hornos y trenes de laminación para que el ciclo de fabricación y transformación fuera casi completo.

Aunque el audaz proyecto quedó en ciernes, permanecen como premisa firmemente sentada esos vastos solares que pueden hacer todavía posible la realización de lo que hasta el presente no ha pasado de ser una utopía.

Crecieron no obstante los talleres de San Andrés hasta adquirir sus grandiosas proporciones actuales. Como esos hijos de raza pujante que llegan a superar la estatura de sus padres, primero igualaron su importancia y luego dejaron muy atrás en desarrollo a los de la Barceloneta.

De los 295.000 metros cuadrados de superficie disponible están edificados actualmente unos 50.000. Las nuevas construcciones próximas a terminarse, entre las que se cuentan la nueva Calderería y el Taller de maquinaria eléctrica, aumentarán éstos en más de 15.000 metros cuadrados.

Cerca de dos mil obreros y empleados forman la plantilla de estos talleres.

La fachada principal corre a lo largo de una amplia avenida que fue bautizada con el nombre de Fernando Junoy, en memoria del Director de "La Maquinista" que concibió y presidió la obra.

Aunque los primeros edificios datan de más de treinta años, el aspecto exterior del conjunto da una completa sensación de modernidad y de pulcritud. Las notas verdes de los campos circundantes hacen destacar mayormente el tono rojizo de las edificaciones, enmarcadas por seto y arbolado.

En el grupo central de naves — de una longitud uniforme de 200 metros — están ubicadas las secciones de Almacén, Calderería, Maquinaria, Ajuste y Montaje de Locomotoras. Separada de este grupo por el foso del puente transbordador de locomotoras, se encuentra la nave de montaje de motores Diesel. En las inmediaciones de ésta la sección de Tornillería, el Taller de Precisión y la sección de Tratamientos térmicos, que constituyen sendos pabellones independientes.

En el flanco oeste están los edificios de Vestuarios y Comedores, de atrayente aspecto, la Escuela de Aprendizaje y el Comedor de empleados y jefes, en la planta baja del cual se hallan la Oficina Administrativa y el Dispensario.

En la sección de Montaje de locomotoras existen 24 fosos que permiten montar simultáneamente otras tantas unidades. Un puente transbordador emplazado exteriormente, que corre a lo largo de la nave, recibe la locomotora terminada y la deposita en la vía principal, comunicada con las líneas de la RENFE.

El edificio destinado a motores Diesel que, a pesar de sus vastas dimensiones — 105 metros de longitud por 33 de ancho y 17,50 de altura — ha tenido que ser recientemente ampliado con una nave complementaria adosada a la primera, cobija el montaje de las máquinas de este sistema, que se construyen en una extensa gama de potencias que actualmente comprende desde 10 hasta 7.000 HP., aunque este máximo alcanzado basta la fecha no constituye ni mucho menos un tope irrebasable. Bancos de prueba y frenos hidráulicos de potencias adecuadas completan esta moderna instalación.

La sección de Maquinaria es una impresionante concentración de máquinas para trabajar los metales, que admira tanto por su número como por su variedad. Tornos por centenares, grandes, medianos y pequeños, desde 90 centímetros hasta 10 metros de longitud entre puntos; fresadoras de capacidades diversas que van desde el tipo corriente a las especiales dotadas de doble cabezal; mandriladoras, entre las que descuella el Goliat de este taller, una máquina que puede mandrilar y fresar superficies hasta de 8,750 metros de longitud por 3 metros de altura; máquinas de escoplear, alguna de las cuales llega a admitir y trabajar al mismo tiempo un paquete de 20 planchas de 32 milímetros de espesor, o sea un grueso de 64 centímetros. Máquinas de rectificar cuya variedad es tal que permite a este taller realizar igualmente el rectificado interior de un agujerito de 3 milímetros de diámetro que el de los grandes cilindros cuyo hueco es mil seiscientas veces mayor.

Y si nos detenemos en el Taller de Precisión, donde se construye el utillaje más delicado y se preparan las bombas e inyectores de los motores Diesel, es ya necesario mirar con lupa las minúsculas brocas que realizan los casi microscópicos taladros de las toberas de inyección de combustible.

Las operaciones que se realizan son de tal naturaleza y exigen tan absoluta precisión, que el ambiente de ciertos locales requiere incluso estar mantenido a una temperatura media e invariable para evitar las deformaciones que en el delicado instrumental podrían ocasionar los cambios bruscos del aire exterior. Se pasa aquí sin transición de lo minúsculo a lo colosal, en una armonía maravillosa.

La escuela de aprendizaje.

Apartado especial merece la Escuela de Aprendizaje, institución que, por su organización magnífica, por la belleza de su presentación, por la obra social que realiza y por los resultados que logra, honra y enaltece a "La Maquinista". Aquí reciben enseñanzas teórico-prácticas de los distintos oficios unos doscientos muchachos que van renovándose constantemente, pues las promociones de obreros ya formados que semestralmente salen a nutrir las plantillas del taller, son sustituidas en su base por las de los neófitos que con igual periodicidad ingresan.

El equipo de que dispone la Escuela es completísimo, desde el eficiente profesorado escogido entre los mejores especialistas técnicos del taller hasta los más nimios detalles de instalación. Aulas claras y espaciosas, sala de dibujo, biblioteca, un buen lote de máquinas-herramientas, una pequeña fundición y un pequeño taller de forja. Clases teóricas por la tarde, prácticas por la mañana. El aprendiz recibe una enseñanza completa sin gasto alguno para él y cobrando además su jornal reglamentario, que se incrementa todavía con otros beneficios y con premios en metálico a la terminación de cada curso, que le son ingresados en una cartilla de ahorro. Ajustadores mecánicos, torneros, modelistas, fundidores, delineantes, adquieren en este centro los principios fundamentales de la profesión que luego desarrollarán y perfeccionarán en la vida diaria de trabajo, incorporados ya al engranaje general. Pero aun entonces continuará la convivencia entre los ex-aprendices a través de una Asociación de tipo cultural y recreativo, regida por ellos mismos y dotada de un magnífico local que la Empresa costea.