España automóvil y aeronáutica. 30 de agosto de 1913, n.º 16
AUTOMOVILISMO MILITAR
Conocido es de todos nuestros lectores el importantísimo servicio que el automovilismo presta en campaña y en periodo de paz; no vamos, pues, a descubrir ahora este ramo del progreso en los elementos de guerrear ó de aprovisionar posiciones.
Las tropas terrestres ya han probado las ventajas del automovilismo militar. Faltaba utilizar este indispensable recurso a nuestros aviadores militares, y tan pronto lo ha permitido el presupuesto de aviación, nuestra escuela militar ha adquirido un primer grupo de camiones - taller y almacén Crochat, análogos a los que con tan brillante éxito emplea el Ejército francés en sus servicios de aviación, y también el italiano.
El camión - taller, de que dan idea nuestros grabados, lleva a bordo fragua, bigornia, torno, banco de carpintero, tornillo de cerrajero, sierra de cinta, máquina perforadora y armarios llenos de herramientas de mano.
Las paredes laterales se abren a lo largo por el centro, y su mitad inferior sirve de prolongación del piso, en tanto que la mitad superior sirve de prolongación del techo.
Las máquinas se mueven con servomotores individuales alimentados por la electricidad que produce el motor del coche. Este sistema de transmisión constituye lo más interesante del camión Crochat.
Los camiones en cuestión van provistos de motores Brasier, cuatro cilindros 100 X 140, de una fuerza de 22 caballos en régimen de 900 vueltas por minuto.
Coche Brasier, campeón en 1908, que ha corrido este año en igual estado que entonces y en competencia con coches modernísimos.
Conocida la construcción Brasier, huelga comentar sus excelentes y probadas cualidades, que le permitieron últimamente hacer participar en el Gran Premio de la Sarthe, en competencia con coches especiales y modernísimos, un antiguo vencedor de ese circuito, que reproduce el adjunto grabado.
No es tampoco menos significativo que el constructor Crochat haya elegido un motor Brasier, y no otro alguno, para sus camiones de transmisión eléctrica. Este camión se compone de un motor de esencia (el Brasier de que acabamos de hacer mención). De una dinamo Compound de 22 kilovatios. De dos motores eléctricos, uno a cada rueda trasera. Nada de baterías de acumuladores. Nada de embrague, ni de diferencial, ni de cambio de velocidad, ni engranajes de marcha atrás. La corriente del grupo electrógeno va a las ruedas motrices sin ningún órgano rígido de transmisión.
Varios aspectos del camión-taller para servicio de la Aeronáutica militar española.
Este conjunto tiene la ventaja de realizar en un límite amplísimo la autorregulación; es decir, que responde con una velocidad constante del motor a las diferentes marchas del coche según la carretera; esto constituye un cambio automático de velocidad.
En los coches de transmisión mecánica para una misma posición de la palanca del cambio de velocidades existe una relación constante entre el número de vueltas que da el motor y el de las ruedas del coche, de donde se deduce la necesidad de tener varias velocidades para responder a los esfuerzos que el vehículo, solicita según el perfil de la carretera.
En la transmisión eléctrica la velocidad del motor es proporcional, no a la velocidad del coche, sino a la fuerza que éste pide en cada momento. Así, el motor irá en el máximum del ralentí en un declive, y el coche irá a una velocidad vertiginosa. En llano el motor irá a velocidad normal, y en la subida de cuestas irá a la velocidad máxima, aunque el coche suba relativamente despacio.
La opinión que merece este sistema a persona tan autorizada en la materia como el teniente coronel Saillard, es la siguiente:
«Los camiones de transmisión eléctrica son los únicos posibles en el ejército en campaña, por las razones siguientes:
»Gran facilidad de manejo y conducción sencilla.
«Velocidad del motor proporcionada a la potencia exigida.
»Mínimum de fatiga del motor.
»Débil consumo de esencia.
»Démarrages y variaciones de velocidad que pueden repetirse a cada instante sin fatigar ningún órgano.
«Gastos de entretenimiento nulos.
»Pannes reducidas a su mínimum y que rara vez pueden dejar el camión parado en la carretera.»
La prueba a que se han sometido estos tres camiones adquiridos por la Aeronáutica militar fue bastante dura.
Saliendo de Cuatro Vientos por la carretera general de Extremadura, entraron en la que conduce a Pozuelo de Aravaca y desemboca en la general de la Coruña, siguiendo hasta Navacerrada y bajando a la primera revuelta. El regreso se hizo por el mismo itinerario.
Los camiones Crochat-Brasier en la parada (primera revuelta, bajando Navacerrada).
La prueba fue completamente satisfactoria y confirmó lo que ya en la fábrica había observado el inteligente capitán del Parque Militar de Automóviles Sr. Goytre.
Asistieron a la prueba los señores capitanes Kindelán, Herrero y Barrón, tenientes Souza, Zorrilla y Olivié, médico militar Cortijo y varios mecánicos soldados.
Los tres camiones Crochat-Brasier en lo alto de Navacerrada, disponiéndose a regresar.
Claro está que nos hallamos lejos de la organización de automóviles de escuadrilla de los franceses; pero algo es algo. Nuestros vecinos tienen como material rodante de las escuadrillas lo siguiente:
Un coche ligero y rápido para el oficial que manda la escuadrilla.
Seis tractores para los oficiales pilotos y sus mecánicos.
Tres camiones.
Un camión-taller.
Varios tipos de remolques.






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