lunes, 30 de marzo de 2026

El motín de las cigarreras

El Áncora, 28 de mayo de 1851 página 8

— El tumulto ó motín de las cigarreras, que empezó anteayer, y al que ayer dábamos poca importancia, se reprodujo ayer mismo hasta el punto que el señor ministro de hacienda, presidente del Consejo de ministros, tuvo que aparecer entre ellas para remediarlo. Habiéndose presentado en sus talleres bien temprano las amotinadas empezaron su campaña por echar abajo la puerta de uno de los almacenes e inutilizar el tabaco allí depositado para secarse. 

Luego las revoltosas plantaron sus reales fuera de la fábrica, viéndoselas entonces unidas a algunos hombres que las incitaban al desorden; pero el motín no se extendió, porque la guardia civil de infantería y caballería rodeaba, aunque pacífica, el campo de batalla. Las revoltosas repetían a gritos que no se apaciguarían hasta que se les ofreciese mudar el jefe y darles mejor tabaco para las labores y a esto nada oponía La fuerza armada; pero habiéndose atrevido uno de los hombres que incitaban a las mujeres a disparar un ladrillo que lastimó y mucho en el pecho a un cabo de la guardia civil de caballería, este descargó su sable sobre el agresor dejándolo mal herido. Esta fue la única sangre que corrió en la jornada de ayer. —El tumulto llevaba visos de no hallar solución, cuando se presentó de improviso en medio de las cigarreras el señor ministro de hacienda, y bastaron algunas promesas y palabras del Sr. Bravo Murillo para apaciguar el desorden y para que las revoltosas se retirasen.

Sobre este motín y sobre el de los estudiantes no se le ocurre a ninguno que haya sido provocado ad hoc por los enemigos del gobierno; pero no deja de ser chocante su repetición.

— Para investigar las causas que han producido el motín de las cigarreras y aplicarle pronto y oportuno remedio, el ministro de hacienda ha nombrado una comisión compuesta de varios jefes de la administración, Así el señor Bravo Murillo se propone dictar con brevedad algunas medidas que apacigüen a las sublevadas, sin desdoro de las leyes ni de los que las  aplican.        

El Imparcial, 22 de mayo de 1868 página 2 

Acerca del intentado motín de las cigarreras de Alicante, hallamos los siguientes detalles en un periódico de la localidad:

«En la fábrica de cigarros hubo ayer tarde una especie de motín producido por las operarías, que no tomó grandes proporciones afortunadamente por la oportuna intervención del señor gobernador de la provincia y el señor juez de primera instancia.

Parece que el motivo no era enteramente injustificado, pues a la mala calidad del tabaco que se les entrega, se reune el no darles el suficiente para que la elaboración sea perfecta y con todas las condiciones correspondientes. Esto hace tiempo que ha debido remediarse, no solo para evitar demostraciones desagradables y que no están en su lugar, sino para que el público no fume el detestable tabaco que se expende en los estancos, que se hace mas insoportable cada día.»

El Diario español, 5 de mayo de 1871 página 2

 «La Correspondencia» extracta anoche las noticias de algunos diarios de Sevilla, sobre el motín de las cigarreras.

«Hoy, dice el colega, recibimos minuciosos y exactos detalles sobre el motín de las cigarreras en Sevilla, de que nos dió aviso el telégrafo. El jefe de la fábrica de tabacos, señor Peralta, notificó el lunes a las operarias que se les haría en tres quincenas el descuento del importe de la cédula de vecindad. Cuál fue el efecto que en las cigarreras hizo el anuncio del administrador, lo pintan los periódicos de la localidad del modo siguiente:

«Ante la noticia, dice «La Revolución Española,» estalló el motín, pagando lo que no debían algunos subalternos y maestras. El Sr. Mora, jefe del ramo de policía, acudió a la fábrica y logró despejar el edificio, no sin recibir una pedrada en el costado, de la kábila femenina, que en número de mas de mil mujeres, arrastrando como un alud a hombres y chiquillos, llegó al gobierno civil en hora en que no estaba el Sr. Benítez de Lugo, aunque sí el inspector, Sr. Zamora, con alguna fuerza del cuerpo de vigilancia. Las cigarreras, rodeadas de curiosos, llenaban materialmente la calle de San Pablo, compás de la parroquia de Santa María Magdalena, y frente de la casa-morada del gobernador, en el ex-convento dominico, gritando como energúmenas y dando mueras que no queremos repetir.

Habiendo llegado el Sr. Benítez de Lugo, entró a verle una comisión de operarias de las mas fogosas y significadas en el movimiento, y no hubieron de quedar satisfechas de las explicaciones de la autoridad, porque a su salida, y apenas dijeron lo que les había pasado en la conferencia, llovieron las piedras en el edificio, quebrando todos los cristales, lastimando en una sien al inspector Zamora, que procuraba calmar el arrebato de las mas enardecidas, y produciéndose una escena de terrible confusión. El disparo al aire de un Guardia civil pronunció en fuga al gentío inmenso que obstruía las calles contiguas, y parece que la fuerza de vigilancia completó con una carga súbita la dispersión de la multitud.

El martes, según refiere «La Revolución Española,» al acudir a la fábrica de tabacos algunas operarías, se encontraron con la orden de cerrar los talleres, y comunicándose de unas en otras la nueva, a las doce se reunió una manifestación, con bandera roja, al frente de las masas femeniles, y pasando por delante de la fachada del ayuntamiento, repetían, con el sonsonete particular usado en la plaza de toros:

¡Mueran los ladrones! ¡Mueran los ladrones!

En esta guisa se dirigieron al gobierno civil, y los periódicos no dicen todavía el fin de estas escenas, aunque ha debido ser favorable, pues no sabemos que ayer se recibiera despacho alguno de importancia sobre estos sucesos.»

La Emancipación, 15 de junio de 1872 página 1

SUCESOS DE LA SEMANA.

EL MOTIN DE LAS CIGARRERAS.

Las trabajadoras de la fábrica de tabacos de Madrid se sublevaron el jueves de la semana anterior, a consecuencia de haber sabido por cuatro compañeras despedidas que se trataba de introducir en el establecimiento, ó mejor dicho, que estaban montadas ya, unas máquinas que elaboran, según se nos ha asegurado, 1.000 cigarros por cada vuelta. La sublevación ha durado dos días, tomando parte en ella casi todas las obreras de la fábrica, que ascienden a unas cinco mil. No obstante las seguridades dadas por el administrador, que negaba la existencia de dichas máquinas, las cigarreras quisieron averiguar lo que habia de cierto, y forzando puertas y derribando tabiques, penetraron en los almacenes, donde en efecto vieron un considerable número de máquinas preparadas para empezar a elaborar. Furiosas, rompieron los escaparates donde las máquinas estaban encerradas, é hicieron estas millares de añicos.

No censuramos ni aplaudimos el acto de las cigarreras de Madrid: lo consideramos tan solo como un síntoma, como un resultado natural de la injusta organización de la presente sociedad. Las cigarreras reivindicaban el derecho a la vida; cerca de cuatro mil mujeres, que del establecimiento de las máquinas han de quedar en la calle, muchas de ellas madres de familia, pedían que no se les arrebatara el pan de sus hijos. ¿Puede darse petición más justa? Pero el capital no tiene oídos ni tiene entrañas. Tratábase, no solo de la administración pública, sino de un particular que pensaba con las máquinas hacer su fortuna, y las obreras, viendo sus reclamaciones desatendida, ciegas de desesperación, destruyeron el instrumento de progreso, para ellas instrumento de muerte. ¿Sobre quién debe recaer la responsabilidad de los males causados?... El dueño de las máquinas, Sr. Esparza, se propone, al parecer, pedir indemnización de los perjuicios sufridos. Y añade el periódico.que da la anterior noticia: «El señor Esparza, tras largos años de sacrificios y penalidades para conseguir alguna ventaja en recompensa de sus trabajos en pro del servicio público, se ve arruinado, y gracias que ha salvado la vida.»

Todo esto es muy natural y lógico dentro del órden actual. Ese señor, al inventar su máquina, no pensaba mas que en las inmensas ganancias que habia de reportarle, y de ningún modo en las millares de víctimas que fatalmente tenia que sacrificar su invento. La indemnización le será, sin duda, concedida; volverá a construir otras máquinas, se tomarán precauciones para garantizar su planteamiento, y las cigarreras no habrán hecho nada.

Pero quedáles un recurso, que si lo saben emplear, puede darles el triunfo sobre sus crueles esplotadores. Este recurso es la ASOCIACION. Escúchennos nuestras hermanas las cigarreras de Madrid; no pierdan un minuto en asociarse ó son perdidas. Imiten la valerosa conducta de sus compañeras las obreras catalanas, que a fuerza de energía y firmeza han logrado poner la ley a los fabricantes, conteniendo la desatentada esplotación de que eran víctimas. Formen una caja de resistencia, satisfaciendo una cantidad insignificante cada semana, por ejemplo medio real, y cuando vuelvan a traerse nuevas máquinas, en vez de romperlas, abandonen el trabajo todas, absolutamente todas, sino se aceptan, por lo menos, estas dos condiciones:

1.º Mantenimiento del precio a que se paga en la actualidad el ciento de cigarros, y así de las demás labores.

2.º Que no se despida ni a una sola de las obreras que actualmente trabajen en la fábrica.

Como el trabajo no puede estar muchos días parado y las asociadas tendrán un fondo para vivir algunas semanas, cuando menos, la administración no tendrá mas remedio que ceder y las máquinas, en lugar de causar perjuicio a las cigarreras, les producirá un beneficio, disminuyendo las horas de trabajo con igual jornal por lo menos.

La Independencia española, 9 de junio de 1873 página 3

Parece que hoy se ha reproducido el motín de las cigarreras en la fábrica de tabacos. Es fruta del tiempo federal.

La Iberia, 31 de enero de 1874 página 2

Ayer tarde promovieron las cigarreras un gran  escándalo en la Fábrica de Tabacos, a consecuencia de haber circulado enire ellas la noticia de que se iban a llevar máquinas para la elaboración de cigarrillos. 

El gobernador, tan pronto como tuvo conocimiento del suceso, se personó en el establecimiento, y auxiliado por los agentes de su autoridad é individuos del cuerpo de Orden público, adoptó las medidas necesarias para apaciguar a las amotinadas y descubrir a las que habían sido causantes del alboroto. 

Suponemos que el señor Albareda habrá tomado las enérgicas disposiciones que corresponden para evitar que se reproduzca. 

La Correspondencia dice que «afortunadamente el motín de las cigarreras ha terminado sin desgracias y sin que haya habido necesidad de emplear la fuerza. Después de regresar la comisión del ministerio de Hacienda, se las dio orden de marchar a sus casas, lo cual efectuaron, limitándose a gritar por algunos momentos. 

Un piquete de la Guardia civil de caballería, otro de infantería y otro de guardias de Orden público se situaron frente a la fábrica, a cuyos alrededores se aglomeró mucha gente, guiada allí por la curiosidad.»     

El Constitucional español, 24 de octubre de 1878 página 2

Las palabras de La Politica, al hablar hace pocos dias del motín de las cigarreras, empiezan ya a producir efecto. Ayer y hoy se ha asegurado que no pasarán muchos dias sin que sea  sustituido el director de Rentas.

No en vano aconsejamos al Sr. Rodriguez, al leer el suelto a que nos referimos, que se metiese inmediatamente en la cama, porque su salud se encontraba bastante resentida; pero debe tener el consuelo de que dentro de muy poco se hallará completamente restablecido. 

El Diario español, n16 de noviembre de 1881 página 4

EL MOTIN DE LAS CIGARRERAS.

Acerca del alboroto ocurrido ayer tarde en la fábrica de tabacos, y de que dimos cuenta en nuestra edición, podemos añadir nuevos detalles que confirman lo que indicabamos.

La causa fue la falta de hoja para seguir elaborando los cigarros llamados conchas, y las que lo promovieron las operarías que, dedicadas a elaborar esta clase, habían sido dedicadas a otra inferior, en tanto no se recibía hoja de la referida, con lo cual su jornal se reducía a la mitad.

Las amotinadas, en número de unas trescientas, pretendieron que las demás operarías siguiesen su conducta, no consiguiéndolo porque previsoramente fueron aisladas, mientras las seis mil restantes salían del local.

A la media hora de iniciado el alboroto se presentaron en la fábrica el gobernador civil, teniente alcalde del distrito, primer teniente alcalde, director de Rentas y otras autoridades.

Llamadas las maestras al despacho del director de la fábrica el señor conde de Xiquena, manifestó a las referidas que en breve contaría la fábrica con hoja de la clase mencionada, y que como el alboroto carecía de fundamento de seguir en su actitud, se veria en la necesidad de castigarlas severamente.

Las maestras hicieron saber esto a las amotinadas, las cuales se retiraron a los pocos momentos con el mayor órden.       

La Nación española, n16 de noviembre de 1881 página 3

El motín de las cigarreras.

A las cuatro y media de la tarde de ayer se han amotinado 240 operarias pertenecientes a uno de los talleres de la fábrica de Tabacos de Madrid. 

Tan pronto como el señor secretario del gobierno civil tuvo noticia del suceso, lo comunicó telegráficamente al señor conde de Xiquena, que a la sazón se hallaba en el Congreso, y se dirigió al lugar de la ocurrencia, donde no tardaron en aparecer el señor gobernador civil, el director general del ramo Sr. García Torres, el jefe de vigilancia y otras autoridades.

La exigencia de las amotinadas consistía en que se las destinase a la labor de tabacos conchas y regalías, a que venían consagrándose anteriormente, y cuya labor se había sustituido por otra que ellas consideraban más penosa y menos retribuida. 

En un principio trataron las mas ardorosas de las sublevadas, de comunicar la rebelión a otros talleres; pero previsoramente fueron aisladas a tiempo, y miéntras se convenía con ellas en una solución, a propósito para no perjudicar sus intereses ni los del Estado, se procuró desalojar la fábrica del contigente de seis mil mujeres,que encerraba en su recinto.

Como quiera que las causas que motivaron la suspension de las lobores conchas Y regalías desaparecerán, según hemos podido entender, desde el próximo sábado, pudo con facilidad encontrarse la solución apetecida, acordándose que las mencionadas operarias vuelvan dentro de tres dias al mismo trabajo que habían venido desempeñando hasta hace poco. 

Al escuchar estas afirmaciones del señor director general de rentas, se dio por satisfecha la mayoría de las amotinadas, quienes abandonaron con el mayor órden el establecimiento; pero aun quedaron rezagadas una docena de ariscas que se proponían sacar mejor partido de sus gritos. Estas cedieron en su empeño, cuando se enteraron de que iban a quedar detenidas dentro de la fábrica.       

La Iberia, 29 de septiembre de 1882 página 3

El motín de las cigarreras ha terminado, ordenándose el cierre de un taller. 

El Diario español, 11 de marzo de 1885 página 3 

CUESTIONES DEL DIA.

Extraordinaria animación so notaba esta tarde en el salón de Conferencias y en los pasillos delCongreso. 

Los temas de conversación ó mejor dicho, de controversia, eran muy variados. Hé aquí algunos de los más salientes: 

Motin de las cigarreras. Desde las primeras horas de la mañana pudo notarse una agitación efervescente en todos los departamentos de la Fábrica nacional de tabacos, hasta que las cinco ó seis mil mujeres que allí trabajan se declararon en abierta rebelión, empezando como siempre por romper las mesas y utensilios de la Fábrica. 

El motivo de la insurrección era, según decían, impedir que se establezca una máquina de liar cigarrillos movida a vapor, que en efecto no existía sino en su imaginación exaltada. 

Los empleados de la casa avisasen inmediatamente a la autoridad, y el gobernador civil se presentó a las puertas de la fábrica acompañado de fuerzas de órden público.

El gobernador y sus subordinados fueron recibidos a pedradas, resultando algunos contusos, y hasta el mismo Sr. Villaverde se dice que recibió algún golpe, y no pudiendo calmar el alboroto que subía de punto con sus exortaciones, mandó cerrar las puertas de la fábrica dejando encerradas a las rebeldes cigarreras, y rodeando el edificio con fuerzas de la Guardia civil y de órden público.

La agitación se habia calmado esta tarde y las cigarreras sitiadas por hambre, empezaban a desalojar pacificamente el edificio.

El Diario español, 12 de marzo de 1885 página 1

EL MOTIN DE LAS CIGARRERAS

Aun cuando en la edición de anoche dimos las principales noticias relativas al motín promovido por las cigarreras de la fábrica de Madrid, las proporciones que éste suceso ha tenido y los daños causados nos mueven a ampliar la relación con varios pormenores tomados de otros colegas, especialmente del Globo.

Apenas estalló el motin, los empleados de la fábrica quisieron dominar aquél, pero les fue imposible, y los que se pusieron a tiro, recibieron una lluvia de pedradas, pucheros y tablas, que ocasionó varias contusiones.

Avisadas las autoridades, acudieron el gobernador y el coronel Oliver, que se hallaba en cama enfermo, su llegada fue saludada con silbidos y una grita descomunal, además de pedradas lanzadas por las ventanas de los talleres.

El gobernador, y su comitiva al ver esto se retiraron prudentemente.

El gobernador sin embargo, no contaba con el elemento tumultuoso que había fuera, el que los recibió a pedrada limpia: La autoridad tuvo que replegarse hacia. la calle de Provisiones y Mesón de Paredes, con objeto de avisar a la Guardia civil.

Grupos de hombres que a los primeros gritos se formaron en las calles, quisieron romper a hachazos la puerta, de la Ronda, no consiguiéndolo por la llegada de la Guardia civil y órden público. La pedrea entonces se hizo general dentro y fuera de la fábrica: algunos hombres echaron mano a las navajas; en los talleres se hicieron algunos disparos, y otros desde la escuela de Veterinaria, de donde salieron tambien no pocas piedras.

Guardia civil de caballería limpió la calle, siendo apedreados los guardias y defendiéndose los de los grupos tenazmente. Las cigarreras, creyendo que la Guardia civil entraría en la fábrica, quisieron huir y rompieron la pared medianera del asilo de San Ildefonso, donde los hijos de muchas de ellas están recogidos.

Las hermanas de la caridad y los asilados, llenos de espanto, se refugiaron en la capilla.

En la puerta de la Casa de Misericordia había muchas mujeres que pretendían recoger a sus hijos, temerosas de que el tumulto pasara al Asilo.

Algunas cigarreras lograron escapar, pero tomadas todas las salidas y las boca calles por la fuerza pública, quedaron encerradas todas hasta la llegada del señor ministro de Hacienda.

El Sr. Cos-Gayon mandó abrir uno de los patios en que con mayor fuerza dominaba la sublevación y les preguntó qué deseaban.

Dijeron que habían leído en la prensa que se pensaba en la introducción de máquinas para hacer cigarrillos, y lo trataban de justificar con la visita que un catalán, el Sr. Blasco, que reside hace tiempo en Bélgica, había hecho recientemente a la fábrica. 

Pero el señor ministro de Hacienda las arengó diciendo que estaban en un error, pues dicho Sr. Blasco ha presentado sólo para su examen un sistema de elaboración de cigarrillos a mano, y que las únicas máquinas que se ha pensado en aumentar son las de picadura, con objeto de proporcionar mayor trabajo a las pitilleras.

Pero como el desorden no cesaba, el ministro recibió una comisión que pretendió hablarle, a la que reprendió severamente, diciéndoles que si insistían en su actitud se instalarían las máquinas y serian despedidas.

El Sr. Cos-Gayon dispuso que se dejara salir a las de los talleres de puros, y que Ias 1.500 de pitillos quedaran detenidas hasta La llegada del juzgado.

A las tres y media se constituyó éste, que lo era el de la inclusa.

A las cinco se dejó salir a las pitilleras, excepto a las señaladas como promovedoras del tumulto.

A las seis no había en la fábrica más que el juzgagado y Ias maestras llamadas a declarar. La Guardia civil de caballería se retiró s su cuartel a las cinco y cuarto.

Una hora despues, los guardias de seguridad empezaron a limpiar de curiosos Ias calles de Embajadores y Mesón de Paredes.

ESTRAGOS DEL MOTIN.

Cuando comenzó el tumulto había en la Fábrica unas 5.000 operarías.

El primer grito se dió en los talleres de cigarrillos:

— ¡Niñas, arriba! —gritó una—¡vamos a hacer pedazos las máquinas! —y comenzó el destrozo.

Las operarías, dirigidas por un Atila hembra, comenzaron a romper cuanto hallaban a mano: en el taller de cigarrillos no quedó ni una mesa, ni una silla.

En el laboratorio químico recientemente instalado, habian visto las cigarreras útiles y artefactos cuyo uso desconocían, y allá se encaminaron. Aparatos, caja de reactivos, todo lo destrozaron en un momento; sólo se salvó de su furia una báscula.

La irritación de las amotinadas parecía crecer a medida que aumentaban los destrozos. Y siempre buscando la maldita máquina, pasaron al almacén de tabaco picado de Canarias. Allí había 16 barricas.

— ¡Ahí están metidas las máquinas!—dijo una, y en el momento las barricas fueron rotas y el tabaco en hojas, que contenía 50 kilos cada una, desparramado por el suelo y pisoteado.

— ¡Mirad! aquí está el papel para los cigarrillos de la máquina —dijo una enseñando un depósito que se encontraba allí desde hace algunos años. Poco despues el suelo estaba alfombrado de papel de fumar.

Y lo mismo hicieron con gran cantidad de cubiertas de cajetillas, y destrozaron cuantos cajones vieron ¡siempre buscando la máquina!

Y con este mismo propósito abrieron tres boquetes en las paredes, por donde pasaron a otros almacenes.

La furia de las sublevadas aumentó al llegar al taller de las máquinas del picado; destrozaron algunas de éstas, y al motor le rompieron un montante y varias piezas, y arremetieron tambien contra el maquinista y el ingeniero Sr. Herbet. Este fue maltratado y herido en la cabeza.

Tambien el maquinista tuvo que emplear medios extraordinarios para salir ileso.

¡Qué espectáculo, presentaban en aquellos momentos las 5.000 mujeres, gritando desaforadas y triturando cuanto encontraban a su paso!

Por un poco de tiempo camparon Ias rebeldes por sus respetos. ¿Y quién se atrevía a impedírselo?

El gobernador y el Sr. Vicuña tuvieron que hacer una prudente retirada, y el administrador interino de la fábrica, que se quedó algo rezagado, fue herido de una pedrada. 

Las amotinadas continuaron sus romerías, y no quedó dependencia que no visitaran. En la carpintería tambien causaron algunos desperfectos, y hasta en el depósito de las muestras-tipos de los contratos estuvieron y rompieron varios cajones.

De cristales y puertas rotas, ¡la mar!

Según personas peritas, los daños ocasionados ascienden a 10.000 duros.

HERIDOS Y PRESOS.

El teniente del cuerpo de Seguridad D. Lorenzo Ruiz, el ingeniero de la fábrica Sr. Martínez Hebert, y el portero, heridos los tres de pedradas en la cabeza, grave el primero. El cabo Marcelino Jáuregui, de un tiro en el brazo derecho; el guardia José Rodríguez, dos pedradas en la cabeza; los cabos Juan García y Francisco Lázaro recibieron fuertes contusiones en la cabeza y brazos, y el guardia José María Menendez un estacazo y algunas pedradas.

Varios guardias civiles han resultado contusos.

Han sido detenidas 28 cigarreras y 10 individuos.

Esta madrugada, a las dos, continuaban en el juzgado de guardia los detenidos por los sucesos de la fábrica de tabacos, y además las maestras de los talleres, para prestar declaración.

Pocos minutos antes de la una, el señor juez fue llamado al despacho del señor ministro, en donde estuvo conferenciando con él y además con el Sr. Villaverde.

El Estandarte, 12 de Marzo de 1885 página 2

Ultimas noticias del motín de las cigarreras

A la una de anoche terminó el juez instructor,  Sr. Fonseca, de tomar declaración a varias maestras y cigarreras, que fueron puestas en libertad.

Cuatro hombres detenidos en el momento del alboroto, fueron conducidos a la Cárcel-Modelo, dos eran hijos y otros novios de cigarreras.

A las seis de la mañana se constituyó hoy en la fábrica el citado juez para instruir el sumario de la causa que se sigue por los sucesos de ayer y que han ocasionado un perjuicio de 15.000 duros..

Esta mañana se ha abierto la fábrica a la hora de costumbre, y a las operarias que se han presentado se les ha dado trabajo.

D. Julián Blanco, autor del procedimiento perfeccionado para fabricar cigarrillos a mano, ha dirigido un comunicado a El Liberal, explicando su visita a la fábrica de tabacos, que ha dado lugar al motín de ayer.

La Fábrica Nacional de Tabacos. Fue construida en 1790, y forma un paralelógramo rectángulo de 428 piés en las líneas mayores y 237 en las menores. Consta de un zócalo, en su mayor parte de granito, piso bajo y principal con 29 vanos en cada uno.

Empezó la elaboración de cigarros y rapé el l.° de Abril de 1809, ocupando 800 operarías. 

Despues de la guerra de la Independencia trabajaban sólo de 400 a 500. En 1882 se organizó, tal como está hoy, en diferentes talleres de picado, de habanos peninsulares, de mixtos, de cigarros comunes, elaborándose por término medio 337.927 libras de tabaco por 1.896 jornaleras. El número de éstas ha ido aumentando desde 1882, por las mayores necesidades del consumo.

Hoy tienen trabajo allí cerca de 10.000 operarias.         

La República, 12 de marzo de 1885 página 1

El motín de las cigarreras 

Reconoció por causa la creencia de que se trataba de introducir máquinas para la elaboración de pitillos. Anteayer por la tarde, corría por los talleres la noticia de  que habían llegado las máquinas. 

— Todas, todas vamos a quedar en la calle, decían. 

— Solo tres mujeres pueden manejar la máquina que hace por si sola los pitillos qua nosotras hacemos en un día. 

En los barrios de Embajadores y en todos los que habitan las cigarreras fue grande la escitación. 

Ayer mañana, en vez de entrar en los talleres, las obreras comenzaron a formar grupos, que se colocaron desde luego en actitud hostil. Su propósito era entrar a viva fuerza en el establecimiento para buscar las máquinas. 

— Nos quieren matar de hambre, decían. 

— Nos quieren dejar sin trabajo. 

— ¡Hay que arrastrarlos! 

— ¡Abajo las máquinas!

Parte de los grupos lograron entrar en la Fábrica, invadiendo sus extensas salas. Otros se quedaron a la puerta, recibiendo a silbidos y pedradras a los guardias de orden público, que llegaron a las nueve y media. Los grupos en la calle se iban engrosando con los parientes de las cigarreras, que llegaban a prestarles auxilio.

Esto aumentó el motín. Los cristales caían con estrépito, los cajones eran convertidos en astillas, levantaban los ladrillos, destrozaban las sillas y, locas, en el colmo del furor, con el cabello en desorden, los trajes rotos, gritaban desaforadas:

— ¡Las máquinas, las máquinas! ¡Queremos las máquinas¡

Los empleados de la Fábrica quisieron dominar el motín, pero les fue imposible, y los que se pusieron a tiro recibieron una lluvia de pedradas, pucheros y tablas que ocasionó varias contusiones.

No quedó dependencia sin ser visitada por las amotinadas, incluso el depósito en donde se guardan las muestras tipos de los Contratos. En este punto destrozaron 8 cajones y rompieron las etiquetas de los fajos de las hojas de tabaco, su afán de romper cajones no tenía otro móvil que el suponer que tenían piezas de maquinaria.

También produjeron algunos desperfectos, de escasa consideración, en la puerta del taller antiguo de carpintería.

Los daños causados en el interior del edificio y la pérdida de tabaco que haya podido haber, se calculan en dos o tres mil duros. 

Los destrozos mayores han sido en el laboratorio químico, en donde no ha quedado intacto otro objeto que  una báscula. Todo lo demás ha sido triturado por las amotinadas. 

En uno de los almacenes inmediatos abrieron un boquete y por allí pasaron muchas al asilo inmediato, desde donde se fueron a sus casas. 

En el taller en donde están las máquinas del picado han desaparecido algunas piezas, y en el sitio en que se encuentra la máquina motora rompieron un montante y dos piezas insignificantes de la misma máquina.

Como obedecían al impulso del odio contra todo lo que se relacionaba con la maquinaria, el ingeniero Sr. Martínez fue maltratado y herido en la cabeza, y debió su salvación al esfuerzo heroico de un operario, qne logró arrancarlo de las manos de aquellas furias y subirlo sobre una pila de... 

Los agentes del orden público, reforzados por la guardia civil, lograron volver a penetrar en la Fábrica, pero fueron segunda vez rechazados, teniendo la primera autoridad de la provincia que replegarse en la escuela de Veterinaria. Allí esperaron la llegada de nuevos refuerzos. Cuando llegaron fuerzas de caballería o infantería de la guardia civil, se intentó con éxito otro nuevo ataque a la Fábrica. 

Las amotinadas oponían ya poca resistencia. Eran las dos de la tarde y estaban rendidas de fatiga y abrumadasde cansancio. 

El no haber encontrado las famosas máquinas contribuyó a llevar el sosiego a los agitados ánimos.

La guardia civil ocupó la Fábrica, entrando en ella el gobernador y el director de Rentas. El aspecto que presentaba el edificio era el de un verdadero campo de batalla. Hasta la sólida puerta del patio había sido convertida en astillas. El patio grande estaba desempedrado, y con cajones y mesas se habían formado varias barricadas.

Tomadas todas las salidas y las bocacalles por la fuerza pública, quedaron encerradas todas hasta la llegada del señor ministro de Hacienda.

IJispuso éste se dejara salir a las de los talleres de puros, y que las 1.500 de pitillos quedaran detenidas hasta la llegada del juzgado.

A las tres y media se constituyó éste, que lo era el de la Inclusa, empezando las actuaciones y practicándose minuciosa requisa por el juez y los señores director de Rentas, delegado de Hacienda, etc., etc. Las puertas de comunicación de unos talleres a otros estaban derribadas, pero rocogidas como de ordinario las sillas y los útiles de trabajar.

El Sr. Cos Gayón dispuso que las pitilleras lactando salieran a dar el pecho a sus hijos.

A las cinco de la tarde el Sr. Villaverde y el Sr. Vicuña, entraron en el Congreso, y dirigiéndose al señor ministro de la Gobernación, que estaba en uno de los pasillos, le dieron cuenta de que todo estaba terminado.

Se han hecho algunas prisiones, sobre todo de hombres, que han sido conducidos al Gobierno civil con fuerte escolta.

La calle de Embajadores y sus adyacentes, estaban a las seis de la tarde ocupadas por numeroso gentío. Fuerzas de orden público y de la guardia civil rodeaban la Fábrica. Las cigarreras que no han sido detenidas iban saliendo en grupos de cinco y seis. Según salían se detenían eu las calles hablando y contando incidentes de la jornada.

Su espíritu belicoso no ha decaído y proferían amenazas para otro día.

Algunos grupos de cigarreras, al salir de la Fábrica, han intentado subir a las calles del centro. Los guardias de orden público lo han impedido, disolviendo los grupos.

Los detenidos parece que son tres: José Antigues, albañil, acusado de arrojar piedras a la guardia civil; Zacarías Zabalza, de disparar armas de fuego, y otro, cuyo nombre no recordamos, por desacato a la autoridad.

Han resultado heridos, José Rodríguez, guardia de orden público, de 34 años, en la cabeza; Marcelino Jáuregui, de 31 aflos, en un brazo; el paisano Evaristo Vázquez en la cabeza; los guardias Fermín Fernández y Juan García, en un brazo y en una pierna. Todos han sido curados en la Casa de Socorro del disfrito da la Inclusa.

El teniente de orden público, Sr. Ruiz, fue curado en la misma fábrica por un médico de la mencionada Casa de Socorro, lo mismo que el cabo Pascual.

El portero mayor del establecimiento ha sido herido en la mandíbula inferior, y el ingeniero industrial Sr. Heber ha recibido una contusión en la cabeza.

Alganas cigarreras han resultado con contusiones, que se han causado unas a otras en los momentos en que era mayor el tumulto.

Se han adoptado precauciones para evitar la reproducción del motín.

SENADO

Como era natural, el motín de las cigarreras, que ayer fue objeto de la preocupación de Madrid y motivo de seria alarma para el Gobierno, aunque procuró aparentar otra cosa, dio también motivo a preguntas en el Senado. El ministro de Gracia y Justicia no pudo satisfacer la curiosidad de los senadores, porque de sus palabras deducimos que sabía menos del asunto que los mismos interpelantes. Ignorancia indisculpable en un individuo del Gabinete, porque cuando él se esforzaba en quitar gravedad al suceso, había ya heridos a consecuencia de él, y aun se dijo que lo estaba el mismo Gobernador, si bien la noticia no pudo ser del todo bien comprobada. Esto aparte de las zozobras del público, que no participaba de la beatifica tranquilidad del Sr. Silvela. 

EXTRACTO DE LA SESIÓN DEL 11 DE MARZO DE 1885

Sr García Torres: Hace dos ó tres días leí en los periódicos que se había producido un conflicto en la Fábrica de Tabacos, que no deja en muy buen lugar la autoridad administrativa. Parece que las cigarreras se oponían a  continuar elaborando cigarros mientras no desapareciese cierto artefacto que en la fábrica existía.

El administrador, para aplacar los ánimos, negó que existiera allí tal artefacto, y en efecto, la tranquilidad se restableció por algunos días; pero acaban de decirme que hoy los desórdenes se han reproducido ya con mayores proporciones, pues hay grupos formados por individuos que no son de la fábrica, aunque se asegura que son parientes de las cigarreras.

Suplico, pues, al Gobierno se sirva decirnos con toda exactitud todo lo que hay en esto, así como indicarnos las medidas que el Gobierno va a tomar para restablecer el orden con los menores perjuicios para las pobres cigarreras.

El ministro de Gracia y Justicia: Sobre la cuestión de orden público, no puedo dar una última hora al Senado; pero no creo que lo que ocurre tenga siquiera mediana importancia, porque no guardando la actitud de las cigarreras relación con ningún partido ni de ningún grupo, eso puede ser un insignificante motín.

Por lo que se refiere al origen, todo ello se reduce  que se ha introducido ó se piensa introducir en la elaboración del tabaco las máquinas de que dispone hoy la industria, adelanto a que el Gobierno, menos todavía que cualquier otro fabricante, puede oponerse.

Entiendo pues, que si las cigarreras no reciben con mucha benevolencia estas innovaciones que pueden afectar a su trabajo, produzcan algunos ruidos que pueden degenerar en alboroto, pero que de ningún modo puede tener trascendencia para la tranquilidad pública.

El Sr. García Torres da las gracias al ministro y recuerda que, siendo él director de Rentas, ocurre un caso análogo, y el gobernador le declaró que estaba dispuesto a prestarle apoyo para restablecer el orden en la fábrica, pero que no entraría en el local mientras no le pidiera auxilio. (Algunos ven en estas palabras alusión a la conducta del gobernador Villaverde que entró en la Universidad por la fuerza y sin ser llamado.)

La Correspondencia imparcial, 13 de Marzo de 1885 página 3

LAS CIGARRERAS

Desde las primeras horas de la mañana de hoy corrían rumores insistentes sobre un suceso que no ha  llegado a realizarse. Decíase que las cigarreras preparaban una manifestación, cuyo objeto era pedir a S. M. el Rey la libertad de los presos a consecuencia del pasado motín.

Estos rumores llegaron a conocimiento del Sr. Villaverde, que, inmediatamente, se personó en la Fábrica, y se convenció de lo infundado de la version, puesto que todas las operarias continuaban tranquilamente en sus trabajos, saliendo a la hora reglamentaria en medio del mayor órden.

El gobernador dispuso que, por precaución, se situase enfrente de la Fábrica una sección de la Guardia civil.

Esta noche se celebrará en Fornos una comida con que el Sr. Blasco y su abogado en España, D. Juan Valero de Tornos, obsequiarán a algunos representantes de la prensa.

El Sr. Blasco es el inventor del aparato elaborador de cigarrillos a mano, de que tanto se ha hablado en estos dias.

Ayer se presentaron en nuestra Redacción los operarios de la sección de picado en la Fábrica Nacional de Tabacos, Bernabé García Huecas, Pedro Fernández Colín, Eusebio Sanz y Pérez, Agustin Martin Liceras y Juan Antonio Martínez Soto, en representación de sus compañeros, que son 28 y no 60, como se ha dicho. Con frases cultas y corteses, y en vindicación de su conducta, nos manifestaron que no es exacto lo que ha dicho la prensa de Madrid, suponiéndoles instigadores del motín de las cigarreras.

Hombres pacíficos y consagrados al trabajo, codician ganar el sustento de sus familias, y bien saben que no es ese el camino que para ello tienen que seguir. Ni se han mezclado en aquel alboroto mujeril, ni han tomado parte alguna en su preparacion; les sorprendió, como a todo el mundo, y esos honrados operarios se retiraron a sus casas, sin ingerirse en la asonada. Esto Han manifestado también al señor Gobernador, a quien esta tarde han visitado, siendo inexacto que el señor Villaverde dijera en el Congreso que atribuía a los empleados picadores de tabaco el origen del motín, como ha dicho un colega de la tarde.

Tenemos gusto especial en consignar estos hechos, por lo mismo que se trata de obreros tan educados y modestos como los que nos visitaron ayer.

La América, 13 de marzo de 1885 página 14

REVISTA DE MADRID

Una de estas piedrecitas es el motín de las cigarreras, ¿Quién dijo a aquellas mujeres que estaba en peligro la ocupación que las sostiene? ¿Qué mal genio sopló a sus oídos la falsa noticia de que alguien se preparaba a quitarlas su único medio de subsistencia? No se sabe.

La causa y el agente quedaron en la sombra; sólo los efectos salieron a luz.

Y estos efectos fueron terribles. Seis u ocho mil mujeres coléricas, indignadas, gritando todas a la vez, recorrían la Fábrica de Tabacos haciendo trizas cuantos objetos las parecían sospechosos, rompiendo muebles, forzando puertas, destrozando máquinas, destruyendo el laboratorio, sin que la voz de la razón ni las advertencias del buen sentido pudieran calmar su furia. En vano las autoridades trataban de disipar sus sospechas; en vano la fuerza pública tomaba actitudes amenazadoras. Roto el dique del respeto que de ordinario las encadena y las hace obedecer al director y a las maestras, su irritación no era para calmarse en tan breve plazo.

Gritaron, rompieron hasta que se cansaron, hasta que su voz no pudo articular sonidos, hasta que sus manos no tuvieron fuerzas para romper. La noche se echó encima y trémulas de soberbia todavía, rendidas y jadeantes, se retiraron las rebeldes a sus casas, llevando cada cual hazañas que contar y destrozos que referir.

Tendidos sobre el campo de batalla ó acostados en los lechos de la Casa de socorro, quedaron una porción de agentes en quien hicieron presa aquellas furias. Que furias más que mujeres parecían; furias locas más propias para hacer de diablos en el infierno que de ángeles en el hogar; dando tintes sombríos al cuadro una porción de desalmados de esos que sólo salen en las revoluciones cobardes y malvados, con grandes sacos vacíos al hombro, que aguardaban la hora del saqueo.

Hoy todo se ha calmado. La noche es buena consejera, y la noche hizo oir a las insensatas argumentos de cordura. Del pasado combate sólo quedan los heridos en el hospital, los recuerdos en la fábrica casi destrozados y la fecha en los anales madrileños. Y también debe quedarnos la vergüenza en el rostro, el dolor en el alma, el abatimiento en el espíritu.

Porque la lucha del otro día es una victoria de la ignorancia y la miseria. En ella el enemigo era el progreso, el pretexto un adelanto de la industria, el incentivo la miseria, la miseria que en los largos dias sin pan, en las largas noches sin fuego, vierte especies terribles en el oído de los pobres que ven su hogar helado y sus hijos hambrientos. Aquí la mujer no halla espedito el camino del trabajo, que para ella tiene muy pocas veredas. 

La que se encuentra en una se da por muy feliz, y no piensa siquiera en llevar a otra parte su actividad y su energía. Por eso, perder una ocupación es perder la vida. No hay ya esperanza de tomar otro oficio, de dedicarse a otra cosa. No. Fuera del lugar en que se trabaja, el hambre, la desesperación. Cerca, acechando su salida, la prostitución maldita con sus galas ridiculas y ostentosas, su cara cubierta de afeites, su aire provocativo, sus palabras tentadoras. De aquí esas rebeliones, esas desgracias; de aquí tambien esas humillaciones que se soportan, los abusos del capital, los sacrificios del obrero. Salir de una fábrica no es cambiar de modo de vivir, es entregarse a la muerte, suicidarse, y la existencia habla con voz muy poderosa en el pecho de jovenes y ancianos.

Para apreciar bien las circunstancias del suceso hay que tener en cuenta las condiciones especialísimas de las que en él tomaron parte; hay que considerar a la cigarrera encerrada en la fábrica durante todo el día, constantemente trabajando, respirando una atmósfera malsana, teniendo abandonado y solo el hogar, y feliz y contenta sin embargo porque al irse a su casa por la noche puede llevar en el bolsillo un pedazo de pan que alargue los dias de la madre anciana ó dé vida al pequeñuelo que se arrastra por la reducida habitación sobre mantones de trapos ó un jergón de paja. Vende su vida, su alegría, tal vez su felicidad, a la satisfacción que le proporciona la conciencia de su deber tan penosamente cumplido. Llueva ó nieve, haga frío ó haga calor, en invierno como en verano, su vida no se altera ni las condiciones en que trabaja se modifican. Siempre lo mismo, resignada, sumisa, apegada al presente y no pidiendo a Dios en sus oraciones más que la continuación de ese presente miserable, sin esperanzas de porvenir mejor; tal es la vida de la pobre cigarrera. Pensemos en el trastorno que en su cerebro ha de producir la idea de que, merced a un nuevo descubrimiento, la fábrica se va a cerrar para ellas, va a faltar trabajo en proporciones inmensas, agita sobre cabezas femeninas soplos de rebelión, y el motín del otro día se explica por sí solo. La ignorancia, sí; esa es su causa provocadora; pero la miseria está detrás, y es la verdadera culpable.

Abramos nuevas vías a la actividad de la mujer, démosla trabajo, puesto que es buena y no nos pide otra cosa, pero no la dejamos abandonada a sí misma para echarla después en cara el mal que cause.

EUGENIO DE OLAVARRÍA Y HUARTE.

Imprenta de El Progreso a cargo de B. Lanchares, Salesas, 2, duplicado.

Gaceta universal, 14 de marzo de 1885 página 2

Cigarrillos a mano

El Sr. Blasco es un español que reside fuera de su páis natal hace 20 años. Su acento francés, su elevada estatura y hasta sus patillas, dánle aspecto de extranjero. Por eso, cuando visitó la fabrica de tabacos hace pocos dias, las cigarreras le tomaron por el inventor de la supuesta máquina origen del motín famoso. 

Y no hay semejante cosa. El Sr. Blasco es, en efecto, un gran industrial, mejor dicho, un verdadero artista en cigarrillos, pero en cigarrillos elaborados a mano, entiéndase bien, a mano. Posee una fabrica en Bélgica, donde se elaboran diariamente de setenta y cinco a ochenta mil cigarrillos, que distribuye luego entre Bélgica, Holanda, Francia, Suiza, etc. 

Ahora bien; el propósito que trae a Madrid al Sr. Blasco es el siguiente: mejorar la factura de los cigarrillos a mano, para lo cual ha solicitado ya del ministro de Hacienda y del director de Rentas las oportunas autorizaciones. Con el tabaco capañol, el mejor del mundo, no se concibe, dice el Sr. Blasco, que se fumen cigarrillos tan detestables. ¿En qué consiste esto? En la nula elaboración; mejórese ésta, y aumentará el consumo, y por consiguiente los rendimientos para el Tesoro. 

Además, habrá que proporcionar trabajo a más mujeres.

Este es el proyecto. Ya ven, pues, las cigarreras que no tienen motivo de alarma, sino antes al contrario, de gratitud hacia el supuesto inventor de una máquina que no existe, ni se piensa en que exista en las fábricas españolas. 

Lo que hace falta es que un largo expediente no haga estériles los buenos propósitos de nuestro inteligente compatriota. Para probar que el cigarrillo es un elemento de riqueza  como otro cualquiera, citaremoe un dato que  honra mucho al Sr. Blasco. Empezó éste su industria con un capital de 27 francos, y hoy posee una fortuna que para si la quisieran muchos. 

Dicho esto, réstanos dar laa gracias al señor Blasco y a su representante el Sr. Valero de Tornos, por la atenta iuvitaciou que nos hicieron para que asistióéramos anoche a la co mida con que obsequió el primero, en Fornos, a los representantes de la prensa.         

Anoche recogieron los agentes de la autoridad un documento titulado: «Manifiesto de las cigarreras.»  

El agente de seguridad Hernan Sanz, que recibió una pedrada en el pecho durante el motín de las cigarreras, se ha agravado bastante.

La Correspondencia imparcial, 25 de marzo de 1885 página 1

LAS CIGARRERAS DE SEVILLA Y GIJÓN

Los rumores que circularon ayer, referentes al motín de las cigarreras de la Fábrica de Sevilla, se han confirmado.

Telegramas particulares recibidos por algunos colegas, dan a entender que el motín de las cigarreras de Sevilla ha debido tener más importancia de lo que a primera vista parece, toda vez que han resultado varios heridos y la Fábrica ha sufrido grandes desperfectos.

Se dice que la causa de este motín ha sido la instalación de una máquina de hacer pitillos.

A la una de la tarde de ayer se verificó en Sevilla una manifestación de miles de operarias que iban gritando: «¡No queremos máquinas!»

También daban frecuentes y atronadores mueras al jefe de Orden público, Sr. Valdivieso. La poblacion era completamente extraña a este suceso; pero se encontraba justamente alarmada.

También ocurrió ayer otro tumulto en la Fábrica de Tabacos de Gijón, del cual carecemos de detalles al escribir estas líneas.

Se dice, sin embargo, que las cigarreras de Gijón se alarmaron por haber corrido entre ellas el falso rumor de que se había recibido en aquella Fábrica una máquina para la elaboración de cigarrillos, siendo esta la causa del alboroto.

El Noticiero, 26 de Marzo de 1885 página 3

Anteayer se reprodujo en Sevilla el motín de las cigarreras.

Desde muy temprano recorrieron las calles, haciendo banderas de sus mantones de seda y dando gritos de ¡Abajo las máquinas! ¡Mueran los ingleses! (porque allí no reconocen más extranjeros que los hijos de la Gran Bretaña.)

Presentáronse frente al ayuntamiento y gobierno civil, apedreando sus ventanas, y no sin gran trabajo pudieron las autoridades hacerlas retirar.

Un grupo numeroso sacó de la Fábrica una caldera, y creyendo era un elemento de la fantástica maquina, la llevó con grande algazara hasta la orilla del Guadalquivir, donde la arrojó.

arrojó.

La Fe, 27 de marzo de 1885 página 3

Los motines cigarreros.

Triana ha vencido a Lavapiés. Lo cual significa que las cigarreras de Sevilla han sobrepujado a las de Madrid.

Estas tiraron con todas sus fuerzas del bastón del Gobernador, Sr. Villaverde: aquéllas tiraron desde un balcón un palo sobre la cabeza del Gobernador, Sr. Leguina, quien afortunadamente tenía puesto el sombrero.

Estas se limitaron a romper lo que encontraron dentro de la Fábrica: aquéllas no dejaron un cristal sano en las Casas Consistoriales, y quebraron no pocos del edificio del Gobierno civil.

En la refriega de Madrid las autoridades superiores salieron ilesas: en la refriega de Sevilla, el delegado de Hacienda y el secretario del Gobierno civil recibieron pedradas y palos. 

Pero lo característico del motín de Sevilla es que mientras el Gobernador publicaba un bando dirigido a las amotinadas y los oficiales de la guarnición acudían presurosos a los cuarteles, en los barrios en que vive el mayor número de cigarreras se organizaron por éstas grandes fiestas y bailes. 

Por supuesto que en Sevilla como en Madrid han tomado parte no pocos hombres a favor de las cigarreras. 

Las asturianas, por no ser menos qué las madrileñas y sevillanas, también han gritado hasta desgañitarse en Gijón, rompiendo todo lo rompible. 

Pregunta y respuesta cogidas al vuelo en el motín de las cigarreras de Gijón: 

— ¿Por qué —preguntaba una anciana a una zagaleta— es ese alboroto?

— ¿Ma pai no lo sabe? Ye que hay una máquina infernal que trabaja ella sola, y nosotres quedamos chupando el deu.

Terminaremos copiando estas líneas, que pertenecen a El Liberal:

«Los alborotos que en la mayor parte de las Fábricas de Tabacos han promovido las operarías han decidido al Gobierno, según parece, a adoptat una medida en que quizás no hubiera pensado por ahora, a no haberse producido aquellos tumultos. 

»Tenemos entendido que el Gobierno está resuelto a plantear la fabricación mecánica de cigarrillos en las fábricas en que no hay operarias pitilleras, innovación que se haría extensiva a las demás, en el caso de que se reproduzcan los motines registrados en Madrid, Santander, Sevilla, Gijón y algún otro establecimiento de la misma clase.

El Liberal, 27 de marzo de 1885 página 2

El segundo dia de motín de las cigarreras de Sevilla ha revestido caracteres más graves que el anterior. A pesar de los piquetes de guardías municipales, civiles, de orden público y de carabineros, penetraron en la Fábrica de Tabacos numerosos grupos de operarías para destrozar las soñadas máquinas y cuanto hallasen a mano.

El gobernador dirigió la palabra a las amotinadas; pero, lejos de apaciguarlas, cimenzaron a gritar y a arrojar ladrillos, tablas y otros objetos, causando bastantes contusiones. Una de las piedras dio en el sombrero del gobernador. La Guardia Civil de a caballo trató de despejar la calle de San Fernando, invadida por curiosos, lo cual dio lugar a carreras, cierre de puertas y a más de un percance.

Poco después salieron de la fábrica centenares de cigarreras provistas de grandes palos, dando mueras y otros gritos y dirigiéndose por varias calles en tumultuosa manifestación. Después de apedrear y romper los cristales de la Casa Consistorial, hicieron lo mismo en el gobierno civil, y por el camino destrozaron las farolas del alumbrado público. Después volvieron a la Fábrica, repitiendo los gritos amenazadores y los destrozos, hasta que la fuerza pública logró despejar aquellos sitios. Ha oido La Andalucia, aunque sin poder comprobarlo todavía, que resultaron muchas cigarreras y algún curioso con contusiones más ó menos graves.

Por la tarde dijo el gobernador un bando en que desmentía la noticia de haberse instalado máquinas en la Fábrica de Tabacos, y manifestaba hallarse dispuesto a reprimir cualquier desorden con la mayor energía. 

El Siglo futuro, 27 de marzo de 1885 n.º 3.005 página 3

DE ORDEN PÚBLICO.

Un periódico trae la siguiente relación del motín de las cigarreras de Sevilla el miércoles:

En las primeras horas de la mañana se reunieron en gran número en el Prado de San Sebastian, noticiosas de que no se les permitiría la entrada en la Fábrica. Unos cuantos números de la Guardia civil y una sección de orden público estaban encargados de evitar desórdenes en aquel sitio, y al efecto tuvieron necesidad de hacerse respetar de las amotinadas. Viéndose estas contrariadas por impedirlas llegar hasta la Fábrica, se dirigieron por el foso que rodea a esta hacia la antigua puerta de Jerez, por la que penetraron en la ciudad en numerosos grupos gritando: ¡No queremos máquinas! y ¡mueran los ingleses! dirigiéndose al ayuntamiento, y rompiendo a pedradas los cristales de las ventanas, en medio de una atronadora gritería. El señor alcalde, acompañado del Sr. Monti, primer teniente de alcalde, se presentaron en el vestíbulo, y a duras penas pudieron hacerse escuchar de las sublevadas, para proponerlas que designasen de entre ellas una comisión que entrase a exponer sus deseos, entraron, en efecto, unas cuantas, y expusieron al señor alcalde su deseo de que se interesase con el señor gobernador para que se abandonase el pensamiento de establecer la máquina; así lo hizo el Sr. Hoyos en el acto, y las comisionadas se retiraron al parecer satisfechas. Momentos después empezaron a desfilar hacia la calle de Génova, no sin que antes destrozasen a pedradas todos los cristales que quedaban sanos en las ventanas bajas.

»Un numeroso grupo de cigarreras, compuesto de unas 900 a 1,000, se presentó en el ayuntamiento, capitaneado por una como de cuarenta y ocho años de edad, con el cabello suelto, cruzado el pecho con una faja y llevando en la mano un palo y en un extremo un trozo de percalina rosa a guisa de bandera. Varias otras con pañuelos en la punta de otros palos formaban a la cabeza.

«Mientras esto ocurría en el ayuntamiento, otros varios grupos se dirigieron al gobierno civil con el mismo griterío, y no estando en su despacho el Sr. Leguina, se entretuvieron en romper todos los cristales de las ventanas de las galerías bajas.

« Retiráronse después todas a las inmediaciones de la Fábrica en igual actitud y con la misma algazara.

»En las últimas horas de la tarde se fijó en todos los sitios públicos el siguiente bando del señor gobernador civil:

«Sevillanos: Con el falsísimo pretexto de la instalación de una máquina se han promovido ayer y hoy graves desórdenes en la Fábrica de Tabacos.

Garantizo que nadie ha pensado en máquina semejante, y por tanto cumplo con el deber de advertir que estoy dispuesto a reprimir cualquier desorden con la mayor energía, confiando en que la reconocida prudencia de este pueblo, hará inútil toda medida de rigor.

Sevilla, 24 de Marzo de 1885. - El gobernador civil, Enrique de Leguina.«

Acerca del motín en Gijon el mismo dia, escribe a La Correspondencia:

«A las ocho de la mañana de este dia principiaron a agitarse las cigarreras, creyendo que en la noche anterior habían ensayado en la fábrica una máquina para hacer pitillos, la cual elabora, según ellas, 600 cigarrillos por minuto.

»A las nueve era imposible acercarse a la plaza de las Monjas, sitio dónde se halla la Fábrica Nacional. En la misma hora se personó el juez de instrucción con su secretario, saliendo inmediatamente, por no poder conseguir que una junta compuesta de mayor ó menor número de cigarreras, manifestasen lo que querían. Al poco tiempo el señor alcalde quiso penetrar dentro del establecimiento, no siéndole posible, a pesar de las simpatías con que cuenta.

»Entre tanto las alborotadoras hacían de las suyas, rompiendo puertas, vidrieras, celosías, mesas donde elaboran los cigarros, hasta penetrar en las oficinas, rompiendo cuanto a su paso encontraban, dejándolo todo inservible.

»La Guardia civil también ha tenido que retirarse y acuartelarse en las casas consistoriales hasta que el señor gobernador de la provincia disponga lo que tenga por conveniente. ¡Qué dicterios! ¡qué palabras se oian alrededor del edificio! ¡Qué gritos de "¡abajo las máquinas!" ¿Por qué —preguntaba una anciana a una zagaleta— es ese alboroto? '¿Ma pai no lo sabe? Ye que hay una máquina infernal que trabaja ella sola, y nosotros quedamos chupando el deu.

»No ha sido el motín por la máquina, señor director, no; ha sido porque de Madrid, Santander y Coruña han escrito a esto pueblo que estuviesen con cuidado, que las máquinas-pitilleras llegarían a ésta de un dia a otro.

«Sigue el tumulto en grandes proporciones, y daré cuenta a Vds. del resultado. — J. F. M. 

El Día, 30 de marzo de 1885 página 2

Parece que del expediente instruido contra el administrador suspenso de la Fábrica de tabacos de Santander, con motivo del motin de las cigarreras, no resulta cargo alguno contra dicho funcionario.

La Ilustración española y americana, 30 de marzo de 1885 página 2

El motín de las cigarreras de Madrid se ha ido reproduciendo sucesivamente, con más ó menos violencia, en casi todas nuestras fábricas de tabacos; fenómeno singular que se observa casi siempre en casos análogos: la falsa noticia de que se iban a adoptar máquinas para hacer pitillos ha llegado integra y en su primitiva forma a todas las operarías españolas; la rectificación de esta noticia, hecha por el mismo Ministro de Hacienda, y trasmitida por telégrafo y por toda la prensa, no ha llegado todavía a su destino. Y es que todos somos excelentes conductores de lo malo, y conductores detestables para lo que consuela y favorece.

No hace muchas horas, al aspirar un cigarrillo, estalló por infiamacion un cuerpo extraño entre el tabaco.

— ¡ Tírale! — me dijo un amigo. Ese cigarro le hizo la pitillera el dia del motin.

Desde entonces hemos notado algunos fumadores que muchos cigarros echan chispas.

Afortunadamente, desahogadas las buenas mujeres con gritos y también algunos destrozos, la cuestión de los cigarrillos se ha resuelto de la manera más natural.

Se ha convertido en humo.

El Noticiero, 30 de marzo de 1885 página 1

Las cigarreras de Santander

En Santander terminó felizmente el motín de las cigarreras.

Inútiles fueron en un principio, por no extremar las medidas, los esfuerzos de las autoridades; pero al fin se convencieron las pitilleras de que la huelga no eonducia a nada y trataron de capitular.

Las amotinadas nombraron una Comisión para fijar las bases de la capitulación con el jefe de la Fábrica y todo quedó arreglado satisfactoriamente, puesto que las cigarreras se limitaron a pedir al jefe de la Fábrica que firmase un documento en el que asegurará que dentro de la Fábrica no habia máquina alguna para la elaboración de cigarros, y en el que se comprometiera a no permitir la entrada de máquina alguna sin ponerlo antes en conocimiento de las amotinadas.

Hecho esto por el jefe del establecimiento, se dió por terminada la huelga, y los talleres de elaboración se convirtieron en salon de baile, donde pasaron las cigarreras un buen día danzando y cantando de lo lindo.

Ya han comenzado los trabajos, recobrando la Fábrica su aspecto ordinario.

El Siglo futuro, 31 de marzo de 1885 n.º 3.008 página 3

DESORDEN PÚBLICO.

Según La Gaceta Universal, refiriéndose a telegramas de la Coruña, también allí las cigarreras se han alborotado.

Dice un periódico:

«La mujer que, según dijimos ayer, ha sido detenida en la cárcel de Sevilla, como cabeza del motín de las cigarreras, se llama Dolores Molina Cánovas.

»Ha declarado que no es operaría de la Fábrica de tabacos, y que la banda que llevaba en la turbulenta manifestación del martes, le fue entregada en una casa de las inmediaciones de la catedral.»

La Época, 5 de octubre de 1887 n.º 12.642 página 3

EL MOTÍN DE LAS CIGARRERAS

A las dos de esta tarde las cigarreras de la Fábrica de Tabacos pidieron al director de la empresa el cambio, ó sea un depósito permanente de tabaco a su disposición. El director no accedió a los deseos de las operarias, y todos los talleres comenzaron a sublevarse contra tal negativa.

A pesar de los ofrecimientos hechos por el director, éstas persistieron en su actitud hostil, y de ello se dio conocimiento al Gobernador, que, en unión del coronel de la Guardia civil y de los jefes de Seguridad y Vigilancia, se trasladó a la Fábrica. A su llegada ofrecía ésta un aspecto imponente: 7.000 cigarreras, todas las de la Fábrica en total insubordinación, hallábanse chillando y destruyendo cuantos objetos encontraban a su alcance y haciendo imposible la entrada en el patio, que fue preciso ocupar con fuerza de la Guardia civil.

El Sr. Duque de Frías intentó varias veces tranquilizar los ánimos de las alborotadoras; pero fue completamente imposible.

A la hora en que nos retiramos de la Fábrica, las seis y media de la tarde, continuaba el alboroto en aumento y las inmediaciones estaban completamente ocupadas por las familias de las cigarreras, que esperaban su salida con impaciencia.

En vista de que seguía el alboroto, se dispuso que las operarías salieran, tomando las oportunas precauciones para que éstas no se detuvieran en los alrededores y reanudaran el escándalo.

La Iberia, 5 de octubre de 1887 página 3

EL MOTÍN DE LAS CIGARRERAS

A las dos próximamente de esta tarde se inició un movimiento general de carácter hostil entre las operarías de la Fábrica de Tabacos. Los talleres semejaban desde aquella hora gallineros escandalizados por alimañas, y no había voz humana que pudiera sobresalir en aquel maremágnum

Los empleados del establecimiento corrían, llamados por las maestras, y éstas y aquéllos guardaban convenientemente la ropa en aquel revuelto oleaje de pitilleras.

La confusión era terrible, y todos los intentos pacificadores de los empleados se estrellaban ante los gritos salpicados de apóstrofes de las operarias.

Una maestra rodaba por el suelo, en tanto otras prudentes compañeras de la que rodaba se ponían a largo trecho de aquélla su compañera y del sitio del peligro.

Nadie sabe lo que es un edificio ocupado por 6.000 mujeres amotinadas, hasta que lo ve, muchas veces por desgracia del que lo ve.

Es de todo punto imposible que en ese edificio sea reconocida la autoridad de nadie, precisamente porque el nervio principal de un motín realizado por mujeres es la gritería, y con esto basta para comprender que seria necesaria para dominar un motín de esa especie, una autoridad especial en quien la Naturaleza hubiese puesto la voz de Júpiter Tonante, amén de un depósito de aguas capaz de inundar el edificio en motín, y de enfriar los temperamentos mujeriles más exaltados.

Por las operarías quedaron los talleres, y a merced de ellas se hallaron desde la hora indicada los destinos del tabaco picado y del tabaco en rama. Las cajetillas volaban, chocando en el aire con los mazos de puros.

En revuelta confusión andaba el modesto paquete de picadura de 18 céntimos la pieza con los emboquillados, puestos en estrecha clausura.

Allí no había clases. Todo parecía indicar que el motín iba a tener consecuencias desagradables. Pero no fue así, afortunadamente.

La presencia del gobernador civil señor duque de Frías, y la del delegado de Hacienda D. Modesto Fernández y González, que pudieron a costa de grandes esfuerzos dirigir la palabra a las operarías, dieron un pacífico y satisfactorio resultado.

Las quejas de las cigarreras parece que tenían por fundamento la mala calidad del tabaco y los temores de una próxima rebaja en el precio de la mano de obra, ya muy mermado por las expoliaciones de las maestras.

Tanto el gobernador como el delegado aconsejaron la calma y tranquilidad, que fueron poco a poco restableciéndose, hasta que ya a las seis y cuarto de la tarde quedó totalmente destruido todo temor de que el trastorno siguiera más adelante.

La mayor parte de las cigarreras pidieron que las dejaran marchar a sus casas, y en buen orden y por grupos fueron saliendo de la Fábrica a la hora citada.

Desperfectos ocurridos 

Algunas puertas arrancadas de quicio, rotos algunos cristales, muchas ropas pidiendo otras, algunas maestras mereciendo ser objeto de un interdicto de obra vieja, y mucha Guardia civil y fuerza del Orden público y un municipal dando empellones a diestro y siniestro por mor de la consinia.

El Diario español, 6 de octubre de 1887 página 2

EL MOTIN DE LAS CIGARRERAS

Las medidas y economías que poco a poco viene realizando la Compañía arrendataria de los tabacos, han dado por fin el resultado que era de esperar.

Comenzáronse por suprimir los talleres de las conchas, luego el de emboquillado, más tarde otros, y las operarias que iban viendo todo esto insurrecionáronse ayer al saber que la Compañía no accedía tampoco a su petición de que existiese como cuando el Gobierno manejaba la administración, el remanente de tabaco para el continuo trabajo.

Para que se comprenda mejor cuanta era la excitación que reinaba entre ellas, basta repetir las palabras de una infeliz al expresar la causa del alboroto:

“Estamos muy mal, decía. Ha disminuido el trabajo.

Han hecho requisa y dan para elaborar muy mal tabaco.

Poco a poco van desapereciendo los talleres. Se ha suprimido el emboquillado y las conchas. A esto se debe el descontento que comenzó al hacerse la contrata y que ha crecido de dia en dia. Yo ganaba ocho duros para alimentar a mis hijos y ahora no pasan de dos, Esto les sucede a todas.“

Antes de las dos de la tarde todo era paz y concordia entre las siete mil quinientas cigarreras que había en la fábrica,

A las dos apuntaron los primeros síntomas de uno de los motines, ya legendarios. 

El toque de campana para la salida de las que tienen hijos en lactancia, fue la señal de la insurrección. Estas insurrecciones suelen nacer sin acuerdo previo. Tienen algo de generación espontánea, como los hongos.

Pero cuando el espíritu del motín vaga sobre los talleres, la voz de una insurrecta latente basta para que el resto de la comunidad responda al grito de guerra. 

Fue terrible el desencadenamiento de la tormenta. La torre de Babel es uu pigmeo al lado del gigantesco y atronador vocerío con que las 7.500 secundaron el grito de guerra.

Trascendió el estrépito a las cercanías de la Fábrica. 

Funcionó el teléfono entre la gran cigarrería y los centros oficiales encárgados de velar por el órden público.

Despues del gobernador civil, señor duque de Frías, llegaron al teatro de la guerra el jefe de vigilancia, señor Pita; el delegado de Hacienda, D. Modesto Fernández y González; el delegado del distrito de la Inclusa, D. Tomás Millano; el subinspector D Nicanor Visier; el teniente de alcalde Sr. Plazaola; el secretario de la tenencia, D. Juan García Latorre; el teniente coronel de Seguridad, el capítan del distrito, una sección da Guardia civil de caballería y una compañía de infantería al mando de un teniente coronel, quien, por órden del señor duque de Frías, cerró las avenidas y custodió el exterior de la fábrica.

Con lo cual quedó en toda regla formado el acordonamiento y establecido el sitio. Sólo faltaba —y era lo principal— rendir a las sublevadas. Cosa, en verdad, harto difícil cuando de mujeres se trata.

Rendirlas por persuasión fue el primer intento de los sitiadores. Dejáronlas, ante todo, desahogar sus enojos.

Aquellas mismas que no ha mucho gritaban ¡Viva Camacho! gritaban ayer: ¡Muera Camacho! ¡Abajo la contrata! ¡Fuera ladrones! y otras lindezas por el estilo.

Entre estos gritos de combate resonaban vivas al Gobierno, al Rey, a la Reina y al gobernador. Salvo que, para éste último, además de los vítores hubo amenazas y realidades del género contundente, como que le arrojaron alguna tabla y no sabemos cuáles otros proyectiles.

Esto no obstante, llamó a las maestras de los talleres para que nombrara una comisión que expusiera a las autoridades las quejas ó reclamaciones que estimaran pertinentes.

Las maestras contestaron que era imposible acceder a la invitación del gobernador, porque las operarias, que seguían dando voces, no dejaban salir a nadie del patio.

La puerta de éste fue a seguida cerrada por órden del gobernador, quedando abierta una lateral por si deseaban utilizarla las revoltosas, que continuaron la gritería, sin querer entenderse con nadie, hasta las cinco de la tarde.

A esa hora se asomó por el montante de la puerta principal del patio una de las cigarreras diciendo que éstas deseaban hablar con un representante del Gobierno. 

El duque de Frías contestó que podían hacerlo dirigiéndose a él. La cigarrera parlamentaria comunicó la respuesta a las demás, después de lo cual dió vivas al gobernador, repetidos con grande algazara por las operarias. No fue fácil la inteligencia.

El duque de Frias insistió en el nombramiento de la comisión, y las cigarreras no se entendían para nombrarla.

“¡Que entre el gobernador! ¡Que venga aquí el gobernador!» gritaban. El señor duque, deferente a esta indicación, entró en el antepatio; pero continuó la gritería, siendo de todo punto imposible hacerse oir ante las 7.300 cigarreras que en el patio y desde las ventanas daban voces. Cuando el gobernador recomendaba el silencio, un pedazo de carbon lo dió en el sombrero, y esto fue motivo para que aumentara la confusión y para que se dirigieran unas a otras las cigarreras frases mal sonantes.

El jefe de vigilancia, Sr. Pita, entró en el patio y no consiguiendo tampoco calmar los ánimos, se retiró, recibiendo a la salida una ovación adecuada a su apellido, y acompañada de tablas y otros objetos y enseres que fueron lanzados contra su persona.

Cerróse la puerta del patio, y las cigarreras prosiguieron la algarada, gritando, “¡que nos matan de hambre! ¡que matan a nuestros hijos! ¡no queremos contrata!» y al mismo tiempo que las pronunciaban, procuraban echar en tierra la puerta. El tumulto seguía aumentando, aunque imposible parezca.

Entonces el gobernador apeló al recurso supremo —dentro del sistema persuasivo— de ponerse al habla con las avanzadas insurrectas, y prometió que ninguna sería despedida si entraban en razon.

Un estrepitoso ¡viva! al gobernador fue la señal de que las amotinadas empezaban a convencerse, roncas de gritar y cansadas de resistir.

No se llegó, sin embargo, por entonces, a un arreglo definitivo. Para ello hubiera sido preciso que guardarán absoluto silencio las cigarreras, y no lo guardaron.

En vista de que el alboroto continuaba, el gobernador se retiró al despacho del administrador-jefe de la Fábrica, llamó nuevamente a las maestras, y en presencia del representante de la Empresa de Tabacos, Sr. Carmelo, las manifestó en nombre de aquella, que accedía al cambio, ó sea a darlas hoy más tabaco para que tengan remanente.

Trasmitida que fue esta grata nueva a las sitiadas, mostráronse éstas dispuestas a abandonar su actitud hostil y resistente. Corrió de taller en taller la noticia, y a las seis de la tarde empezaron a desalojar el local.

El desfile se efectuó con órden relativo y con cierta prontitud. Eran las ocho y media de la noche cuando traspuso los umbrales de la fábrica la última insurrecta capitulada.

Los talleres quedaron convertidos en campo de Agramante. Todo estaba en el más bello desórden.

Anoche celebraron una conferencia en el ministerio de la Gobernación los Sres. León y Castillo, Puigeerver, Camacho y duque de Frías para ocuparse de los hechos acaecidos por la tarde en la Fábrica do Tabacos.

Después de dar minuciosa cuenta de lo ocurrido el señor duque de Frías, los ministros de la Gobernación y de Hacienda fueron de opinión de que la Compañía arrendataria de tabacos buscase un medio hábil de conciliación entre sus intereses y los de las operarias, procurando evitar a todo trance la repetición de escenas como las que se desarrollaron ayer en aquel eatablecimiento.

Parece que el Sr. Camacho se mostró del mismo parecer que los ministros, añadiendo que el Gobierno por su parte debía prestar a la Sociedad el necesario concurso de la fuerza pública, con el fin de hacer más difícil cualquier alboroto que pretendieran iniciar algunas operarias caracterizadas ó sofocarlo en el acto si el motín llegara a estallar.

En su consecuencia, el gobernador civil quedo encargado de la adopción de cuantas medidas fueran precisas para mantener el órden y reprimir con energía cualquier manifestación perturbadora.

El Mediodía, 6 de octubre de 1887 página 2

La insurrección de que dimos una breve noticia a nuestros lectores de provincias, se inició a las dos de la tarde. 

A dicha hora se tocó la campana para que salieran las operarias a la lactancia de sus hijos y poco despues se notó gran agitación en el taller donde se elaboran los cigarros penínsulares; agitación que rápidamente se generalizó por las demás dependencias. 

... 

El conserje se acercó a la puerta, y a media voz les aconsejaba nombrasen una comisión què expusiera sus quejas, y las cigarreras le decían: "¡Quítese de ahí, tío mandria!" 

Poco despues de las cuatro salió un grupo de niñas de la fábrica. Una de ellas, rubia y hermosa, que apenas contaba once años, esclamó al franquear la puerta: "¡Gracias a Dios que me veo en la calle, madre mia!" 

A la misma hora se notaron desde fuera algunos detalles que hacían presumir que las alborotadoras habían invadido los almacenes y estraido de ellos varias herramientas, que paseaban como trofeos.

El Liberal, 6 de octubre de 1887 página 1

Las cigarreras no dejaron salir una Comisión de maestras que iba a exponer al duque de Frías sus pretensiones; pero a las siete y cuarto las amotinadas se vieron obligadas a abandonar el local, del que empezaron a salir ordenadamente a la mencionada hora.

A las ocho y cuarto quedó desalojado la Fábrica y convencidas las cigarreras de que el gobernador gestionaría cerca de la empresa,  que serían atendidas sus reclamaciones.

La empresa accede, según parece, a conceder a las cigarreras el cambio de capas de cigarros como asimismo a que tengan la cantidad de tabaco de que antes disponían.

Persiguen las operarías con esta pretensión tener tabaco suficiente para elaborar cigarros en los dos días de la quincena que por efecto de la entrega y cobranza no podían trabajar, no teniendo material de repuesto.

Durante el motín, fueron destrozados tres grandes cajones de cigarros puros y varios de cajetillas emboquilladas.

Se teme que las cigarreras no se conformen con lo acordado por la empresa y que hoy volverán a reproducirse los sucesos de ayer.

El señor duque de Frias asistirá a la entrada en la Fábrica, habiendo determinado no tomar precaución alguna hasta tanto que los acontecimientos pudiesen reclamarlas.

El comercio con los Estados-Unidos

La prensa de los Estados-Unidos llegada ayer, publica el texto íntegro del convenio celebrado recientemente entre el gobierno de los Estados-Unidos de América y el gobierno de España, para la supresión recíproca y completa de todos los derechos diferenciales, de tonelaje ó recargos impuestos en los Estados-Unidos y en las islas de Cuba y Puerto-Rico, y en todos los otros territorios pertenecientes a la Corona de España, sobre los buques de los respectivos países y sus cargamentos.

Mientras aquí estábamos sin saber nada respecto a este convenio, los periódicos norte-americanos le publicaban íntegro. Por lo visto, el ministerio de Estado de aquel país, es más dispuesto que el de España para satisfacer a la opinión. ¡Y todavía habrá quien llame ligero al Sr. Moret!

Las disposiciones del convenio son las siguientes:

«Primero. — Se acuerda que desde esta fecha regirá positivamente la completa igualación de derechos de tonelaje é impuestos sobre los productos y artículos de los Estados-Unidos ó procedentes de cualquier otro país extranjero, cuando sean transportados en buques pertenecientes a ciudadanos de los Estados-Unidos y en bandera americana, a las islas de Cuba, Puerto-Rico y Filipinas, y también a todas las demás posesiones de la Corona de España; y que sobre esos buques y la carga que conduzcan no se cobrarán derechos de tonelaje, impuestas u otros, más altos que los satisfechos por los buques españoles y sus cargamentos en análogas circunstancias.

Segundo. — Bajo las anteriores condiciones, el presidente de los Estados-Unidos dará desde luego una proclama declarando que los derechos diferenciales de tonelaje é impuestos en los Estados-Unidos quedan suspendidos y anulados en lo que se refiere a los buques españoles y a los productos, artefactos ó mercancías importados en los Estados-Unidos, procedentes de España, de las posesiones antes enumeradas y de las islas Filipinas, y también de toda otra posesión de la Corona de España o de cualquiera nación extranjera. 

El gobierno de España ofrece este protocolo de convenio y el gobierno de los Estados-Unidos lo acepta, como notificación plena y satisfactoria de los hechos antes especificados.

Tercero. — Se autorizará al ministro de los Estados-Unidos en Madrid para negociar con el ministro de Estado un convenio ó un tratado, que ponga las relaciones comerciales de los Estados-Unidos y España sobre una base permanente y para ambos países ventajosa.

En fé de lo cual, los abajo firmados, en representación del gobierno de los Estados-Unidos y del de España, respectivamente, han firmado y sellado el presente documento. 

Dado en Washington el 21 de Septiembre del año de 1887. T. F.Bayard. B. de Muruaga.»

La Fe, 7 de octubre de 1887 página 2

El motín de las cigarreras.

De El Globo:

Segunda jornada.

Todo parecía conjurado. La oferta hecha anteayer por el representante de la Sociedad Tabacalera de que se restablecería el cambio, amen de otras concesiones de menor cuantía, aseguraban que, por ahora al menos, todo seria paz y contento en la inmensa colmena donde por un quítame allá esas pajas los animos se exacerban, las obreras se amotinan, piden lo que se les antoja, incluso la cabeza de tal ó cual personaje, y... las cosas vuelven a su estado normal hasta otra ocasión que, eso sí, no se hace esperar mucho tiempo.

Se conoce que a las tumultuarias de anteayer se les quedaron muchas cosas dentro del cuerpo, y eso que se pasaron gritando seis horas, y tras de nuevas consultas a espaldas del parlamento (léase fábrica), volvieron con nuevos bríos a los Talleres, decididas a armar la gorda y conseguir a fuerza de gritos y ladrillazos todo lo que les viniera en ganas.

Y cuenta que las cigarreras tienen probado de antiguo que son antojadizas.

Aun cuando no se sabe de cierto, todos los indicios parecen asegurar que las combatientes estaban de acuerdo.

No de otro modo se explica el hecho de que mientras unas entraban a las seis de la mañana en sus respectivos departamentos, en medio del orden más extraordinario, otras se quedasen en las inmediaciones de la Fábrica, formando grupos y discutiendo con viveza los incidentes de la escaramuza de anteayer, que solo escaramuza debemos denominar, pues la de ayer se pareció a una batalla en toda regla.

La autoridad, por su parte, no las tenia todas consigo; es decir, temía algo, pues había tomado sus precauciones, colocando alguna fuerza en los alrededores de la plaza.

Sucedió lo que se esperaba. Unas 3.000 operarias, repartidas en diferentes talleres, prorrumpieron a un mismo tiempo en gritos desaforados:

— ¡Muera Camacho!

— ¡Abajo la contrata!

— ¡No queremos rebaja en los precios!

Entretenidas de este modo y sin proceder desde luego a mayores desaguisados, continuaron hasta las nueve de la mañana, hora en que el administrador, D. Juan Francisco Rodríguez, dispuso que se cerrasen todas las puertas de la Fábrica, mientras que las autoridades prohibían que las operarias què estaban fuera penetraran en el edificio, aumentando el contingente de las sediciosas.

Esta segunda determinación originó los primeros disparos... de cascote.

En menos de un minuto se formó un ejército valeroso, en el que dominaba un acuerdo unánime: asaltar la Fábrica.

En columna cerrada marcharon decididas por la calle de Miguel Servet a la puerta situada en aquel lado del muro que rodea, al edificio. La puerta estaba guardada por los guardias civiles del 14.° tercio, que impidieron el asalto a costa de grandes esfuerzos. Advertidas las sitiadas de aquel refuerzo que sus compañeras les enviaban, se aprestaron a favorecer su acceso al edificio, y dirigiéndose con presteza al patio que corresponde  la dicha calle de Servet, subieron a las tapias apostrofando a los guardias, al par que alentaban a sus compañeras.

— Chicas, les decían, subid sin miedo que los del orden no manchan.

Y dirigiéndose a éstos, exclamaban:

— ¡Andad cobardes! ¡Dejadlas pasar!

Enardecidas las de fuera arremetieron con los guardias, rompiendo la fila que formaban, y llegaron hasta el muro dispuestas a escalarlo. 

Las sitiadas ayudaron esta faena echando a la calle escaleras y cajones, sobre los cuales se encaramaron las asaltantes, protegidas por las de arriba que a ladrillazo limpio mantenían a los guardias a una distancia prudente.

Los proyectiles daban las más de las veces en el blanco, es decir, en las espaldas y cabezas de los civiles; dos de éstos resultaron contusos; el Teniente Cebrían recibió un golpe en un pie y el teniente coronel otro en el tricornio, que nunca habrá dispensado a su dueño mejor servicio.

En vista de estas agresiones, y no queriendo la autoridad salir de la prudente actitud en que estaba ni tomar medidas de violencia, se replegó hasta las entradas de las calles de Miguel Servet, Embajadores y Provisiones, fuera del alcance de los proyectiles.

A las diez y media llegó a la Fábrica el señor gobernador, que enterado al pormenor de lo ocurrido adoptó la primera resolución, que fue el primer triunfo de las amotinadas. Ordenó que se diera entrada en la Fábrica a las operarias que estaban fuera. 

Inútil es decir que éstas celebraron su victoria con gritos de entusiasmo.

El duque de Frías, mandó buscar al administrador para conferenciar con él; pero dicho funcionario se había marchado en unión de los demás de la Fábrica, temerosos sin duda del furor del enemigo. 

También dispuso que se suspendieran las clases en la Escuela de Veterinaria.

Una de las operarias que habían quedado fuera hizo presente a S. E. las pretensiones que sus compañeras tenían.

La Niña, que así se llamaba la parlamentaria, no se mordió la lengua, é hizo saber al gobernador que la causa del disgusto de sus compañeras era y es la mala calidad del tabaco; que la Compañía no da ahora iguales cambios, pues antes el Gobierno daba quice sellos ó mazos mensuales, y ahora sólo reciben once ó doce; que se habla de rebajas en el precio de las labores, y, por último, que las disposiciones referentes al regimen interior de la Fábrica, adoptadas por el administrador, entre ellas una prohibiendo la entrada en el local a las prenderas y revendedoras, habían producido gran irritación en las cigarreras.

Ya en esto había cesado el tumulto. Las amotinadas celebraban consejo para organizar una manifestación que fuera a Palacio a exponer sus quejas a la regente.

En los tejados hacían centinela algunas. Las que quedaron fuera se entretenían en silbar a todo el que se atrevía a cruzar la calle, autoridades, Guardia civil y periodistas.

Una, más decidida que las demás, se destacó del grupo, y armada de descomunal navaja, amenazó a un teniente de la benemérita, que tuvo que sacar el sable para detener a la heroína.

El conflicto seguía. Menudean las conferencias; el jefe de la Guardia civil opina que debe enviarse más fuerza si la guardia al edificio ha de ser permanente. El capitán general pregunta por telefono si cree el gobernador necesaria su cooperación, y a todo esto la Compañía Tabacalera sin enviar una comisión ó algún representante que trate de evitar el escándalo.

El ministro de Hacienda tomó al fin cartas en el asunto, y ordenó que una comisión de la Tabacalera bajara a oir las quejas de las operarias.

Estas, por su parte, designaron a varias de sus compañeras que pasaron a conferenciar con ol señor Cavero, secretario general de la Compañía, que llevaba ámplios poderes del Sr. Camacho, para arbitrar un arreglo.

La Niña y la Muñeca, ¡buena Muñeca!, es decir, una real moza, que tiene gran ascendiente en la fábrica y sus alrededores, llevaron la voz cantante en las reclamaciones, y además de las que decimos arriba, exigieron que en sustitución del Sr. Rodríguez, que dimitió su cargo de administrador, nombraran a D. Manuel Medina, que goza de grandes simpatías entre el personal del establecimiento.

Desde luego accedió el Sr. Cavero a lo solicitado, y en tan buenas disposiciones lo vieron las parlamentarias, que de igual modo pidieron que las cosas continuaran en el estado anterior al arriendo; que las prenderas volviesen a ejercer su caritativo oficio; que los registros se hicieran por las maestras; y que se les entregaran los mismos sellos ó mazos que anteriormente. Gracias que no pidieron la luna... porque hubiera habido que dársela...

El Sr. Cavero dijo a todo amen. La comisión de operarias se apresuró a comunicar la feliz nueva a sus compañeras, e inmediatamente depusieron todas su actitud, y abandonaron el local tan tranquilas como si no hubieran roto un plato en su vida.

Y efectivamente, platos no habían roto, pero puertas, alambreras, persianas, cajones, cigarros, hojas y una gran cantidad de pitillos emboquillados, quedaron inservibles, y patas arriba todos los enseres de la fábrica.

En fin, ellas se han salido con la suya.

He aquí un bonito asunto para un sainete de Ricardo Vega. Si se decide a escribirlo, le proponemos el siguiente título:

El camino más seguro, ó el que no grita no mama... 

EL SIGLO, 7 de octubre de 1887

... 

A las cuatro y cuarto salieron de la Fábrica varias maestras dirigiéndose a la escuela Veterinaria, donde se encontraban el gobernador, el representante de la Compañía arrendataria de Tabacos, Sr. Carmelo, y el jefe de vigilancia Sr. Pita.

La entrevista entre estos y las mencionadas fue breve, acordándose restablecer los antiguos procedimientos que se empleaban para la entrega y recepción del genero.

Después de esta conferencia se supo que había sido destituido el administrador de la Fábrica Sr. Rodríguez y nombrado para sustituirle el interventor de la misma Sr. Medina.

A esta hora, cinco de la tarde, las cigarreras nombraban una comisión compuesta de dos por cada departamente para que vayan a dar su beneplácito al acuerdo tomado en la conferencia de que nos ocupamos.

A las seis de la tarde, el tumulto quedó apaciguado. y el orden restablecido. 
 
Anoche conferenciaron los consejeros de la Compañía de Tabacos, el gobernador civil y el ministro de Hacienda con el Sr. León y Castillo.  
 
La conferencia tuvo por objeto adoptar enérgicas medidas para impedir que en lo sucesivo se reproduzcan los sucesos de ayer. 
 
Antes de esta conferencia celebraron otra en casa del Sr. Camacho, este, dichos consejeros y el señor duque de Frías. 
 
Oficialmente se desmentía que el secretario general Sr Cavero transigiera en nada con la comisión de cigarreras que conferencia con con él. 
 
Todos los empleados de la Fábrica serán destituidos en sus cargos por abandonar ayer sus destinos. 
 
El Sr. Cavero llevaba autorización para nombrar el administrador de la Fabrica, cuyo nombramiento debió recaer en D. Antonio Bienvenida, pero en vista de que el Sr. Medina no había abandonado un instante su puesto, se le nombró a este.

Uno de los orígenes del motín fue el suprimir lo que se llama el cambio. Este no lo habrá mañana. 

En uno de los registros que se giró a los talleres hace cuatro días, se encontró 18.000 kilogramos de tabaco que fueron devueltos a los almacenes.

Hoy se tomarán precauciones para impedir que se reproduzca el motín.

El Noticiero, 11 de octubre de 1887 página 1

LA SOCIEDAD DE TABACOS

Conforme van pasando dias se van teniendo noticias exactas sobre el origen y consecuencias del Último motín de las cigarreras. La causa determinante del mismo, fué la nueva organización dada al cambio, que así se llama el acto de cambiar entre sí las operarias el tabaco que necesitan para las labores que les están encomendadas, y que la Sociedad habia dispuesto liquidaran todos los días en vez de cada cuatro, como se venía verificando.

Durante el motín, se mezclaron unas clases de tabacos con otras, poniéndose todo en desórden, y la Compañía acordó pedir autorizacion al gobierno para cerrar la Fábrica tan sólo por cuatro dias, con el objeto de restablecer el órden en las existencias, y un régimen conveniente a su marcha moral.  

El Gobierno denegó la petición de la Compañía, y en esto se fundó el Sr. Camacho para presentar la dimisión de director de la misma que el Consejo no aceptó, dándole en cambio un voto de confianza. 

La conferencia de que dimos ayer cuenta entre el ministro de Hacienda y el Consejo de la Sociedad de Tabacos, fue extremadamente fría, declarando en ella el Sr. Camacho al ministro de Hacienda que el Consejo de la Sociedad resolvería lo que estimase más conveniente para los intereses de la misma. Este es hoy el estado de la cuestión. 

La España, 14 de octubre de 1887 n.º 42 página 1

CRÓNICA DE LA SEMANA.

El motín de las cigarreras. —

Cuando en nuestro Congreso se discutía el arriendo de los tabacos, no faltaron oradores elocuentes que pusieran el grito en el cielo y conminaran al Ministro de Hacienda con serios y profundos disgustos y una quiebra casi pronosticada a plazo fijo.

Hay servicios que no pueden menos de estar encomendados al Estado, cuando éste tiene el privilegio del Estanco, ó tiene que declarar la industria libre para entregarla a los particulares.

Resolver un problema como lo resolvió el Sr. López Puigcerver, con el aditamento del celebérrimo Sr. Camacho, es un paliativo que no satisfará nunca a nadie, comprometiendo el capital de los accionistas y no dar gusto a los consumidores.

El motín del otro día lo justifica. 

Dos días hemos visto la autoridad de la empresa por los suelos.

El Gobierno hecho un lío: no sabiendo si debía tomar parte, ó si debía dejarlo todo en manos de una empresa demasiado interesada en que sus fondos no sufrieran menoscabo.

El conflicto se conjuró sin que llegara la sangre al río; mejor dicho, no hubo sangre, pero sí hubo víctima. Dígalo el Administrador, destituido al frente del enemigo.

Por lo demás, las cosas seguirán como estaban, hasta que el día menos pensado estalle, tomando más incremento, hasta el extremo de que haya una rescisión de contrato.

Las acciones se cotizaron, cuando no había más que resguardos, a 140, es decir, con una prima de 40 duros por acción; ahora están a 115, con tendencia a la baja. Dentro de seis meses, sólo Dios y Camacho lo sabrán.

La República, 1 de diciembre de 1887 página 2

Ampliando la noticia qne dimos acerca del motín de las cigarreras en Cádiz, se sabe que desde hace días obraban en poder del director de la Fábrica, órdenes de despedir a cinco maestras de las llamadas de rancho. Dicho señor cumplió las órdenes, y las operarías de los talleres de cigarrillos protestaron tumultuosamente.

Las operarlas de los talleres de puros no tomaron parte en el asunto. Dícese que el director de la Fábrica fue objeto de amenazas brutales por parte de sus subordinadas.

A los guardias de orden público que custodiaban la Fábrica se les dirigieron interjecciones de subido color.

Negros, dejadnos salir, —decían—, Que no viniera un toro y os cogiera—exclamaban otras.

Y parece que como por encanto, aparecieron por la calle de Plocia siete reses escapadas al ser desembarcadas en el muelle, poniendo en dispersión al público que presenciaba estas escenas.

La República, 30 de agosto de 1888 página 2

Motín de las cigarreras en Alicante.

A eso de las ocho de la mañana, según refieren los periódicos locales, en el taller de cigarrillos de la maestra Carmen Espí, se encontraba el inspector de labores para dar a las operarlas orden de rebajar el precio de la batea.

Esto produjo desastroso efecto, y de diferentes partes del taller se levantaron contundentes protestas.

La maestra Carmen y el inspector de labores afrontaron la tempestad con denuedo; cruzáronse de una y otra parte palabras duras y hasta insultos, y entonces estalló el motín, cayendo las alborotadas como una exhalación sobre la maestra, a quien golpearon terriblemente, y contra el inspector, a quien hirieron en la cara de un botellazo.

Apercibidos los otros talleres del ruido, formaron una tremenda coalición que amenazaba alcanzar mayores proporciones, a no haber acudido con oportunidad el gobernador interino Sr. Harmsen, el teniente coronel de la guardia civil Sr. Lloret y el alcalde D. Rafael Terol, que consiguieron con sus exhortaciones y sus promesas calmar la excitación y el tumulto de las operarias.

Las cigarreras no querían dejar salir con vida a la maestra Carmen, siendo vanas todas las tentativas que las autoridades hacían para librar a la infeliz del furor de las amotinadas. Aquella se encontraba en grave estado, custodiada por las autoridades, los empleados y algunos trabajadores, en la oficina del jefe.

Del hospital civil se ordenó traer una camilla para conducir a la lesionada a aquel establecimiento, y para atender a la curación que su grave estado requería; pero fue imposible que la camilla pudiera pasar del dintel del establecimiento, por oponerse un grupo considerable de mujeres que, en actitud terriblemente hostil, permanecía en la puerta. El Sr. Harmsen intentó coger una de las andas de la parihuela, creyendo que los buenos propósitos de atender al socorro de la que yacía medio muerta, serían respetados por la turbamulta, y tuvo que cejar de su empeño, visto el cariz que por momentos adquiría la insubordinación.

A las dos de la tarde quedó apaciguado el motín, y las tropas se retiraron a sus cuarteles.

Un periódico local dice que el origen del alboroto fue el de que la Tabacalera había dispuesto rebajar el precio de la batea elaborada, además de recibir desde hace algunos días un papel malísimo para liar los cigarrillos y obligarlas a envolver y empaquetar el tabaco de esta fábrica con sellos que corresponden a las de Madrid y Sevilla.

También alegan las cigarreras que en los talleres de cigarrillos jamás se pesó el tabaco que ha de entrar en cada paquete, y que hoy se les exige de peso media onza menos, y se les recomienda la confección de una labor fofa que ha de redundar en descrédito de este establecimiento.

La Época, 5 De septiembre de 1888 n.º 12.959 página 3

Un motín 

(De nuestro corresponsal) 

CÁDIZ 4 (4,31t.).—(Recibido con retraso). — Oponiéndose a la rebaja de dos reales por tarea, se han amotinado las operarlas de la Fábrica de tabacos, que a la vez pedian se les cambiase el papel de cigarrillos. 

La agitación duró dos horas, causando en este tiempo las sublevadas grandes destrozos en los cristales y  enseres. Por fin se restableció el orden merced a la intervención de alguna fuerza de la Guardia civil y a las amonestaciones del Gobernador, el Alcalde y varios concejales que al primer aviso se presentaron en el lugar del suceso.— C. 

La Fe, 11 de marzo de 1889 página 2

Pormenores del motín de las cigarreras en Bilbao.

Al referir la prensa bilbaína el motín de las cigarreras ocurrido el viernes, registra el descontento de aquellas operarias por la falta de consideración de sus jefes, que las obligan a no dejar el trabajo hasta las nueve de la noche y las esclavizan con todo género de exigencias y de rigores. Ultimamente se empeñaron en que con mal papel y peor tabaco habían de hacer buenos cigarros y al ver las operarías que les rechazaban la obra, perdiendo el fruto de su trabajo de todo el dia, estalló el viernes una seria sublevación.

Las cigarreras del taller de pitillos rodearon en actitud agrasiva al administrador, cuyas ropas quedaron mal paradas, y para librarse de algo peor saltó per una ventana del primer piso, lastimándose una pierna. Del suelo fue recogido por los carabineros, que lo llevaron no se sabe a donde, pues ni en la calle se encontraba seguro.

La insurrección se propagó al taller de puros, que está en el piso superior. Cristales y alambre ras, sillas, armarios, quinqués, papeles de la administración: todo quedó destrozado. Cuando el cabo de carabineros con cuatro números se presentó en el taller de pitillos, cuatrocientos brazos con cuatrocientos cacharros sa alzaron en el aire amenazando, y cuadrándose una cigarrera delante de las bayonetas, le dijo a un carabinero:

— “¡Pincha, cobarde!,,— Y viendo que no pinchaba, quitóse una zapatilla y le dió con ella en la cara.

La presencia del gobernador, que se ofreció a atender sus justas reclamaciones, bastó a restablecer el órden, contribuyendo el concurso de la guardia civil.

Como detalle, se cita el hecho de haber aparecido en una ventana un palo, de escoba con un trapo negro a guisa de bandera. El trapo era un buen trozo de la ex-levita del señor administrador. Tres ó cuatro operarías que auxiliaron a éste para saltar por la ventana, recibieron una paliza atroz de sus compañeras. 

La Fe, 7 De lunio de 1889 página 2

Se ha sobreseído la causa que se instruyó por el motín de las cigarreras de la fábrica de Bilbao, a consecuencia del cual estaban procesadas trece operarias.

El Resumen, 18 de octubre de 1889 página 2

El motín de las cigarreras de San Sebastián no ha tenido importancia. Ayer no se reprodujo la algarada del dia anterior, que fundaron las alborotadoras en lo fino del papel para cigarrillos.

El Imparcial, 23 de enero de 1891 página 1

EL MOTÍN DE LAS CIGARRERAS

Hace tiempo, desde que gran parte de la Fábrica de Tabacos fue destruida por el fuego, y a fin de conjurar el conflicto se apeló al Palacio de la Industria y de las Artes para establecer en él algunas labores, que las operarias a quienes la necesidad obligaba a ir todos los días desde los barrios de Embajadores y Mesón de Paredes al final del Paseo de la Castellana, hallábanse profundamente disgustadas. Después los intensos fríos del actual invierno hánse dejado sentir bastante en aquellas inmensas salas a pesar de los esfuerzos que para caldearlas se emplearon y las infelices operarías aguantábanlos con mal reprimido enojo. El Palacio de Bellas Artes es el edificio menos a propósito para destinarlo a que en él se pasen todo el dia trabajando las cigarreras y éstas esperaban que pronto las trasladarían a otro local.

Añádase a lo anteriormente dicho el rencor que las mujeres guardan al inspector de labores, D. Marcelino Pérez, quien, según oimos decir a algunas de las operarías "las trata peor que a judíos", y se comprenderá que son muchas causas las que originaban el descontento de las pobres cigarreras.

Por fin ayer estalló el conflicto. Tuvo su origen en que el viento ó una piedra rompió los cristales de la claraboya central, y cayendo éstos con estrépito hirieron en la cabeza a una operaría y en las manos a otras dos ó tres. Entonces muchas de las que se encontraban mas próximas empezaron a gritar:

— ¡Que se hunde el edificio! 

Y el pánico se espsrció rápidamente por los salones, poniendo en fuga a cuantas personas en ellos se hallaban.

Algunas cigarreras cayeron al suelo accidentadas, y los empleados, viendo que era de todo punto imposible calmar los ánimos, tuvieron el buen acuerdo de ir en busca de las autoridades.

Un inspector llamado D. Gaspar, que goza de generales simpatías entre las operarías, procuró tranquilizarlas asegurando que el edificio era muy sólido y no tenian nada que temer, más ellas insistieron en marcharse diciendo:

— ¡Nos quieren matar! aquí no trabajaremos nunca.

Por teléfono se dio aviso de la actitud amenazadora de las cigarreras al gobernador civil, al alcalde, al juez de guardia y a la prevención del distrito de Buenavista, y pocos momentos después llegaron fuerzas de la Guardia Civil y de seguridad, el gobernador, el alcalde, capitanes de orden público; los delegados de vigilancia Sres. Almería y Millano, el juez de guardia, Sr. Llombart, el secretario Sr. Muzas y otras autoridades.

El Sr. Sánchez Bedoya manifestó a las amotinadas que no se hallaba dispuesto a oirlas si no deponían su actitud hostil, ellas obedecieron y nombraron una comisión que se presentó al gobernador para exponerle sus quejas.

La comisión habló mal de la Compañía Tabacalera, del inspector D. Marcelino y del edificio, añadiendo que se gastaban un dineral en ir en tranvía desde sus casas a la Fábrica y viceversa, y por último, que el inspector no permitía que calentasen la comida en las estufas.

El gobernador prometió hacer lo posible por conseguir que se habilite otro local con destino a las labores que actualmente se trabajan en el Palacio de Bellas Artes, y las cigarreras se tranquilizaron.

Esto ocurría a las once y media de la mañana.

Por la tarde, al salir de allí el inspector don Marcelino, las operarias se aglomeraron a la puerta del Palacio, gritando:

— ¡Muera! ¡Muera! ¡Pillo, bribón!

El jaleo llegó a su mayor desarrollo en el momento de salir las cigarreras de la fábrica, y al practicarse el registro acostumbrado por las maestras.

Era imposible efectuar la operación saliendo todas de una vez, y no habia fuerza capaz de hacer ordenar a aquellas oleadas de mujeres. A duras penas logró dominarse la inundación, no sin que resultase una anciana con una muñeca fracturada; otra con un accidente, y varios empleados contusos por los pucherazos que les lanzaban las mas exaltadas.

A las cinco y media de la tarde, hora en que nos retiramos de aquel punto, todo quedaba tranquilo.

Las lesionadas con motivo de estos sucesos son Carmen Uras, de sesenta años, la cual experimentó una herida en la cabeza; Tomasa Gómez, de sesenta y un años, fractura del brazo izquierdo (pasó al hospital de la Princesa); Amparo Soler; Bernarda N. y Carmen Castro, heridas en la cabeza y en los brazos.

Decíase anoche que era posible que se habilitase local en la Veterinaria para colocar allí las labores que en la actualidad están en el Palacio de Bellas Artes.

La República, 23 de enero de 1891 página 2

El motín de las cigarreras.

Origen del conflicto.

Lo tuvo en el taller grande de los cigarros comunes. Allí se hallaban trabajando las operarias, cuando, a consecuenda del fuerte viento Sur que corría ayer mañana, a las once y media, cayeron varios cristales de la montera que cubre el salón. Los vidrios hirieron a tres cigarreras.

Inmediatamente corrieron hacia el sitio donde estaban las heridas todas las operarias de aquel taller y las de otro contiguo, en que se elabora la misma clase de tabaco.

Los gritos, las carreras y los sustos, pusieron en alarma a la gente que trabajaba en los demás talleres, los cuales quedaron desiertos en pocos instantes.

Reunidas todas las operarias, y después de socorrer a sus compañeras heridas, comenzaron a protestar con gran estrépito de los descuidos y abandonos de la Compañía Arrendataria, que no prevée los peligros que en día como éste ofrecen aquellas monteras de cristales.

Al mismo tiempo que por tal causa protestaban las cigarreras, decían que era de todo punto imposible continuar del trabajo allí, pues lo impedían en absoluto la falta de estufas y otros medios de calefacción.

— ¡Nos quieren matar! ¡Esto es inhumano! ¡Vamos a pedir amparo! ¡Que no se trabaje más! ¡No hay que volver por aquí! —gritaban las cigarreras, llorando unas é indignadas la mayoría.

El movimiento había tomado mayores proporciones de las que se creyeron en un principio.

Protestando estaban aún las operarias cuando se presentó en el taller de labores comunes un inspector, D. Marcelino Pérez (a) Miedo, seguido de algunos empleados.

Pretendió el Sr. Pérez restablecer el orden, pero su intento fué intítil.

Unas 3.000 mujeres se abalanzaron a él con propósitos decididos de hacerle pasar un mal rato.

Entre tanto, otras cigarreras se habían, sabido a las cajas y barricas que hay en el centro del taller, y desde allí dieron mueras al apurado Sr. Pérez, que en vano quería salir a todo trance de entre aquella oleada de mujeres.

— ¿Qué es lo que queréis? preguntó el Sr. Pérez viendo la imposibilidad de escaparse.

— ¡Tu cabeza! —respondieron—  ¡Que te vayas! ¡Que nos traten bien, según tenemos derecho! ¡Fuera, fuera D. Marcelino! 

— ¡Calma, calma! —replicó el Sr. Pérez. —Se hará todo lo que deseéis. Estoy de vuestra parte, bien lo sabeis.

— ¡Mentíra! ¡Fuera, fuera! 

D. Marcelino no sabía qué hacerse ya.

Salió de allí como pudo, y sin perder un segundo dió aviso de lo que sucedía a la dirección de la Tabacalera, quien a su vez lo comunicó al señor gobernador civil de la provincia.

Cesaron por fin las voces y las carreras.

Entonces las operarias se reunieron, por cierto con mucho orden, acordando el nombramiento de una numerosa comisión que expusiera a quien correspondía las unánimes quejas de todas.

Esta es la relación que de lo sucedido nos han hecho algunos empleados de los talleres.

Relato de las cigarreras

Estas suspendieron sus tareas y comenzaron a protestar contra las injusticias que con ellas se están cometiendo desde hace tiempo.

Llegó D. Marcelino Pérez y amenazó a las cigarreras que si no callaban serían despedidas del trabajo.

De tal modo se irritaron entonces las operarias, que se dirigieron hacia el Sr. Pérez con intenciones de estrangularlo.

El Sr. Pérez comprendió que se hallaba en situación dificilísima, y creyendo que así escaparía de las enemigas, gritó:

— ¡No acercarse a mí, que disparo con un revólver de seis tiros! 

A dos guardias que le acompañaban, les dijo:

— ¡Muchachos, apuntar con las escopetas a esas!

— ¡Muera, muera! —gritaron los operarios.

— ¡Os digo que apuntéis! —continuó el Sr. Pérez, dirigiéndose a los guardias.

Inmediatamente se abalanzaron las operarias sobre el inspector, que salió ileso merced a la protección de sus subordinados.

Restablecido un poco el orden, las cigarreras se decidieron a exponer sus quejas con la mayor tranquilidad posible, pero las arrogancias del Sr. Pérezlo evitaron, dando margen con su conducta a un escándalo mayúsculo, monumental, que no cesó hasta las cinco de la tarde.

¡Se hundió la casa! 

La noticia del  accidente ocurrido en el Palacio de Bellas Artes no tardó en llegar a la Fábrica de Tabacos de la calle de Embajadores; pero exagerada y abultada de un modo tremendo por la fantasía popular. 

«¡Se han hundido los talleres en el Palado de Bellas Artes! ¡Hay una porción de víctimas!» Tal fue la voz que corrió por la Fábrica, cual reguero de pólvora encendida.

En efecto las cigarreras de allí empezaron a abandonar por pelotones el trabajo, lanzando gritos y ayes de ¡Pobrecita! ¡Las han llevado alí para asesinarlas!

Por el Salón del Prado, por Recoletos y por la Castellana, la gente asombrada vio correr, entre dos y dos media, aquellas turbas de mujeres que iban todas en dirección al Hipódromo, y que a las preguntas que les hacían contestaban unánimemente:

¡El Palado de Bellas Artes se ha hundido!

Así se propaló por Madrid la nueva del supuesto desastre.

Las infelices mujeres qne tenían parientes en El Palacio de Bellas Artes, eran las que más corrían, al par que su aspecto desolado producía mayor alarma.

Su desesperación no tuvo límites, cuando al llegar al término de su carrera vieron que no las dejaban entrar. Los empleados comprendieron, sin embargo, a poco, que era peor oponerse a aquella avalancha, pues todas las operarias de la Fábrica de Tabacos se les venían encima, y abriendo de par en par las puertas, dejaron qne entraran cuantas quisieron.

La entrada de las cigarreras de la Fábrica antigua fue de gran confusión, pero conmovedor al mismo tiempo.

Las invasoras no hacían más que preguntar por sus parientes y por sus amigas, unasn por su madre, otras por sus hijas, otras por una hermana, y solo al cabo de algunos minutos, después que se hubieron enterado de la verdad, tranquilizaron su ansiedad; pero no así su espíritu, pues de seguida se unieron con las sublevadas para secundar el movimiento.

Las heridas 

Cuatro han sido las cigarreras heridas a causa del desprendimiento de unos cristales de la techumbre.

Una mujer que recibió un golpe de filo en la cabeza, incrustándose el vidrio en la masa. Esta mujer se llama Carmen Castro. Otra que fue herida en la espalda. Una joven a quien el golpe de otro fragmento de cristal le cortó la mano por la palma. Esta joven se llama Bernarda. Y tra, en fin, que recibió una contusión en el brazo izquierdo y un arañazo, habiéndole atravesado el vidrio roto las ropas. Esta otra joven se llama Amparo Soler. 

Todas las heridas fueron conducidas a la Casa de Socorro del distrito, siendo declarada de gravedad la que recibió el golpe en la cabeza. El médico le ordenó guardar cama.

A estas heridas fueron acompañando, hasta la Casa de Socorro, gran parte de las cigarreras de los otros talleres.

El suceso ocurrió en el taller de los cigarrillos comunes.

Hoy, con motivo de la festividad del día, no trabajarán las cigarreras. El sábado próximo reanudarán seguramente sus tareas, sin embargo de que la mayoría de las operarias no pensaban volver por el Palacio de Bellas Artes.

Cuando nos retiramos de los talleres algunas decían a sus compañeras: 

— ¿Y para esto nos hemos sublevado, para volver a trabajar?  

— ¡Vamos, que no parecemos cigarreras de trapío

El Imparcial, 27 de enero de 1891 página 2

LOS TUMULTOS DE AYER

No obstante haberse convenido entre las cigarreras no asistir al Palacio de la Industria mientras sus peticiones demandando mejor local no fuesen atendidas, ayer a las ocho de la mañana se presentaron unas cincuenta con el propósito de trabajar, y acto continuo pusiéronse a la labor mirando por sus intereses.

Las que llegaron con posterioridad negáronse a entrar en el edificio, y poco a poco el número de las huelguistas fue aumentando hasta reunirse unas cuatrocientas.

Al circular ontre éstas la noticia de que se hallaban varias trabajando, se iniciaron los murmullos que precedieron al alboroto.

— Eso es una infamia.

— No podemos consentirlo.

— Hay quo asaltar el palacio.

— Y arrastrarlas.

— Arrastrarlas... Eso, eso.

Tales eran las opiniones que emitían cuantas vagaban en derredor del edificio de la Castellana. Así permanecieron hasta eso de las doce y media de la tarde. 

El gobernador, en previsión de lo que pudiera ocurrir, había distribuido en las inmediaciones diez parejas de Guardia civil de caballería, al mando de un teniente; cuatro de infantería, veinte de guardias de orden público con su coronel, Sr. Morera, el ayudante Sr. García y varios capitanes; los delegados do vigilancia Sres. Almería y Millano con comisarios y vigilantes de la ronda del gobernador.

A la una do la tarde próximamente se presentó frente al Palacio un numeroso grupo de cigarreras, capitaneado por la África y la Chata, dos mujeres enérgicas y de carácter a quienes estiman mucho sus compañeras.

Enteradas de que en el edificio había ya unas 70 operarías trabajando, gritaron:

— ¡Pues adentro por ellas!

Y como una avalancha lanzáronse por las rampas decididas a penetrar a viva fuerza.

El inspector del distrito del Hospicio consiguió detenerlas.

El teniente de la Guardia civil, que al mando de algunas parejas custodiaba el edificio desde las primeras horas de la mañana, habiendo dado ocasión a que las cigarreras amotinadas llegaran casi hasta la puerta del Palacio de Bellas Artes dando gritos, ordenó a los guardias que despejaran, y estos con los caballos obligaron a las cigarreras a separarse algún tanto del edificio.

Pero las cigarreras continuaban alborotando, los guardias avanzaron con los caballos hasta llegar a la mitad de la vertiente del cerrillo donde está el referido Palacio.

Indudablemente debió irritarse mucho el citado teniente con los gritos de las cigarreras, pues de pronto mandó desenvainar, y los guardias con los sables en la mano continuaron obligando a las cigarreras á retroceder. Una piedra se vio por el aire, pero afortunadamente no causó daño alguno.

Varios guardias civiles, sable en mano, se dirigieron a las cigarreras, amenazándolas. Los guardias civiles fueron ayudados en esta operación por otros de orden público. Entonces hubo otras piedras por el aire, amenazando el asunto tomar serias proporciones.

— ¡Cobardes! ¡Ladrones!... —gritaban las cigarreras. 

La escena en estos momentos ofreció un aspecto bastante serio, los guardias seguían blandiendo sus sables y amenazando con ellos a las cigarreras, Una de éstas recibió un golpe que un guardia la dio con el sable de plano. En aquel momento empezaron las huelguistas a arrojar piedras sobre la Guardia civil. Uno de los proyectiles dio en el sombrero al teniente y otro causó una contusión a un guardia de caballería.

Entonces el teniente ordenó cargar sobre las amotinadas y creció el tumulto cutre ellas. El delegado Sr. Almería corrió a colocarse entre los dos bandos conteniendo a los guardias; pero en aquel instante una piedra arrojada por la cigarrera Manuela Florez fue a herir en la frente a un guardia civil de infantería que cayó al suelo sin sentido. La Manuela quedó en el acto presa a disposición del capitán general.

Después, merced a las exhortaciones de los delegados, todo quedó tranquilo.

Las setenta cigarreras que trabajaron salieron por una puerta trasera, custodiadas por guardias de Seguridad hasta la estación del tranvía del barrio de Salamanca, en donde montaron en un coche, y con el delegado Sr. Almería trasladáronse sin novedad a la Puerta del Sol. 

Se teme que hoy se reproduzca el alboroto.

El Resumen, 12 de marzo de 1891 página 3

El motín de las cigarreras

Origen del disgusto

A la hora de costumbre empezaron a entrar las operarias de los talleres de la fábrica de la calle de Embajadores. Poco después un grupo de ellas vio que entre los fardos de tabacos había latas y botellas de petróleo, según decían.

La noticia fue corriendo de boca en boca, y a eso de las diez de la mañana se amotinaron gritando:

— ¡Quieren incendiar la fábrica!

— ¡Abajo esos granujas!

— ¡Que echen al maquinista y al inspector de labores y al jefe!

— ¡Ellos son!

La gritería en los primeros momentos fue espantosa, siendo necesario dar cuenta de lo que ocurría al gobernador y a la delegación de vigilancia del distrito de la Inclusa. A poco rato se presentaron en el local de la Fábrica las autoridades y fuerzas de la Guardia civil y de seguridad, quedando las entradas ocupadas por aquéllas y los alrededores del edificio por la Guardia civil de a caballo.

Las cigarreras fueron despedidas de los talleres. Cuando se presentó el gobernador fue a visitarle una Comisión de cigarreras pidiendo la destitución del jefe de los talleres, la del inspector de labores y la del maquinista. El gobernador contestó que para el lunes procurará hacer justicia, una vez enterado de lo que en verdad ocurriera.

En la Fábrica

A las tres de la tarde, próximamente, llegamos a la Fábrica, con el deseo de adquirir nuevos informes. Nos hicimos anunciar en las oficinas, y el ordenanza encargado de trasmitir el aviso, salió al poco rato diciéndonos:

— Me han contestado que no se dan datos.

La contestación no podía ser más descortés. Porque lo corriente entre personas de alguna educación social, es recibir la visita. Es lo menos a que nosotros podíamos aspirar en las oficinas de esa Fábrica, como en todas partes. Pero como para ser empleado de la Tabacalera no es necesario por lo visto tener buena crianza, nos retiramos de las oficinas sin protestar siquiera.

Ya en el portal de la Fábrica, el comandante de seguridad, Sr. Cebrián, tuvo la amabilidad de contestar a nuestras preguntas, confirmando los informes adquiridos por nosotros respecto del motín.

Allí nos rodearon las cigarreras, para decirnos: Que no piden más que la destitución del jefe, del inspector y del maquinista. Aunque en la destitución del inspector, no todas se mostraban conformes.

A las cuatro de la tarde nos retiramos, sin que a esa hora hubiera temor de nuevos desórdenes. En el portal quedaban, sin embargo, muchas parejas de Seguridad y bastantes cigarreras.

El Diario español, 13 de marzo de 1891 página 2

El motín de las cigarreras

LA BOLA DE NIEVE

Desde el viernes de la semana anterior circulaban las noticias más estupendas entre las operarías que trabajan en los talleres de cigarrillos de la antigua fabrica de la calle de Embajadores.

Decíase que las economías introducidas en algunos ranchos, reduciendo el personal de operarias, se haría extensivo a todos los talleres y departamentos de la fábrica, resultando que si las economías acordadas por la dirección se realizaban, quedarían notablemente perjudicadas las empaquetadoras.

Estas y otras noticias mas absurdas fueron tomando cuerpo, y los comentarios de las operarías empezaron a recaer sobre el origen del incendio de la fábrica, y con este motivo circulaba como artículo de fe el rumor entre pitilleras y empaquetadoras de que aquel siniestro no fue casual, sino intencionado.

Acerca, de este particular se oían cosas estupendas de boca de las cigarreras. Decían que el incendio había sido intencionado, y que el director de la fábrica y los empleados superiores tenían interés en que desapareciera el edificio y cuanto en él se encierra, por ser este el único medio de que pudieran cubrirse los chanchullos que se vienen cometiendo hace mucho tiempo.

Estos rumores adquirieren para las cigarreras visos de verdad cuando el domingo último se produjo otro incendio en la fábrica.

La excitación de los ánimos llegó a su grado máximo cuando ayer mañana la mujer de un vigilante llamado Fabián hizo correr la voz de que había oído decir a su marido que sabía de una manera cierta que en sitio próximo al en que se hallan instaladas las máquinas se habían colocado dos botellas de dinamita, que se harían estallar en el momento en que llegaran a descubrirse los negocios que se traen ocultos los empleados.

El efecto que tan absurda noticia produjo entre las operarías puede comprenderse fácilmente. 

Estalla el motín

La versión anterior era para la mayoría de las operarías moneda corriente, y todos los absurdos que circulaban les acogían como verosímiles aquellas 2.000 mujeres. Cuando más excitados estaban los ánimos y la gritería era mayor, se oyeron voces de ¡fuego, fuego! que partían del taller de cigarrillos.

Estos gritos y los de ¡socorro! que se oyeron después pusieron en conmoción a las operarías de los demás talleres, y toda la población de la fábrica se puso en movimiento dando gritos. Mezclados con estos gritos escuchábanse varias interjecciones difíciles de transcribir, dedicadas al administrador, interventor, maquinista y portero de la Fábrica. Cinco minutos después la antigua Fábrica de Tabacos estaba convertida en un verdadero caos.

El delegado del distrito de la Inclusa, señor Millano, que tiene mucho ascendiente entre las operarías, se personó en seguida en la alborotada casa y sus gestiones para calmar a las amotinadas fueron inútiles.

¡Que venga, que venga en seguida el gobernador! ¡Esta no es casa, esta es una Babilonia! ¡Que me traigan la cabeza de D, Manrique! ¡Que me traigan a mi la de D. Mariano! ¡Que echen a todos los jefes que hay ahora a la calle!

Viendo el Sr. Millano que no bastaba su autoridad ni servía de nada el prestigio que goza entre las operarías de la Fábrica, dio cuenta por teléfono al gobernador de lo que ocurría en aquella Babel, rogándole se personara en la Fábrica cuanto antes, pues no se podía contener a aquellas furias, que por disposición del jefe del establecimiento estaban encerradas en sus respectivos talleres.

En la calle de Embajadores

Como muchas operarías se encontraban fuera del edificio, siendo esta la causa de que no tomaran parte en el motín interior, pues cerrados los talleres por orden del jefe y tomada la puerta exterior por las autoridades, se prohibió en absoluto la entrada a la Fábrica, resultó otro nuevo tumulto en la calle, y los grupos consiguientes de operarias y curiosos.

Momentos hubo en los que los grupos exteriores intentaron forzar la puerta arrollando a los empleados de la Tabacalera, a los guardias civiles y a los del cuerpo de seguridad que la defendían.

Cuando se presentó el gobernador de la provincia, acompañado del secretario del Gobierno civil, en el interior de la Fábrica continuaba el tumulto, y en el exterior el vocerío y las imprecaciones se sucedían casi sin interrupción. A duras penas se consiguió que las que se hallaban encerradas enviasen una comisión que expusiera sus quejas a la autoridad gubernativa.

La conferencia

Instalado el gobernador en el despacho del administrador de la Fábrica, Sr. Meléndez, oyó las quejas de las comisionadas, expuestas a gritos, empezando por pedir que cada rancho ó agrupación se componga de treinta ó cuarenta operarias, como antes, y no de dieciséis como sucede ahora; que sea relevado todo el personal de la Fábrica, llegando a exigir, en medio de grandes voces y gritos desafinados, que se las dejara en libertad para hacer un escarmiento con los que, según decían, quieren acabar con la Fábrica.

Como de todas las versiones anteriores hablaron las comisionadas al gobernador, éste, para tranquilizarlas, ordenó que se practicara un minucioso registro en el edificio, sin que diera resultado alguno.

La calma

Se consiguió ésta apelando al recurso de siempre: dejar pasar el tiempo. Después de seis horas de excitación y de fiebre, los ánimos se tranquilizaron, y poco a poco se fueron enterando las que estaban encerradas en los talleres de que las comisionadas habían obtenido del gobernador promesa formal de que procuraría recabar de la Tabacalera medidas contra varios abusos que se le señalaron, entre ellos la injerencia de una maestra conocida por la Muñeca y los malos tratos de que son objeto por parte del jefe de la Fábrica y del inspector de los trabajos señor Santías.

Por su parte el alcalde les ofreció que constantemente se hallaría en el interior de la Fábrica una brigada de incendios. Como medidas de precaución se reforzaron el retén de guardia civil y el del cuerpo de seguridad.

Las cigarreras acordaron un plazo de tres días para que se dejen atendidas sus reclamaciones, y se accedió a aceptarlo, con la esperanza de que en este tiempo la Tabacalera adoptará medidas que eviten otro alboroto.

El Resumen. 29 de julio de 1894

El motín de las cigarreras de Sevilla no ha tenido importancia.

La Época, 24 de enero de 1896, n.º 16.398

ALBOROTO

en la Fábrica de Tabacos de Sevilla,

(DEL SERVICIO ESPECIAL DB LA «EPOCA»)

¡En el local!

SEVILLA 24 3,30 tarde). — Reprodújose, tomando mayor importancia, el motín de las cigarreras, hiriendo a un guardia civil y apaleando gravemente al portero del despacho del administrador.

Las cigarreras vociferan pidiendo la destitución del administrador, Sr. Quesada, y mejor tabaco y papel para labores, y que vuelva D. Isidro Pérez, antiguo administrador cesante, que está en Madrid.

El gobernador, Sr. Leguina: el alcalde, Sr. Rivas y los generales Delgado y Sevilla, están en el despacho dé la Fábrica conferenciando con el administrador, que es persona dignísima y enérgica.

Las cigarreras aclaman al gobernador y al alcalde, los cuales les hablaron varias veces, procurando disuadirlas de la actitud de protesta que habían tomado. Pero las operarías les contestan diciéndoles «graciosos» y otros piropos chistosísimos.

Se ha telegrafiado a los ministros de la Gobernación y de Hacienda, en vista de la actitud de intransigencia que se observa contra el administrador de la fábrica.

Más de 4.000 cigarreras que dejaron de asistir hoy a la fábrica, gritan en la calle de San Fernando y en la explanada de aquella. - Falfstaff

En la calle de San Fernando.

SEVILLA 24 (3,30 tarde). - Fuerzas de Policía, Carabineros y Guardia civil vigilan la calle de San Fernando. Un batallón de Infantería que iba a practicar ejercicios al prado de San Sebastián, ha sido aclamado por las cigarreras. Después continuaron gritando contra el administrador.

La Fábrica ha sido desalojada, aunque con trabajo. Han dicho que no cesará el tumulto hasta que aquél no sea destituido.

Se tributan grandes elogios al gobernador civil, señor barón de la Vega de Hoz, al alcalde, Sr. Rivas (D. Anselmo), y al jefe de la Guardia Civil, Sr. Zulueta, por la conducta prudente que han observado. En la Fábrica continúan las autoridades. - Falfstaff

El Movimiento católico,  27 de enero de 1896

El señor ministro de la Gobernación manifestó a su entrada en la Presidencia, que había recibido un telegrama del gobernador de Sevilla, en el que le manifestaba que el motín de las cigarreras se podía considerar como conjurado, reinando la mayor tranquilidad, continuando cerrada la Fábrica de Tabacos.

La Justicia, 27 de junio de 1896

EN EL SENADO

Sesión del 27 de Junio de 1896, 

El señor marqués de Sardoal comienza diciendo que es preciso se sepa qué clase de relaciones jurídicas existen entre gobernantes y gobernados, y si las leyes se han hecho para ser cumplidas ó para que las autoridades las escarnezcan, puesto que en Madrid hace tiempo que existe un pésimo régimen de gobierno, atropellándose los indiscutibles derechos de todo ciudadano.

Alude el orador a la forma en que las autoridades de la Corte intervinieron ayer en el motín de las cigarreras. Forma brutal ó impropia de un gobierno fiel observador en el cumplimiento de sus deberes y amante de respetar el derecho de los demás.

Censura con dureza los atropellos realizados ayer por los vigilantes, que sin consideraciones de ningún género, repartieron sablazos a diestro y siniestro entre las amotinadas que, después de todo, caminaban en pacífica manifestación para protestar de una disposición injusta.

Considera el señor marqués de Sardoal que los bríos empleados ayer en atropellar a niñas é indefensas mujeres pudieran reservarlos para ocasiones en que son de necesidad, y que el celo administrado en el cumplimiento de sus deberes, fuera mejor reservarlo, por ejemplo, cuidando de que por la noche, a horas en que el vecindario sale a disfrutar de un paseo, no pululen por las calles ladrones y ángeles caídos que asaltan el transeúnte, dando lugar a escenas escandalosas que hablan muy poco en favor de la cultura y buenas costumbres de la villa y corte.

El Sr. Cos Gayón trata de defender la conducta de las autoridades, pero sus razonamientos carecen de una sólida base de argumentación, como ocurre siempre que se quiere defender una mala causa.

El Señor marqués de Sardoal, en su rectificación, se extraña del cambio total de ideas que se ha operado en el Sr. Cos Gayón desde veinte años a esta fecha.

Dice que está dispuesto a probar, con el Diario de Sesiones en la mano, que el actual ministro de la Gobernación defiende unas teorías que impugnó con tenacidad, y hasta con encono, en mejores tiempos, cuando aún no había escalado las altas esferas del poder.

Concluye el orador haciendo referencia a varios sucesos, entre ellos el que motivó la muerte del infortunado Carreras y el del apaleamiento de los estudiantes de San Carlos, censurando los procedimientos seguidos por el gobierno.

El Heraldo de Madrid, 30 de junio de 1896

CONGRESO

SESIÓN DEL DÍA 30 DE JUNIO 1896 

El marqués de Sardoal, en prueba de su imparcialidad, presenta al Congreso, para que se le entregue al ministro de la Gobernación, un documento del cual se desprende que la niña herida en el motín de las cigarreras, no lo fué por los agentes de seguridad, como se dijo.

La Hacienda nacional, 15 de mayo de 1905

La renta de tabacos

El público se lamenta en vano, pues no consigue que la Compañía Arrendataria mejore la clase y los precios del tabaco que le obliga a fumar; pero ella experimentará, mejor dicho, sufre ya las consecuencias de su temeridad y de su afán de lucro, expendiendo cigarros puros infumables y paquetes de picadura y liado que sólo contienen polvo, cascotes, correderas disecadas y otros excesos. Bien a las claras lo demuestra la baja persistente que se observa en la recaudación de dicha renta: en lo que va transcurrido del año actual hasta finde Abril, asciende a 2.111.791 pesetas 95 céntimos.

Atribuye la Empresa este descenso al contrabando que se hace por costas y fronteras, y no está en lo cierto a nuestro entender, porque el tabaco extranjero ha sido siempre de peor calidad que el nuestro, y el que es buen fumador no lo acepta: prefiere quedarse sin fumar. La causa es otra, quizás no una sola.

En primer lugar, las labores de la clase de tabaco no pueden ser más detestables: si unas son imperfectas y con rellenos de todo género, el otro tampoco es digno de ese nombre, porque sabe generalmente a espadañas de las que se utilizan en la confección de asientos para las sillas. El mal a nuestro juicio está en la mala calidad de la primera materia, y en las fábricas donde se hacen las mixturas, en las que acaso entre también algún producto químico que proporcione color, olor y sabor de tabaco a lo que no lo es.

El último motín de las cigarreras, pidiendo aumento de jornal, puso de manifiesto los abusos que se cometían en esos establecimientos fabriles Bien alto y bien claro decían a cuantos querían oírlas, que se las obligaba a mezclar el polvo con la hoja y que esta se les daba en muy reducida cantidad: y debía ser cierto porque nadie rectificó la noticia, y porque las cajetillas de todos precios, y especialmente las de 0,45, así como los paquetes de picadura de 1,75 y de 2 pesetas, tienen más polvo y basura que tabaco.

Las cajetillas y las libras prensadas, imitación a las de Cuba, hemos oído decir a más de una persona que parecen confeccionadas con hojas de achicoria; huelen que apestan y son además excesivamente caras; y en cuanto a los puros de 10 y 15 céntimos, quien quiera fumarlos regulares ha de ser amigo íntimo del estanquero y pagar muy bien el escogido. Aún así es preciso tirar con la mayor parte porque el que no arde mal, sabe a todo menos a tabaco.

La vigilancia, por tanto, donde ha de ejercer su acción es en las fábricas; y para que suba la renta y desaparezca el contrabando, no hay otro camino que el de abaratar la mercancía, dándola en buenas condiciones.

Mediten sobre estas advertencias, que nos tomamos la libertad de hacerles, el Director y los Consejeros de la Compañía Arrendataria, y decídanse de una vez a ganar menos y a gastar más: la ventaja está en vender mucho, y en que el capital se mueva. De otro modo, concluiremos los españoles por dejar el vicio, aunque en puridad no son ellos los que lo dejan, sino éste el que los abandona. A la fuerza ahorcan.

El Globo, 20 de octubre de 1906, n.º 11.237

UN MOTÍN EN LA FÁBRICA DE TABACOS

El motín de las cigarreras, iniciado anteayer, continuó ayer con igual ó mayor impulso. A las once de la mañana se presentó en la fábrica la Comisión de cigarreras nombrada para visitar al director de la Tabacalera, D. Eleuterio Delgado.

Como llegase la hora y no parecía por allí nadie, como se las había prometido, promovieron un regular escándalo, abandonando todas el trabajo. Después de mucho disentir, se nombró una Comisión, que entró en el despacho del administrador a conferenciar con D. Antonio Rodríguez y exponerle las quejas que tenían, y entonces un agente de Vigilancia marchó a la Comisaría de la Inclusa, dando cuenta al señor Sánchez Vidal de cuanto ocurría.

El segundo jefe avisó telefónicamente al gobierno civil, poniendo en conocimiento del señor Alba y del Sr. Millán Astray que el motín se había reproducido, y marchando inmediatamente a la Fábrica.

Al llegar éste, una Comisión de cigarreras se avistaba con el administrador de la Fábrica. Después de no pocos esfuerzos, el administrador pudo hacerse oír. Hizo uso de la palabra una maestra, diciendo que querían enterarse de si era cierto lo manifestado en el mitin de la costanilla de los Ángeles acerca de la elaboración de pitillos en los conventos.

Manifestó el administrador que la Compañía había desmentido ya esa especie y que podían estar tranquilas respecto a ese punto, y si tenían alguna otra queja que exponer lo manifestasen al Sr. Delgado. Acordó entonces la Comisión que había hablado a D. Antonio Rodríguez ir a la calle del Barquillo, y el Sr. Sánchez Vidal comunicó en seguida la noticia al Sr. Alba y al Sr. Millán Astray.

El comisario interino, para evitar que se organizase otra manifestación dispuso que la Comisión subiese a un tranvía. Al llegar a la calle del Barquillo esperaron en el patio de la casa del Sr. Delgado, y cuando llegaron otras compañeras, a quienes esperaban, subieron todas a ver a dicho señor. Con ellas subieron el Sr. Millán Astray y el inspector Sr. Gullón.

Juzgando por las caras de las comisionadas, la entrevista no fue satisfactoria para ellas. El Sr. Delgado les manifestó que las quejas que tuviesen las dieran por escrito en una instancia, y que, cuando se reuniera el Consejo, revolvería sobre este asunto. El gobernador, Sr. Alba, les prometió influir para el logro de sus deseos.

Cuando las cigarreras se enteraron del resultado de la entrevista celebrada entre la Comisión y el señor Delgado, prorrumpieron en grandes gritos y violentas exclamaciones de protesta. El administrador, viendo que la cosa tomaba mal cariz, avisó lo que ocurría a la Comisaría de la Inclusa, y acudieron en el acto el Sr. Sánchez Vidal y los dos tenientes de Seguridad de la compañía de aquel distrito y algunas parejas de guardias de Orden público.

Las cigarreras manifestaron al Sr. Sánchez Vidal que insistían en su propósito de hablar con el ministro de Hacienda. A vuelta de idas y venidas y entrevistarse con el gobernador, en nombre de éste dijo el delegado a las amotinadas que hoy, a las doce, sabrían positivamente si el ministro quería recibirlas. Esta promesa apaciguó los ánimos, prometiendo las cigarreras que se mantendrían hasta hoy en actitud expectante.

Irritadas las cigarreras, después de medio día, de un grupo salió la voz de a destruir la Fábrica, y en un momento abrieron varias brechas en paredes maestras de mampostera, hasta que se percataron de lo que ocurría algunos inspectores y se pudo llegar a tiempo de evitar que las cigarreras consiguiesen su propósito.

Asegurábase ayer que elementos extraños habían soliviantado a las operarias, y que alguna de estas personas les había dirigido la palabra dentro de la Fábrica.

Presentáronse por la tarde en la Fábrica el coronel Elías, el Sr. Millán Astray, el Sr. Gullón y además el capitán Zabaleta y el capitán ayudante. También se decía que una cigarrera estaba detenida en la Comisaría, pero luego se desmintió el rumor.

Momentos después de los sucesos reseñados, estando en Consejo los ministros, se presentó el Sr. Alba con el Sr. Tudela y el Sr. Delgado, y manifestaron al Sr. Navarrorreverter que una Comisión de cigarreras deseaba hablarle, contestando este que no estaba dispuesto a recibir a la Comisión mientras no depusiesen las cigarreras su actitud agresiva y bullanguera.

El Siglo futuro, 11 de julio de 1924, n.º 5.278

LA HUELGA DE CIGARRERAS

Se han tomado precauciones 

Desde la madrugada anterior doblaron el servicio las Comisarías de la Inclusa, Latina y Hospital, y al amanecer, quedando acuartelada la Guardia civil, la de Seguridad tomó los alrededores de la Fábrica de Tabacos.

Ayer, a primeras horas acudieron a la puerta de la Fábrica el jefe superior de Policía, seüor Valle; el coronel de Seguridad, el comisario general de Policía, el comandante señor Panguas y los comisarios señores Maqueda, Lara y Báguenas.

Un aviso

En cumplimiento de lo acordado por el Directorio, las puertas de la Fábrica permanecieron cerradas para las obreras. Al personal masculino se le dejó entrar, custodiado.

En las puertas centrales se fijaron unos carteles que decían:

«En vista de la actitud injustificada de las operarias de esta Fábrica, que abandonaron ayer el trabajo a pretexto de que inmediatamente no se había resuelto su petición de aumento de premio de elaboración, el Directorio militar ha dispuesto el cierre del establecimient durante tras días, a contar desde hoy.

El lunes próximo se abrirán de nuevo los talleres, en los que serán admitidas las operarias que se presenten aceptando las mismas condiciones que actualmente rigen en la Fábrica, bien entendido que la que no lo hiciera asi quedará despedida de la misma.

Madrid, 10 de julio de 1924. — El administrador jefe, Ubaldo Rexach.»

Las cigarreras

Las cigarreras se presentaron en la Fábrioa a la hora en que tienen por costumbre, y quedaron sorprendidas ante el aparato de precauciones, y mucho más al leer el aviso. Comenzaron los comentarios. y la formación de grupos, y a las diez de la mañana invadían gran parte de las calles de Embajadores, Casino y Portillo de Embajadores.

Es nombrada una Comisión. — Continúan las precauciones

A modiodía las huelguistas fueron a comer a sus casas o a las fondas y tabernas de las calles inmediatas, y volvieron ante la Fábrica y siguieron comentando lo ocurrido.

Las cigarreras decidieron nombrar una Comisión, compuesta de diez, que visite al presidente del Directorio.

Durante la tarde se ejerció la misma vigilancia que por la mañana, a fin de evitar algaradas y de impedir que las cigarreras viniesen al centro de Madrid. Las mismas precauciones se han adoptado durante toda la noche.

Lo que dice el administrador de la Fábrica

Algunos periodistas, a la vez que a las obreras, interrogaron al administrador de la Fábrica de Tabacos, señor Rexach, acerca del origen del conflicto; amablemente, el administrador dijo a los reporteros:

— El sábado, las operarias de la Fábrica, que suman unas dos mil quinientas, me hicieron una petición respecto al aumento del cincuenta por ciento en las labores. Como había otras que pedían más, y no se ponían de acuerdo, resolví esperar para llevar la petición a consulta del Consejo de Administración. Así lo indiqué a las obreras; pero éstas, lejos de conformarse, promovieron un alboroto en los talleres. El martes permanecieron en actitud pacífica; pero el miércoles iniciaron otra protesta de carácter violento, hasta el punto de llegar a parar las máquinas. No rompieron nada; se limitaron a chillar y abandonaron al poco rato el edificio. En vista de esta situación, y ante el temor de que en el día de hoy oourrieran cosas más graves, di conocimiento a las autoridades de lo que ocurría para que adoptaran medidas de precaución.

Una nota de la Federación  

SEVILLA 10. — Se nos ruega la pubbijcacinade la siguiente nota: 

«La Federación Tabaquera Española elevó en junio próximo pasado al Directorio militar y al director general de la Compañía Arrendataria de Tabacos las conclusiones aprobadas en el Congreso, recientemente celebrado en Madrid, las cuales sintetizan los deseos del personal y obreros de las diversas fábricas de tabacos. Las cigarreras madrileñas, dando uua nota irreflexiva, acaban de plantear ia huelga solicitando parte de las mejoras por la Federación antes solicitadas. La Federacóóa aconseja a las operarias que se reintegren al trabajo, y al personal federado, que se abstenga de toda huelga en las presentes circunstancias, ateniéndose a los acuerdos recaídos en el último Congreso. — El secretario, Severino Chacon.»              

El Mundo, 14 de julio de 1924 página 1

El conflicto de las cigarreras

El sábado la Comisión de cigarreras, acompañada del comandante de Seguridad Sr. Salgado, se personó en la Dirección de Seguridad para conocer el resultado de las gestiones practicadas por el director general, Sr. González Hernández.

La Comisión no pudo ser recibida en el acto por estar celebrando el director general en aquel momento una conferencia con el administrador de la Fábrica, D. Ubaldo Rexac. Terminada ésta pasaron las cigarreras al despacho del Sr. González Hernández.

El director general las manifestó que respecto a las peticiones de aumento que tenían solicitadas, serían estudiadas y resueltas, y que había conseguido que la Compañía les abonase el sueldo fijo de dos pesetas diarias que tienen asignadas de jornal de estos días perdidos en la huelga, quedando para estudio el resolver si se pagaría el tanto por ciento de elaboración perdida.

El administrador de la Compañía, señor Rexac, entró en el despacho del director general y repitió a las cigarreras las ofertas del director, aconsejándolas que volviesen a la Fábrica, para que después con tiempo, se pudieran resolver todas las cuestiones pendientes. Las cigarreras prometieron hacerlo así.

El director general de Seguridad manifestó a los periodistas que se podía considerar la huelga virtualmente terminada, y que la cuestión económica también se resolverla armónicamente.

La Comisión de cigarreras, acompañada del Sr. Salgado, se dirigió a la calle de Embajadores para dar cuenta a sus compañeras del resultado de las gestiones de director de Seguridad.                       

El Sol, 27 de noviembre de 1930

Disgusto en la Fábrica de Tabacos de Madrid

Anteayer por la tarde fueron llamadas por el jefe de la Fábrica de Tabacos de Madrid las delegaciones de todos los talleres, para comunicarles los aumentos concedidos a las cantidades fijas y sueldos solicitados. Las mejoras no satisficieron a los representantes de los tabaqueros y cigarreras, y abandonaron el trabajo muy disgustados. 

Ayer, a las siete de la mañana, una comisión obrera conferenció nuevamente con el jefe de la Fábrica, y después todo el personal declaró la huelga de brazos caídos, hasta que las delegaciones volvieran a los talleres y comunicaran la impresión que obtuvieran del jefe. Este manifestó a los comisionados que daría conocimiento a la Dirección-Gerencia de la Fábrica de las peticiones formuladas. Les exhortó a que continuaran en sus labores.

Los comisionados volvieron a los talleres a dar cuenta de lo manifestado por el jefe. En la reunión que se celebró, el personal en huelga pidió que la comisión saliera a visitar a la representación del Estado en la Compañía, acordando continuar la huelga de brazos caídos hasta conocer el resultado de la entrevista. El paro continuó durante toda la mañana. La mayoría del personal no ha querido salir de los talleres ni a comer.

La conferencia de los comisionados con el representante del Estado fue muy laboriosa. El secretario de la Federación Tabaquera, Sr. Chacón, y algunos comisionados dieron cuenta a dicho representante del disgusto reinante en todo el personal de la fábrica de Madrid, anunciándole que, de no atender las justas peticiones de los operarios, se declarará probablemente en todas las fábricas de España la huelga de brazos caídos.

Las concesiones aprobadas por el Gobierno consisten en aumentar hasta tres pesetas las cantidades fijas en los haberes de las operarías, descontándoles esta cantidad en los días festivos. La tarifa de sueldos del personal que cobra por este procedimiento se eleva en algunas clases de 7 a 10 pesetas, pero con descuento de los días de fiesta.

El personal que hasta la fecha ha venido cobrando las cantidades fijas y sueldo en forma diaria se opone al cambio del sistema que se pretende implantar. Las operarías han pedido que las tres pesetas de la cantidad fija sean diarias, sin descuento alguno, lo mismo que para el resto del personal en los aumentos concedidos.

El representante del Estado ofreció dar cuenta al ministro de Hacienda de los deseos de los obreros, e indicó la manera de tramitarse la cuestión, mostrándose favorable a la petición de que en ningún caso las operarlas cobren de sueldo mensualmente cantidad fija inferior a 75 pesetas.

La comisión, después, de la entrevista y en espera de que se tramiten las peticiones, ordenó la reanudación del trabajo esta tarde. Eran muchas las operarías que se acercaron a las oficinas de la Arrendataria para conocer el resultado de las gestiones.

Los obreros salieron muy complacidos por las manifestaciones del representante del Estado, y esperan obtener de éste y del ministro de Hacienda la orden de que se observe el mismo sistema de sueldo y cantidad fija diaria, acoplando las tarifas que venían rigiendo a los aumentos acordados.

La huelga de cigarreras y tabaqueros, que no duró más que durante las horas de la mañana de ayer, se desarrolló con tranquilidad absoluta.

El Heraldo de Madrid. 12 de diciembre de 1930

No habrá huelga de cigarreras como se esperaba

Después de la huelga de brazos caídos en la Fábrica de Madrid, que pronto tuvo general repercusión en las restantes Fábricas de provincias, la representación de la Federación Tabaquera celebró diversas entrevistas con el director general del Timbre y Tabacos, para recabar la reforma de la real orden, dictada a propuesta de la Compañía Arrendataria de Tabacos, por la cual se modificaba radicalmente el sistema de sueldos diarios y cantidades fijas del personal obrero por el abono de jornal tan sólo los días laborables.

Se convino en que los aumentos concedidos sean acoplados a los sueldos que regían, teniendo en cuenta las unificaciones de tarifas en los distintos grupos obreros. De este modo quedó conjurada la huelga general, que parecía inminente en todas las Fábricas de Tabacos.

Los obreros tabaqueros han conseguido, con la reforma de la real orden que se había dictado, mantener el sistema de sueldos diarios en vez del jornal por días de trabajo que se pretendía implantar, registrando las operarías un aumento en la cantidad fija de cincuenta y tres céntimos diarios, setenta céntimos los operarios mecánicos y de una a dos pesetas los obreros de diversos oficios y faenas generales.

Unido a los aumentos lograron las cigarreras y tabaqueros que se les concedan quince días con sueldo de licencia anual y los uniformes de trabajo del personal masculino y femenino manual.

Crónica, 31 de mayo de 1931

Lo que esperan de la República las mujeres que ganan su vida pobremente y con gran esfuerzo...

Las cigarreras

¡FÁBRICA de tabacos! ¡Cigarreras! La leyenda de Carmen cruza ante nosotros al conjuro del nombre! ¡Cigarreras!... Imposible separar la realidad de la novela. A través de los cristalitos color de rosa de la fantasía, desfilan historias de amor y de muerte, compañeros inseparables de nuestra raza...

Celos... Riñas... Navajas que vivorean en el aire para morder en la cara de la rival, marcando un chirlo «pa que escarmiente»... Mujeres hermosas con gallardías de hembra siempre victoriosa, merced al poder de su belleza... Llevan en el pelo un clavel rojo, muy ladeado, besando el cuello... Parece una herida..., o mejor su corazón... El busto erguido y firme se cubre apenas con un airoso mantoncillo negro, de flecos muy largos, que ondulan y enredan al que acierta a ponerse cerca. El pie, calzado con zapatito de charol, abulta menos que sus ojos.. La falda de percal se mueve con donaire a compás del andar menudo y garboso. Pisa con fuerza y desafía al mundo con su mirar, y el repiqueteo de sus tacones parece que dice: «Aquí va una cigarrera madrileña...»

Empiezan a salir las cigarreras de la fábrica... Despacio bajan la escalera-. Casi todas estas mujeres pasan de la cuarentena, y ninguna responde al tipo literario que nos hemos forjado a través de los cristalitos color de rosa de la fantasía...

Empiezan a salir las cigarreras de la fábrica. Despacio bajan las escaleras. Confuso montón uniformado. Amplios delantales azul marino las cubren por completo. Pasan ante nosotros veinte a cincuenta..., gordas, flacas..., bonitas..., feas; pero casi todas pasan de la cuarentena y ninguna responde al tipo tantas veces descrito. Un poco escamada, pregunto al fotógrafo:

— Oiga usted, señor Cámara, ¿está usted seguro que esta es la Fábrica de Tabacos?

— Sí, señora. Segurísimo.

— Y esas... ¿son las cigarreras... de verdad?

— De verdad... ¡Ay! Si las hubiera usted visto hace veinte años... Hasta los adoquines de la calle se levantaban para verlas pasar... Por eso hay tantos desniveles en esta calle. (¡Andaluz!) Acérquese usted a ellas; pero despierta, y se convencerá de que han sido, ¡ay!, todo lo que usted ha soñado y más...

Las veteranas de la Fábrica de Tabacos de Madrid: Flora Alonso (1), de ciento ocho años de edad, y María Grainés (2), de ochenta y dos años. Estas dos ancianas, la primera de las cuales lleva ochenta y tres años en la fábrica, trabajan aún y no tienen intención de jubilarse. (Fots. Cámara)

Nos rodean en un instante. Pregunto a una amable viejecita;

— ¿Quedan más?

— Sí, señora — me responde.

— Quedan las jóvenes... Mire usted, ahí salen algunas...

— ¿Pa qué es esto? —interroga una curiosa.

— Para CRÓNICA...

— ¡Amos, quite usté de ahí! ¡A mí me la va usté a dar! Chicas, no sus dejéis retratar, que esto es pa una película. Dicen que pa un periódico, por no soltar las pesetas; pero a mí, como no abillelen, ¡nequáquain!

Y se va muy indignada contra las compañeras que se dejan explotar con el timo del periódico.

— Trabajamos a destajo; pero figúrese usted. Pagan a las mecánicas, por un millar de cigarros tirulos, noventa céntimos, y no digo na las del taller del desvelado, que tienen que trabajar con las tripas de los cigarros puros...

— Hay días que salimos a dos veinticinco. ¡To ese capital pa nosotras solas!

— ¿... ?

— La mayoría tenemos hijos, o padres, o hermanos a quienes mantener...

— Nos pasamos aquí toda la vida, y tenemos que dejar los chicos tiraos y sin cuido. ¿Y pa qué? ¡Pa no cenar cuando se almuerza!

— Las hay que sacan hasta sus tres pesetazas.

— ¿... ?

— ¡Y que entramos aquí cuando somos niñas, y salimos cuando nos llevan en auto! ¡Que pa eso hemos progresao!

— ¿... ?

— Mire usted. Hemos ido a un inspector pa pedir aumento de sueldo, y nos ha contestao que «vayamos al ministro a pedirlo, que es muy buena persona. Vamos a ir, pero que como las balas. ¡La capataza nuestra se explica como los ángeles, y es capaz de sacar aceite a una piedra!

Hablan todas a un tiempo. El barrio se alborota, creyendo en una huelga de cigarreras. Una oradora improvisada pone orden, y podemos oír alguna que otra palabra suelta.

— Oiga usted. Dígalo usted en CRÓNICA, pa que todo el mundo lo lea. Queremos cinco pesetas de sueldo como mínimo, aparte de la subvención (esta debe ser la capataza); que no barran mientras estamos trabajando, que nos llenan de tierra. ¡Na, que se entera el Gobierno y nos siembra encima! Un colegio donde dejar recogidos a los chicos...

— ¿... ?

— En total, el jornal ese y subida de labor...

— Y un coche a la puerta, pa que te lleve a tu casa. ¡Pues no pide na esa!

— ¿Y a ti qué te importa? Vale más que se quede larga en el pedir, que ya se quedarán ellos cortos en el dar...

— ¡Callarse, leñe, que así no acabamos más!

Se reproduce el alboroto, que termina al aproximarse una viejecilla menuda y arrugada como un garbanzo. Dos compañeras la sostienen del brazo, se oyen voces:

¡La tía Viva! ¡Que hable la tía Viva!

— ¿... ?

— Tengo ciento ocho años —nos dice la ancianita—. Entré en la fábrica a los veinticinco años. Me llamo Flora Alonso.

— Nací en 1823. Fui casada con un calesero, al que llamaban el tío Vivo. Yo heredé el mote, y todas estas chiquillas me llaman la tía Viva.

— ¿... ?

— Ni quiero jubilarme. Gracias a Dios, veo y oigo tan bien como cualquiera. Y tengo muy buena memoria...

— ¿... ?

— Cuando usted quiera venga y le contare cosas de la fábrica... y del Madrid de mis buenos tiempos.

— Yo no pido nada. ¿Para qué, si todo me sobra?

Además, en aquellos años de mi juventud se ganaba mucho menos. Claro, que la vida estaba mucho mas barata que ahora.

— ¿... ?

— Es muy justo lo que piden las muchachas, se gasta mucho ahora.

— ¿... ?

— Tengo un chico. Sí. señora. Ahora empieza a sentar la cabeza. ¡Ya era hora!

— ¿... ?

— Sesenta y tres años. Un chiquillo. Tengo nietos que han salido de quintas, y... seguramente un montón de biznietos a quienes no conozco Gracias a Dios no necesito a nadie, ni nadie me necesita a mí. Lo que gano para mí es...

— Me gustaría... Me gustaría mucho eso que dan, que se llama Medalla del Trabajo. ¿Cree usted que la merezco?

Ya lo creo que la merece esta laboriosa viejecita.

¡Ciento ocho años y trabajando! Más de medio siglo sujeta a la misma labor... Al Gobierno de la República, tan justo siempre, traslada CRÓNICA los deseos de Flora Alonso. Que no se muera sin ver premiados tantos y tantos años de penosa tarea. Es la única recompensa que ambiciona esta mujercita menuda, ejemplo vivo de una época.

La Libertad, 6 de julio de 1932

La huelga de cigarreras en Sevilla

Sevilla, 5. — El gobernador recibió a los periodistas a mediodía y les dijo, refiriéndose a la huelga de brazos caídos que sostienen las cigarreras, que carece de importancia, pues trabajan a ratos y el paro es parcial. Cree el gobernador que el conflicto se resolverá rápidamente.


Monturiol patentó en España sólo una vez (1866): una máquina de hacer cigarrillos (priv. nº 4.221) que fue vendida a la Fábrica de Tabacos (Madrid) y que permitía hacer 45 cigarros en un minuto. Al parecer las propias trabajadoras de la fábrica destrozaron la máquina por temor a perder sus empleos y tuvo que ser indemnizado por la administración.







 

No hay comentarios: