miércoles, 4 de noviembre de 2026

El Sacamantecas

Juan Díaz de Garayo y Ruiz de Argandoña, conocido como El Sacamantecas fue un violador y asesino en serie español que vivió y cometió sus crímenes en Vitoria. 

El Sacamantecas, que lleva los subtítulos de «su retrato y sus crímenes» y «narración escrita con arreglo a todos los datos auténticos», es una obra de Ricardo Becerro de Bengoa sobre la figura de Juan Díaz de Garayo, el Sacamantecas, asesino en serie del siglo XIX. Se publicó en forma de folleto en 1881.

Gaceta Universal, 1879 noviembre 15

Un crimen horrible

El saca-mantecas

Vitoria 8.

Desde hace unos diez años se venían sucediendo en Vitoria crímenes misteriosos que no dejaban rastro alguno; recaían todos ellos en mujeres, que aparecían en el campo estranguladas y violentadas, sin que la policía pudiera descubrir al criminal. Últimamente, alguna de las víctimas había sido encontrada abierta y con las principales vísceras arrancadas. Crímenes tan frecuentes y en tales condiciones cometidos, hicieron meditar y discurrir sobre cuál sería el móvil que los impulsara, fijándose en el pueblo la idea de que estos delitos repetidos tenían por objeto extraer á las víctimas las mantecas para preparar con ellas unturas de efectos asombrosos en la curación de ciertas enfermedades. De aquí el que se hubiere creado un ser terriblemente fantástico y desconocido, al que se llamaba el «Saca-mantecas», autor misterioso de todos esos horribles delitos.

A principios del mes de Setiembre último se avisó al juzgado la aparición en la cuesta de Ayurdin, camino de esta ciudad á Bilbao, el cadáver de una joven de veinticuatro años que faltaba hacía dos días del pueblo de Zaitegui, donde vivía con sus padres. Trasladose el celoso juez de primera instancia, D. José Antonio Parada, y levantando el cadáver y verificada la autopsia, apareció que la víctima estaba estrangulada, violentada y con varias heridas en el vientre, ocasionadas con instrumento punzante y cortante.

Cuando salía el señor juez á levantar el cadáver de la desdichada joven de Zaitegui, se avisó al tribunal el descubrimiento de otro cadáver en el monte de Araca, dos leguas á la derecha del punto en que apareciera el primero, obligando á salir al señor juez municipal de Vitoria, D. Eduardo Madariaga, á ocuparse de este segundo delito. El cadáver de Araca era de una mujer del pueblo de Nafarrate, de 50 años, que apareció estrangulada y abierta, habiéndole arrancado un riñón, que se encontraba cerca de la cesta en que la víctima llevaba algunas compras hechas en la ciudad.

La consternación fué general, y el «Saca-mantecas» ocupó la atención de todos.

Enmedio de las calles de Vitoria se apoderó de él el alguacil Pinedo, y conducido á la cárcel, se obstinó en la más rotunda negativa. Declarado procesado por indicios, consiguió el juzgado que el detenido confesara sus delitos, y ya en este camino, han venido las declaraciones completas de lo ocurrido.

La lucha, 1879 noviembre 21

Un crimen horrible

EL SACA-MANTECAS.

Desde hace unos diez años se venian sucediendo en Vitoria crímenes misteriosos que no dejaban rastro alguno; recaian todos ellos en mujeres, que aparecian en el campo estranguladas y violentadas, sin que la policia pudiera descubrir al criminal.

Ultimamente, alguna de las víctimas habia sido encontrada abierta y con las principales vísceras arrancadas.

Crímenes tan frecuentes y en tales condiciones cometidos, hicieron meditar y discurrir sobre cuál seria el móvil que los impulsára, fijándose en el pueblo la idea de que estos delitos repetidos tenian por objeto extraer á las víctimas las mantecas para preparar con ellas unturas de efectos asombrosos en la curacion de ciertas enfermedades.

De aqui el que se hubiere creado un sér terriblemente fanástico y desconocido, al que se llamaba el «Saca-mantecas», autor misterioso de todos esos horribles delitos.

A principios del mes de Setiembre último se avisó al juzgado la aparicion en la cuesta de Ayurdin, camino de Vitoria á Bilbao, el cadáver de una jóven de veinticuatro años que faltaba hacia dos dias del pueblo de Zaitegui, donde vivia con sus padres.

Trasladóse el celoso juez de primera instancia, D. José Antonio Parada, y levantando el cadáver y verificada la autopsia, apareció que la víctima estaba estrangulada, violentada y con varias heridas en el vientre, ocasionadas con instrumento punzante y cortante.

Cuando salia el señor juez á levantar el cadáver de la desdichada jóven de Zaitegui, se avisó al tribunal el descubrimiento de otro cadáver en el monte de Araca, dos leguas á la derecha del punto en que apareciera el primero, obligando á salir al señor juez municipal de Vitoria, don Eduardo Madariaga, á ocuparse de este segundo delito. El cadáver de Araca era de una mujer del pueblo de Nafarrate, de 50 años, que apareció estrangulada y abierta, habiéndole arrancado un riñón, que se encontraba cerca de la cesta en que la víctima llevaba algunas compras hechas en la ciudad.    

La consternación fué general, y el «Saca-mantecas» ocupó la atencion de todos.    

En medio de las calles de Vitoria se apoderó de él el alguacil Pinedo, y conducido á la cárcel, se obstinó en la mas rotunda negativa.    

Declarado procesado por indicios, consiguió el juzgado que el detenido confesara sus delitos, y ya en este camino, han venido las declaraciones completas de lo ocurrido.

El sér fantástico llamado el «Saca-mantecas», no era otro que un labrador pobre, de 58 años, casado en cuartas nupcias, llamado Juan Garayo (a) Zurrumbon.

Sus declaraciones estremecen, y los detalles que dá de sus delitos no pueden consignarse. Juan Garayo ha confesado ser el autor de las muertes de la jóven de Zatiegui y de la mujer ya de edad, encontrada en Araca, habiendo cometido ambos crímenes con el intérvalo de dos horas, y ademas ha confesado y detallado el asesinato y violacion de otras cinco mujeres de las que aparecieron en los años anteriores en los campos de la ciudad. Siete víctimas y cuatro asesinatos frustrados, tal es el lúgubre cuadro que ha presentado á la vista del tribunal este desdichado.

Las dos causas formadas por los dos últimos delitos están conclusas y se fallarán de un dia á otro.

El fiscal pide en su acusación la pena capital.

El eco de la provincia, 1879 noviembre 26

UN CRÍMEN HORRIBLE.

EL SACA-MANTECAS.

Desde hace unos diez años se venian sucediendo en Vitoria crímenes misteriosos que no dejaban rastro alguno; recaian todos ellos en mujeres, que aparecian en el campo estranguladas y violentadas, sin que la policía pudiera descubrir al criminal.

Ultimamente, algunas de las víctimas habia sido encontrada abierta y con las principales visceras arrancadas. 

Crímenes tan frecuentes y en tales condiciones cometidos, hicieron meditar y discurrir sobre cuál sería el móvil que los impulsara, fijándose en el pueblo la idea de que estos delitos repetidos tenían por objeto extraer á las víctimas las mantecas para preparar con ellas unturas de efectos asombrosos en la curación de ciertas enfermedades.    

De aquí el que se hubiere creado un sér terriblemente fantástico y desconocido, al que se llamaba el «Saca-mantecas», autor misterioso de todos esos horribles delitos.    

A principios del mes de Setiembre último se avisó al juzgado la aparicion en la cuesta de Ayurdin, camino de Vitoria á Bilbao, el cadáver de una jóven de veinticuatro años que faltaba hacia dos dias del pueblo de Zaitegui, donde vivia con sus padres.    

Trasladóse el celoso juez de primera instancia, D. José Antonio Parada, y levantando el cadáver y verificada la autopsia, apareció que la víctima estaba estrangulada, violentada y con varias heridas en el vientre, ocasionadas con instrumento punzante y cortante.    

Cuando salia el señor juez á levantar el cadáver de la desdichada jóven de Zaitegui, se avisó al tribunal el descubrimiento de otro cadáver en el monte de Araca, dos leguas á la derecha del punto en que apareciera el primero, obligando á salir al señor juez municipal de Vitoria, D. Eduardo Madariaga, á ocuparse de este segundo delito. El cadáver de Araca era de una mujer del pueblo de Nafarrate, de 50 años, que apareció estrangulada y abierta, habiéndole arrancado un riñón, que se encontraba cerca de la cesta en que la víctima llevaba algunas compras hechas en la ciudad.    

La consternacion fué general, y el «Saca-mantecas» ocupó la atencion de todos.    

En medio de las calles de Vitoria se apoderó de él el alguacil Pinedo, y conducido á la cárcel, se obstinó en la mas rotunda negativa.    

Declarado procesado por indicios, consiguió el juzgado que el detenido confesara sus delitos, y ya en este camino, han venido las declaraciones completas de lo ocurrido.    

El sér fantástico llamado el «Saca-mantecas», no era otro que un labrador pobre, de 58 años, casado en cuartas nupcias, llamado Juan Garayo (á) Zurrumbon.    

Sus declaraciones estremecen, y los detalles que dá de sus delitos no pueden consignarse. Juan Garayo ha confesado ser el autor de las muertes de la Zatiegui y de la mujer ya de edad, encontrada en Araca, habiendo cometido ambos crímenes con el intérvalo de dos horas, y además ha confesado y detallado el asesinato y violación de otras cinco mujeres de las que aparecierieron en los años anteriores en los campos de la ciudad. Siete víctimas y cuatro asesinatos frustrados, tal es el lúgubre cuadro que ha presentado á la vista del tribunal este desdichado.

Las dos causas formadas por los dos últimos delitos están conclusas y se fallarán de un día á otro.

El fiscal pide en su acusación la pena capital.   

Crónica Meridional, 1880 abril 14

–13– 

domina la capital y la provincia á despecho de la ley, de las autoridades, del estado de sitio y de todo el lujo de prevenciones en medio de las cuales han vivido los pueblos vascos desde la conclusion de la guerra hasta hace muy poco tiempo.    

1878. 

El 2 de enero de 1878 se encontró en las inmediaciones del campo de Olarizu el cadáver de otra mujer. Era el décimo desde 1870. Estaba en el vértice de los caminos que dirigen á Castillo y Mendiola, boca abajo, en un arroyo, descubierta la parte posterior, recogidos los vestidos sobre la espalda y la cabeza.

Presentaba un aspecto repugnante, espantoso. El asesino le habia cortado la glándula mamaria derecha despues de inferirle varias heridas en las cavidades toráxica y abdominal. Una de estas, que se prolongaba hasta la region pelviana, daba salida á todo el paquete int stinal. El agresor habia arrancado á la víctima uno de los riñones y el hígado, lastimando cruelmente otras vísceras. La extencion de las heridas no permitió examinar si hubo violencia anterior.

La interfecta era una vecina de Monasterio-Turen, llamada Melchora Rodriguez, que frisaba en los cincuenta y cinco años. Tenia marido é hijos, cuya honda pena aumentaron las pesquisas judiciales, envolviéndolos en las consecuencias de un proceso del que solo resultó probada su inocencia.    

–14–

Alarma y descontento.

La comarca entera acogió con un grito de unánime indignación el relato de este tristísimo suceso. Ya era demasiado, en efecto; ya era intolerable lo que acontecía. Crecieron el pavor y la alarma. Las mujeres abandonaban el campo y se negaban á transitar por los caminos sin compañía numerosa y fuerte. La imaginación popular dió nombre al enigma y designó aquel terrible enemigo de la paz de las familias, con ese apodo que aún hoy infunde espanto: el Saca-mantecas.

Bastaba decir á cualquier jóven aldeana de los contornos de Vitoria: «Mira...; por ahí viene el Saca-mantecas», para que palideciese y demudada, intranquila, corriera á buscar seguro refugio en su albergue; ni allí conseguía calmar sus temores y sobresalto; recordaba la muerte de Simona Gamarra, en su propia casa de la capital, casi á la vista de las personas queridas que la rodeaban y no era fácil que hallase la confianza y el reposo perdidos en parte alguna.

La autoridad redobló su celo, los tribunales y la policía su acción. Fueron presos muchos indivíduos sospechosos, se multiplicaron las pesquisas y las indagaciones; pero siempre sin resultado.

–15–

Los que vivimos en esas capitales como Madrid, en medio de la seguridad que nos otorgan los múltiples recursos del poder público, la activa vigilancia de sus agentes y el propio celo, encerrados tras triples y herradas puertas día y noche, no concebimos á primera vista, ni lo que es la vida en estos pueblos, ni lo que significa la alarma de una comarca, como la que reinaba á la sazón en el término de Vitoria. Aquí, en la capital y mas sobre todo en los pequeños lugares inmediatos, siempre se ha disfrutado de una seguridad extraordinaria, que no han contribuído á disminuir los azares de la guerra. Ha sido costumbre no interrumpida dejar de día y de noche abiertas las puertas de las casas, que las familias circulen con libertad entera por caminos y campos y que las personas y las propiedades, rodeadas de escrupuloso reposo, no necesiten para su salvaguardia vigilancia, ni candados. Arrojad sobre un país, que vive de esa suerte, un azote como el que ha sufrido este distrito desde 1870 á 1879 y veréis surgir el temor y el recelo, donde se anidaba la confianza, mudarse el carácter franco de los aldeanos en hosco y sombrío, su dulce calma en contínua zozobra, su dicha en angustia, su natural alegre en iracundo y apasionado, su plácida conformidad en descontento.

No falta tampoco, y menos en estas provincias, quien diga al labrador que esos males son consecuencia necesaria é ineludible de lo que nosotros llamamos bienes de la civilización; ni quien, al amparo de ese disgusto, que el temor engendra y la falta de tranquilidad propaga, aliente y estimule los decaídos afectos de su añejo fanatismo. Ahora ocurre en Vitoria que algunas de las causas instruidas para castigar los recientes crímenes que han consternado á esta región no se sustancian –sin que de ello sea responsable el activo y celosísimo juzgado de la capital– con toda la presteza y celeridad que la opinión reclama, por dificultades nacidas del procedimiento.

–16–

Esto es aquí causa de mortificantes censuras. Las gentes hablan de «impunidad» sin que haya realmente motivo todavía para deslizar esta palabra. El descontento cunde y se generaliza.

—Este descontento, nos decía á poco de llegar una persona respetable, no se manifiesta porque las circunstancias han impuesto al país profundísima reserva; pero el país cree que todo se debe al nuevo gobierno, al nuevo gobierno que pesa mucho mas que el anterior y hace por la prosperidad de los pueblos muchísimo menos.

No hemos de discutir ahora esos asertos, ni su espíritu siquiera. Bástanos consignarlos como un síntoma, como un dato, porque revela la existencia de una causa séria y honda de verdadero malestar.    

La policía. 

Algo mas se deduce de los hechos que hemos expuesto. Se deduce de ellos, sin violencia alguna, como de tantos otros que á toda hora ocurren en diversas localidades de la Península, que aquí es cada vez mas urgente, mas indispensable no mantener el abandono en que se hallan ciertas instituciones de cuya buena organizacion dependen la mayor parte de las ventajas que ofrece la vida social.

Nuestros gobiernos piensan en todo menos en establecer de una manera adecuada y conveniente esos servicios, que son los mas atendidos en cualquier país culto. En España, la policía ¿está organizada para cumplir de una manera satisfactoria los fines de su instituto? No necesitamos responder á esa pregunta. Los hechos que acabamos de mencionar la contestan. 

El nuevo ateneo, 1880 mayo 16

ENSAYO FILOSÓFICO sobre el célebre criminal Saca-Mantecas, por D. Alfonso Richar, miembro de varias sociedades científicas.

PUNTO DE VENTA.

LIBRERÍA DE FANDO É HIJO, COMERCIO, 31.

Crónica Meridional, 1880 mayo 18

Criminales.—A peticion del defensor de Garayo, conocido por el Saca-mantecas, ha llegado á Vitoria el doctor Esquerdo con el director del manicomio de Toledo, para emitir dictámen acerca del estado de las facultades mentales de aquel famoso criminal, cuyo indulto de la pena de muerte ha sido denegado.

Ya habrá llegado también á aquella ciudad el ejecutor de la justicia, para cumplir la sentencia de muerte impuesta á Saez de Araya, conocido por el abuelo y el afilador.

Crónica Meridional, 1880 julio 11

Por segunda vez se ha pronunciado sentencia de muerte en garrote, en el Juzgado de primera instancia de Vitoria, en las causas célebres de Garayo el Sacamantecas.

El Papa-Moscas, 1880 Octubre 17

El día 4 del actual tuvo lugar en la Sala de la segunda seccion de lo criminal de esta Exma. Audiencia, la vista de la célebre causa seguida en el Juzgado de primera instancia de Vitoria, contra José Diaz de Garayo (a) Zurrumbon, conocido vulgarmente por el apodo de Sacamantecas, por el delito de violacion y asesinato en la jóven de 14 años de edad, María de los Dolores Cortazar, siendo defensores del procesado el Licenciado D. Ramon de Bezanilla y D. Felipe Sagredo y Oribe.

Con fecha 11 del actual ha sido fallada dicha causa, condenando al procesado á la última pena.

La Correspondencia de España, 1880 octubre 28

EDICIÓN DE LA NOCHE. 

DE HOY 28 DE OCTUBRE.

Hoy se ha recibido en el tribunal Supremo, relatoría del Sr. Bonet, la ruidosa causa remitida por la audiencia de Búrgos, seguida á Juan Diaz Garayo, sentenciado a la pena de muerte como autor de la estrangulacion y violacion de Maria de los Dolores Garcia Cortázar, perpetradas á principios de 1879.

El Diaz Garayo (a) Yurrabon, conocido vulgarmente por Sacamantecas, tan luego como fué puesto ante el juzgado, confesó ser único autor del crímen que se le imputaba, asi como también de otros trece análogos cometidos anteriormente en las cercanias de Vitoria y que tanto habian preocupado la atencion pública, puesto que, en menos de tres años, aparecieron trece mujeres estranguladas, víctimas de la ferocidad del criminal.

El apodo de Sacamantecas con que hoy se conoce al procesado, tiene su origen en que habian aparecido todas sus víctimas con las entrañas fuera del cuerpo.

Parece que el autor de tales crímenes no negó ante la autoridad judicial haber arrancado las entrañas á todas sus víctimas, si bien añadió, con la mayor tranquilidad, que usó con la primera dicho procedimiento por ver si el aspecto que presentaba el cadáver le hacia abandonar su criminal y torpe pasion; y que con las demás mujeres hizo lo mismo por dejar marcada en sus cuerpos la señal inequívoca de que el fantasma del crimen había sido el Saca-mantecas, como el vulgo le apellidaba, sin conocerle, desde que cometió el primer asesinato.

Tambien parece manifestó al juzgado, que tan luego como consumaba su brutal crimen, comenzaba á llorar pidiendo á Dios le perdonara, y rezaba despues por el alma de la víctima; pero que, pasados algunos días y animado por la circunstancia de haber salido impune, ponía en práctica los más complicados, planes, á fin de saciar, de la manera que tenía por costumbre, sus brutales instintos.

Diaz Garayo (a) Sacamantecas, tiene 58 años de edad, está casado en cuartas nupcias, de cuyo último matrimonio tiene tres hijos.

Parece que muy en breve se verificará la vista del recurso de casacion de la tristemente célebre causa.

La Patria, 29 de octubre de 1880

El saca-mantecas

Vitoria 8.

Desde hace unos diez años se venían sucediendo en Vitoria crímenes misteriosos que no dejaban rastro alguno; recaían todos ellos en mujeres, que aparecían en el campo estranguladas y violentadas, sin que la policía pudiera descubrir al criminal. Últimamente, alguna de las víctimas había sido encontrada abierta y con las principales vísceras arrancadas. Crímenes tan frecuentes y en tales condiciones cometidos, hicieron meditar y discurrir sobre cuál sería el móvil que los impulsara, fijándose en el pueblo la idea de que estos delitos repetidos tenían por objeto extraer a las víctimas las mantecas para preparar con ellas unturas de efectos asombrosos en la curación de ciertas enfermedades. De aquí el que se hubiere creado un ser terriblemente fantástico y desconocido, al que se llamaba el «Saca-mantecas», autor misterioso de todos esos horribles delitos.

A principios del mes de Setiembre último se avisó al juzgado la aparición en la cuesta de Ayurdin, camino de esta ciudad á Bilbao, el cadáver de una joven de veinticuatro años que faltaba hacía dos días del pueblo de Zaitegui, donde vivía con sus padres. Trasladose el celoso juez de primera instancia, D. José Antonio Parada, y levantando el cadáver y verificada la autopsia, apareció que la víctima estaba estrangulada, violenta y con varias heridas en el vientre, ocasionadas con instrumento punzante y cortante.

Cuando salía el señor juez á levantar el cadáver de la desdichada joven de Zaitegui, se avisó al tribunal el descubrimiento de otro cadáver en el monte de Araca, dos leguas á la derecha del punto en que apareciera el primero, obligando á salir al señor juez municipal de Vitoria, D. Eduardo Madaringa, á ocuparse de este segundo delito. El cadáver de Araca era de una mujer del pueblo de Nafarrate, de 50 años, que apareció estrangulada y abierta, habiéndole arrancado un riñón, que se encontraba cerca de la cesta en que la víctima llevaba algunas compras hechas en la ciudad.

La consternación fué general, y el «Saca-mantecas» ocupó la atención de todos.

Enmedio de las calles de Vitoria se apodero de él el alguacil Pinedo, y conducido á la cárcel, se obstinó en la más rotunda negativa. Declarado procesado por indicios, consiguió el juzgado que el detenido confesara sus delitos, y ya en este camino, han venido las declaraciones completas de lo ocurrido.

El sér fantástico llamado el «Saca-mantecas», no era otro que un labrador pobre, de 58 años, casado en cuartas nupcias, llamado Juan Garayo (a) Zurrumbon.

Sus declaraciones estremecen, y los detalles que da de sus delitos no pueden consignarse. Juan Garayo ha confesado ser el autor de las muertes de la joven de Zaitegui y de la mujer ya de edad encontrada en Araca, habiendo cometido ambos crímenes con un intervalo de dos horas, y además ha confesado y detallado el asesinato y violación de otras cinco mujeres de las que aparecieron en los años anteriores en los campos de esta ciudad. Siete víctimas y cuatro asesinatos frustrados, tal es el lúgubre cuadro que ha presentado á la vista del tribunal este desdichado.

Las dos causas formadas por los dos últimos delitos están conclusas y se fallarán de un dia á otro.

El fiscal pide en su acusacion la pena capital.

La Voz, 1880 octubre 31

Madrid.—Remitida por la audiencia de Búrgos se ha recibido en el Tribunal Supremo la causa seguida al célebre Sacamantecas, sentenciado á muerte como autor de la extrangulacion y violacion de María de los Dolores García, á principios de 1879.

Juan Diaz Garayo, que es el nombre del criminal, tiene 58 años de edad, y está casado en cuartas nupcias, contando tres hijos de este último matrimonio.

Cuando le presentaron ante el juzgado declaró ser el autor del crímen que se le imputaba y de otros trece más cometidos con anterioridad en las cercanías de Vitoria.

Preguntándole que por qué habia arrancado las entrañas á todas sus víctimas, contestó con la mayor naturalidad que su intencion habia sido arrancárselas á la primera solamente, pero que una vez comenzada su criminal tarea, no sabia contenerse hasta dejar á todas en el mismo estado, y despues de saciados sus brutales instintos rezaba por el alma de ellas.

Tambien añadió que la impunidad del primer crímen le habia animado á cometer todos los demás.

La Unión Católica, 31 de octubre de 1880

Sacamantecas.

Ayer se recibió en el Tribunal Supremo, relatoría del Sr. Bonet, la ruidosa causa remitida por la Audiencia de Burgos, seguida á Juan Diaz Garayo, sentenciado á la pena de muerte como autor de la estrangulacion y violacion de Maria de los Dolores Garcia Cortázar, perpetradas á principios de 1879.

El Diaz Garayo (a) Yurrabon, conocido vulgarmente por Sacamantecas, tan luego como fué puesto ante el juzgado, confesó ser único autor del crímen que se le imputaba, así como tambien de otros trece análogos cometidos anteriormente en las cercanias de Vitoria, y que tanto habian preocupado la atencion pública, puesto que, en menos de tres años, aparecieron trece mujeres estranguladas, víctimas de la ferocidad del criminal. 

El apodo de «Sacamantecas» con que hoy se conoce al procesado, tiene su origen en que habian aparecido todas sus víctimas con las entrañas fuera del cuerpo.

Parece que el autor de tales crímenes no negó ante la autoridad judicial haber arrancado las entrañas á todas sus víctimas, si bien añadió con la mayor tranquilidad, que usó con la primera dicho procedimiento por ver si el aspecto que presentaba el cadáver le hacia abandonar su criminal y torpe pasion; y que con las demás mujeres hizo lo mismo por dejar marcada en sus cuerpos la señal inequívoca de que el fantasma del crimen habia sido el «Sacamantecas», como el vulgo le apellidaba, sin conocerle, desde que cometió el primer asesinato.

Tambien parece manifestó al juzgado que tan luego como consumaba su brutal crimen, comenzaba á llorar pidiendo á Dios le perdonara, y rezaba despues por el alma de su víctima; pero que, pasados algunos días y animado por la circunstancia de haber salido impune, ponia en práctica los más complicados planes, á fin de saciar, de la manera que tenia por costumbre, sus brutales instintos.

Diaz Garayo, (a) «Sacamantecas», tiene cincuenta y ocho años de edad y está casado en cuartas nupcias, de cuyo último matrimonio tiene tres hijos.

Parece que muy en breve se verificará la vista del recurso de casacion de la tristemente célebre causa.

La Correspondencia de España, 1880 noviembre 27

El jóven abogado Sr. Morenas de Tejada, defensor de Juan Garayo, vulgarmente conocido por el Sacamantecas, interpondrá el martes ó miercoles próximo el recurso de casacion por quebrantamiento de forma, y despues el de infraccion de ley.

De suerte que la causa no podrá terminarse en el plazo que se ha anunciado.

El Correo, 15 de enero de 1881

Tribunales españoles.

EL SACAMANTECAS.

Hoy ha tenido lugar ante la Sala segunda del Tribunal Supremo de Justicia, y á puerta cerrada, la vista del recurso por quebrantamiento de forma entablado por la defensa del famoso procesado cuyo apodo figura á la cabeza de este articulo en causa por violacion y asesinato.

El nombre del procesado es Juan Diaz Garayo.

El hecho que dió orígen á este proceso, preocupó vivamente la opinion, no sólo por su gravedad, sino tambien porque fué como el hilo por donde se vino en descubrimiento del autor de una série monstruosa de crímenes análogos, velados hasta entonces por las sombras del misterio.

Alentado por la impunidad y al amparo de ciertas preocupaciones á que dió márgen, de algun tiempo á esta parte, el apodo de Sacamantecas, habia logrado difundir el terror y el espanto en el ánimo de las sencillas aldeanas de la llanada de Vitoria.

El procesado tiene cincuenta y dos años, es casado por cuarta vez y se halla sometido á la accion de los tribunales por otros delitos de igual naturaleza.

El de que ahora se le acusa es el siguiente:

Hallándose en el campo cierto dia, encontró en la carretera que conduce á su pueblo á una jóven vistosa y agraciada, que llevaba una cesta sobre su cabeza. Prendado de su hermosura y estimulado por la soledad (aun cuando es de suponer que fuera poco escrupuloso), saludóla afablemente y trabó con ella conversacion amistosa.

Bien pronto hubo de insinuarle sus propósitos, inspirando recelos y desconfianzas á la jóven, que, sorda á los halagos y ruegos de aquel desconocido, negóse abiertamente á acceder á sus pretensiones.

Agotó éste en vano los recursos de su amabilidad, llegando hasta ofrecerla dinero, que ella rechazó dignamente.

A medida que la actitud de la jóven encendia en su pecho la llama del deseo y redoblaba la fuerza de sus brutales instintos, las promesas y los halagos trocábanse insensiblemente en recriminaciones y amenazas; era preciso luchar: el rostro del criminal se contrajo, y el rayo de su mirada fué como la postrera intimacion antes de apelar á la violencia.

Nada habia conseguido con sus palabras. La debilidad de la mujer conviértese á menudo en fortaleza ante el peligro de la honra y el sentimiento de su dignidad herido. La infeliz aldeana, mostrándose inaccesible á los arrullos y á los rugidos de amor de aquella fiera, de aspecto repugnante é instrumento degradado de una pasion vergonzosa, colocó su cesta bajo el brazo y aprestóse á la defensa para rechazar sus bruscas acometidas. Ciego y delirante el procesado, avalanzóse á ella como un tigre, asióla fuertemente, y oprimiendo su cuello entre el anillo de sus férreas manos, la hizo caer casi exánime sobre la cuneta de la carretera.

Las contorsiones de la agonía no fueron bastantes á sofocar el apetito de aquel monstruo. Aun alentaba el mórbido seno de la víctima y enrojecía el calor de la vida, sus tersas, bellas y codiciadas formas: los atractivos de la hermosura, arrebatados al pudor, sin liviano consentimiento, no pudieron constrastar la fascinacion del deleite, con la repugnancia del delito y la comezon del remordimiento. El hábito del crimen habia encallecido la conciencia del violador; gozaba de su víctima como el hambriento sácia su voracidad con exquisitos manjares, arrastrado por el impulso de una necesidad orgánica, más poderosa que todas las aficiones del espíritu.

No temía siquiera á la reacción refleja que sigue á la obcecación y al apetito satisfechos. La reflexión para él era el encubridor de sus infamias y el cómplice de su impunidad. Aún se contraían á intervalos los miembros de la desdichada jóven. Los indicios de su vitalidad excedieron á la fugacidad del placer, y esta circunstancia y la persistencia del estímulo, despertaron en el delincuente el deseo de recincidir, codicioso de aprovechar hasta el último momento el fruto de su violencia, no estimando compensada la satisfaccion primera con el precio del delito. Pero todo fué en vano; su gastada naturaleza no respondió por ningun medio á esta segunda excitacion. Convencido de ello desistió al fin de su propósito, y entonces, frio y sereno, pensó en encubrir los vestigios de su crimen.

Quitó á la jóven el pañuelo que llevaba á la cabeza, lo ató á su cuello y apretó el nudo cuanto lo permitieron sus fuerzas, sacó un puñal, lo hundió en el pecho de la pobre estrangulada, y concluyó por abrirle el vientre en sentido vertical, como si quisiera justificar el apodo de Sacamantecas, aprovechándose de la preocupacion de los habitantes de aquellas comarcas sobre un salteador terrible y desconocido con carácter de fantasma legendario, que ha hecho de aquella parte de la llanada el teatro de sus violencias y de sus crímenes.

Despues arrastró el cadáver hasta un barranco próximo, miró lo que contenia la cesta, sin tocarlo, y prosiguió, pausado, su camino.

Al dia siguiente cometió otro delito casi con las mismas circunstancias, y antes otros varios del mismo carácter. Hoy se halla preso el Diaz Garayo en la cárcel celular de Vitoria.

Como se desprende del anterior relato, no es cierto lo que se dijo en un principio acerca del carácter y las condiciones del procesado, á quien se atribuian instintos peculiares de lúbrica ferocidad, hasta el punto de estrangular á sus víctimas para gozar de ellas en las agonías de la muerte.

El asesinato, cuando no era posterior á la violacion como medio de favorecer la impunidad, la precedia para asegurar la consumacion de aquel otro delito que constituia el fin principal y el objeto directo de los propósitos del delincuente. El hecho de abrir el vientre á las que asesinaba, no supone tampoco la circunstancia del ensañamiento, sino el deseo de alejar de sí toda sospecha, logrando de esta manera se atribuyeran tales crímenes al verdadero Sacamantecas, blanco de la preocupacion á que antes aludíamos.

La vista de hoy ha versado únicamente sobre el recurso prévio por quebrantamiento de forma. Si se estimára procedente, volveria la causa al Tribunal Sentenciador para subsanacion de los defectos notados por la defensa.

Esta ha estado á cargo del jóven jurisconsulto Sr. Morenas, cuyas alegaciones han versado sobre la circunstancia de no expresarse en los resultandos de la sentencia recurrida, la declaracion de hechos probados, como previene la ley de procedimiento criminal, y sobre la contradiccion que estima entre dos resultandos de la misma; haciendo tambien notar que no se expresa en la sentencia recurrida (por más que de esto se hable en la causa), que el procesado lo ha sido, además de las dos violaciones, por otras seis ó siete perpetradas con análogas circunstancias; dato á juicio del Sr. Morenas, capital, pues con él á la vista pretende demostrar que su patrocinado, más que criminal consciente, es un demente que obra bajo el impulso indomable de la pasion erótica.

El Sr. Aldana, en representacion del ministerio público, sostuvo la improcedencia del recurso, alegando que la sentencia no adolece de dichos defectos esenciales en la forma, y pidiendo, por lo tanto, la confirmacion de la pena capital, que es la reclamada contra el famoso reo.

El hecho, como hemos dicho, de haber sido la vista á puerta cerrada, nos impide dar más pormenores, que quizá podamos ampliar cuando llegue el caso de que este asunto de nuevo se trate en el recurso por infraccion de ley.

La Correspondencia de España, 1881 enero 22

Hoy ha sido declarada firme por el tribunal Supremo la sentencia de la audiencia de Búrgos, condenando á la última pena á Juan Diaz Garay (a) Sacamantecas, autor de 13 asesinatos de otras tantas mujeres en las inmediaciones de Vitoria.   

La Correspondencia de España, 1881 enero 25

Mañana, á las siete de la noche, en el local de la academia Médico-Quirúrgica Española, dará una conferencia pública, continuacion de las anteriores, el sócio de número Sr. Ezquerdo, sobre el tema «Locos que no lo parecen; Garayo el Sacamantecas».

La Correspondencia de España, 1881 enero 26

El doctor Ezquerdo dió anoche una importante conferencia en la academia Médico-quirúrgica, basada en el siguiente tema: «Locos que no lo parecen: Garayo el Sacamantecas».

El especialista Sr. Ezquerdo, analizando las toscas cubiertas que envuelven á Garayo, hizo el retrato del Sacamantecas, y dice de él: «Aquella mente es oscura, estrecha como la sentina, desierta y estéril como el páramo, y arrancando de la frente un falso rayo de luz, su cráneo es deforme; un pesado cuerpo de autómata, una voluntad inerte, pero galvanizable, un corazon sin latidos, una conciencia sin remordimientos, un árbol genealógico, en fin, cuyas raíces se perdian en la depravacion moral y cuyas ramas todas se manchaban en el fango del crímen».

Decia Ezquerdo que en el cráneo de Garayo debia hervir algo que le impelia á cometer nefandos crímenes; despues de consumado todo volvia á la calma y el sueño de aquel infeliz no iba seguido de la pesadilla del criminal, sino del torpe sopor en que queda sumida la bestia.

Alejemos, concluyó el orador, la mirada de tan horrible cuadro, ¡pero! miremos al porvenir y veamos si esos desdichados que son víctimas de una irremediable fatalidad no podrán ser educados en sus primeros años por la sociedad inspirada de la ciencia, de tal suerte que evitemos a nuestros hijos futuros é inevitables peligros, muriendo con la conciencia tranquila por haber cumplido con un deber de humanidad sacratísimo.

La mañana, 1881 enero 27

El doctor Ezquerdo, reputado alienista y médico director del hospital de dementes, situado en Carabanchel bajo, ha dado una conferencia en la Academia médico-quirúrgica acerca de las observaciones científicas que ha practicado en la persona del criminal Garayo, conocido vulgarmente con el apodo de Sacamantecas.    

Segun el reputado doctor en medicina, el Sacamantecas, cuyos crímenes y violaciones descubrió con fidelidad aterradora, llevaba á cabo sus actos brutales poseido de una monomanía genérica, resultado de su estado morboso especial.    

El ilustre orador prometió al terminar su conferencia explicar sus opiniones en otras dos.   

La Patria, 27 de enero de 1881

LOCOS QUE NO LO PARECEN.

CONFERENCIA DEL DR. ESQUERDO.

El Dr. Esquerdo, ilustre médico mentalista, ha dado una importante conferencia, invitado por la Academia médico-quirúrgica. Bajo el tema, «Locos que no lo parecen; Garayo el Sacamantecas,» explicó los concienzudos estudios que por la observación directa pudo hacer en el célebre procesado de Vitoria, y las fundadas convicciones científicas que posee sobre tan interesante caso clínico, prescindiendo de toda consideración jurídica, declarando que, como médico dedicado há largos años al estudio de las enfermedades mentales en todas sus formas, creía oportuno y digno de someter al estudio y consideración de los hombres de ciencia el caso en cuestión.

Expuso primero los horrorosos atentados que originaren el proceso; describió á Garayo, preso del furor genérico, acometiendo á mujeres sin distinguir condición ni edad; ya á una jóven de trece á catorce años, ya á una infeliz anciana de sesenta y dos; ora á una harapienta mendiga errante por las carreteras. Garayo las ultrajaba, las estrangulaba, las arrastraba fuera del camino y las abandonaba tranquilo, sin terror ni conmoción. En algunas de estas escenas hay horribles detalles. Desgarra el vientre de su víctima, hunde las manos en sus entrañas, la arranca un riñón y se aleja con él, cambiándolo luego por un panecillo que toma de la cesta de la mujer. Comiendo pan se aparta del lugar de la escena, estúpidamente imperturbable.

El Dr. Esquerdo ve en todos estos hechos un automatismo irresistible y afirma que Garayo, imbécil, padece una monomanía tan perfectamente caracterizada, como difícilmente puede darse otra.

Trazó despues el Dr. Esquerdo el tenebroso retrato de Garayo. Caracterizó perfectamente sus rasgos somáticos, el estado de sus funciones intelectuales, de sus instintos y de sus sentimientos. Insistió mucho sobre la deformidad de su cabeza, la anomalía de algunos de sus órganos, su estado neuropático y otros carácteres verdaderamente típicos. Afirmó que las funciones intelectuales de Garayo corresponden á un imbécil, y no de las primeras categorías; y que sus funciones afectivas están reducidas á algunos instintos egoistas puramente animales, estando tiranizada tan miserable organizacion mental por un impulso morboso incohercible. No sabe leer ni escribir. El cuadro que trazó de sus ascendientes, hermanos é hijos, no pudo ser más tétrico ni tampoco más gráfico, manifestando que en su práctica frenopática y en los tratados de los más célebres mentalistas ha visto constantemente que padres como los que Garayo tuvo engendran séres de los que pueblan los manicomios.

Como muestra de la imbecilidad de Garayo, además de las pruebas antes citadas, leyó el interrogatorio á que le sometió en Vitoria cuando tuvo ocasion de observarle y estudiarle, pudiendo apreciar la concurrencia rasgos muy característicos del caso que el doctor estudiaba.

El numeroso público, entre el cual figuraban jurisconsultos, médicos y sacerdotes, aplaudió repetidas veces al Sr. Esquerdo, cuyas opiniones encuentran firme apoyo en su intachable moralidad, en su amor al estudio que profesa, y en su reconocida competencia en todas las cuestiones de ciencia frenopática.

La Correspondencia de España, 1881 enero 30

El ateneo Médico-escolar celebra conferencia el dia 1.° febrero en la cátedra primera de la facultad de medicina, á las cuatro de la tarde, para continuar el doctor Esquerdo el tema que empezó á desarrollar en la academia Médico-quirúrgica, «Locos que no lo parecen: Garayo el Sacamantecas».

El Correo, 1 de febrero de 1881

A la conferencia que ha dado esta tarde en el Colegio de San Carlos el doctor Ezquerdo, ha asistido una concurrencia tan numerosa, que ocupaba por completo la cátedra y pasillos inmediatos.

El célebre alienista ha continuado su notable discurso acerca de la irresponsabilidad del criminal llamado el Sacamantecas, haciendo un detenido estudio de sus facultades mentales; aduciendo la opinión de eminentes alienistas y numerosos casos análogos, deduce la imbecilidad moral del procesado, impulsado á sus odiosos crímenes por una monomanía especial.

El doctor Ezquerdo se ha espresado con mucha elocuencia, siendo objeto de repetidos y entusiastas aplausos.

La Correspondencia de España, 1881 febrero 2

El ateneo Médico escolar ha celebrado á las cuatro de esta tarde, en la cátedra primera del colegio de San Carlos, una conferencia, en la que el doctor Ezquerdo ha seguido desarrollando el tema: «Locos que no lo parecen; Garayo el Sacamantecas», que empezó á tratar hace unos días en la academia Médico-quirúrgica.

Al acto han asistido muchos médicos, bastantes jurisconsultos y numerosos estudiantes de la facultad de medicina.

La Correspondencia de España, 1881 febrero 9

El fiscal del tribunal Supremo ha informado hoy desfavorablemente el expediente de indulto de Juan Diaz Garayo (a) Sacamantecas, sentenciado á muerte por los delitos que perpetró hace dos años en las inmediaciones de Vitoria.

Dicho expediente pasará dentro de pocos dias al ministerio de Gracia y Justicia.

El Comercio, 1881 febrero 12

LA CONFERENCIA DEL DOCTOR ESQUERDO.

Una conferencia de este ilustre médico mentalista, ha llegado á constituir un verdadero acontecimiento en las regiones sábias.

Conocida es la alta competencia de este inteligentisimo director del manicomio de Carabanchel, en el importante ramo de las ciencias médicas que se ocupa de los afectos vesánicos; conocida es la fogosidad y vehemente elocuencia que caracterizan sus discursos, una vez puesto en el terreno que con tan soberana posesion domina; conocidas son tambien las simpatías ardientes de que goza entre la juventud escolar y entre gran número de sus comprofesores; y conocidas todas estas circunstancias, fácilmente se explica el espectáculo que la cátedra primera del Colegio de San Carlos ofrecia ayer tarde durante la conferencia, y ántes y despues de la conferencia del doctor Esquerdo. Estudiantes, eminencias médicas, abogados, periodistas y curiosos, todos en número inmenso llenaban de tal modo la cátedra, que solo hacia posible allí la estancia el deseo y el propósito de escuchar á todo trance al sábio frenópata.

Trátábase de segunda conferencia sobre el tema «Locos que parecen cuerdos» aplicado al célebre criminal Garayo el Sacamantecas, quien sometido á la accion de los tribunales, preocupa grandemente la atencion pública. Mas si como la historia de sus horribles hazañas no bastaran á hacer de este sujeto una figura tristemente interesante, las ruidosas conferencias del doctor Esquerdo han venido a realizar poderosamente ese interés, por cuanto que presenta al célebre Garayo bajo una fase extraña y sorprendente, comò un sér acreedor á lástima más que á castigo, como un verdadero loco «que no lo parece» exento por consecuencia de toda responsabilidad en sus bárbaros y vergonzosos atentados, y al cual pretende redimir en nombre de la ciencia.

Dieron las cuatro de la tarde, y una aclamacion entusiasta, unánime, inmensa, saludó la presentacion del doctor Esquerdo en la cátedra.

Gaceta Universal, 1881 febrero 16

Ante la sala segunda del Tribunal Supremo se presentó ayer el recurso de casacion por infraccion de ley á nombre de Juan Diaz y Garayo, (a) Sacamantecas, contra la sentencia pronunciada por la Audiencia de Búrgos en la causa que se le sigue por robo y homicidio perpetrado en la persona de Manuela Andicana. Es probable que no se verifique la vista por denegarse en el Ministerio de Gracia y Justicia un indulto que hace tiempo tenía solicitado en otra causa que por la misma Audiencia se le sigue. Defiende al procesado el jurisconsulto D. Juan María Lopez.

Gaceta Universal, 1881 marzo 29

El dia 7 de Abril se verificará la vista de la causa que por robo y homicidio se sigue á Juan Diaz Garayo, conocido por el Sacamantecas. Defenderá al procesado el Sr. D. Juan María Lopez, y combatirá el recurso interpuesto el abogado fiscal del Supremo Sr. Barnuevo.

Boletín de la propiedad intelectual, 1881 abril 01

2.318—El Sacamantecas. Sus crímenes, por R. B. de B. Vitoria.—Imp. de la viuda é hijos de Iturbe.—1881.—4.° con 58 pág. y 1 retrato.

Gaceta Universal, 1881 abril 8

Ecos de Madrid

El Sacamantecas

Ante la sala segunda del Tribunal Supremo se ha verificado ayer la vista pública del recurso de casacion interpuesto por el licenciado D. Juan Lopez a nombre de Juan Diaz Garayo, (a) Zurrumbon, conocido vulgarmente por el Sacamantecas, contra la sentencia de la sala de lo criminal de la Audiencia de Búrgos, que condenó al procesado á la pena de muerte por los delitos de robo y asesinato cometido en la persona de Manuela Andicana.

El recurrente en su informe fundó la pretension de que se case y anule la sentencia recurrida por suponer que en la misma se han cometido varias infracciones legales.

Es la primera que la defensa de Garayo cree cometida la de la regla segunda del artículo 65 del Código penal y el art. 515 del mismo, pues si bien la intencion del reo fué la de robar, no llegó á cometer el delito, por cuanto no se apoderó del dinero que la Manuela llevaba, y sí solamente de un panecillo, que se comió.

El delito intentado no llegó á realizarse, en cuyo caso, el robo, si tal es la calificacion de aquel hecho, no alcanzó el periodo de la consumacion, y sí sólo el de la frustracion.

En segundo lugar, en sentir de la defensa de Diaz Garayo, se ha infringido la circunstancia segunda del art. 10 del citado Código penal, al apreciar la sala sentenciadora la agravante de alevosía y calificar de asesinato lo que no es más que un homicidio, por no concurrir aquella circunstancia. Y en caso de apreciarse, tiene que ser como constitutiva del primero de los delitos y no como genérica, pues tratándose de homicidio, no cabe aceptar la alevosía como genérica de agravacion, segun determina la sentencia del Tribunal Supremo de 13 de Noviembre de 1871.

Se ha cometido la tercera infracción al no apreciarse la prueba segun las reglas de la crítica racional. No se ha tenido en cuenta por la sala sentenciadora el informe emitido por dos alienistas, los señores Ezquerdo y Sanchez Jimenez, y sí el de 11 médicos de Vitoria, respecto á las condiciones morales del procesado. Que el número no implica, pues la opinion de personas como los doctores Ezquerdo y Sanchez Jimenez, dedicados toda su vida al estudio de las enfermedades mentales, es que el Garayo está loco, por lo cual la sala sentenciadora no debió guiarse por el número, y sí por el dictámen de los doctores anteriormente citados.

A las tres de la tarde terminó la vista, á la que asistió numeroso público.

Gaceta Universal, 1881 abril 22

Se ha dictado sentencia en el recurso interpuesto por el licenciado D. Juan María Lopez, á nombre de Juan Diaz Garayo, el Sacamantecas, en la causa que contra éste se sigue por robo y homicidio de Manuela Andicana, y de cuya vista pública dimos cuenta.

La resolucion del Tribunal Supremo es contraria á la admision del recurso, y por consecuencia, condena á Garayo á la pena de muerte.

La citada causa obra en poder del fiscal, para que informe acerca de la procedencia del indulto del procesado.

La Paz, 1881 Abril 27

El Tribunal Supremo pide la pena de muerte para el tristemente célebre Sacamantecas en la segunda de las siete causas que se le siguen. La primera aún está pendiente de informe en el Consejo de Estado.

Gaceta Universal, 1881 mayo 11

Esta mañana debe haber sido ejecutado en Vitoria el reo Juan Diaz de Garayo, conocido por el Sacamantecas.

El Correo, 11 de mayo de 1881

Ha sido hoy, á las ocho, ajusticiado en Vitoria el reo Sacamantecas.

La Patria, 12 de mayo de 1881

Ayer hemos recibido el siguiente despacho telegráfico:

«Vitoria 11 (10,35 m.).—A las ocho y 50 minutos de esta mañana, y en el sitio de costumbre, se ha cumplido el fallo de la justicia con todas las formalidades de la ley en la persona del sentenciado Juan Diaz Garayo (a) Zurrumba el Sacamantecas.

El órden ha sido completo.»

Gaceta Universal, 1881 mayo 13

Dicen de Vitoria que el reo Sacamantecas oyó la sentencia de muerte con mucha serenidad, cuyo acto duró 46 minutos.

El doctor Ezquerdo ha llegado á aquella ciudad para hacer algunas observaciones en la cabeza del famoso criminal.

La Paz, 1881 Mayo 14

ULTIMA HORA.

Sr. Director de LA PAZ DE MURCIA.

Madrid 13 de Mayo de 1881.

El 10 por la tarde salió de esta Córte para Vitoria el doctor Ezquerdo célebre alienista.

Antes de marcharse pidió permiso al fiscal del Supremo y al Ministro de Gracia y Justicia para examinar la cabeza del tristemente célebre Juan Diaz de Garayo (a) Zurrumbon el Sacamantecas.

Los referidos señores manifestaron al indicado doctor que solo la familia de la víctima podia acceder á lo que solicitaba.

Inmediatamente aquella tarde salió para Vitoria.

Cuando llegó el doctor, el fallo de la ley se habia cumplido en la persona del Sacamantecas.

El Sr. Ezquerdo en sus conferencias y en escritos publicados, ha venido sosteniendo, sin descanso, que Garayo era demente.

En sus conferencias, el doctor hacia la definicion siguiente del criminal: «tiene muda la inteligencia, mudos los sentimientos, solo despiertos algunos instintos propios de la animalidad».

Ezquerdo habló á la viuda del reo y consignió alcanzar su pretension.

Al doctor le ayudó en la operacion un afamado médico de Vitoria y catedrático de anatomía de Valladolid, quien practicó la Autopsia.

Todos los médicos de Vitoria presenciaron el acto.

Después, un aplauso unánime confirmaba lo tantas veces dicho por el distinguido alienista. Ezquerdo tenia razon.

Segun la opinion facultativa después de examinado el cráneo de Garayo la conformacion exterior de su cabeza no es yá irregular sinó monstruosa; por esto la autopsia segun ha dicho una distinguida persona que ocupa un elevado puesto en la judicatura ha de arrojar gran luz en el campo de la ciencia.

Gaceta Universal, 1881 mayo 14

Noticias 

Un periódico publica los siguientes detalles de la ejecucion del Sacamantecas:    

«Por indiferente que sea un hombre, por empedernido que tenga el corazon, por atrofiados que se encuentren sus sentimientos, por escéptico que sea, es siempre repulsivo el tener que presenciar el triste espectáculo que da la justicia humana al borrar del libro de los vivos en infame y denigrante patíbulo á uno de nuestros semejantes. Por muchos delitos que cometa, por muchas atrocidades con que se envanezca el sér que, en su persistente extravío de la razon, se obstina en hollar la justicia, en derramar sangre, en robar y asesinar, cuando la mano de la ley ha caido sobre él, cuando tras largo proceso se le condena á expiar sus crímenes en un cadalso, la sociedad se encuentra poseida de cierto sentimiento de conmiseración y de repulsion á un acto que, si castiga, no redime; si mata, no regenera; porque en el supremo momento en que el delincuente conoce la inmensa pesadumbre de su desgracia y extravío, cuando mide la profundidad del abismo que entre él y la sociedad se ha abierto, cuando comprende lo acerbo del mal causado y vislumbra el horizonte que la religion le entreabre, cuando conoce que por la expiacion pueda arrepentirse, y por el arrepentimiento borrar la vida pasada, entónces la ley, ménos humana que Dios, más severa, y absorbiendo un derecho que la razon rechaza, corta en un momento aquella vida, y al agarrotarle, agarrota tambien la idea del bien que germinaba en el infeliz que muere maldiciendo tal vez á sus jueces y á la sociedad que á tales actos concurre y los autoriza con su presencia.    

El Sacamantecas, el terrible criminal que con sus atrocidades habia sembrado el espanto y el terror por toda esta comarca, ocupando la atencion del público con sus sangrientos hechos; el hombre indomable, que ni sus jueces, ni los rigores de la cárcel, ni el recuerdo de sus víctimas, ni el relato constante de su larga carrera, llena de tan repugnantes hechos, han podido nunca hacer temblar, ni áun en las horas que ha estado en la capilla, á la vista del lugar del suplicio ha decaído de tal manera que, sin fuerzas, sin ánimo y sin vida moral quizas, ha sido preciso que le ayudaran á subir las gradas del tablado.    

¡Qué ideas habrán surcado en aquel momento por su estrecho cráneo!    

¡Qué pensamientos habrán ocurrido á aquella mente al presenciar la muchedumbre llenando los ámbitos que el cuadro de las tropas dejaba libres alrededor del cadalso!    

¿Habrá comprendido quizas la horrible situacion de su conciencia? ¿Se le habrán representado en tan supremos momentos, ante el martirio próximo que iba á sufrir, los martirios que él hizo pasar á sus víctimas?    

¡Dios le haya acogido en su seno!    

El desgraciado contaba sesenta años.    

Mas de nueve mil espectadores han asistido á tan tremendo acto.    

Tan pronto como se verificó la ejecucion, el pueblo quiso ver el cadáver del que tanto temia, pero la caballería dió un paso de carga sobre los pacíficos curiosos, no ocurriendo por un milagro desgracia alguna que lamentar, y sí el susto consiguiente, pues bien podia evitarse la aproximacion al tablado sin emplear medio tan violento. —  El Corresponsal.  

La Correspondencia de España, 1881 mayo 14

Hoy recibimos de Vitoria detalles referentes á la ejecucion del reo Juan Diaz Garayo, conocido por el Sacamantecas.

Cuando terminó el escribano de leer la terrible sentencia, el reo pidió chocolate, que le fué servido por los hermanos de la Paz y Caridad; comió y cenó despues con gran apetito, y habló muy pocas palabras con las autoridades y médicos de guardia.

A las ocho salia de la cárcel, conducido en un carro entoldado, con el acompañamiento de costumbre y un piquete de infantería y caballería.

Al llegar al lugar del suplicio levantó los ojos al cielo, prorrumpiendo en sentidas exclamaciones; perdió la serenidad y las fuerzas, teniendo necesidad de ayudarle los sacerdotes para subir al tablado.

Más de 10000 personas han presenciado la ejecucion, siendo la mayoría mujeres.

Tambien han presenciado el acto varios extranjeros y corresponsales de periódicos, que han tomado toda clase de datos del tristemente célebre criminal, terror de las mujeres en la provincia de Alava.

Inmediatamente que el ejecutor de la justicia cumplió su triste mision, el pueblo se agolpó al cadalso, teniendo que disolverle las fuerzas de caballería.

¡Dios haya tenido compasion del alma del reo!

La Patria, 17 de mayo de 1881

LA CABEZA DE UN AJUSTICIADO.    

Hace algunos días que la prensa, y sobre todo la democrática, viene ocupándose de la causa célebre del no menos célebre criminal N. Garayo, conocido con el repugnante apodo de Sacamantecas. Lo poco aficionados que somos, por una parte, á entrar en detalles de esos terribles dramas en que el verdugo suele hacer el principal papel, y por otra, que suponemos á nuestros abonados poco aficionados á la lectura de esas escenas horribles, que son más bien para descritas en las Gacetas de los tribunales, nos había hecho prescindir de esa multitud de pormenores á cual más espantosos, en que abunda la referida causa.    

Pero hé aquí que el doctor Esquerdo, médico frenópata, que se viene distinguiendo por sus singulares opiniones acerca del crimen, y acerca de los criminales, y que viene pidiendo en várias conferencias dadas á no sabemos qué escolares, manicomios en vez de presidios, y hospitales en lugar de penitenciarías, y que considera el delito las más de las veces como acto inconsciente é hijo de una organización determinada en el individuo, dicho doctor, repetimos, ha reclamado, y le ha sido concedida, la cabeza del famoso Sacamantecas para autopsiarla, y demostrar, suponemos, que los jueces, magistrados, fiscales, etcétera., etc., que han intervenido en la causa, se han llevado un solemne chasco; que cuando creían que entregaban al verdugo el más feroz de los criminales, sentenciaban á la última pena un pobre enagenado, que robaba, mataba y violaba sin saber lo que hacía, movido por impulsos inconscientes, impulsos motivados por la mayor ó menor cantidad de sustancia cerebral, ó por alteraciones de otra especie en la referida víscera.    

No profundizaremos estas teorías, demasiado materialistas, harto combatidas ya por la ciencia y por el buen sentido: no trataremos de refutar la famosa frase de Savater, de que el hombre es libre, como el pájaro dentro de su jaula, negando el libre albedrío y la responsabilidad de las acciones humanas: este trabajo está ya hecho; pero hoy, que la teoría de las localizaciones cerebrales es dudosa y contradictoria en todos sus hechos; hoy, que es casi tan desconocido el modo de obrar de los diferentes órganos ó partes de que se compone el cerebro, como lo era tiempos atrás, á pesar del microscopio, de las vivisecciones y de la observacion clínica, y de los trabajos notabilísimos de Flourens, de Broca, Charcot, etc., etc.; hoy, repetimos, ¿que se propone el Sr. Esquerdo con autopsiar la cabeza de Garayo? ¿Dar un mal rato á la ciencia, ó á los tribunales de justicia?    

Comprendemos la excesiva sensiblería con que se combate la pena de muerte, en la época del cañon Krupp y de los torpedos; es más, respetamos las razones que se emplean para hacer que desaparezca el horrible espectáculo del patíbulo; lo que no comprendemos es que al criminal se le quiera hacer hasta simpático á los ojos de la sociedad, demostrando que existen irresponsabilidades que ni áun el materialista Buchner admitiria, como no admite, (léase su obra Fuerza y materia), dada nuestra organizacion social.    

Esperamos el resultado de la autopsia.  

Zamora ilustrada, 1881 Mayo 18

Hace pocos días fué ejecutado en Vitoria el célebre criminal apodado Sacamantecas. Este extraño sujeto que ha sufrido la última pena habia demostrado una ferocidad funesta y extraordinaria. Parece que habia dado muerte á ocho ó diez personas. Algunas comisiones de médicos y frenólogos han llegado á Vitoria con objeto de estudiar á este hombre inexplicable. Porque durante su prision y sus últimos momentos ha mostrado una piedad y una serenidad inconcebibles.

El heraldo de Castilla, 1881 mayo 18

SECCION DE NOTICIAS.    

Un hecho escandaloso y digno del severo castigo que la ley marca ha tenido lugar dos veces consecutivas en puntos concurridos y á la luz de pleno día. Un sujeto, si es posible darle este nombre, decentemente vestido, pues tenia sobre su cabeza sombrero de copa y capa un día y gaban ruso otro sobre sus hombros, alto de estatura y fornido de complexion, moreno de rostro y de luenga barba, atentó sin resultado, y usando de medios violentos, al pudor de una jóven obrera de la fábrica de papel de San Pedro y Compañía.    

Hay la coincidencia que el primer desman, cuyos resultados fueron evitado, por un carretero desconocido que obligó á emprender la fuga al sujeto en cuestion, se llevó á cabo el mismo día en que era ajusticiado el tristemente célebre Sacamantecas; así que bien pudiera suceder que este mote fuera, por duplicado, patrimonio del Zurrunbon de que tratamos.    

Denunciamos este hecho á la autoridad para que ponga de su parte cuantos medios pueda disponer á fin de que un suceso tan repugnante no se repita.   

Diario de Barcelona, 19 mayo 1881

—Se lee en el Eco de Navarra, periódico de Pamplona, del dia 17:    

«Anteayer tarde fué testigo esta capital de un hecho que por lo inaudito traspasa los limites de todo lo creíble.    

Es el caso que un sujeto, forastero en esta capital, pero muy conocido en algunas comarcas de la provincia y que ocupa una buena posición social y está emparentado con un personaje que desempeña un alto puesto en Madrid, se encontraba en las últimas horas de la tarde del domingo en el juego de pelota de la calle de San Agustin ó en sus inmediaciones. Sea porque como vecino y residente en un pueblo, donde no suele rendirse exagerado culto á la moda, y no iba por lo tanto dicho sujeto vestido con todas las reglas de la etiqueta, sea porque su presencia llamara injustamente la atencion, y decimos injustamente, pues nunca existe motivo que justifique la agresion contra un ciudadano pacifico, cualquiera que sea su traje y su porte, es lo cierto que de repente empezó á ser fuertemente apostrofado con el sangriento epíteto de Sacamantecas. El infeliz sujeto al verse objeto de tan incalificable agresion y al observar que los gritos iban en aumento, tomó el partido de salir á la calle para dirigirse á la casa en que se hospedaba, pero una vez en la calle los apóstrofes que se le dirigían aumentaban á la par que se hacia mas numeroso el grupo de gentes que le seguía.    

A fin de librarse de aquél atentado y con objeto de ver si aparecia algun agente de la autoridad, el mencionado individuo se amparó en una puerta ó taberna de la calle de San Agustin.    

Estando en ella, llegaron varios dependientes de la autoridad local, quienes enterados por el griterío de lo que pasaba, resolvieron como única providencia, conducir al agredido á las Casas Consistoriales, á donde efectivamente fué trasladado, pero no sin que por eso cesaran los gritos y el hecho escandaloso de ser seguidos sujeto y municipales por doscientas ó trescientas personas que desaforadamente continuaban lanzando el mismo apóstrofe. Desde las Casas Consistoriales fué llevado á su morada, á donde llegó lívido, desencajado, en completo estado de agitación.   Enterada su familia del caso, empezó á practicar las diligencias mas precisas con el fin de que semejante suceso no quedara impune, como así creemos que se está realizando.»   

El bien público, 1881 mayo 19

EJECUCIÓN DE EL SACAMANTECAS.    

«Vitoria, 11.

Ayer, antes de las ocho de la mañana, constituido el tribunal, se trasladó al local del mismo al tristemente célebre criminal Juan Díaz de Garayo (a) Zurrumbon «El sacamantecas», convicto y confeso de haber dado muerte á siete infelices mujeres y de haberse frustrado otros cuantos crímenes idénticos. Al entrar en la sala se inmutó algo, pero bien pronto recobró su serenidad, oyendo tranquilo la lectura de su sentencia de muerte con la vista fija en el suelo, como avergonzado de las sangrientas relaciones de que se daba cuenta.

A continuacion se le trasladó á la capilla donde se le sirvió el chocolate que tomó con apetito.

Su hermana solicitó verle, y concedido el permiso, dijo Garayo al saberlo:

—¡Ahora se acuerda de mi, despues de tanto tiempo en que no me ha hecho caso! Que pase.

La hermana empezó á reconvenirle duramente y advertida de que no lo hiciera, se despidió, diciendo al reo:

—Si yo hubiera sabido esto no hubiera entrado.

En la capilla rezó mucho prestando gran atencion á las palabras de los sacerdotes, entre ellos el virtuoso y querido párroco de San Vicente que no le ha abandonado un sólo momento. Garayo manifestó que desde hace bastante tiempo habia pedido á Dios diariamente en su calabozo, por la salvacion de sus víctimas, desde que algunas buenas personas se lo indicaron.

A las doce del dia marcaba su pulso 85 pulsaciones. A las doce y media se le dió de comer sopa, cocido, lomo con pimientos, cordero en salsa, merluza, queso y pasas, de todo lo cual probó un poco, tomando despues café con leche y una copa de moscatel.

A las dos tenia cien pulsaciones; á las tres descansó una media hora, despues de la cual las pulsaciones eran 94.

Durante la comida estuvo conversando con los señores juez, fiscal, sacerdote del establecimiento y cofrades de la Oracion del Huerto, que hacen aquí de hermanos de la Paz y Caridad.

Pidió al alcalde que permitiera entrar al preso que solia servirse de él, y al despedirle le regaló una cajetilla de tabaco.

A las cinco y media tomó chocolate con un vaso de leche que bebió entero con gran apetito. Despues el alcaide le dijo:

—Ya sabe Vd., Garayo, que yo tengo en mi poder 245 rs. de su pertenencia.

—No son tantos, D. José, —contestó Garayo.

Y al ajustar la cuenta el alcaide, añadió el reo:

—De los 30 que me correspondieron en la recaudacion de Semana Santa, me dió Vd. 6, de modo que no son 245 sino 239.

Y con pasmosa serenidad demostraba Garayo estar mas tranquilo que todos cuantos le rodeaban. Al disponer de este dinero dijo al señor juez que en su calabozo-celda tenia en un bolsillo verde en la chaqueta 64 rs. procedentes de limosnas recibidas, las cuales en efecto se encontraron donde indicó.    

Hasta la hora de cenar estuvo muy tranquilo, y á esta hora, en presencia de los señores gobernador civil, alcalde, juez, fiscal, juez municipal y cofrades, cenó con regular apetito, conversando con todos, tomando thé y fumando en su pipa con completa serenidad. Despidióse despues de todos, quedando solo con el párroco señor Arróyave.    

A la una de la madrugada se acostó, pero no pudiendo conciliar el sueño, se incorporó en la cama, y fumando y hablando con los empleados del establecimiento, médicos y hermanos, se entretuvo hasta las cuatro de la mañana, en cuya hora se preparó para oir la misa.    

Díjose esta en el altar situado en el centro del magnífico crucero de aquella notable cárcel de Vitoria, en la que todos los presos, y entre ellos cinco condenados á muerte, la oyeron desde sus respectivos calabozos celulares.    

Recibió la comunion y continuó repitiendo despues con todo fervor y entereza las oraciones. A las seis se le sirvió el chocolate y fumó. A las siete y media le vistió el verdugo la hopa, y al quitarse la chaqueta y el chaleco sacó su pipa tan estimada y que usó tantos años, y se la regaló como recuerdo al alcaide Sr. D. José Tiresco, pidiendo á este y á los demás empleados del establecimiento perdón por cualquiera ofensa que inadvertidamente les hubiera hecho, y manifestándoles su profunda gratitud por el cariño con que le habian tratado siempre. El llavero D. Juan Jiménez le habia enseñado á leer bastante bien en mes y medio. Al vestirle y pedirle perdón el verdugo, se impresionó muchísimo, perdiendo el color de un modo muy marcado.   

A las ocho abandonó la capilla y fué conducido al cadalso en un carro completamente cerrado.    

El conjunto de gentes que había acudido de la ciudad y de los pueblos del llano de Álava, para conocer á tan espantoso criminal, era tan grande, que apenas podía darse un paso en el camino. El patíbulo se alzaba en el centro del campo del Polvorín, y en torno suyo se agolpaban de 6 á 7.000 personas, en gran parte mujeres y aldeanas.    

A las ocho y 34 minutos, el verdugo cumplía con su triste deber, habiéndose conservado bastante entero y firme «El Sacamuelas» hasta el último momento.    

Durante todo el día de hoy no cesan las gentes de acudir en larga fila á contemplar el cadáver de horrible asesino.    

Se ha puesto á la venta en este día un notable folleto con la descripcion de los crímenes de Garayo y con un magnífico retrato suyo en fotografía, escrito aquel por un distinguido publicista vascongado y sacado este por el reputado fotógrafo señor Mur, de cuyos ejemplares se está haciendo un considerable despacho. Los ciegos han vendido tambien, como de costumbre, curiosas copias acerca de este hombre estraordinario.    

Se dice que han llegado hoy el médico alienista señor Ezquerdo, otros doctores madrileños y el catedrático de Valladolid señor Sierra, para presenciar la autopsia y estudio del cadáver del criminal, que hará el reputado y entendido médico-cirujano mayor del hospital civil Sr. D. Pablo Martinez.    

Ha sido en suma el dia de hoy, de gran agitacion é interés para este pacífico pueblo, al que Dios quiera que no vuelva á visitar el verdugo en muchísimos años. — El corresponsal.   



Crónica Meridional, 1881 mayo 20

Variedades. 

LA AUTOPSIA DEL SACAMANTECAS.    

El asunto que mas ha llamado la atencion del mundo médico en la semana última es la autopsia del tristemente célebre Garayo (a) el Sacamantecas, practicada hace pocos dias en Vitoria por el conocido profesor de anatomía de la Facultad de Medicina de Valladolid, en presencia de un público compuesto de cuarenta médicos, algunos farmacéuticos, y no pocos particulares.

Ayer llegó á Madrid el reputado mentalista, doctor Ezquerdo, el que con su arrebatadora palabra había proclamado en públicas conferencias la inculpabilidad de Garayo, el que consagra toda su actividad á la defensa del loco, el que ha seguido con interés cuanto á la vista de este infeliz se refería, y, no contento con esto, marchó á la capital de la provincia de Alava cuando se acercaba la época de la ejecución, abandonando su vasta clientela para presenciar la autopsia á que nos referimos.

De los autorizados labios del ilustre frenópata, hemos podido recoger los siguientes datos obtenidos en el anfiteatro, datos que se hallan conformes con los que hace poco tiempo asignaba á la anatomía patológica de la imbecilidad un especialista francés, el doctor Luys, en el precioso opúsculo, revista que lleva por título L'Encéphale.

«Hábito exterior.—Sujeto sanguíneo, atlético.

Aspecto exterior del cráneo.—Los diámetros verticales aumentados á expensas del antero-posterior.

Existe gran adherencia de la dura-madre en las inmediaciones del seno longitudinal superior.

Se nota el poco desarrollo de las fosas anteriores frontales, relativamente á las esfenoidales y occipitales.

En la bóveda se observan dos convexidades verticales hacia la parte media de los parietales, y en la parte media del seno longitudinal (exangüe), corpúsculos de Pacchioni, aumentados notablemente de volumen con denudación de hueso en los sitios donde se alojaba.

Medida antero-posterior, tomada al nivel de la cresta del frontal con inclinación de ésta, diez y siete milímetros.

Se observa desarrollo de la apófisis crista-galli en sentido vertical; es puntiagudo y casi cortante. Llama la atención la longitud extraordinaria del canal basilar, que mide cinco centímetros.

Tambien sorprende la extension en sentido trasversal de la cresta occipital interna.

Encéfalo.—La cisura de Sylvio es menos profunda que de ordinario, y algo menos todavía en el lado derecho que en el izquierdo.

—Las circunvoluciones del lóbulo frontal ó anterior se muestran relativamente menos profundas y desarrolladas, existiendo algunas de tercer órden solo iniciadas.

En la cara superior las circunvoluciones posteriores están más desarrolladas que las anteriores.

No hay simetría ni uniformidad en el desarrollo entre las circunvoluciones del hemisferio derecho y del izquierdo, pues en tanto que las circunvoluciones frontales izquierdas se encuentran poco desarrolladas, las derechas lo están algo más, y recíprocamente en los grupos posteriores, la izquierdas más que las derechas.

Cerebelo.—Algo aplanado de arriba á abajo, ligeramente disminuido de volumen.

Hasta aquí los datos que debemos á la amabilidad de nuestro respetable amigo el doctor Ezquerdo, tal como constan en el acta levantada en el lugar de la autopsia, y suscrita por todos los que la presenciaron, entre ellos los mismos que, como los Sres. Páramo, Aprais y algún otro, habían opinado en contra de la imbecilidad de Garayo, hoy probada con los irrefutables argumentos de la anatomía patológica.

Una palabra para concluir.

El día antes de que los crímenes de Garayo tuvieran el fatal desenlace que todos conocemos, entró en la capilla una de sus hermanas. En vez de las palabras de consuelo que en tales casos brotan del corazón más duro, la infeliz sólo dijo á Juan Díaz de Garayo:

—Tú la has hecho, y así os pagará.

El doctor Ezquerdo había hablado ya en sus conferencias del estado mental de la familia del Sacamantecas.

M. CARRERAS SANCHIS.

(Tomado de Los Lunes de La Época).


Crónica Meridional, 1881 mayo 21

Dice El Eco de Navarra, de Pamplona, que hallándose en aquella ciudad una persona muy estimada en aquella provincia, fué víctima de un escandaloso atentado por parte de mas de doscientos ó trescientos sujetos que le denostaban llamándole el Sacamantecas.

Al ver el alboroto, acudió la autoridad, que cogió preso al agredido, poniéndole en libertad á los pocos momentos por no resultar cargo alguno contra él.

El Comercio, 1881 mayo 24

EDITORIAL. 

SACAMANTECAS.    

Sentimos de veras que nuestro estimado colega El Demócrata haya caído en la tentacion de copiar de El Comercio de Valencia una relacion de los últimos momentos del ajusticiado Juan Diaz Garayo, (a) Sacamantecas, cortada por el patron ordinario de tales relaciones que suelen ser bastante inexactas en las apreciaciones y aun en los hechos y en estremo desmoralizadoras.    

Contienen siempre el relato de las visitas y atenciones con que personas de posicion elevada, han distinguido al criminal, turbando sus últimos instantes con inmotivadas deferencias que se exageran como si el delincuente fuera un héroe, se habla del regalo de cualquiera baratija como sí por ser de un bandido adquiriera un valor inapreciable y viene luego el relato de la suculenta comida con que se trata de cebar al delincuente antes de llevarle al patibulo.    

No se explican semejantes anomalías en una sociedad que conserva la pena de muerte. El condenado merece consideracion y respeto y profunda compasion porque vá á ser víctima de los errores sociales, pero huelgan esas demostraciones afectuosas y esas comidas, y ya que se comete la torpeza de realizar estas inconveniencias los periódicos no deben publicarlas.

Mas útil fuera á la humanidad que los que se desviven para agasajar á los reos de muerte se ocuparan en esclarecer la ilegitimidad de la pena capital y en propagar la necesidad de su abolicion aun cuando fuera mas que para evitar á la justicia humana el desprestigio de matar un loco en vez de un delincuente llevando al cadalso al que debió ser recluido en un manicomio.

Precisamente uno de estos lamentables errores ha acontecido con Sacamantecas, y evidentemente lo demuestra el siguiente artículo de El Progreso que dá cuenta de un triunfo científico alcanzado por el Doctor Ezquerdo.

El articulo dice así:    

AUTOPSIA DE GARAYO (A) SACAMANTECAS.    

El criminal ha dejado de serlo; el cadáver ha resuelto el problema; su cerebro abierto ha manifestado la causa del crimen; su encéfalo ha sido una revelacion. Sobre el mármol del anfiteatro, de entre los átomos, se levanta muda una protesta y tambien una leccion.

Seamos generosos, pero que no se pierda la enseñanza. Es necesario iniciar la aplicacion de la fisiología al ejercicio de la justicia; sin álguien que lea en la piel de la faz, en el músculo y en el átomo, en el fulgor de la mirada y en el órgano desquiciado; sin álguien que adivine por rápida induccion, de entre los criminales, cuál es el loco; sin álguien que desde el manicomio baje al presidio y vea en la exaltacion callada de esos deme tes silenciosos, cerebrales, internos, psicológicos, el reflejo de esa otra exaltacion delirante, hablada, frenética, á gritos, del manicomio, no podremos aplicar recta y sabia justicia y estaremos expuestos á lamentables equivocaciones.

Hay locos que no lo parecen; hay dementes en la accion, en la voluntad, en los sentimientos, en los instintos; se necesita ese golpe de vista médico, que interpreta la idea á través del hecho, anticipándose á la marcha lenta de la investigacion detallada, para conocerlos. Pero el que ha penetrado en esos observatorios psicológicos, llamados manicomios, hospitales, prisiones, asilos, y tenido intimo contacto con la humanidad en dolor, lleva gran trecho adelantado para sacar de entre los asesinos los locos, y es el llamado á resolver el conflicto médico legal cuantas veces surja.

Esto que sucede en España por vez primera, es habitual en otros paises. La autopsia hecha en las cabezas de los gillotinados, ha creado la ciencia mental del criminal. Es sabido que la demencia moral graba en el cerebro, han formado la base en que se apoya la patología del espíritu. Sin ir muy lejos, recientemente, en París, en los dos últimos guillotinados, Prevost y Menescleu, ha acontecido lo mismo que en el caso del Sacamantecas: el primero, examinado por Broca, presentó un cerebro completamente anormal, y en el segundo, a quien hizo la autopsia Chudzinski, tenía reblandecidos sus lóbulos frontales, destruida la segunda circunvolución, los parietales en la segunda, y rotos en su totalidad. En ambos las meninges, duras como las de una fiera, estaban sembradas de osificaciones.

Bodier conserva en el Museo de Caen las cabezas de treinta y cinco guillotinados, cuyos cerebros deformes por las alteraciones patológicas, envueltos en meninges plagadas de osificaciones, proclaman en visibles argumentos que á esas lesiones encefálicas debió ir unido el desvarío mental.

Existen motivos para creer que las alteraciones patológicas pudieran ser causas latentes de un morbosismo, cuya explosion originó el crimen. Y si se tiene en cuenta que esta predisposición se hereda como el cáncer y la tisis, de tal modo, que existen familias cómo la de los Prevost, en la cual sus tres hijos engendraron cuatro nietos asesinos, uno de ellos guillotinado, y á su vez, los nietos dieron vida á ocho descendientes por ladrones en refriegas y cárceles, hasta extinguir la familia en el último tataranieto que acabó en la guillotina, podremos convencernos de que existe una herencia patológica mental, productora del crimen en sucesivas descendencias azotadas por esta maldición, no ya hasta la cuarta, sino hasta la sétima generación. Ejemplo la de Jecker, cuyos 540 miembros se extinguieron casi todos en presidios y cadalsos.

Estas razas de criminales, destinadas á extinguirse, como el ictiosauro y el megaterio, heredan gérmenes de enfermedades que, fecundados por el alcohol, germinan, produciendo en unos neurósis, epilepsias en otros, en las mujeres histerismo, parálisis en lujuriosos, cánceres en los pobres, reblandecimientos del cerebro en muchísimos, monomanías en casi todos, y el crimen en la mayoría, por donde hace explosión su tenso sistema nervioso.

Casi siempre todo criminal crónico es un enfermo. Léase la estadística de los fenecidos en presidio, y se verá como la mayoría mueren de las enfermedades arriba indicadas.

En una de estas variedades puede clasificarse el Sacamantecas.

Toda esta ralea de criminales, á más del aire de familia que les caracteriza, carecen de sentido moral, de reflexion, conciencia y remordimientos; obran brutal y arteramente por vanos apetitos que su entendimiento nulo no ilumina, sin colocar entre la excitacion y la accion el intermedio de la reflexion, llegando siempre de un arranque, segun el motivo que le excite, al heroismo ó al crimen.

Basta analizar á la familia de Sacamantecas para convencerse de que es una de estas variedades degeneradas, huéspedes de presidio, cadalso, hospitales y manicomios. Hé aquí un esbozo genealógico.

El padre de Sacamantecas fué borracho, desigual, cruel con sus hijos, y murió de una apoplegía cerebral. (¿Parálisis progresiva?) Dejó cinco hijos.

1.º Dionisia, de 71 años, histérica, tuvo cinco hijos.

2.º Florentina de 55 años, repulsiva, violenta, cruel, vengativa, de subritérico color, enjuta de carnes, de pequeños, negros, vivos y penetrantes ojos; impúdica, la boca de una fiera; en el cadalso su hermano fué á verlo á la capilla en plena embriaguez á decirle: «¿Las has hecho? ¡págala!» Es epiléptica. Tuvo nueve hijos; le queda una sola á que maltrata. No ha derramado una lágrima.

3.º El Sacamantecas, de 60 años, sanguíneo, altísimo, cabeza frente y plano occipucio, con ancha base del cráneo, color animado, pómulos salientes, fruncidas facciones, ojos pequeños, hundidos, desviados, y uno torcido de siniestra mirada, tenía dos hidróceles, era imbécil é idiota, egoísta, gloton é indiferente; taciturno y frio, no tuvo un amigo ni amor más que al vino. Se casó con tres mujeres á las que mataba de hambre. Padecía ataques, que el llamaba el trueno, con vahídos, pérdida de conocimiento, hemorragias y vértigo genésico.

Se le han probado cinco asesinatos. De seis hijos, le quedan tres, uno serrador, viva estampa de su padre, cruel con su mujer; ha sido cogido robando en cuadrilla; el segundo soldado en Cuba, pendenciero, borracho, inmoral, ladronzuelo, ha pasado la juventud en la cárcel; la tercera una hija de 16 años, de vida airada. Es cruel y no ha compadecido á su padre.

4.º Ramona, mendiga, cruel y violenta, entregada á la bebida, tuvo ocho hijos; le quedan tres, uno en presidio por asesinato.

5.º y último. Cirilo, del que sólo se sabe que es violento é irascible, y ha tenido tres mujeres.    

Se ve claramente como la primera degeneracion del padre de Garayo recorre á la familia trasformándose unos en histerismo, en otros epilepsia, en el ajusticiado en el vértigo genésico, y en otros en tendencia á la embriaguez, robo y asesinato.    

El detenido estudio que el sabio doctor Esquerdo hizo de este desgraciado vivero de criminales, le permitió reconocer la locura, habiéndolo defendido así en la Facultad de Medicina con la brillantez que le es propia.    

Al tener noticia de la ejecucion marchó á Vitoria para cerciorarse si la autopsia revelaba las alteraciones anatómicas causantes de la demencia moral de Garayo. Ante 40 personas, 16 médicos de Vitoria, 10 militares, 6 alienistas, farmacéuticos, periodistas, etc., verificose la apertura del cráneo y reconocimiento del cadáver por el Sr. Sierra, catedrático de Anatomía de Valladolid.    

No diremos más que aquellas deformidades y alteraciones que en un periódico pueden decirse.    

¡Quizá las que callemos tengan más valor!    

1.° El cráneo, de mayor diámetro vertical relativamente al antero-posterior, con una adherencia de la duramadre junto al seno longitudinal superior; en las fosas frontales anteriores menor desarrollo que en las esfenoidales y occipitales. Tiene la bóveda convesidades verticales en la parte media de los parietales y del seno longitudinal (exangue). Los corpúsculos de Pacchioni aumentados de volúmen, con denudacion en la parte del hueso donde se alojan. De delante á atrás medía el cráneo 17 milimetros, el canal baxilar tenia cinco centimetros, y la apofisis crestagalli era casi vertical, puntiaguda y cortante. La cresta occipital externa tambien era mayor de lo ordinario.    

2.° Encéfalo. Cisura de Sylvio poco profunda, menos en la derecha que en la izquierda. Las circunvoluciones del lóbulo frontal anterior poco desarrolladas, y los surcos bastante superficiales; hay algunas de tercer órden apenas iniciadas. Las posteriores están más completas. Carecen de simetría las circunvoluciones relativamente entre ambos lados, las frontales izquierdas son mayores que las derechas y viceversa en las posteriores. La cisura de Riolano más pequeña en la derecha que en la izquierda.    

3.° Cerebelo. Aplanado de arriba abajo y disminuido de volúmen.    

4.° Capa cortical, ó sustancia grís, disminuida y decolorada. En el tálamo optico izquierdo aumento de consistencia.    

5.° El cuerpo estriado izquierdo se advirtió un tumorcito ó dureza del volumen de un grano de mijo, con una zona consistente á su alrededor, situado en la parte media del borde externo cerca del cuerpo calloso, tocando á la parte interna de la flor radiada de Reil.    

6.° El cuerpo romboidal algo disminuido y decolorado.    

Tomamos estos datos del acta firmada por las personas antes indicadas, suscrita tambien por los Sr. Páramo y Apraiz, que opinaron en contra de la imbecilidad ó locura de Garayo.    

La anatomía patológica ha dado la razon al doctor Esquerdo.    

Fecilitamos al insigne alienista, honra de la escuela española, que, con gran valor de convicciones, ha difundido y defendido estas doctrinas.    

El Sr. Esquerdo explicará un dia de estos en una conferencia la relacion que ha existido entre la deformidad cerebral de Garayo y la perversion moral frenética de asesinatos.    

ESCUDER.    

La Patria, 24 de mayo de 1881

LA CABEZA DE UN AJUSTICIADO.   

«El criminal ha dejado de serlo; el cadáver ha resuelto el problema; su cerebro ha manifestado la causa del crimen; su encéfalo ha sido una revelacion. Sobre el mármol del anfiteatro, de entre los átomos, se levanta muda una protesta y tambien una leccion. Seamos generosos, pero que no se pierda la enseñanza...»   

Ya pareció aquello: ya tenemos la famosa autopsia llevada á cabo ante 40 personas nada menos, segun afirma el articulista de nuestro colega El Progreso, de donde copiamos las anteriores líneas.   

Ya lo sabeis, tribunales de justicia; habeis entregado en manos del verdugo á un pobre loco; un sér inconsciente y sin responsabilidad moral, y todo, ¿por qué? Porque no sabeis fisiología; porque no habeis sabido leer en la piel de la faz, en el músculo, en el átomo y en el órgano desquiciado (segun las frases del Sr. Escuder, autor del artículo) del famoso Sacamantecas; porque este era uno de esos locos que no lo parecen; porque era de los que necesitaban manicomios y médicos, en vez de tribunales y verdugo; porque, en fin, su padecimiento mental no era otra cosa que la triste herencia que le habian legado sus antepasados: unos, locos y otros, criminales. Y para que os the convenzais más aún, ¡oh magistrados! de que era loco, rematadamente loco, que ahí teneis lo que se ha encontrado en su cerebro: alteraciones anatómicas, anomalías en su modo de ser, ó en su estructura; unas que se dicen y otras que se callan (no sabemos por qué) pero que demuestran hasta el infinito de un modo palpable y evidente que Sacamantecas estaba loco. Y si no, escuchad:   

«1.° El cráneo, de mayor diámetro vertical relativamente al antero-posterior, con una adherencia de la duramadre junto al seno longitudinal superior; en las fosas frontales anteriores, menor desarrollo que en las esfenoidales y occipitales. Tiene la bóveda convexidades verticales en la parte media de los parietales y del seno longitudinal (exangue). Los corpúsculos de Pacchioni aumentados de volúmen, con denudacion en la parte del hueso donde se alojan. De delante á atrás medía el cráneo 17 milímetros, el canal baxilar tenía cinco centímetros, y la apofisis crestagalli era casi vertical, puntiaguda y cortante. La cresta occipital externa también era mayor de lo ordinario.   

2.° Encéfalo. Cisura de Sylvio poco profunda, menos en la derecha que en la izquierda. Las circunvoluciones del lóbulo frontal anterior poco desarrolladas, y los surcos bastante superficiales; hay algunas de tercer órden apenas iniciadas. Las posteriores están más completas. Carecen de simetría las circunvoluciones relativamente entre ambos lados, las frontales izquierdas son mayores que las derechas y viceversa en las posteriores. La cisura de Riolano más pequeña en la derecha que en la izquierda.   

3.° Cerebelo. Aplanado de arriba abajo y disminuido de volúmen.   

4.° Capa cortical, ó sustancia grís, disminuida y decolorada. En el tálamo optico izquierdo, aumento de consistencia.   

5.° En el cuerpo estriado izquierdo se advirtió un tumorcito ó dureza del volúmen de un grano de mijo, con una zona consistente á su alrededor, situado en la parte media del borde externo cerca del cuerpo calloso, tocando á la parte interna de la flor radiada de Reil.   

6.° El cuerpo romboidal algo disminuido y decolorado.   

Ahora bien; nosotros preguntamos, sin necesidad de Cabeza parlante, y sí únicamente guiados por el sentido común: ¿cuál de estas alteraciones anatómicas es la que produce, ó ha producido, la locura de Sacamantecas; locura exótica y homicida, segun el Dr. Esquerdo?    

¿Han sido todas juntas las que han motivado ese trastorno intelectual, ó ha sido alguna que particularmente le ha servido de origen?    

¿Es porque el cuerpo romboidal estaba algo disminuido y decolorado, ó porque el tálamo óptico izquierdo se encontraba aumentado de consistencia, la causa de que Garayo matase, violase y desfalleciera á la vista del cadalso?    

Es decir, y más claro, ¿cuál es la localización del padecimiento, para relacionar el efecto con la causa, y la causa con el efecto?    

Porque, entendámonos; no basta decir: hemos visto esto ó lo otro en el cerebro, (y prescindimos, que es mucho prescindir, de las alteraciones puramente cadavéricas, como la decoloracion, reblandecimiento, etc., etc.) se necesita más; se necesita añadir: «y por estos hechos observados en tantos ó cuantos casos análogos (estadística) vemos que se producen las manifestaciones morbosas tales o cuales, locura, sus formas, etc.».    

Comprende Vd., Sr. Escuders, nuestro pensamiento?    

Pues crea Vd. que es el de los médicos alienistas y no alienistas; pues brota del buen sentido, que en ocasiones vale tanto como ciertos escalpelos y ciertas declamaciones.    

Además, ¿qué autopsia es esa del principal centro nervioso en que falta el peso total, y los parciales de la masa encefálica; la exploracion de las cavidades ventriculares; el estudio detenido del bulbo y la protuberancia, etc., etc., que nos podian dar una idea mucho más completa de las alteraciones anatomo-patológicas, aunque ésta nos fuera infructuosa ó deficiente para el objeto propuesto?    

Entonces, ¿por qué asegura el articulista que la autopsia así verificada, ha dado la razon al señor Esquerdo?   Hoy, y repetimos lo que hemos afirmado en otro número de este periódico, la teoría de las localizaciones cerebrales es dudosa y contradictoria en sus hechos.    

Hoy el cerebelo ha dejado de ser el asiento del sentido genérico; hoy, los lóbulos anteriores del cerebro no son la residencia, ni presiden los actos intelectuales; y hasta la tan decantada circunvolucion de Broca se duda que sea la productora del lenguaje; y todo esto demostrado por la anatomía patológica, que antes parecia enseñar todo lo contrario.    

No insistiremos más, atendiendo á los estrechos límites del periódico: no olvidemos que el cerebro es el órgano que quizás sufra más anomalías, el que menos se explora y el que menos se conoce: que el querer deducir por una decoloracion, por un engrosamiento ú otra alteracion semejante, la relacion que pueda tener sobre las acciones del hombre, es la afirmacion más atrevida que registra la ciencia. Habria que declarar probablemente irresponsables á todos los criminales, y locos á la mayor parte de los cuerdos.    

Esta ha sido, pues, la famosa autopsia llevada á cabo delante de médicos, periodistas, etc., etc. hasta el número de 40: por ella se habrán acabado de convencer nuestros lectores de que los tribunales han cumplido rectamente con su deber; que no han confundido á un loco con un cuerdo; que la tal autopsia no ha sido más que una nueva tentativa á favor de trabajos fisiológicos del porvenir, que hoy están en mantillas desgraciadamente; y que, sin que neguemos en absoluto que haya dementes cuyos extravios se escapan á la investigadora mirada del magistrado, del filósofo ó del hombre de ciencia, no es menos cierto que estos son casos excepcionales, y no generales como pretenden algunos frenópatas que se exhiben demasiado ruidosamente en todas las causas de cierta celebridad, procurando con sus extremadas teorías sobre la locura, hacer irresponsables (moralmente hablando) á los criminales que la sociedad separa violentamente de su seno.    

Y damos por terminada nuestra tarea. — Dr. Navarrés.   

La Correspondencia de España, 1881 mayo 26

Entre los doce presos por robo en cuadrilla cometido en Puentelarra, que procedentes de la cárcel de Amurrio ingresaron el lunes en la de Vitoria, figura un hijo del famoso reo Sacamantecas, ejecutado hace pocos días en aquella ciudad.   

El constitucional, 1881 junio 1

VARIEDADES.

LA AUTOPSIA DEL SACAMANTECAS.

El asunto que más ha llamado la atencion del mundo médico en la semana última es la autopsia del tristemente célebre Garayo (a) el Sacamantecas, practicada hace pocos días en Vitoria por el conocido profesor de anatomía de la Facultad de Medicina de Valladolid, en presencia de un público compuesto de más de cuarenta médicos, algunos farmacéuticos, y no pocos particulares.

Ayer llegó á Madrid el reputado mentalista, doctor Ezquerdo, el que con su arrebatadora palabra habia proclamado en públicas conferencias la inculpabilidad de Garayo, el que consagra toda su actividad á la defensa del loco, el que ha seguido con interés cuanto á la vida de este infeliz se refería, y, no contento con esto, marchó á la capital de la provincia de Alava cuando se acercaba la época de la ejecucion, abandonando su vasta clientela para presenciar la autopsia á que nos referimos.

De los autorizados lábios del ilustre frenópata hemos podido recoger los siguientes datos obtenidos en el anfiteatro, datos que se hallan conformes con los que hace poco tiempo asignaba la anatomía patológica de la imbecilidad un especialista francés, el doctor Luys, en el precioso opúsculo-revista que lleva por título L' Encéphale.

«Hábito exterior.—Sujeto sanguíneo, atlético.

Aspecto exterior del cráneo.—Los diámetros verticales aumentados á expensas del antero-posterior.

Existe gran adherencia de la dura-madre en las inmediaciones del seno longitudinal superior.

Se nota el poco desarrollo de las fosas anteriores frontales, relativamente á las esfenoidales y occipitales.

En la bóveda se observan dos convexidades verticales hácia la parte média de los parietales, y en la parte média del seno longitudinal (exangüe) corpúsculos de Pacchioni, aumentados notablemente de volumen con denudacion de hueso en los sitios donde se aloja.

Medida antero-posterior, tomada al nivel de la cresta del frontal con inclusion de ésta, diez y siete milímetros.

Se observa desarrollo de la apófisis crista-galli en sentido vertical; es puntiaguda y casi cortante. Llama la atencion la longitud extraordinaria del canal vasilar que mide cinco centímetros.

Tambien sorprende la extension en sentido trasversal de la cresta occipital interna.

Encéfalo.—La cisura de Sylvio es ménos profunda que de ordinario, y algo ménos todavía en el lado derecho que en el izquierdo.

Las circunvoluciones del lóbulo frontal ó anterior se muestran relativamente ménos profundas y desarrolladas, existiendo algunas de tercer órden sólo iniciadas.

En la cara superior las circunvoluciones posteriores están más desarrolladas que las anteriores.

No hay simetría ni uniformidad en el desarrollo entre las circunvoluciones del hemisferio derecho y del izquierdo, pues en tanto que las circunvoluciones frontales izquierdas se encuentran poco desarrolladas, las derechas lo están algo más, y recíprocamente en los grupos posteriores, las izquierdas más que las derechas.

La cisura de Riolauro es más pequeña en el lado derecho que en el izquierdo.

Cerebelo.—Algo aplanado de arriba á abajo, ligeramente disminuido de volúmen.

Disminucion en el espesor de la capa cortical, coloracion más baja que de ordinario.—Se notó aumento en la consistencia al practicar cortes en el tálamo óptico izquierdo.

Al examinar el cuerpo estriado izquierdo, se advirtió una dureza del volúmen como un grano de mijo, con una zona algo consistente á su alrededor cuya situacion correspondia á la parte media del borde externo de esta eminencia en la parte intraventricular, tocando con el borde externo del cuerpo calloso y con la parte interna de la flor radiada de Reil.

Practicados cortes en distintas direcciones sobre los hemisferios cerebelosos, aparecen bastante marcadas por el tacto en su interior las circunvoluciones ó pliegues del cuerpo romboidal, el cual parece estar algo disminuido y decolorado.

Hasta aquí los datos que debemos á la amabilidad de nuestro respetable amigo el doctor Ezquerdo, tal como consta en el acta levantada en el lugar de la autopsia, y suscrita por todos los que la presenciaron, entre ellos los mismos que, como los señores Páramo, Apraiz y algun otro, habian opinado en contra de la imbecilidad de Garayo, hoy probada con los irrefutables argumentos de la anatomía patológica.

Una palabra para concluir.

El dia ántes de que los crímenes de Garayo tuvieran el fatal desenlace que todos conocemos, entró en la capilla una de sus hermanas. En vez de las palabras de consuelo que en tales casos brotan del corazon más duro, la infeliz sólo dijo á Juan Diaz de Garayo:

—Tú la has hecho, y vas á pagarla.

El doctor Ezquerdo habia hablado ya en sus conferencias del estado mental de la familia del Sacamantecas.

DR. M. CARRERAS SANCHIS.

Diario de Barcelona, 9 junio 1881

MEDICE CURA TE IPSUM.    

... l'usage excessif de la liberté que nous donnent les circonstances actuelles, compromet l' avenir. VIRCHOW.    

Han visto simultáneamente la luz pública dos trabajos curiosos acerca de Garayo el Sacamantecas, cuyos crímenes escusamos recordar, pues están bien presentes en la memoria de todos. Uno de los folletos, firmado por R. B. de B., parécenos produccion de D. Ricardo Becerro de Bengoa, jóven catedrático de Palencia, de ideas radicales en política, pero sensato y prudente en filosofía y religion, que en vez de echarse por esos trigos á filosofastrear sobre la culpa y el castigo, admite la pena de muerte como una necesidad social; presenta á Garayo como una organizacion monstruosa, pero no inconsciente, y practica en fin el principio cristiano, «odia al delito y compadece al delincuente», en toda su integridad. El segundo trabajo es una conferencia dada por el Dr. Esquerdo, director del Manicomio de Carabanchel, á invitacion de la Academia Médico-Quirúrgica de Madrid, y lleva el título ya aceptado por lo visto de Locos que no lo parecen. Este título en efecto recordará á nuestros lectores otra conferencia análoga dada por el mismo facultativo pocos días despues del último conato de regicidio (o sea en los primeros de 1880) donde sin nombrar al criminal se aspiraba como ahora á colocarle entre los locos que no lo parecen, y digno por consiguiente de compasion mas que de castigo. Sobre aquel estraño propósito escribimos nosotros un artículo que tampoco el lector habrá olvidado, donde se hallarán algunas apreciaciones que aquí pueden echarse de menos.    

El más triste síntoma de nuestra decadencia moral es la servil exactitud con que copiamos á los extranjeros. El gobierno italiano, con una debilidad inexcusable, consintió que el regicida Pasanante fuese durante un mes objeto de estudio para los médicos materialistas de Italia, que le midieron el cráneo cincuenta veces y doscientas el pecho y agotaron en él las estravagancias y delirios de un empirismo que por no tener entrañas se da aires de científico y suprasensible, para deducir, en gerigonza técnica, frase que nos da hecha el Sr. Esquerdo, una doctrina de impunidad y absolucion, basada á posteriori, y perdónenos Dios el mal pensamiento si es erróneo, mas que en desvaríos y deslumbramientos de la ciencia, en la sensiblería que inspiran hoy todos los criminales, principalmente los regicidas. El positivismo naturalista que solo ve en el hombre un descendiente del mono, ¿cómo no ha de estar dispuesto á negarle el libre albedrío y la conciencia de sus actos? Es la consecuencia lógica de creerle al mismo tiempo desligado de toda relacion superior, de todo deber y toda responsabilidad con el Supremo Hacedor de lo criado, á quien desconoce y niega esa bastarda corriente científica.    

No ha llegado aquí la gerigonza al estremo de Italia, donde cada médico inventó una doctrina y un nombre greco-gringo para Passanante que al fin escapó del pellejo. Aquí solo han luchado la realidad y la utopía. Mientras unánimes todos los facultativos de Vitoria (seis o siete, segun el Sr. Becerro) declararon que el Sacamantecas tenía plenitud intelectual, el Sr. Esquerdo lo consideraba mas que loco, loco y medio, que es tambien frase suya. El director del Manicomio de Carabanchel hizo un viaje exprofeso á las provincias vascongadas para estudiar este raro caso. ¡Y el suyo sería digno de loa si lo hubiera hecho puramente por amor a la humanidad ó á la ciencia, indagó, resolvió, y por lo visto instruyó un segundo proceso, que somete al fallo de la posteridad. Como todas las piezas de conviccion sean semejantes al interrogatorio de Garayo, que inserta al final de su escrito, no dudamos que el Sr. Esquerdo saldrá condenado y con costas. Aquel infeliz, que no sabía lo que es pecado ni conciencia, ni por lo visto había hablado con ningún sacerdote hasta hallarse en la cárcel, bien clara puso la causa de su perdicion. El interrogatorio hace mucho hincapié en sondear la cultura de su espíritu, y se le preguntó repetidamente por qué hay años malos y años buenos, por qué unas tierras producen mas que otras, como para probar que ni siquiera de un oficio de labrador entendía; pero al hombre que tenga la menor nocion religiosa le es innecesario todo esto, que él que estaba tan desnudo de creencias y sentimientos humanamente necesarios, no tenía otras cualidades.    

De genésica se califican la insania de aquel monstruo que mataba a las mujeres después de violarlas, y para justificar esta calificacion se pintan al desnudo las emociones carnales que sentía al ver á una mujer; tan al desnudo que hasta se da su nombre propio á cosas reñidas con todo el pudor incluso el del lenguaje, de donde se origina un contraprincipio científico muy curioso, pues con la misma desnudez se pinta la repetida resistencia de su naturaleza á obedecer á los impulsos de su apetito, circunstancia que echa por tierra la teoría del predominio fatal y absoluto de la carnalidad, en que se funda esta lucubracion materialista. Descríbese igualmente un reconocimiento físico hecho en el cuerpo de Garayo, cuando aun vivía, que saca los colores de la vergüenza á un guarda-cantón. A esto se replicará que en un escrito puramente científico no tiene el pudor mucho que hacer, y aun se nos acusará seguramente de sacristanescos y poco varoniles; pero es de advertir que este folleto está siendo objeto de una propaganda sui generis, que se envía á los estudiantes de medicina con la menor precaucion, y así hemos podido nosotros examinarlo venciendo nuestra repugnancia; y téngase tambien en cuenta que el autor pertenece á aquella escuela que ha pretendido infamar á un respetable prelado, porque en La Llave de oro, libro que solo tiene por objeto dirigir á los confesores en el Tribunal de la penitencia, habla el lenguaje único con que el pecado se explica y desenvuelve. Demás que en todas las guías de confesores se encontrará el mismo lenguaje, que es imprescindible, en ellas al lado del veneno se encuentra la triaca, lo cual aminora el peligro de su lectura, cayendo en impropias manos, caso que hace el del médico frenópata-alienista doblemente digno de censura, sobre demostrar la pobreza de sus conocimientos lingüísticos que no le ayudan á traspasar los limites de la vulgaridad callejera en estas descripciones de la naturaleza física. A fe que no se encontrará una palabra mal sonante ni obscena en aquel libro de oro del Examen de ingenios donde el médico Juan Huarte dió lecciones y documentos para cosas tan peregrinas y recónditas, como hijos á la medida del deseo, ni tampoco, en la incomparable serie de los que tratan de aquella dolencia 

que es muy gran bellaca, y ansi ha comenzado 

por el mas bellaco lugar que tenemos, 

como dijo el médico-poeta Montaña de Montserrat. Y eso que aquellos tiempos mal llamados de tirania daban al lenguaje otra libertad y cuando la intencion era buena le permitian ser malo, al revés de lo que ahora acontece, que para la una y el otro tenemos ancha manga guardando nuestro pudor... para los libros de confesores.    

Esta es cuestion de literatura, y verdaderamente el Dr. Esquerdo tendrá mucha ciencia; pero letras gordas y verdes. Por arrancar aplausos á su auditoria hace tal vez párrafos de batintín (que es un instrumento chino de insoportable vecindad en media legua á la redonda) vengan á pelo ó no vengan. Siempre que se habla de mujeres de mil vivir, exalta el entusiasmo de su auditorio con frases tan ingeniosas y cultas como estas:    

«Melitona Segura fue su primera víctima: pertenecía esta á esa infortunada clase de mujeres llamadas de la vida airada, por contraccion sin duda de aireada, á fin de distinguirlas de aquellas sus semejantes indocumentadas á quienes nunca les da el aire porque pasan su vida encerradas en lujosos coches y confortables salones.» (Risas y aplausos.)    

No se niega que el estilo es castizo, galano y galante. La definicion de vida airada se quiebra de puro sutil, y un académico de Argamasilla la aceptaria. Pues en la hoja siguiente para demostrar la riqueza de su repertorio nos habla de otra joven de vida airada de las que andan con los soldados, una de esas infelices á quienes las de su gremio, pero de alto copete, suelen ajar de tal modo, que mas que excavaciones parecen señales dadas á las parroquianas para que reconozcan su tienda... (Risas.)    

Por la muestra se conoce el paño, si bien nuestros lectores no lo necesitarian desde que el Imparcial nos dió la señal para que conociéramos la tienda de este doctor. Párrafos sin sentido o que dicen lo contrario de lo que el autor piensa, así como palabras y frases indocumentadas en nuestro idioma, se encuentran á granel en los Locos que no lo parecen.    

Pero la falta de literatura ¿debe hacernos sospechosa la ciencia del Dr. Esquerdo? Nuestra primera impresion es afirmativa. Lo que bien se piensa bien se dice, ó por lo menos se dice claro, sentencia estética que viene formulada desde San Buenaventura. Ni la intencion, ni la doctrina del folleto obedecen á tal ley. Tan pronto parece acusar á la justicia divina y a la humana, como disculparlas. El criminal es á veces un desgraciado para él y á veces un monstruo. Véanse estos breves párrafos para concluir:    

«¿Qué pretendían algunos de mí? ¿qué ahogase en mi pecho cobarde y villanamente una opinion que pudiera ser redentora para el enjuiciado? En ese caso pretendían que fuese un monstruo mas intolerable que el protagonista de todos estos hediondos y sangrientos dramas.»    

«Sin mas linaje de consideraciones que las siempre respetabilísimas y jamás quebrantadas por mí, que la de no violar el secreto médico, ni atentar á la santidad de una sentencia. (¡Secreto médico! ¡Será el secreto á voces!)    

«¡Sólo falta que hubiesen asistido señoras, y yo me complazco en confesar que celebro, aunque parezca descortesía, la ausencia del bello sexo (y yo también) porque... ya no nos separaria de ellas el sexo, nos separaria la especie, (pues) al saber que esa fiera, ese monstruo, esa horrible deformidad, era considerado como un hombre cabal (esto va contra la sentencia) renegaria de pertenecer á nuestra especie, á una especie llamada humana para burla y escarnio de la verdad.» Bien. ¡Bravo!    

«¡Si commóvidos por tan horrendos dramas fueseis... á esplorar... la mente de Garayo cual viajero que sorprendido por infernal ruido que surge de insondable sima, asoma el rostro para examinar intimidades del abismo... ¡ah! entonces retrocederiais espantados al contemplar aquella horrible monstruosidad, aquel cerebro deforme, inmenso desierto de sentimientos nobles, dilatado páramo de escasa inteligencia y campo feraz de brutales instintos. (Ruidosos aplausos).

»Garayo, declarado loco, hubiera terminado en un manicomio sus días; Garayo, cuerdo, ¡quién sabe la suerte que le espera á este desgraciado! (Profunda sensacion).    

Sin pasar de la pág. 13, y el folleto tiene 31, nos hemos escedido en las citas. Justo es concluir llamando la atencion sobre estas corrientes de la ciencia moderna. ¿Qué es la ciencia? Los médicos alaveses que reconocieron á Garayo, pues el juzgado desplegó verdadero lujo de publicidad y benevolencia, todos están contra el señor Esquerdo, que sin embargo desde aquí alborota mas que todos ellos juntos, y hace atmósfera y forma escuela. ¡Qué sensiblería tan estéril y qué sectarismo tan ciego! No se acuerda de Dios, ni de la sociedad. Quiere salvar al monstruo para que sea un número mas en un manicomio, un objeto mas en un Museo de monstruosidades. La redencion del alma y la idea moral no entran para nada en su lucubrucion. Castigándole la sociedad, le habrá abierto probablemente los brazos de Dios, pues es piadosa creencia que casi todos los reos de muerte se salvan. ¡Cuánto no hemos ganado todos así! El señor Becerro dice terminantemente que la impunidad de otros crímenes alentó al Sacamantecas. El doctor Esquerdo aspira á constituir la impunidad en estado normal y escuela jurídica. ¿Qué ciencia es esa? Bien la conocía Wirchow, cuña de la misma madera, cuando por convenirle á su amo Bismarck no ir tan lejos en estos delirios, decía en pleno Congreso de sabios de Munich: Medice, cura te ipsum.—   

La Patria, 15 de octubre de 1881

Provincias.— Dice un periódico de San Sebastian recibido ayer:    

«Esta mañana hemos oído en la plaza del Mercado rumores acerca de un hecho que, cierto ó falso, ha infundido gran terror en la gente campesina de estos alrededores.    

Si los rumores son ciertos, en las inmediaciones de esta ciudad ha aparecido un Sacamantecas parecido al que fué ajusticiado hace poco en Vitoria.    

Parece que hace algunos dias regresaba del molino á un caserío situado en el camino de Hernani una niña de nueve años, cuando fué bruscamente acometida por un hombre quien le agarró por la garganta.    

Los lloros y gritos llamaron la atencion de una casera de un caserío próximo, y su presencia evitó un brutal atropello.    

Es de extrañar, que hace algunos meses circularan en esta ciudad rumores sobre la existencia de un Sacamantecas en los alrededores.    

Los caseros han comenzado á no enviar á sus niños por temor al Castellano; así califican á esa especie de duende, que mata niños y los arroja al rio.»   

La mañana, 1881 octubre 22

Parece que el nuevo Sacamantecas, del que hace pocos dias se ha ocupado la prensa de San Sebastian, pasó el dia 18 por Vergara, tratando de cometer una de las suyas en el paseo del Espolon.

La víctima elegida era una niña de corta edad, á la cual habia atado ya á un árbol, cuando acertó á pasar por aquel punto un caballero, quien á los gritos de la niña, se apresuró á prestar su apoyo, logrando imponerse al miserable.

Las autoridades le persiguen sin descanso.   

El eco de la provincia, 1883 febrero 25

Circo gallístico.—A las dos y media de la tarde de hoy, tendrán lugar en el circo nuevo establecido en la Puerta de Alcoy, grandes riñas de gallos en competencia con los de esta capital, los de Cartagena y Murcia.    

Las riñas observarán el órden siguiente:

1.ª Perico.—Peso, 3-2.—Apuesta, 150 pesetas, con el gallo Triano.

2.ª Español.—Peso, 3-2—Apuesta, 180 pesetas, con gallo Traidor.

3.ª Sacamantecas.—Peso, 3 7.—Apuesta, 125 pesetas, con gallo Soldado.

4.ª Chorizo.—Peso, 3-4.—Apuesta, 173 pesetas, con gallo Jesuita.   










 



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