sábado, 17 de enero de 2009

Tipos de barcos

En Gcaptain hemos encontrado un interesante esquema de los diferentes tipos de barcos. Es muy completo aunque el formato no es muy práctico.

Entre los barcos transatlánticos de transporte de mercancías (Ocean Going) se pueden diferenciar cuatro tipos: portacontenedores (Container Ship), barcos tanque (Tanker), barcos para mercancias a granel (Bulkers/Bulk carrier) y barcos para usos especiales (Speciality Ship).

Descarga de un barco portacontenedores en la terminal Euromax del puerto de Rotterdam.

Entre los barcos tanque (Tanker) se pueden distinguir los petroleros (Oil tanker/Crude oil), los barcos para productos químicos (Chemical tanker), los depósitos flotantes de petróleo (Floating Production Storage and Offloading/FPSO) y los barcos metaneros (LNG carrier).

Buque cablero Teneo en el puerto de Gijón.

Entre los barcos para usos especiales se pueden distinguir los barcos cableros (Cable layer), los barcos para el transporte de grandes objetos, como plataformas petrolíferas, (Heavy lift), las piscifactorías (Fish processing), los barcos de dragado (Dredger), los rompehielos (Icebreaker), los barcos para el transporte de vehículos de ruedas (RO-RO ship), los barcos para cargas paletizadas (Break bulk), los barcos auxiliares para la carga de grandes barcos (Lighter aboard ship/LASH), los barcos frigoríficos (Reefer ship) y los barcos para el transporte de animales vivos (Livestock ship).

Barco para el transporte de ganado de la compañía Siba ships.

Entre los barcos para mercancías a granel se pueden distinguir los dotados de gruas para carga y descarga (Geared bulk carriers), los combinados (Combined/Ore-bulk-oil carrier/OBO), los que no disponen de gruas (Gearless carriers), los dotados de medios para la descarga, mediante cintas transportadoras (Self-dischargers), los que actuan en los Grandes Lagos (Lakers) y los que transportan mercancías a granel en sacos (BIBO/Bulk In, Bags Out).

Carga de un barco RO-RO en el puerto de Gothenburg.

Los barcos también se pueden clasificar por su tamaño. Los nombres de las diferentes clases indican aquellos puntos por donde pueden pasar (Canal de Suez, Canal de Panamá, etc.). Entre los diferentes tipos están el Panamax de 65.000, Suezmax de 80.000 y el Capesize de 150.000 toneladas. En wikipedia podemos encontrar información de los diferentes tipos.

viernes, 16 de enero de 2009

La Sociedad Palentina-Leonesa de minas y los primeros altos hornos al cok de España, en Sabero (1847 - 1862)

La Sociedad Palentina-Leonesa de minas y los primeros altos hornos al cok de España, en Sabero (1847 - 1862)
De forma general se viene señalando como el primer horno alto al cok que existió en nuestro país, bien al primer horno de Trubia, bien al de Mieres. Se trata, no obstante, de afirmaciones inexactas, ya que, aunque por muy escasa diferencia temporal, les precedió, por lo menos, el que construyera en Sabero (León) la Sociedad Palentina-Leonesa de Minas, el cual comenzó a funcionar en 1847 o a comienzos de 1848 (1).
La duración de estos hornos fue corta y su funcionamiento irregular, pero representan una de las pocas iniciativas industriales importantes llevadas a término en Castilla en el siglo XIX, y se dan en ellos, además, algunas circunstancias que los hacen particularmente interesantes.
Los comienzos de la empresa y de sus explotaciones hulleras

La de Sabero fue la primera en explotarse de entre las cuencas hulleras leonesas, pues, al parecer, una empresa británica la puso ya en actividad en el primer tercio del XIX (2). Hacia 1841 Miguel Botias Iglesias obtuvo la concesión de tres minas de hulla (llamadas luego Sabero 1, 2 y 5, respectivamente) y constituyó la Sociedad Palentina de Minas, cuyo objeto sería la explotación de las minas de carbón citadas y la fabricación de hierro a partir de los minerales de la mina "Imponderable". Siendo insuficiente el capital, se amplió, al tiempo que la sociedad, ahora anónima, cambiaba su nombre por el de Palentina-Leonesa de Minas, en razón al origen de los socios (3); reconstitución que tuvo lugar en marzo de 1845 (4). Como tampoco bastaban los medios de la nueva sociedad, la tomó en arriendo el socio Santiago Alonso Cordero, en fecha que desconozco (5), durando el arriendo hasta el año 1857 (6); al parecer, a su impulso se debió la construcción de los altos hornos o ferrería de Sabero. Interesa destacar la participación en la sociedad junto a Cordero, famoso capitalista madrileño, de Casiano de Prado, figura importante de la cultura española del siglo pasado (7).

martes, 13 de enero de 2009

El gran ojo

El gran ojo 

La figura de un espejo es semejante a la de una mujer: una curva que, además de ser hermosa, se adapta perfectamente a su cometido. Ningún escultor ha pulido jamás el contorno de una estatua con la amorosa meticulosidad con que un óptico saca brillo a la curva parabólica perfecta con que captará no sólo la admiración de sus semejantes, sino también los secretos de las estrellas.
DAVID O. WOODBURY, The Glass Giant of Palomar [El gigante de vidrio de Palomar], 1939

Aunque los telescopios refractores predominaron durante la mayor parte del siglo XIX, los reflectores revolucionaron la primera mitad del XX gracias, sobre todo, a George Ellery Hale, un astrónomo solar maníaco-depresivo con un talento especial para exprimir a los millonarios, y George Willis Ritchey, un óptico brillante y ególatra que fabricó espejos cada vez más grandes. La colaboración de estos dos hombres trajo consigo extraordinarios descubrimientos sobre el universo.

Hale era hijo de un rico empresario de Chicago, cuya fábrica de ascensores posibilitó la construcción de rascacielos en la ciudad. De niño, Hale leyó el clásico de Julio Verne De la Tierra a la Luna (1863), donde aparece un ficticio telescopio de ochenta y cinco metros instalado en las montañas Rocosas. El telescopio de Verne estaba dotado de un espejo increíblemente grande, de casi cinco metros de diámetro, casi el triple de lo que medía el espejo del Leviatán de lord Rosse. El joven George Hale quedó muy impresionado con el libro.

Hale se obsesionó con la investigación solar, y en 1890, cuando conoció a Ritchey en una reunión de astrónomos, tenía veintidós años, acababa de licenciarse en el MIT, era propietario del observatorio privado de Kenwood y había inventado el espectroheliógrafo, un ingenioso aparato que permitía tomar fotografías del sol a una luz de una longitud de onda determinada. Ritchey, de veintiséis años, impartía clases de carpintería durante el día, pero también fabricaba espejos en la tienda de la familia. Pronto se convirtieron en amigos y aliados.

lunes, 12 de enero de 2009

10 libros para entender que es ciencia

William Harvey y la circulación de la sangre - 1628

De motu cordis, como casi todas las grandes obras científicas originales, es extraordinariamente farragosa, aunque bastante más comprensible que otras. Además, Harvey solía escribir muy mal mezclando un espantoso latín con un poco refinado inglés. Sin embargo, De motu cordis tiene algo tremendamente original en relación a otros grandes libros de medicina. A lo largo de toda la obra se describen con gran cuidado y rigor las observaciones, después se compara con lo que han dicho otros autores (aunque de los que realmente habían hecho el trabajo como Servet y los italianos, sólo citó a Colombo, y no en lo más importante), y, finalmente, se interpretan los hechos observados sin ir un paso más allá de lo que permiten. Eso, salvo el paréntesis, es ciencia. El mérito de Harvey en este sentido es doble, porque él siempre fue un admirador de Galeno y de Aristóteles, los cuales generalizaban a la primera de cambio sin basarse apenas en hechos observados, en datos y mucho menos en experimentos.

El lector debe recordar lo que se ha dicho a grandes rasgos sobre la circulación de la sangre, porque eso es sucintamente lo que Harvey explica en los distintos capítulos de De motu cordis. Los primeros siete capítulos los dedica a detallar la anatomía del corazón y de los vasos sanguíneos que parten o llegan a él. Aurículas, ventrículos y las válvulas entre esas cavidades se describen de manera literaria un tanto pesada, pero magistral desde un punto de vista médico. También, hablando de la arteria pulmonar y el movimiento de la sangre en ellas, describe la circulación menor de una manera correcta en su sentido y funciones. Lo que no hace, como ha quedado dicho, es establecer la conexión entre venas y arterias a través de los vasos capilares.Y otra cosa que hace Harvey en los siete primeros capítulos de De motu cordis es dejar sentada la función del corazón como bomba hidráulica. Así, clarifica los movimientos cardíacos de manera acertada: las contracciones de las aurículas y los ventrículos están diferenciadas, y aquéllas preceden a éstas. Si el lector lo piensa bien, no es ninguna banalidad; de hecho, a lo largo de los siglos, numerosos médicos dejaron escrito que los movimientos del corazón eran un misterio casi imposible de desentrañar. Es curioso, y no demasiado desagradable, el método que usó Harvey para demostrar lo dicho anteriormente.Veía que los latidos del corazón de los animales superiores que diseccionaba vivos eran demasiado rápidos (y más aterrorizados en medio de espantosos sufrimientos). Optó, afortunadamente, por pescados, a los cuales, por ser de sangre fría y en apariencia menos sensibles, el corazón les latía más lentamente. Cuando ya tenía clara sospecha de que las aurículas se contraían antes que los ventrículos, probó con mamíferos grandes dejándolos morir. Cuando estaban a punto de fenecer, se ponía claramente de manifiesto lo anterior, que se contraía la aurícula llenando de sangre el ventrículo vecino que hasta entonces no se contraía impeliendo la sangre al circuito. Era una barbaridad cruel, pero con todos los ingredientes de un experimento científico. Lo único realmente criticable de los capítulos siete y ocho de De motu cordis es que Harvey describe triunfal, apoteósicamente, lo que Servet, e incluso Galeno, habían descrito: la circulación llamada menor o pulmonar, o sea, que la sangre fluye del lado derecho del corazón al izquierdo pasando por los pulmones. A Galeno lo cita, pero no como un antecesor catorce siglos anterior a él, sino casi como un discípulo poco aventajado.

A partir del capítulo 8, es cuando De motu cordis empieza a ser grandioso. De entrada, plantea la hipótesis de que la sangre recorre todo el cuerpo impulsada por el corazón, o sea, la circulación mayor. Después describe cuál ha de ser el proceso dando detalles comprobables, por ejemplo, con perros. Sostenía que, de acuerdo con el volumen del ventrículo izquierdo y el número de latidos por minuto, la cantidad de sangre impulsada por el corazón en media hora equivalía a la sangre total del cuerpo del animal. (Unas «tres libras», es decir, litro y medio, y mejor no describimos cómo lo comprobaba.) La conclusión de la observación y los posteriores experimentos era obvia: la sangre circulaba por todo el cuerpo continuamente.

Otros experimentos que describe Harvey son fascinantes, sobre todo porque su sencillez es directamente proporcional a la relevancia de sus conclusiones. A eso los científicos lo llamamos elegancia. Por ejemplo, diseccionaba una serpiente viva y empezaba a obstruir temporalmente sus venas y arterias observando lo que pasaba. No era sólo un ejercicio de, digamos, fontanería, sino que de las observaciones extraía resultados sorprendentes y contrastables. Obstruía una vena y el corazón del animal refrenaba su suministro de sangre a la aorta, y en cuanto la liberaba se reanudaba el bombeo. Después obstruía la aorta, y así sucesivamente. (Pags. 317-319)

"Los hilos de Ariadna", Manuel Lozano Leyva, Debate 2007

Mendeléiev y la tabla periódica - 1869

Mendeléiev relataba que anotaba las propiedades y masas atómicas de los elementos en fichas y cavilaba y las barajaba constantemente durante sus largos viajes en tren por toda Rusia, haciendo (tal como él los llamaba) «solitarios químicos», intentando encontrar un orden, un sistema que permitiera explicar todos los elementos, sus propiedades y masas atómicas.

Había otro hecho fundamental. Durante décadas, no había habido acuerdo acerca de las masas atómicas de muchos elementos. Sólo cuando finalmente se aclaró esto, en el congreso de Karlsruhe de 1860, Mendeléiev y otros pudieron comenzar a pensar en conseguir una completa taxonomía de los elementos. Mendeléiev había ido a Karlsruhe con Borodin (se trataba de un viaje musical además de químico, pues de camino se detuvieron en muchas iglesias y probaron los órganos por sí mismos). Con las masas atómicas anteriores al congreso de Karlsruhe, se podía ver que existían tríadas o grupos, pero no que hubiera ninguna relación numérica entre los propios grupos. Sólo cuando Cannizzaro mostró cómo obtener masas atómicas fiables y que, por ejemplo, las verdaderas masas atómicas de los metales alcalinotérreos (calcio, estroncio y bario) eran 40, 88 y 137 (y no 20, 44 y 68, como se creía), quedó claro lo estrechamente emparentados que estaban estos metales con los alcalinos: el potasio, el rubidio y el cesio. Era esta proximidad, y también la semejanza de las masas atómicas de los halógenos -cloro, bromo y yodo-, lo que impulsó a Mendeléiev, en 1868, a hacer una yuxtaposición de los tres grupos:

Cl ..35,5 ..K ....39 ...Ca ..40
Br..80 .....Rb ..85 ...Sr ..88
I ...127 ....Cs ..133 ..Ba .137

Y fue en ese momento, al ver que la ordenación de los tres grupos de elementos siguiendo el orden de su masa atómica producía una estructura repetitiva —un halógeno seguido de un metal alcalino, y después un metal alcalinotérreo-, cuando Mendeléiev, intuyendo que eso debía de formar parte de una estructura más amplia, dio el salto a la idea de que existía una periodicidad que gobernaba todos los elementos: una Ley Periódica.

Mendeléiev se puso a rellenar su primera tabla periódica, y a continuación la extendió en todas direcciones, como quien llena un crucigrama, lo que requirió algunas atrevidas suposiciones. ¿Qué elemento, se preguntó, estaba químicamente emparentado con los metales alcalinotérreos, e iba detrás del litio en masa atómica? Al parecer, dicho elemento no existía... ¿o sería el berilio, generalmente considerado trivalente, y con una masa atómica de 14,5? ¿Y si en realidad fuera bivalente, y su masa atómica no fuera de 14,5, sino de 9? Entonces iría detrás del litio y encajaría perfectamente en el espacio vacío.

Alternando los cálculos y las corazonadas, moviéndose entre la intuición y el análisis, a las pocas semanas Mendeléiev había tabulado treinta y pico elementos en orden de menor a mayor masa atómica, una tabulación que ahora sugería que había una repetición de propiedades cada ocho elementos. Y se cuenta que en la noche del 16 de febrero de 1869 tuvo un sueño en el que vio casi todos los elementos conocidos dispuestos en una gran tabla. A la mañana siguiente la reprodujo sobre el papel.

La pauta y la lógica de la tabla de Mendeléiev eran tan claras que algunas anomalías destacaban de inmediato. Algunos elementos parecían estar en el lugar equivocado, mientras que había lugares que carecían de elemento. Basándose en sus enormes conocimientos químicos, reubicó media docena de elementos, desafiando las valencias y masas atómicas entonces aceptadas. Con ello, demostró una audacia que escandalizó a sus contemporáneos (Lothar Meyer, por ejemplo, consideró que era monstruoso cambiar las masas atómicas simplemente porque no «encajaban»).

En un acto de suprema seguridad en sí mismo, Mendeléiev reservó varios espacios de su tabla para elementos «todavía desconocidos». Afirmó que extrapolando las propiedades de los elementos que había encima y debajo (y también, hasta cierto punto, de los que había al lado), se podía hacer una predicción fiable de cómo serían esos elementos desconocidos. Fue exactamente lo que hizo en la tabla de 1871, prediciendo con gran detalle un nuevo elemento (el «eka-aluminio») que iría debajo del aluminio en el Grupo III. Cuatro años después, el químico francés Lecoq de Boisbaudran descubrió ese elemento, y lo llamó (ya fuera por patriotismo o en sutil referencia a sí mismo, gallus, el gallo) galio.

La exactitud de la predicción de Mendeléiev fue asombrosa: predijo una masa atómica de 68 (Lecoq obtuvo 69,9) y una gravedad específica de 5,9 (Lecoq obtuvo 5,94), y adivinó un gran número de propiedades físicas y químicas del galio: su fusibilidad, sus óxidos, sus sales, su valencia. Hubo algunas discrepancias iniciales entre las observaciones de Lecoq y las predicciones de Mendeléiev, pero todas ellas se resolvieron rápidamente a favor de Mendeléiev. De hecho, se decía que Mendeléiev conocía mejor las propiedades del galio -un elemento que nunca había visto- que el hombre que lo descubrió. (Pags. 204-208)

"El tío Tungsteno" Oliver Sacks, Anagrama 2003

domingo, 11 de enero de 2009

LANZ


Con la entrada de Heinrich Lanz en la empresa, que la familia tenía en Mannheim, comenzó la fabricación de molinos de tracción animal, empacadoras y trilladoras. La empresa fabricó el primer locomóvil en 1878, dotado de una caldera de vapor de 3,5 atmósferas. De este locomóvil se llegaron a fabricar más de 70.000 unidades.



Tractor Lanz HL de 12 CV construido en 1923.

En 1900 los productos Lanz se pudieron ver en la Exposición Universal de París, y en aquel entonces llevaban fabricados 10.000 locomóviles para uso agrícola e industrial, 7.000 trilladoras grandes y más de 120.000 más pequeñas, 180.000 empacadoras, 60.000 molinos de tracción animal para 1 a 6 caballos y otras 16.000 máquinas de diferentes modelos.



Sección del tractor Lanz HL.

Dos años más tarde se introdujo el locomóvil de vapor recalentado que consumía mucho menos combustible. El 1 de febrero de 1905 murió Heinrich Lanz, dejando una empresa con 3.000 trabajadores y una producción anual de 900 trilladoras y 1.400 locomóviles. Desde el año 1859 se llevaban fabricados 20.000 locomóviles y 550.000 máquinas de todo tipo. También se habían introducido los primeros locomóviles de carretera.



En 1911 Lanz construyó 22 dirigibles para la empresa alemana Johann. También se inició la fabricación de un motor de petróleo. Durante la Primera Guerra Mundial, de 1914 a 1918, la empresa perdió a muchos trabajadores, de modo que al final de la guerra tenía solo 3.800 de los 5.000 de antes de la guerra.



En algunos modelos el volante se podía retirar para poner en marcha el motor.

Después de la muerte de Karl Lanz en 1921, a la edad de 48 años, el ingeniero Fritz Huber diseño un nuevo motor de petróleo, de tipo SemiDiesel, con una compresión de 12 atmósferas y encendido por tubo caliente. Este motor era el primer Bulldog. Este mismo año se inició la fabricación de tractores con motor de petroleo. Se utilizaron motores de dos tiempos del tipo HL y HP. En 1923 se introdujo el motor de tipo HP.



Utilizando el volante del vehículo para poner el motor en marcha.

El tractor Bulldog era barato, simple y fácil de mantener. Esto era principalmente debido a su motor de tubo caliente de dos tiempos y cilindro horizontal. Al principio el motor era de 6,3 litros y 12 CV, pero con el tiempo se utilizaron motores de hasta 10,9 litros y 54 CV de potencia. Este tipo de motores eran fáciles de mantener y podían quemar una amplia variedad de aceites pesados, aceites vegetales e incluso parafinas y aceite de motor usado.



Corte del motor de dos tiempos horizontal.

La compañía alemana Lanz mantuvo su actividad independiente hasta que en 1960 fue comprada por John Deere.



Los tractores Lanz fueron fabricados también en España, en Getafe por Lanz Iberica S.A. desde Julio de 1956 hasta 1963, año en que fue comprada también por John Deere. Los bloques y piezas de fundición eran elaborados por la empresa Nueva Montaña de Santander, y mecanizados en Getafe. El primer modelo que fabricaron fue el Bulldog D3850 de 38 cv, después la gama fue ampliada con modelos de 28 cv, 30 cv, 40 cv y 60 cv , todos ellos de dos tiempos con un solo cilindro montado en posición horizontal.



A este motor se le ha retirado la culata.

El LANZ Bulldog 35PS, fue el más popular. Sus 35 CV, lo situaban en la gama media de la empresa, y dada su calidad, continuó fabricándose tras la Segunda Guerra Mundial. Con una velocidad máxima de casi 14 Km/h, su motor no solo podía funcionar con combustible diesel, sino que admitía otro tipo de combustibles. Disponía de una caja de cambios de 6 marchas adelante y 2 atrás, la resultante es un vehículo cuya principal característica es la versatilidad.



Vista del embrague centrífugo.




Tractores LANZ

En la pasada Feria de la Purísima de Sant Boi de Llobregat, en su exposición de tractores antiguos, se pudieron ver un nutrido grupo de tractores Lanz y similares.

Lanz Bulldog D3016.

SFV Vierzon 302.

Logotipo de la empresa francesa situado en el frontal del tractor.

Lanz Bulldog D2802.

Dinamo movida por la correa que acciona el ventilador.

Puesto de conducción.

Tapa del volante.

Placa del constructor.

Lanz Bulldog D5506 (16 CV).

Bomba auxiliar de combustible para el arranque.

Indicaciones para la presión que se ha de dar a las ruedas traseras.

Lanz Bulldog D9605.

Bomba de inyección, filtro e inyector de combustible.

Depósito de combustible.

Radiadores de aceite.

sábado, 10 de enero de 2009

Regulador de velocidad para sierra eléctrica

La sierra PROXXON DSH/E dispone de un regulador electrónico de velocidad.

Este regulador utiliza un microcontrolador EM78P153SP de 8 bits con memoria OTP ROM fabricado por ELAN Microelectronics.

Vista del microcontrolador.

Elementos semiconductores del circuito.

La sierra y el regulador electrónico (Por separado) los distribuye Comercial Pazos. La sierra se vende por 237,6 € y el regulador eléctrónico tiene un precio de 100 €.