Aunque de corta existencia, (1784-1884), la Real Fábrica de Armas y Municiones de Orbaizeta tuvo una intensa y azarosa historia, fiel al turbulento siglo XIX. Su importancia militar se refleja en la lista de los protagonistas que estuvieron en ella, caso de los Generales Morillo y Reille, Espoz y Mina o Zumalacárregui; a los posteriores ilustres visitantes como Valle Inclán, Hemingway o los fotógrafos Echagüe y Sta M. del Villar.
La antigua ferrería del Valle de Aezkoa, conocida desde 1432, y sus Montes Comunales fueron cedidos gratuitamente a la Corona española, eso sí con engaños, a cambio de la construcción de la Fábrica y el trabajo que decían iba a generar.
Los restos que podemos contemplar en Olaberri se alzaron en el año 1766 sobre otros talleres más antiguos. Dentro de la línea reformista de los ministros de Carlos III, aparece un nuevo concepto de industria, las “Fábricas”, conjunto de diferentes dependencias destinadas a un único tipo de producción, cuya propiedad pasa en muchos casos de manos de particulares a las del propio rey. En este sentido, la Real Fábrica de Municiones de Eugi fue pionera en su género y experimentó nuevos modelos de trabajo. En sus 10.000 m2 de superficie reunía carboneras, hornos, moldería, talleres de calibrado, limpieza de municiones y otras actividades, articuladas en tres líneas paralelas de construcciones a distinto nivel, además de canalizaciones, puentes y una zona destinada a viviendas para los operarios.
En principio, Galata no suena a lugar italiano. Y es que Galata en realidad es el nombre de un céntrico barrio de Estambul que hasta el siglo XV fue una importante colonia de navegantes genoveses en el corazón de la antigua Constantinopla.
En recuerdo a ello, cuando el puerto de Génova, en la costa de la Liguria italiana, se amplió, el ayuntamiento de la ciudad bautizó así a una serie de nuevos muelles donde se desarrollaban actividades comerciales.
A finales del siglo XX se planteó que el edificio Galata podría convertirse en un museo marítimo y se encargó su reforma al sevillano Guillermo Vázquez Consuegra, autor, entre otras obras del Caixaforum de Sevilla o el Pabellón de la Navegación en la Expo’92.
Siria cumple este mes siete años de una guerra con consecuencias catastróficas para la población civil. Desde que estallaran las primeras protestas populares en 2011, más de 511.000 personas han muerto (un tercio civiles), entre ellas al menos 24.000 niños. Han transcurrido 2.555 días desde que miles de sirios se echaron a las calles aquel 15 de marzo contagiados por la llamada primavera árabe. El conflicto ha dejado una población civil hambrienta y exhausta que hoy solo ansía la paz.
Entrando en el octavo año de contienda, más de media docena de actores regionales e internacionales luchan hoy por un pedazo de la tarta siria, sumándose a los bandos leales e insurrectos cuyos volátiles frentes han provocado el desplazamiento forzoso de la mitad de la población del país: seis millones dentro de Siria y 5,6 como refugiados en los países vecinos y en Europa. Estos últimos, han quedado atrapados en un limbo donde el 60% vive bajo el umbral de la pobreza.
El Día de Pi se celebra el 14 de marzo, fecha que el Congreso de EEUU eligió en el 2009 para homenajear a este número irracional, con intención de promover las matemáticas y las ciencias en la educación. Los parlamentarios escogieron ese día porque su escritura en inglés (3/14) coincide con el valor de la ilustre constante.
En EEUU se celebra dicha onomástica comiendo pasteles redondos (en inglés, 'pastel' es 'pie' pronunciado 'pai', igual que 'pi'). Google ha aprovechado esa dulce tradición con un 'doodle' elaborado por el pastelero Dominique Ansel, creador del 'cronut' (un híbrido del cruasán y el Donut, que causó auténtico furor hace unos años en Nueva York), que representa la fórmula del número pi (una circunferencia dividida por el diámetro), eso sí, en una versión golosa.
El homenajeado pi es una constante matemática que ha sido estudiada por los humanos durante 4.000 años. Así, profesores, alumnos y genios de las ciencias se unen este miércoles a ese festejo con actividades diversas, como juegos de cálculo mental, concursos literarios y hasta alguna olimpiada.
Aunque la idea inicial de celebrarlo surgió del físico estadounidense Larry Shaw, en 1988, no fue hasta el 2009 cuando el Congreso de EEUU instauró oficialmente como Día de Pi el 14 de marzo, que coincide, además, con el nacimiento de Albert Einstein (14 de marzo de 1879).